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Una agresión a Andalucía

Ignacio Martínez | 22 de enero de 2012 a las 11:37

Sostengo que si la deslealtad institucional fuese deporte olímpico, España tendría medalla segura en los Juegos. La vicepresidenta Santamaría dio una vez más prueba del virtuosismo nacional en esta disciplina el viernes, tras el Consejo de Ministros. Sus palabras de preocupación por las finanzas de Andalucía pueden ser producto de su bisoñez en el cargo, pero le han metido una pedrada a la solvencia financiera regional imperdonable, nada menos que desde la Vicepresidencia del Gobierno.

Sean el color que sean los gobiernos central y autonómico, no es de recibo que se tiren estos misiles partidistas desde tribunas institucionales. La neófita ministra de Trabajo dio muestras del mismo defecto en un acto del PP en Huelva, cuando dijo que España estaba en la ruina. ¿Por qué nos quejamos de Fitch, Moody’s o S&P si ya tenemos a los ministros del Reino de España para denigrar al país?

La vicepresidenta entró al trapo de un medio que preguntó por una información propia, para darle más vuelo. Un viejo truco. Y Santamaría se olvidó de que no es delegada de curso en la Facultad de Derecho de Valladolid y se tiró a la piscina. Estas cosas no son gratis. Con la turbulencia que hay en los mercados, cualquier frivolidad puede costarle una fortuna al Estado o a una región. Habría que exigir a las autoridades más decoro o incluir estos desmanes en el capítulo penal que tanto desea el ministro Montoro.

Andalucía cerró su año contable el 20 de noviembre. Según la Junta, Cataluña y Murcia lo hicieron el 11, en octubre lo cerraron Castilla y León y Madrid. Y en septiembre Galicia y País Vasco. Si las fechas son ciertas, estamos ante un montaje, no ante una suspensión de pagos. Ignoro si hay facturas en los cajones, pero a estas alturas Arenas debe asumir que los andaluces ya saben que el PSOE tiene que irse de la Junta. Lo que ahora se discute son los méritos del aspirante. Y eso no se resuelve con lanzallamas.

Hay, además, una falta de respeto. Con mucha mayor deuda que Andalucía, Santamaría no tiene narices de decir que está preocupada por la solvencia de Cataluña. Tampoco de Valencia, que ya es una región intervenida por el Estado. Hemos asistido a una agresión desde el Gobierno para arrancar unos votos. Penoso.

Pistolas humeantes

Ignacio Martínez | 9 de abril de 2011 a las 19:29

La pugna entre la juez Alaya y la Junta por las actas de los consejos de gobierno de los últimos diez años se presenta interesante. Piensa la juez que tiene derecho a conocer todas las decisiones adoptadas por el Gobierno andaluz en una década, sobre no importa qué asunto. Y que ella, en su infinita sabiduría dirimirá con buen juicio si lo que conoce por este método aporta información o pruebas en la causa que instruye sobre los eres fraudulentos. Sorprende de tan quisquillosa actitud que todavía no haya imputado al ex consejero Viera, tan sospechoso en principio como ex consejero Fernández ya imputado. El hecho de que Viera sea diputado autonómico y senador quizá haya afinado el tacto de la juez para evitar que el caso se vaya a una instancia superior y lo pierda.

Alaya ha demostrado tenacidad en instrucciones muy enrevesadas. De hecho, el lío societario montado por Lopera en el Betis no es menor que este. Aquí la juez tiene sus argumentos y el Gobierno Griñán los suyos. Las deliberaciones de los consejos son secretas por ley. Dice el diccionario de la Real Academia que deliberar es considerar atenta y detenidamente el pro y el contra de los motivos de una decisión, antes de adoptarla, y la razón o sinrazón de los votos antes de emitirlos. Si las actas recogen fidedignamente estas consideraciones sería interesante que el Supremo permita su consulta.

Sería un material didáctico de primer orden. Una mina tiene la juez dentro de ese armario que le ha mandado la Junta. O una pistola humeante, como se definió a las cintas que el presidente Nixon tenía la costumbre grabar de sus conversaciones en la Casa Blanca. Por eso quedó constancia, a pesar de que sus colaboradores borraron varios pasajes, de que había obstruido la acción de la justicia e intentado tapar el asalto al cuartel general del Partido Demócrata en el edificio Watergate de Washington en junio de 1972. Dos años después, la pistola humeante se llevó por delante a Nixon, el único presidente americano que ha tenido que dejar el cargo.

El Supremo puede considerar que una cosa son las deliberaciones y otra el acta de las decisiones. O sea, que los motivos o razones pueden ser secretos, pero las decisiones adoptadas no. Entonces, nos encontraríamos con un precedente estimulante. El juez de Valencia del caso Gürtel puede pedir los ocho años de actas de los consejos de Gobierno presididos por Camps, para saber más sobre los amigos del alma del presidente valenciano o cualquier otra cuestión presuntamente relacionada con clientes y proveedores. De la misma manera, el juez que acaba de reabrir el caso del espionaje a dirigentes del PP poco afectos a Esperanza Aguirre, podría reclamar los ocho años de actas de los consejos de la Comunidad de Madrid. Esas pistolas humeantes, en Andalucía, Madrid o Valencia, serían mortíferas.

Más ‘cornás’ da el hambre

Ignacio Martínez | 13 de febrero de 2011 a las 22:00

Tenemos una manera simple de ponerle nombre a los accidentes medioambientales. ¿Se acuerdan del volcán islandés de nombre impronunciable que en abril del año pasado paralizó el tráfico aéreo en Europa? Centenares de miles de vuelos suspendidos. La erupción del Eyjafjalla produjo una excepcional columna de humo y cenizas a la que bautizamos la nube. Ahora en Madrid hay una contaminación que cubre la ciudad. Se ve a simple vista y le hemos puesto la boina al evento. Una definición gráfica que no se corresponde con las reacciones políticas que ha suscitado. Hay mucha sabiduría popular entre quienes gastan boina, para compararla con el discurso hueco y cándido de determinados dirigentes, más propio de Barrio Sésamo que de una tribuna pública.

Por ejemplo, la concejal de Medio Ambiente de Madrid, Ana Botella, que en unas declaraciones de radio ha pontificado que Madrid está “lejísimos” de una alerta por contaminación, algo que a su entender nunca se va a producir. La concejal atribuyó esta polémica a que España pasa por momentos en los que la gente está deprimida por el paro. Eso asfixia más, sostuvo. Más asfixia el paro es la versión moderna de una expresión castiza: más cornás da el hambre. Botella terminó su faena con un adorno marca de la casa: criticó que se quiera convertir en un problema sanitario lo que simplemente es un problema medioambiental. Ella no encuentra conexión entre una cosa y la otra.

Este discurso recuerda aquel sublime de su distinguido esposo, en el que afirmaba que no le gustaba que le dijeran a qué velocidad podía conducir, ni con cuántas copas. Seguramente, porque Aznar tampoco relacionaba velocidad y alcohol con accidentes de tráfico. Mirando de cara a la afición, Botella completó la serie con un remate pinturero: dijo con énfasis que estamos ante la atmósfera de Madrid más limpia de la historia. (En particular si se eliminan los sensores que detectan un día tras otro una polución muy alta). Al coro de grandes sopranos y tenores se suma el alcalde Gallardón. Y, más prudente que su concejal, se limita a señalar que el aire de la capital de España está más limpio que hace 10 años. No necesita más: hagan cuentas y verán cómo hace diez años el que estaba de alcalde era Álvarez del Manzano.

Pero para no dejar en ridículo a la parroquia adversaria, la ministra del ramo, la cordobesa Rosa Aguilar, junto a iniciativas sensatas como peatonalizar los centros urbanos, mejorar los transportes públicos y concienciar a la ciudadanía para que reduzca el uso del vehículo particular, también ha planteado analizar las emisiones para ver qué sustancias son nocivas. Algo que genera alarma social; uno ya pensaba que esas cosas estaban muy estudiadas. La didáctica de Barrio Sésamo por un lado enseña y por otro inquieta más que el CO2.

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Ha nacido en la estrella

Ignacio Martínez | 4 de octubre de 2010 a las 11:28

Se torció la lógica y ganó Tomás Gómez. En el inconsciente colectivo nos gusta que el débil le gane al fuerte, como en las hazañas bíblicas y como en las películas. Sin embargo, en la vida real estadísticamente casi siempre gana Goliat. Esta pauta no le ha valido a Trinidad Jiménez, una buena ministra de Sanidad, apoyada en las primarias de Madrid por los elefantes de más peso del Partido Socialista: Zapatero, Blanco, Rubalcaba, Chaves. La victoria del más débil le añade épica al resultado y supone una derrota de Zapatero, empeñado en la candidatura de Jiménez. El liderazgo y la reputación del presidente en el interior de su partido sufren un descalabro.

La asechanza de Rubalcaba contra Gómez, de que era el candidato de la derecha, la convirtió en realidad la prensa más reaccionaria, que ha jaleado tanto al secretario general de la FSM, que quizá ha proporcionado más votos a Jiménez de los que ella misma ha conseguido repitiendo que era la mejor. Ahora esos medios, además de regodearse con el traspié de Zapatero, se tendrán que cuidar de Gómez, que emerge como un candidato potente a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Ha nacido una estrella, la del hombre que dijo que no a Zapatero y le derrotó.

Sin embargo, a esta pugna le han faltado debates para saber qué pensaban los contendientes de los problemas de la vida real. Los debates fueron uno de los alicientes de las primarias americanas para la nominación demócrata hace dos años. Si alguien piensa que ha sido dura la campaña de Madrid, les recuerdo que en 2008 Hillary Clinton decía que Obama era demasiado vulnerable frente a McCain, de la misma manera que ahora Jiménez ha dicho que Gómez era demasiado vulnerable contra Esperanza Aguirre. Esto es lo que hay: la política no es oficio para hermanitas de la caridad. En el caso americano, los filisteos Clinton perdieron contra David Obama. Y hay precedentes más cercanos en la distancia; Bono perdió contra Zapatero y Almunia contra Borrell.

La lógica dice que el fuerte se impone. Sarkozy se ha merendado la pretensión de Viviane Reding de expedientar a Francia por la expulsión masiva de gitanos rumanos. La comisaria luxemburguesa es doblemente débil: representa a un pequeño país y a una Comisión encabezada por un peso pluma. Y el presidente de la República francesa ha aplicado la ley del más fuerte, para conseguir que todos sus colegas riñeran a la comisaria, y después obligar a la Comisión a tragarse su deseo de corregir a uno de los dos grandes colosos de la UE.

Clinton, en uno de sus debates con el entonces senador de Illinois, acusó a Obama de ser simplemente una cara bonita y un fantástico orador, pero poco más. Jiménez se ha ahorrado estos piropos hacia Gómez y los riesgos de los debates; no ha querido tenerlos y a lo mejor ahora lo lamenta. Obama demostró que no era sólo una cara bonita y Gómez ha iniciado el camino. A lo mejor, Aguirre no lo va a tener fácil en mayo.

Se buscan culpables

Ignacio Martínez | 15 de septiembre de 2010 a las 12:47

Esperanza Aguirre es una estrella del espectáculo de nacimiento. Ya vino de fábrica con un inhibidor del miedo escénico. Al contrario, donde está más a gusto es bajo los focos. En calcetines, cuando vuelve del atentado de Bombay, por poner un ejemplo gráfico. Y además de sus indudables condiciones innatas ha desarrollado un instinto depredador en la pugna política, que le permite salir más airosa que ningún otro dirigente popular salpicado por el caso Gürtel o desafiar al Gobierno con el incumplimiento de la ley antitabaco y de la subida de impuestos. Lo importante es estar en el candelero y, de camino, dejar en evidencia la pusilánime actitud de Rajoy ante los problemas del país.La estrella del firmamento político nacional, admiradora sin complejos de la gran Margaret Thatcher, tiene ahora la misma edad que tenía la dama de hierro cuando era inquilina del 10 de Downing Street. Bueno, de hecho, la Thatcher a los 58 años ya llevaba cuatro de primera ministra. Pues bien, nuestra Aguirre, como su adorada predecesora británica, le ha puesto proa a los sindicatos, en un momento en el que no gozan de mucho predicamento en el país. Y lo ha hecho, con la habilidad que le caracteriza, con abundancia de pirotecnia: dice que quiere quitarle 2.000 liberados a los sindicatos en la Comunidad de Madrid, con los que se ahorraría 70 millones. Traducido al lenguaje de la calle, la presidenta de Madrid insinúa que hay una manta de vagos enchufada de delegados en las empresas públicas y deja caer que la crisis la paguen los sindicalistas.

Hasta aquí lo que podríamos llamar show business. Pero es que Aguirre no está sola. Y no porque haya salido en su apoyo, a remolque, Mariano Rajoy. No está sola porque ha dicho en voz alta lo que mucha gente piensa en silencio. En el inconsciente colectivo el delegado sindical de empresa pública no está bien visto. Vamos, no están bien vistos ni por los delegados de empresas privadas, en donde sí que es difícil y arriesgado ejercer esa función.

¿Hay demasiados liberados en las empresas públicas? ¿Cumplen con su función social los sindicatos? Es posible que sean demasiados los delegados y que haya algunos aprovechados. Pero hay que procurar que no se nos extravíe la brújula. He oído el otro día a un tertuliano de Radio Nacional decir que sin sindicatos Europa estaría mejor. Y eso es un despropósito. De la misma manera que unos concejales corruptos no nos llevan a plantearnos eliminar las elecciones municipales o unos diputados ineptos no hacen superflua la existencia de parlamentos, el sindicalismo, como todo órgano de representación democrática, es necesario. Y también mejorable, desde luego. Pero ahora lo que se intenta es hacer a los sindicatos culpables de la situación que vive el país. O cómplices. Es lista doña Esperanza.

Subsidios y derechos

Ignacio Martínez | 13 de septiembre de 2010 a las 12:21

Las masivas transferencias de renta al sur hoy son injustas. Lo decía ayer en La Vanguardia Lorenzo Bernaldo de Quirós, presidente de la consultora Freemarket. Ignoro el parentesco que tenga con Constancio Bernaldo de Quirós, alumno y más tarde colaborador de Francisco Giner de los Ríos, autor entre otras obras del folleto El espartaquismo agrario andaluz, publicado en 1919, o el libro El bandolerismo andaluz, aparecido en 1933. Pero me temo que su posible antepasado jurista tuvo mayor consideración con Andalucía que este eventual descendiente, presentado como un federalista sin melindres y simpatizante del Partido Popular.

Aclara B. de Quirós que no quiere decir que andaluces y extremeños sean holgazanes, pero se pregunta en qué se han gastado las masivas transferencias de dinero y cómo han sido gobernados estos territorios, para que el diferencial de renta entre el norte y el sur apenas se haya movido en treinta años. “El PSOE está defendiendo ese estatus como si fuese un partido africano”. En resumen, piensa que el Estado de las autonomías se sostiene gracias a las clases medias de Madrid, Cataluña y, en menor medida, Baleares y Valencia.

En Andalucía es seguro que en los años de abundancia se han creado organismos y empresas públicas que en estos tiempos de estrecheces no se habrían puesto en marcha. Pero igual que en las demás regiones, gobernadas por PSOE, PP o nacionalistas. Clientelismo ha habido en todas las autonomías, en particular en las que el partido gobernante ha prolongado su estancia en el poder. La nueva situación exige la máxima austeridad al sector público, pero el argumento de que Cataluña y Madrid mantienen a una España subsidiada es discutible.

No son los territorios los que tributan a Hacienda, sino las personas. Así que quienes más tienen, más pagan al erario público, que tiene que atender las necesidades de la población, allí donde esté. Pero hay otro elemento que se utiliza menos. Desde la creación del Benelux en 1944, por los gobiernos en el exilio de Holanda, Bélgica y Luxemburgo, se establecieron unos mecanismos compensatorios para la supresión de los derechos de aduana. Así era la política de libre comercio inspirada por la derrota del proteccionismo puesto en marcha tras el crack del 29.

A esos mecanismos de compensación se les llama política de cohesión en la Unión Europea. La eliminación de ese principio en el interior del mercado único español consagraría el predominio de las regiones de fuerte desarrollo industrial sobre los territorios tradicionalmente agrarios. Hay que reclamarle austeridad al gobierno regional y capacidad de iniciativa a la sociedad civil andaluza. Pero parece un derecho razonable que los mecanismos compensatorios perduren mientras haya supresión de aranceles y diferencias de renta.

Un guión de Woody Allen

Ignacio Martínez | 31 de julio de 2010 a las 8:21

La prohibición de las corridas de toros en Cataluña da para una enciclopedia. A un servidor esta decisión le sugiere muchas cosas, algunas positivas. Lo resumo en diez puntos. 1. Puede ser una buena noticia para la fiesta de los toros en el resto de España. Estamos ante una tradición en franca decadencia, en donde cada vez hay menos bravura en los toros y menos arte en los toreros. La mayoría de las corridas de Sevilla o Madrid de esta temporada no han sido una fiesta precisamente. Así que es posible que haya un renacer del arte de torear si, ante la amenaza, ganaderos, empresarios, toreros, apoderados, críticos y aficionados se lo toman más en serio. 2. Cataluña sigue siendo muy buena vendedora. Si querían llamar la atención y poner su territorio y sus instituciones en el mapa mundi, lo han bordado. En los discursos del miércoles, se repetía “el mundo nos contempla”, “el mundo nos está mirando”.

3. En el resto de España el asunto de las corridas de toros ha sido infinitamente más seguido que el del Estatut en cualquiera de sus formatos. 4. En el procedimiento de esta ley hay dos elementos que deberían ser ejemplo: una iniciativa popular y la libertad de voto a los diputados. 5. Un servidor, que es aficionado, encuentra que los argumentos de los abolicionistas de las corridas en la comisión correspondiente del Parlament, han sido más convincentes que los de los partidarios. Ignoro quién hizo el casting, pero era desigual. 6. Más que identidad catalana o defensa de los animales, los nacionalistas catalanes han subrayado la prohibición como un triunfo de la civilización frente a la barbarie. La superioridad moral de la moderna Cataluña sobre la España castiza y atrasada. Puigcercós se alegró de pertenecer a una sociedad avanzada que rechaza un espectáculo pintoresco basado en la cultura de la muerte. Una sociedad -cito- más tolerante, más compasiva, más humana, más responsable. ¿Más que quién?

7. Cuando ERC propuso una ley similar en 2005, que no prosperó, ya consideraba que los taurinos son capaces de abusar de los más débiles, sean niños, mujeres, mayores o inmigrantes. 8. ¿Y los correbous? Cuando los promotores de la iniciativa popular llevaron sus 180.000 firmas al Parlament, ERC les advirtió que no contaran con ellos si había que prohibir las fiestas de toros ensogados, embolaos o enmaromados. Fiestas muy tradicionales en las tierras del Ebro, con las que Esquerra es tolerante y compasiva. Y en las que el público no se comporta de forma bárbara ni el toro sufre. No es lo mismo lidiar a la manera española que divertirse según la sensibilidad catalana.

9. Esta decisión demuestra la influencia de Cataluña en España. De la prohibición canaria no se enteró nadie. Y 10. Si equiparamos a los animales con los seres humanos, entonces todos vegetarianos y prohibidas corridas y correbous. Es un buen argumento para un guión de Woody Allen, un Vicky Cristina Barcelona II. Nos arrancaría una sonrisa algún comentario entre la hipocresía, el sarcasmo y el cinismo.

Populismo de capote y montera

Ignacio Martínez | 7 de marzo de 2010 a las 11:16

Me confieso taurino y por tanto parcial en mi opinión sobre la prohibición de la fiesta de los toros. Y también, alérgico a los populismos; ya sean los futbolísticos de los giles, loperas o laportas, ya sean los del calzado o el capote taurino de la señora presidenta de la Comunidad de Madrid. En Cataluña 150.000 ciudadanos han aprovechado una capacidad legislativa que les concede el Estatuto de Autonomía para promover una legítima iniciativa, con la que estoy en desacuerdo: prohibir las corridas de toros en la región. Desde hace casi 20 años están prohibidas por una ley canaria y a nadie le ha llamado la atención. Pero, no nos engañemos, en España, Cataluña tiene más peso que Canarias. Y, si me apuran, más peso que ninguna otra autonomía, incluidas Andalucía o Madrid.

Hay que acostumbrarse a las iniciativas populares, porque el Tratado de Lisboa prevé que un millón de firmas puedan promover leyes europeas. Un millón entre los 500 millones de habitantes de la UE son diez veces más fáciles de conseguir que las 150.000 entre los siete millones de catalanes. Hay una cierta inquietud al respecto, por la ambigüedad del artículo: hay que establecer de cuántos países distintos deben ser los firmantes y unificar la edad para hacerlo, porque en Austria se puede votar (y firmar, por ende) desde los 16. Un portillo abierto a euroescépticos, fundamentalistas religiosos y populistas de todas clases.

El debate en el Parlamento catalán sobre la ley antitaurina no tiene desperdicio. Buenas intervenciones a favor y en contra de los toros. Con conservacionistas por ambas partes: los de las dehesas y una raza mantenida durante siglos porque existe la fiesta, y los que están en contra de infringir daño alguno a los animales. Entra dentro de lo posible que se decida no matar a los toros en la plaza, al estilo portugués o que se prohíban las corridas por completo. En todo caso no veo motivo para una campaña anticatalana. Más turistas vendrán a las plazas andaluzas en el futuro. El oportunismo de Esperanza Aguirre envolviéndose en el capote taurino busca directamente la confrontación y el aplauso fácil. La rival de Rajoy no puede evitar su necesidad de llamar la atención, esta vez montera en mano. Una actitud frentista en país necesitado de calma y sentido común.

Aznar rescata la peseta

Ignacio Martínez | 21 de febrero de 2010 a las 10:45

Aznar

 

Ignoro por qué se le llama peseta o peineta a ese corte de mangas a una sola mano que es elevar el dedo corazón en señal de desprecio hacia alguien. Es lo que ha hecho Aznar, siempre tan ufano de su capacidad de llamar la atención. Cuando el jueves le montaron la bronca durante la conferencia en la Universidad de Oviedo dijo con ingenio que hay algunos que no pueden vivir sin él. Pero después, a la salida, se le escapó ese gesto de rabia y mala educación tan impropio en un ex presidente del Gobierno, que ha dado la vuelta a España. Muy feo. Como fea fue aquella inefable intervención en un acto de promoción del vino del Duero, en 2007, en la que dijo que no le gustaba que le dijesen cuántas copas podía beber y a qué velocidad podía ir por una carretera. Una declaración más propia del cantante de una banda de rock, que de un ex presidente. Peor fue, sin duda, que involucrara a su país en una guerra como la de Iraq, sin tenerlas todas consigo, como demuestran las actas de su reunión con Bush en el rancho de Crawford en febrero de 2003.

En fin, no soy precisamente del club de fans de Aznar y no estoy en contra de la protesta civilizada contra los personajes públicos. Pero el intento de reventar sus conferencias me parece una práctica deplorable. El problema es que se trata de un deporte para el que los españoles mostramos una gran destreza. Ya pasó, sin ir más lejos, en la Universidad de Granada en 2006 contra Manuel Fraga, con dos insultos que ahora se han usado contra Aznar, asesino y fascista. Y un año antes, el acusado de asesino fue Santiago Carrillo, el día en que iba a ser investido doctor honoris causa por la Autónoma de Madrid.

Estamos discutiendo sobre la falta de fineza del ex presidente y pasamos por alto el happening montado por estos jóvenes, ya sean de Oviedo, Granada o Madrid, y dirijan sus iras contra la derecha o la izquierda. Este país es hipertenso por naturaleza y no deberíamos meterle más presión. Aunque el presidente del Gobierno que hizo los deberes para que entráramos en el euro haya recuperado la peseta como moneda nacional.

Obama tiene un plan

Ignacio Martínez | 3 de febrero de 2010 a las 18:18

A Zapatero lo ha abandonado su buena fortuna. Obama, ignorante del acontecimiento planetario, por la coincidencia de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico, ha pasado olímpicamente de venir en mayo a Madrid para la cumbre entre Estados Unidos y Europa. Una reunión que del lado europeo iba a presidir Van Rompuy, pero que el Gobierno español quería celebrar en Madrid a toda costa. Por la foto, más que nada. Pero mientras Zapatero y Van Rompuy se peleaban sobre el lugar del encuentro, Obama jamás tuvo plan de viajar a Europa en mayo. Vendrá en noviembre a una cumbre de la OTAN en Lisboa y quizá vaya a Bruselas, ya sin presidencia española. Un descarrilamiento en toda regla del acontecimiento planetario.

Lo que sí tiene Obama es un plan energético para su país. La semana pasada, en su discurso sobre el Estado de la Unión, le dedicó un párrafo. “Para crear más empleo en el área de las energías limpias, necesitamos más producción, más eficacia y más incentivos. Eso significa construir una nueva generación de centrales nucleares limpias y seguras [ovación de 17 segundos]. Significa tomar decisiones difíciles como la de abrir nuevas zonas costeras para la extracción de gas y petróleo [ovación de 10 segundos]. Significa hacer una inversión continua en biocombustibles avanzados y tecnologías limpias del carbón [ovación de 9 segundos]. Y significa también aprobar un proyecto de ley integral sobre la energía y el clima con incentivos que hagan que la energía limpia sea la más rentable en Estados Unidos” [ovación de 8 segundos]. Senadores y congresistas aplaudían entusiasmados. Una diferencia profunda entre un liderazgo y otro.

Obama no sólo habló de energías limpias como suele hacer Zapatero. Habla de un mix de renovables, gas, petróleo, carbón, biocombustibles y nuevas centrales nucleares. El sainete nacional sobre la ubicación del almacén nuclear español para residuos de alta actividad ha incluido una declaración del presidente sobre la necesidad de esta instalación. Una prueba de realismo, que es la última faceta conocida de nuestro presidente, cuyo discurso público ha sido hasta ahora decididamente antinuclear. Él, que tanto se mira en el espejo de Obama, puede preguntarle mañana en Washington por los planes energéticos de Estados Unidos, que dedicará este año 34.000 millones de euros a financiar nuevas centrales nucleares.

España necesita muchas reformas. El mercado de trabajo, el recorte en el gasto público y las pensiones están sobre la mesa. Pero hay otras muchas que urgentes: un acuerdo sobre educación, que marcha por buen camino; una reducción drástica de la administración, que sólo están encarando algunos ayuntamientos como el de Jerez; y una política energética precisa, moderna, eficiente. Obama ha dado una pauta con su plan. A ver si cunde el ejemplo, ahora que el presidente español ya no confía en el azar. Afortunadamente.