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Cumbre de presidentes autonómicos a puerta cerrada

Ignacio Martínez | 4 de octubre de 2012 a las 11:20

La España oficial reunida a puerta cerrada. La crisis devorando las economías domésticas y las arcas públicas, alterando la armonía constitucional, y el jefe del Gobierno de la nación y los de las 17 comunidades autonómicas se reúnen sin luz ni taquígrafos. Es verdad que si lo hacen en una sesión extraordinaria del Senado, como si esta Cámara inútil tuviese alguna función, habría salido a relucir nuestra castiza afición a la retórica, pero la primera decepción de este cronista en la cita del martes fue que la televisión no ofrecía ayer más que la foto de familia y el saludo protocolario del anfitrión.
No hay que mortificarse en exceso. Esa afición por la retórica no es exclusiva de los españoles, ni siquiera es un mal latino, es un defecto que compartimos con el resto de los europeos en general, con excepción de los anglosajones. Por eso Obama lleva cuatro años evitando las cumbres con sus colegas de este lado del Atlántico, a los que encanta hablar y hablar sin decidir y cuando acuerdan algo le dan largas a la aplicación durante semestres.
En 1993 los daneses tuvieron a bien rechazar el Tratado de Maastricht en referéndum, por tres motivos esenciales. Les daba miedo el centralismo de Bruselas, no querían entrar en la moneda única y detestaban la idea de una identidad europea de defensa. Esto último, en particular, era consecuencia de la memoria histórica local: los tanques alemanes circulando por las principales avenidas de Copenhague durante la ocupación en la Segunda Guerra Mundial. Así que el danés quería que Europa siguiera siendo un protectorado militar norteamericano, antes de volver a ver un tanque alemán por sus calles, por muy amigo que fuese.

Entre los retoques que se hicieron al Tratado se incluyó que DK se quedara fuera del euro, la OTAN volvió a ser el eje de la defensa europea y se hicieron algunos gestos de transparencia en las instituciones. Uno de los más llamativos fue que los consejos de ministros de la UE fueran de puertas abiertas. Una pantomima. Había una primera hora emitida por televisión, con discursos retóricos, y después los ministros se decían sus cosas en familia a puerta cerrada. Lo único que sacamos en claro de aquellas sesiones, que se terminaron pronto, es que los daneses fuman como carreteros, en contra del tópico. Le cogió una retransmisión al representante permanente danés al lado de una cámara, y estuvimos viendo humo todo el consejo televisado.

Ayer, cuando al término de la reunión apareció Rajoy el micro estaba mal ecualizado y su voz sonaba metálica, como retransmitida desde otro mundo. Los políticos en su mundo, se comprometieron a cumplir el déficit, pero no dicen cómo. Mas enseguida ha dicho que no hay manera de cumplirlo, y tiene toda la razón del mundo. A la urgente reforma la administraciones públicas se le da una patada a seguir con un grupo de trabajo. Y otro grupo de reflexión estudiará el reparto del déficit para 2014. Todo muy europeo, a puerta cerrada.

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Chatarra institucional

Ignacio Martínez | 20 de diciembre de 2009 a las 10:48

Es una pena el fiasco de la Conferencia de Presidentes autonómicos, que pone en precario este foro. El riesgo no es nuevo. Ninguno de los grupos de trabajo decididos en la anterior reunión, hace casi tres años, llegó a reunirse. Pero los presidentes acarrearon tal cantidad de enviados especiales, para salir guapos en sus respectivas regiones, que hubo 900 periodistas acreditados. Cada uno hizo publicidad y propaganda ante su respectiva parroquia. La Conferencia podría haber acabado siendo una institución. Hay ejemplos europeos: las cumbres de jefes de Estado y de Gobierno de la UE las pusieron en marcha, de manera informal, en 1974 el presidente Giscard y el canciller Schmidt; en el 86, el Acta Única ya citaba al Consejo Europeo; en el 91 adquirió rango institucional en el Tratado de Maastricht. Y el de Lisboa de 2007 ha convertido al Consejo, en una nueva institución europea, que ya tiene presidente permanente y ministra de Exteriores.

Esta buena idea nacional del presidente Rodríguez Zapatero ha vivido tensiones desde su nacimiento en 2004. Fraga, firme partidario de este tipo de foros, impidió el fracaso de la primera cumbre, en la que el PP ya dijo que no tenía contenido y que era sólo para la foto. Pero en su declaración final, el presidente gallego sostuvo que había sido “un diálogo sincero, respetuoso y constructivo”. Eran otros tiempos; los de ahora son peores. Por ejemplo, el vicepresidente Chaves ha estado desafortunado en la crítica: ha dicho que el PP fue a la reunión del lunes con la calculadora en la mano. Un desliz, viniendo del hombre que, con una calculadora en su mano, no quiso convocar ni una sola vez en casi 20 años unas elecciones autonómicas andaluzas en solitario. Lo evitó cinco veces entre 1994 y 2008, porque no le convenía ni a él, ni a su partido. Ahora no puede quejarse de que sean calculadores sus adversarios.

La Conferencia de Presidentes va camino de la chatarrería institucional. Puede hacer compañía a las diputaciones, inadaptadas a la España de las autonomías, o al Senado, que no es en absoluto la Cámara de representación territorial. La Conferencia debía revitalizar el Senado. Pero hasta ahora sólo ha sido escenario para la exhibición publicitaria o propagandística de nuestros próceres.

Se busca un presidente para Europa

Ignacio Martínez | 30 de octubre de 2009 a las 8:52

Hoy hay cumbre de líderes europeos en Bruselas. Asisten pocos líderes de cuerpo entero; pero, en fin, es la época que nos ha tocado vivir. Allí discuten sobre quiénes pueden ser el presidente del Consejo Europeo y el ministro de Exteriores comunitario en los próximos dos años y medio, dos puestos creados por el Tratado de Lisboa, que parece que entrará en vigor el 1 de diciembre. Tony Blair sonaba mucho para presidente, pero sus colegas socialdemócratas lo han dejado caer del cartel. En cambio sube enteros Jean-Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo y decano del Consejo de Europeo en el que lleva 14 años, que se ha mostrado dispuesto para la tarea el martes en una entrevista en Le Monde.

Confieso mi admiración por Juncker, que a sus 54 años tiene una larga experiencia y mucho sentido del humor. Hay una anécdota suya en la cumbre de la UE celebrada en Sevilla en junio de 2002. Aznar, con la ayuda de Blair, llevó a este Consejo Europeo la propuesta de condicionar la cooperación con los países africanos a su colaboración en la lucha contra la inmigración ilegal. No se aprobó ese punto y en su conferencia de prensa final Juncker deslizó un sarcasmo sobre la osadía de la derecha europea: metía en ese saco al laborista Blair y a Aznar, compañero suyo de filas en el Partido Popular Europeo. Preguntado si había sido un desliz, reiteró sus críticas a esa propuesta, que también contó con la oposición de los nórdicos y Francia, entre otros.

Hay más candidatos para ser presidente europeo; la irlandesa Robinson o el holandés Balkenende por ejemplo. Todos tienen buen nivel, dicho sea de paso. No se repite la escena de la cumbre Corfú de 1994, cuando hubo que elegir al sustituto de Delors como presidente de la Comisión Europea. Debía ser uno de los padres del Tratado de Maastricht, democristiano y de país pequeño. Sólo los tres primeros ministros del Benelux cumplían las tres condiciones: el holandés Lubbers, el belga Dehaene y el luxemburgués Santer. Kohl vetó a Lubbers porque no había sido lo bastante entusiasta de la unificación alemana y Major vetó a Dehaene porque era demasiado europeísta. Veinte días después, en una improvisada cumbre en Bruselas, se designó al más mediocre de los tres. La Comisión Santer tuvo el honor cuatro años después de ser la única de la historia derribada por el Parlamento Europeo. El juego de los consensos puede poner en algún sillón al más tonto de los candidatos, simplemente porque no moleste a nadie.

Juncker cree que el presidente de Europa debe conjugar las ambiciones de los grandes y los pequeños países, del Este y del Oeste. Debe ser también un facilitador para la pareja francoalemana, que tutela la Europa unida desde su invención hace casi 60 años. Y piensa que él lo puede hacer bien. Un criterio que comparte un servidor de ustedes.

Juegos Olímpicos e Irlanda: dos elecciones decisivas

Ignacio Martínez | 2 de octubre de 2009 a las 8:01

 

Si quieren ustedes un ejemplo de organización opaca, endogámica, poco representativa y escasamente democrática, el Comité Internacional Olímpico no es una mala muestra. Resulta que un centenar de hombres y mujeres van a decidir hoy la suerte de las cuatro ciudades que compiten por organizar los Juegos Olímpicos de 2016; a saber, Río de Janeiro, Madrid, Chicago y Tokio, por ponerlas en el orden en el que un servidor cree que van a quedar. La clasificación nada tiene que ver con la calidad de las candidaturas. Río parece que es la peor en este campo, pero le toca. El método es perverso, tanto que ahí tienen al Rey de España, a los presidentes de Estados Unidos y Brasil o al primer ministro japonés pasilleando y compadreando con aristócratas, ex atletas, hombres de negocios y burócratas de los cinco continentes.

Copenhague no es el reino de Dinamarca, es el reino del lobby, y hasta allí han ido para presionar a alguno de los cien miembros de este jurado de élite hasta 400 personas de una delegación española que se antojará razonable si Madrid gana y excesiva si pierde. En el caso de que todas las delegaciones hayan utilizado la misma infantería y caballería que la nuestra, cada miembro del COI con derecho a voto ha tenido que soportar estos días la presión permanente de 16 lobbistas. Un estrés. Algo tan importante, caro y decisivo para el país organizador y para el mundo entero como unos Juegos Olímpicos no debería estar en manos de tan pocas personas, elegidas por un sistema de cooptación, que ha permitido en el pasado turbios casos de corrupción. Pero esto es lo que hay. Que Dios reparta suerte.

Los 500 millones de ciudadanos de la Unión Europea tenemos también hoy una cita en las urnas, aunque de menos riesgo y más representatividad. Tres millones de electores irlandeses van a decidir la suerte del Tratado de Lisboa por segunda vez en dos años. En junio de 2008 lo rechazaron, pero hoy dirán que sí. Por varias razones: se les permite mantener su estatus de neutralidad militar, se les consienten sus privilegios fiscales y las leyes comunitarias no condicionarán su prohibición del aborto. Es difícil construir Europa. Dinamarca cuando rechazó el Tratado de Maastricht en 1992 no quería oír hablar de la identidad europea de defensa. Los daneses recordaban los tanques alemanes por las calles de Copenhague en los 40. Y, sin embargo, los irlandeses no quieren saber nada de la OTAN, cuyo protectorado militar sobre la Unión figura en el Tratado.

Pero hay una cuarta razón, más poderosa, para que los irlandeses digan hoy que sí al texto de Lisboa: la crisis económica ha golpeado al dragón irlandés duramente: su economía tendrá un retroceso del 9% este año y está previsto un 3,5% adicional el que viene. Así que los irlandeses ya piensan que es mejor estar mal acompañados que solos. Esto nos garantiza que al menos ganaremos una de las dos votaciones decisivas del día.

Un tercio de la financiación autonómica extra será para Cataluña y Andalucía

Ignacio Martínez | 13 de junio de 2009 a las 8:35

 

El Gobierno se plantea poner encima de la mesa 9.000 millones de euros adicionales a los 110.000 que las regiones españolas recibieron (en 2006) como financiación autonómica. Esto en el contexto de un déficit público que este año rozará el 10% del PIB: más del triple de lo permitido por el Tratado de Maastricht. Además el Gobierno admite que la recuperación no se producirá antes de 2011. Lo que es lo mismo que decir que el paro seguirá creciendo hasta entonces y algo más, quizá hasta las próximas elecciones generales y autonómicas: en 2012 los desempleados serán todavía el 17% de la población activa, según los datos aportados por la propia vicepresidenta económica, Elena Salgado.

De los 9.000 millones adicionales de financiación autonómica, la tercera parte será para Cataluña y Andalucía, con 2.000  y 1.000 millones respectivamente. A la Generalitat le parece poco por un lado y no le gusta que le troceen la cifra y la reduzcan los primeros años. Zapatero necesita cerrar este capítulo y le ha puesto fecha a su ministra. El 15 de julio es la fecha. Veremos

Elecciones europeas: plantón de los recién llegados

Ignacio Martínez | 9 de junio de 2009 a las 13:43

La abstención de un 43,1% en el conjunto de la Unión Europea es ficticia. En los resultados oficiales puede verse que de los 12 países que entraron en la UE en 2004 y 2007, ocho han tenido una participación inferior a la media: Eslovaquia, 19,64%; Lituania, 20,88; Rumanía, 27,21; Polonia, 27,4; Eslovenia, 28; Hungría, 36,3, y Bulgaria, 37,49. Todo un plantón de los recién llegados. Por el contrario, sólo cuatro de los quince miembros desde 1995 tuvieron una abstención superior a la media en estas elecciones: Reino Unido, 35%; Holanda (uno de los países fundadores), 36,5; Portugal, 37, y Francia (más que fundadora, la ‘madre’ del invento), 40,5. Esto tiene una lectura. No podemos seguir invitando a entrar en este club a países cuyo único objetivo es mejorar su economía. La Unión tiene la ambición de ser mucho más que eso. En Maastricht quedó pendiente la unión política… Eso se debería abordar antes de otro grupo de países entre por la puerta.

Por cierto, que la participación media está ‘falseada’ porque en cuatro países de los 27 es obligatorio el voto por ley: En Bélgica (85,86%) y Luxemburgo (90), en donde cumplen con esa obligación, y en Grecia (52) y Chipre (59,4), en donde medio cumplen. En todo caso, tiran artificialmente al alza con la media.

Falta liderazgo y sociedad civil

Ignacio Martínez | 3 de junio de 2009 a las 7:24

En esta campaña tan sucia, Rajoy ha dicho solemnemente que estamos ante el peor presidente del Gobierno de la democracia. Es posible que don Mariano tenga razón, pero se le olvida lo peor: que estamos también ante el peor jefe de la oposición de la democracia. Ahí está el detalle, que este país está falto de liderazgo por donde quiera que se le mire. Por eso, además de sucia, esta campaña electoral ha sido tan necia. No se ha discutido sobre la ampliación a nuevos países miembros, ni de una política migratoria común, ni del nuevo orden financiero internacional, ni del futuro de nuestra agricultura, ni de una política de seguridad que no sea sólo antiterrorista, ni de las antiguas ambiciones de Maastricht de una política exterior y una defensa colectivas, ni de una nueva agenda que sustituya a la de Lisboa y garantice el estado del bienestar europeo.

Esto del liderazgo es algo inmaterial, difícil de definir. Un líder da confianza y seguridad, estimula la autoestima de los ciudadanos, lanza desafíos a la sociedad, resuelve las tensiones que se originan… No vale cualquiera. Ahí tienen al Barcelona antes y después de la llegada de Guardiola. Eso es un líder. Leo que Lopera está triste, roto de dolor. El hombre no entenderá cómo, con el interés que él ha puesto, las cosas no han funcionado más que un año de los 17 que lleva como dueño de la mayoría de las acciones. Al barco del Betis le falta patrón y el liderazgo no se compra con dinero. Es otra cosa: orden, estabilidad, equipo.

Los liderazgos no son tan importantes cuando hay una potente sociedad civil. Que no es el caso de Andalucía. Hace una semana lo ponía de manifiesto Felipe Benjumea, presidente de Abengoa y primer empresario de la región, en un acto del centenario de la Asociación de la Prensa de Sevilla. Éstas son algunas de sus ideas: el ensimismamiento y la complacencia son actitudes que conducen a la decadencia. El riesgo es necesario para el éxito. Tenemos generaciones de jóvenes bien formados, capaces de competir en el mundo; pero en la sociedad civil andaluza priman otras cosas. Tenemos que convertir el mundo en nuestra casa, como lo fue en los siglos XVI y el XVII, y convertir nuestras tradiciones en algo que nos arraiga, pero sin que entretenga permanentemente y nos bloquee.

En fin, una sociedad moderna tiene que vivir de su esfuerzo y su capacidad de riesgo, de productos originales que se vendan en los mercados mundiales. Y dado que los dos grandes partidos nos han demostrado en esta campaña que están a lo suyo, es la propia sociedad la que debe generar el espíritu de una nueva economía, que nos haga más fuertes y más desarrollados en el futuro. Ese espíritu es también inmaterial. Es como aquel anuncio de un desodorante: no se notará si usted lo usa, pero sí se notará si no lo usa. Ahora, se nos nota.

El rechazo irlandés, otro motivo de inquietud

Ignacio Martínez | 13 de junio de 2008 a las 23:06

IrlandaNo

Un militante anti-Lisboa acosa al ministro de Hacienda, Brian Lenihan, en la foto de Eric Luke.

Con la crisis creciendo y los precios subiendo, lo único que nos faltaba era un fracaso en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa en Irlanda. Los irlandeses han dicho que no al Tratado de Lisboa, en el único referéndum que se iba a celebrar en toda Europa. Esta vez ni británicos, ni daneses, ni franceses, ni holandeses. Nadie se ha atrevido a preguntarle a la gente.

Lo más grave del rechazo de Irlanda es que la participación ha superado la mitad del electorado. El triunfo del ‘no’, auspiciado por una derecha fundamentalista católica, la izquierda verde o el movimiento republicano Sinn Fein va a paralizar las instituciones. Aunque ya lo han hecho 19 países, no puede entrar en vigor el nuevo Tratado si uno solo de los socios no lo ha ratificado. El Tratado de Lisboa, que prevé un presidente del Consejo por dos años y medio, un ministro de Exteriores, una Comisión más reducida, un Parlamento con mayores poderes, un sistema de voto más democrático y la posibilidad de refrendos por iniciativa popular, ha perdido la única votación ciudadana prevista y no podrá entrar en vigor. Los jefes de Estado y de Gobierno que se reúnen jueves y viernes en Bruselas tienen más trabajo y una nueva preocupación.

Como en la República Francesa hace tres años, el público irlandés ha votado con el egoísmo nacional en la mano, en clave local: grupos antiabortistas, empresarios que se resisten a renunciar a privilegios fiscales, emprendedores que miran más a Boston que a Berlín, agricultores que están en contra de la liberalización del comercio mundial, pacifistas contrarios a todo alineamiento, o trabajadores temerosos de perder su empleo por el dumping social en los países del Este, han votado contra la globalización, no contra el Tratado de Lisboa. Un texto que decía desconocer hasta el nuevo primer ministro, Brian Cowen.

Hay un precedente irlandés: en 2001, en el referéndum sobre el Tratado de Niza sólo votó el 34% de la población y salió que no. Hubo que hacer algunos retoques y esperar hasta octubre del 2002 para que otra consulta popular le diera la vuelta a la situación. Con el Tratado de Maastricht pasó lo mismo en Dinamarca: en el 92 fue rechazado y, tras dejar fuera del euro a la corona danesa, fue aprobado en el 93. En todos los casos el ‘no’ ha supuesto una contrariedad.

Es curioso que algunas de las razones por las que votaron en contra de estos tratados daneses e irlandeses sean completamente contrarias. Dinamarca es de los países que más cómodos se sienten con el protectorado militar que ejerce Estados Unidos sobre Europa desde la II Guerra Mundial. “Cualquier cosa menos ver otra vez los tanques alemanes por las calles de Copenhague”. Maastricht le sonó a los daneses a ejército europeo, por la “identidad europea de defensa” recogida en sus artículos. Y los daneses preferían la OTAN tutelada por el Tío Sam. A los irlandeses, neutralistas como los suecos o los austríacos, no les gustó el viraje de los tratados siguientes, Amsterdam y Niza, y rechazaron éste último, entre otras cosas, por la mención expresa a la OTAN.

Hay otras razones para que recele un país que hoy es el segundo con más renta per cápita de la UE. El síndrome del nuevo rico. Cuando se aprobó Maastricht, en diciembre de 1991, Irlanda entró a formar parte del club de países que recibirían miles de millones de euros de un fondo cohesión, para la convergencia hacia la moneda única. Despectivamente a los cuatro pobres se les llamó los cerdos, por la gracia de sus iniciales en inglés, PIGS, Portugal, Ireland, Greece y Spain. Hoy hemos conocido el veredicto irlandés y tenemos un motivo más de inquietud. La presidencia francesa, que empieza el 1 de julio y aspiraba a lanzar debates imprescindibles en Europa sobre inmigración o energía, deberá desgastarse ahora para buscar una salida al embrollo irlandés. Mala cosa. Hay una enorme distancia entre las preocupaciones a corto plazo de los ciudadanos europeos y la estrategia a medio plazo de sus líderes políticos.