Archivos para el tag ‘Magdalena Álvarez’

Por Gaby, Fofó y Miliki

Ignacio Martínez | 30 de julio de 2011 a las 11:05

En vísperas electorales, el viernes de la semana pasada, el PSOE de Málaga convocó un comité provincial, para analizar la paliza que el PP le había dado en las elecciones municipales celebradas dos meses antes. La presidenta regional, militante malagueña, abrió la sesión con unas palabras para terminar entonando una canción. No. No fue la Internacional, ni el himno de Andalucía. Ni por Pottier, ni por Blas Infante. Se arrancó por Gaby, Fofo y Miliki. El 22 de julio era la onomástica de Magdalena Álvarez, presidenta del PSOE de Málaga, y a Rosa Torres no se le ocurrió otra cosa que cantarle, en el arranque del comité provincial, feliz, feliz en tu día. Unos días antes Griñán había dicho que había que quitarse el luto por la derrota del 22 de mayo. Quizá fuese una manera de interpretarlo al pie de la letra. Afortunadamente sólo unos pocos asistentes secundaron la canción de los payasos de la tele.

La anécdota recuerda las palabras de la ex consejera Evangelina Naranjo en el mismo comité director en el que Griñán dijo lo del luto: afirmó que la Ejecutiva regional dirige el partido como si fuera una organización juvenil. No sé si Evangelina fue una buena consejera. Pero desde luego es una magnífica ex. Cuando la despidieron del cargo se buscó un trabajo particular y dimitió como diputada. Con las manos libres se presentó en ese comité para decir lo que muchos piensan, pero nadie se atreve. Lamentó que se tardase 57 días en convocar al máximo órgano entre congresos. Sostuvo que todos eran culpables de la derrota, todos los que habían apoyado a la ejecutiva: los convencidos, los no convencidos y los que ya no podían volverse atrás. E ironizó sobre la transparencia y el espíritu democrático con el que se iba a elegir a los delegados de Andalucía para la conferencia política, designados por la dirección en lista única.

Ha terminado el periodo de sesiones sin una proposición formal para cambiar la ley electoral regional. Es sensato que el PSOE se dé una pausa antes de seguir adelante con el proyecto de dejar a los alcaldes fuera del Parlamento andaluz; una maniobra para frenar el auge del PP, al que las encuestas dan mayoría absoluta. Los socialistas son incoherentes. Un partido nacional no puede tener un criterio distinto en cada territorio. Alcaldes socialistas se sientan en una decena de parlamentos regionales. Y hay concejales socialistas en casi todas las cámaras autonómicas. Se puede ser alcalde y tener escaño en el Congreso o el Senado, ¿por qué no en el Parlamento andaluz? Otra incoherencia afecta al presidente Griñán, que prometió que cualquier modificación de la ley electoral se haría por consenso. Para tener diputados de primer nivel y líderes sociales que representen al territorio, los alcaldes pueden ser útiles. Dejarlos fuera no es necesariamente una buena idea. La convocatoria de las elecciones generales permite pocas bromas. No está el patio para payasadas.

El lobby es como el colesterol

Ignacio Martínez | 29 de mayo de 2010 a las 10:25

A Sarah Ferguson la cogieron con las manos en la masa hace una semana, cuando aceptaba 32.500 euros en metálico y pedía 400.000 más por conectar a un supuesto empresario con su ex marido, el príncipe Andrés de Inglaterra. El tipo, en realidad, era un periodista camuflado, que le ha sacado los colores a la ya de por sí sonrosada princesa consorte y duquesa de York. La señora no ha perdido la sonrisa, ni el humor británico. Unos días después, al presentar un cuento infantil en Nueva York, dijo que debería aprender de los inteligentes personajes de los libros de sus hijos. La Ferguson hace lobby desde que se divorció del tercer hijo de la reina Isabel II. Ésta puede ser una manera honrada de ganarse la vida. O no. El lobby es como el colesterol, que lo hay del bueno y del malo.
En Estados Unidos están regulados y hacen una labor importante de información, además de representar intereses concretos. Todo eso, si es transparente, tiene mucho de positivo. Si es opaco o bajo cuerda, puede caer dentro del código penal. En Bruselas, los funcionarios de la Comisión Europea que deben redactar un proyecto de reglamento o directiva suelen llamar a todos los lobbies concernidos. Si lo hacen bien y oyen a todo el mundo, incluso a quienes representan intereses encontrados, acabarán teniendo una buena visión de conjunto. Este es el lobby bueno.  

Lobby hacen aquí en España personajes que se dedican a promocionar establecimientos comerciales porque son famosos por sus hazañas en los ruedos, en las canchas de deporte o en el cine. Nada de eso es ilegal. A veces, se trata de famas conseguidas debajo del edredón de un reality, o simplemente en el papel cuché. Son lobbies más penosos, pero mueven a las masas, tienen tirón comercial y el dinero les quiere. Aunque convengamos que la señora Ferguson, sin tener la clase de su cuñada Diana, es más glamurosa que Belén Esteban. ¿O no? Pero su caso se separa de la legalidad y entra de lleno en el tráfico de influencias.

De eso también tenemos muy buenos ejemplos patrios. Sin ir más lejos, es lo que hacía El Bigotes cuando cortejaba a su amiguito del alma, el presidente de la Generalitat valenciana, a su familia, amigos y entorno político. Este es lobby del malo. Hay más: un tal Luigi, ex diputado del PSC en Cataluña, montó una trama corrupta bautizada como Pretoria, que cobraba 10 millones de euros por cada operación urbanística. El buen hombre mandaba sobre el alcalde de Santa Coloma de Gramenet, operaba en otros ayuntamientos y tenía de socios a un histórico ex consejero de Pujol y al secretario general de la Presidencia de la Generalitat con don Jordi. Lobby del malo, de nuevo.

También hay casos intermedios. Cuando éramos ricos, una vez organizó la ministra de Fomento Magdalena Álvarez una reunión de ministros latinoamericanos de Obras Públicas en Málaga. En una cena, en unos estupendos jardines, presencié cómo el secretario de un ministro, con su jefe y la esposa de éste presentes, se interesaba por unas entradas para ver al Real Madrid al domingo siguiente. Los ejecutivos de las constructoras presentes organizaron una carrera de sacos allí mismo, forcejeando por ver quién era el que los llevaba al palco del Bernabéu. Y hubo uno que estuvo más listo que los demás.

En fin, ya ven que hay quien vive del cuento, tan ricamente. Mejor que los personajes del libro que presentó en Nueva York la duquesa de ídem.

Tú no eres de los nuestros

Ignacio Martínez | 29 de marzo de 2010 a las 11:23

El Gobierno y el Partido Socialista han concedido gran importancia a la quinta cumbre de Mujeres por un mundo mejor España-África celebrada en Valencia este fin de semana. En la clausura, el presidente del Gobierno ha dicho que la igualdad es una de las claves para un mundo mejor. La igualdad de género. Porque Zapatero, campeón de múltiples causas sociales, no incluye en ese catálogo a otras fuerzas políticas. No se comporta igual si actúa en territorio hostil o bajo jurisdicción socialista. En la apertura de esta cumbre, presidida por la reina Sofía, la alcaldesa de Valencia se quejó de que no se hubiese invitado al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, el máximo representante del Estado en Valencia. Ya sabemos que está manchado por el caso Gürtel, que era amiguito del alma de uno de los capos de la trama corrupta y demás, pero no está imputado y sigue siendo la máxima autoridad en su región.

Se le respondió a Rita Barberá que se trataba de un encuentro de mujeres, y la alcaldesa de Valencia preguntó por qué iba el presidente del Gobierno a la clausura. La contestación de La Moncloa fue que anteriores cumbres en Mozambique, Liberia o Níger también las clausuraron sus presidentes. Argumento que está muy bien, pero tiene dos agujeros notables. Los presidentes de esas naciones africanas son jefes de Estado y su equivalente en España es el rey Juan Carlos. Y en esos países, como se sabe, no hay comunidades autónomas, con sus poderes y representación política. Si este encuentro lo hubiese organizado Bibiana Aído en Andalucía, habría invitado al presidente Griñán. Seguro. Y habría hecho muy bien. Luego en Valencia se ha cometido un desliz.

El asunto recuerda otras peripecias más cercanas. La deslealtad institucional es una práctica extendida. A una amiga que trabajaba en una empresa pública de la Junta le encargaron la organización de una conferencia en Jaén, cuando el alcalde era del PP. Le pusieron sólo una salvedad: que el alcalde no fuese por allí. Y se trataba de un encuentro científico y tecnológico, no de género. Y en Málaga, la ministra de Fomento Magdalena Álvarez inauguró durante su mandato un tercer carril en la ronda este de la ciudad sin invitar al alcalde popular, pero no se olvidó de la secretaria del PSOE y los diputados de su partido.

Pero también hay muchos casos y graves de tú-no-eres-de-los-nuestros en la acera contraria. Camps, sin ir más lejos, ha tenido durante meses a Leire Pajín sin escaño en el Senado, en representación de la comunidad autónoma valenciana. Era su pequeña venganza personal por verse implicado en el caso Gürtel. Y la semana pasada, el ex ministro de Aznar Jaime Mayor Oreja afirmó que ETA y el Gobierno son aliados potenciales. Una declaración que coincide infelizmente con los más duros de la banda, que sostienen que hay que seguir matando porque el Gobierno volverá a negociar. El presidente del PP vasco, Basagoiti, ha desautorizado a Mayor, pero Rajoy se ha evitado ese mal trago.

Ahí siguen PSOE y PP. Sin enterarse de que este tipo de sectarismos atenta contra los intereses generales. De todos y todas.

El bueno, el feo y el malo

Ignacio Martínez | 20 de febrero de 2010 a las 10:47

Hay una nueva estrella en el firmamento político español. Casi sin darnos cuenta José Blanco, vicesecretario del PSOE, antiguo martillo de herejes populares, vilipendiado con el despectivo mote de Pepiño, se ha convertido en el hombre fuerte del Gobierno. Y está, como Tom Cruise, al frente de una misión imposible: conseguir un pacto estratégico sobre política económica que dé oxígeno a un presidente al borde de la asfixia y confianza a un país víctima de la ansiedad. En realidad, hasta su nombramiento como ministro de Fomento, Blanco era el tonton macut de Zapatero. Golpeaba con duras palabras a todo bicho viviente en la acera del PP, con frases leídas no siempre con acierto, destinadas al bombardeo televisivo. Su sustitución por Leire Pajín ha agigantado su figura, por simple comparación. Y su reciclaje institucional le ha procurado elogios de propios y extraños. Sin ir más lejos, Esperanza Aguirre o Francisco Camps han agradecido su buena disposición para el entendimiento y la colaboración. Cosa que, de camino, ha puesto en evidencia a Magdalena Álvarez.

Quizá la cuestión que más desairada ha dejado a la ex ministra andaluza ha sido cómo Fomento, con Concha Gutiérrez como secretaria de Estado de la cosa, le ha metido mano al escandaloso estatus laboral y salarial de los controladores aéreos. Aquí Blanco ha salido a hombros por la puerta grande. De momento. Los controladores no han dicho la última palabra. Pero la nueva estrella política ha cogido mucho lustre con el decreto en el que liberaliza el control del tráfico aéreo e intenta poner orden en un colectivo de 2.300 controladores, de los que unos pocos ganan más de 900.000 euros; 28, más de 700.000; 135, más de 600.000, y 713 tienen un sueldo entre los 360.000 y los 540.000 euros.

Con Blanco se ha producido el mismo efecto que con los chistes de Morán, el primer ministro de Exteriores de Felipe González, a quien se atribuía en todos los chascarrillos el papel de memo. Como el aludido era de categoría, salió reforzado del envite. Aunque, eso sí, Morán no congenió con Felipe y duró sólo dos años y medio en el cargo. Por cierto, fue sustituido por Fernández Ordóñez, que ha sido el mejor ministro de Exteriores de la democracia desde 1977 hasta ahora.

Queda establecido que el feo de la política española ha sido Blanco, convertido en guapo como el sapo en príncipe, hasta el punto de que hay quien le ve posibilidades de sustituir a Zapatero. Ahora, queda lo más fácil: el bueno no ofrece duda. El buenismo inspira toda la filosofía de Zapatero. Y el malo es, por definición, su antagonista. Rajoy lleva dos años pidiendo reformas y austeridad. Por eso Zapatero corteja personalmente a nacionalistas catalanes y vascos y manda a Blanco, Salgado y Sebastián a lidiar con los malos. Lo feo que lo haga otro…

Guerra de regiones

Ignacio Martínez | 22 de junio de 2009 a las 7:58

Llegamos a la recta final de la nueva financiación autonómica, con las espadas en alto. Cataluña se moviliza, para sacar el máximo: se siente discriminada en el conjunto de España porque paga demasiado según sus cuentas, que compara con las vascas. Con el argumento constitucional de los derechos históricos y el coyuntural de la debilidad de los gobiernos en minoría de González, Aznar o Zapatero, los nacionalistas vascos han apañado un cupo por el que liquidan al Estado 1.400 millones de euros al año, por toda aportación fiscal. Varias veces menos de lo que pagarían con el régimen general. Con ese precedente, los catalanes rabian, con razón. El nuevo Estatuto catalán establece que las inversiones estatales se harán en función del PIB regional. El aumento por ese capítulo, y la menor contribución que les consiga la nueva financiación autonómica que se cerrará en unas semanas, deben mejorar el déficit fiscal catalán en varios miles de millones de euros.

En paralelo a la batalla presupuestaria, se abren nuevos frentes. La Vanguardia titulaba el sábado, en su sección de Economía: “El Ministerio de Fomento penaliza a las constructoras catalanas”. Resulta que las tres primeras constructoras andaluzas, Sando, Azvi y Vera, recibieron entre 2005 y 2007 un porcentaje de adjudicación de obras de Fomento superior a la cuota de mercado que tienen. Y eso ha perjudicado a tres empresas catalanas: Comsa, Copcisa y Copisa. El periódico no olvida citar que la ministra del ramo era la andaluza Magdalena Álvarez. Un recado al nuevo ministro, para que enmiende el agravio. Entre 2004 y 2007 las tres catalanas recibieron 1.465 millones y las tres andaluzas 1.318, o sea, 147 millones menos.

Me pregunto si no será que unas son más competitivas que otras. Hay varias posibilidades, pero ésa es una de ellas. La Unión Europea prohíbe expresamente la adjudicación por cuotas en los concursos públicos, que se hacen con dos criterios, técnico y económico, con un baremo ponderado para cada uno de ellos que oscila entre el 50/50 y el 70/30. Los informes los hacen funcionarios y la apertura de las ofertas es pública: quien ofrece más calidad a mejor precio se queda con la obra. Si las inversiones del Estado se hacen según el PIB y las adjudicaciones públicas en función de la cuota de mercado, consolidaremos situaciones de privilegio. Ya sólo falta que saquemos al campo de batalla los déficits comerciales. Cataluña se beneficia de un mercado interior español sin barreras arancelarias en el que tiene un predominio industrial y de servicios. Pero sin sus estupendos clientes andaluces, extremeños, castellanos, etcétera, su riqueza se reduciría trágicamente. Cuidado con las guerras de regiones.

La profecía

Ignacio Martínez | 15 de abril de 2009 a las 10:47

Hace cuatro años se firmó un armisticio entre la Iglesia Católica y la Junta de Andalucía para la vuelta de CajaSur a la tutela regional. Al acuerdo del 13 de diciembre de 2004 se le llamó como la onomástica del día. Con ese pacto de Santa Lucía se terminaron los años de plomo en los que la rebeldía del cura Castillejo fue castigada por la consejera Álvarez. Los dos personajes que acabaron con las trincheras eran el obispo de Córdoba Juan José Asenjo y el consejero de Economía José Antonio Griñán, que están hoy de actualidad.

Unos meses después celebraron el acuerdo de paz los cuatro negociadores que remataron la operación: Fernando Cruz-Conde y Juan Moreno, por parte de la Iglesia, y Francisco Pulido y Salvador Blanco por la Diputación cordobesa. Y Cruz-Conde comentó que si Asenjo y Griñán habían sido capaces de conseguir un pacto para CajaSur el uno podía llegar a cardenal de Sevilla y el otro a presidente de la Junta. Ya saben que monseñor Asenjo es hoy obispo coadjutor de Sevilla, pronto será arzobispo, y que todos los arzobispos de Sevilla acaban de cardenal. Y que a Griñán le queda una semana para ser presidente de la Junta. Cruz-Conde es un profeta.

Otras muchas anécdotas vaticinaban que el mejor recambio para Chaves era Griñán, salvo por tener sólo un año menos. Aunque su discurso del lunes ante el comité director del PSOE andaluz resultó prometedor. Una dirigente socialista comentaba a la salida, entre satisfecha y sorprendida, que “se le había entendido todo”. Los discursos políticos suelen estar tan llenos de vaciedad y sectarismo, que una disertación razonada y didáctica resulta una agradable sorpresa. La única duda que me cabe es si este nuevo discurso se va a traducir en un gobierno nuevo y en una nueva política.

Del discurso del candidato se desprenden signos estimulantes. Griñán sabe que su partido no es del todo consciente de que la sociedad andaluza está cambiando. En particular le preocupa atender a la importante masa crítica que forman unas clases profesionales urbanas, cuyos valores preferentes son el mérito, la capacidad, la profesionalidad, la competencia, la seguridad y la libertad. Unas clases medias que no están votando al PSOE en las ciudades andaluzas.

Le ha recordado a los suyos que el sector público se financia con el sector privado, y que hay que poner esos recursos públicos a disposición de la creación de riqueza, de los que arriesgan, de los que emprenden. Les ha reclamado respetar las ideas ajenas y combatirlas con argumentos, no con descalificaciones. Les ha invitado a ser humildes, trabajadores, responsables y honestos. Además, el candidato está convencido de que la principal política económica, la más rentable, es la educación. Ahora tiene que llevarlo a la práctica. Y no hace falta ser un profeta para saber que eso será más difícil que enunciarlo.

Griñán, el hombre tranquilo

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2009 a las 16:34

El político más famoso del mundo, el presidente Obama, tiene prestigio de gran orador. Sus discursos se cuelgan en YouTube como si fueran canciones de culto, con millones de visitas. Pero Obama no escribe sus discursos. Se los hace un jovencito de enorme talento, Jon Fravreau. De hecho, pocos políticos escriben sus discursos; el dramaturgo y político checo Václav Havel es una de esas excepciones. Otra es José Antonio Griñán. El vicepresidente económico del Gobierno andaluz y candidato ‘in pectore’ a la Presidencia de la Junta no es economista, sino un hombre de letras. De hecho, quiso estudiar la carrera de Filosofía y Letras en los años 60, pero su tío Rafael Martínez Emperador, hermano menor de su madre, le recomendó que hiciese Derecho y preparase oposiciones a inspector de Trabajo.

Con 23 años sacó esas oposiciones con el número tres de la promoción de 1969. Con su tío trabajó cuando era director general de la Seguridad Social a mediados de los 70. Martínez Emperador fue asesinado por ETA en 1997 cuando era magistrado de la Sala de lo Social del Supremo. Un atentado que ha marcado su vida, como otros hechos menos dramáticos y más antiguos. Por ejemplo, una novela que leyó a finales de los 60, que es la que más le ha impresionado; ‘Guerra y paz’ de Tolstói. Es un dato relevante en una persona que lee cuatro o cinco libros al mes. Griñán es un gran lector y un cinéfilo empedernido. En particular del cine negro de los 50: hay películas que es capaz de explicar plano a plano y recitar todos sus diálogos.

Otra de sus grandes aficiones es la ópera. Se sabe de memoria obras completas, y se atreve a cantar alguna pieza. Ha utilizado con frecuencia este recurso para relajar a su equipo en los duros momentos de preparación de los presupuestos, cuando las cuentas no cuadran y aumenta la presión de las consejerías. Tiene la colección completa de los discos de Alfredo Kraus, con quien tenía una relación de amistad. Por cierto, que la redacción de los presupuestos de este año le ha costado fuertes críticas de la oposición, con razón, por su pretensión de que en 2009 subiría el PIB andaluz un 1%. Él se ha justificado con un dossier lleno de previsiones optimistas de organismos internacionales. Pero lo cierto es que mientras con esos datos Solbes y Griñán aventuraron un crecimiento para España y Andalucía, a su correligionario catalán Antoni Castells le salieron las cuentas de una recesión en Cataluña. Y acertó.

Aunque nacido en Madrid en 1946, José Antonio Griñán está muy vinculado a Andalucía. Es hijo de malagueña, marido de una sevillana, María Teresa Caravaca, y diputado por Córdoba. Dos de sus tres hijos, Ana y Miguel, nacieron en Sevilla, que fue su segundo destino como inspector de Trabajo en 1974, después de Zaragoza, donde nació su primogénito Manuel. Ahora tiene tres nietos y una nieta. Dos de su hijo mayor, residente en Madrid y casado con una gallega, vinculación que ha generado una amistad con sus consuegros, que le lleva a veranear todos los años a la tierra de su nuera. De su hija, que vive en Sevilla, tiene un nieto y una nieta. Sus allegados lo encuentran feliz de ser abuelo, tanto que era su argumento recurrente para negar cualquier posibilidad de aspirar a la Presidencia de la Junta.

Su parentela gallega ha ejercido influencia en su dialéctica. Hace un año, cuando comenzó su andadura el actual gobierno en funciones resolvía de manera galaico-teológica a la posibilidad de que Chaves no terminara la legislatura en el cargo: “Puede ser que sí y puede ser que no. En todo caso, es como Dios; si existe no interviene en la marcha del mundo. La eventualidad de un relevo es igual; no afecta a la marcha del Gobierno”.

En la época en que llegó a Sevilla, al final de la dictadura, fue uno de los firmantes del documento de los 500, un escrito en el que por primera vez un grupo de altos funcionarios del Estado pedían democracia y amnistía. En esos años colaboró, junto a Joaquín Galán y su compañero de promoción Enrique Vila, con los despachos de Capitán Vigueras (Felipe González, Rafael Escuredo, Manuel del Valle, Ana María Ruiz Tagle…) y de José Julio Ruiz, vinculados a los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, entonces ilegales. “Si había un expediente de crisis, los abogados laboralistas nos pedían que explicásemos a los enlaces sindicales los detalles de la tramitación”, explica uno de sus compañeros de entonces.

Es uno de los fundadores de la Junta de Andalucía. Entró en el primer Gobierno de Rafael Escuredo, como viceconsejero de Trabajo con su viejo amigo y colega de la inspección Joaquín Galán. Cuando llegaron, la Consejería tenía 58 funcionarios, y cuando se fueron cuatro años después, había más de 20.000. En aquellos primeros años de la autonomía estaba muy preocupado porque se notase que las políticas tenían una componente social. Suya es la frase de “hacer un nuevo mundo con viejas ideas como el diálogo político y el diálogo social”. En la segunda legislatura pasó a ser viceconsejero de Salud con Eduardo Rejón. Dada su condición de buen componedor, Rejón le encargó arreglar las relaciones entre la Junta y los colegios de médicos, que estaban envenenadas en aquellos tiempos. También puso en marcha el reglamento del SAS, que estaba recién constituido.

Cuando en 1987 nombran ministro de Trabajo a su amigo Manuel Chaves, se va de secretario general técnico del Ministerio a Madrid. En aquel equipo de dirección era famosa su preocupación por el lenguaje de los textos jurídicos, “para que lo entiendan los ciudadanos a los que van dirigidos”. Allí le coge la huelga general de diciembre de 1988. Volvió a Andalucía con Chaves en 1990 para ser consejero de Salud. En esa época se corrigió en parte el problema de la financiación de la sanidad andaluza. Enseguida se fue a Madrid de ministro de Sanidad (92-93) y de ese Ministerio pasó al de Trabajo, en donde dio una vez más muestra de su capacidad de convicción: consiguió con el Pacto de Toledo garantizar el sistema nacional de pensiones. Fue diputado en Cortes entre 1993 y el 2004, cuando de nuevo le reclamó Manuel Chaves para convertirlo en consejero de Economía.

Su fama de negociador ya se la ganó en el consejillo de viceconsejeros de la Junta en 1982. En aquellos tiempos fogosos a veces se generaban tensiones entre departamentos “y él solía sosegar esas situaciones”, cuenta uno de los protagonistas. Le iría bien el eslogan de Mitterrand en 1981: La fuerza tranquila o el título de una película clásica de John Ford: El hombre tranquilo. Su mano izquierda pasó a ser legendaria hace poco, cuando deshizo los entuertos que había entre la Iglesia Católica y La Junta a propósito de CajaSur, heredados de la época de la consejera Magdalena Álvarez. Su entendimiento con el obispo de Córdoba, monseñor Asenjo, desbloqueó la situación. 

Es muy aficionado a las carreras de fondo. Celebró su sesenta cumpleaños, corriendo una media maratón en Sevilla. Es de ejercicio diario, que recomienda como fuente de salud y recurso para rebajar la tensión. Es menos conocida su afición a las carreras de caballos, que le viene de su padre y han continuado sus hijos. Llegó a comprar en los años 70, con otros 36 amigos, la yegua Picarana que ganó dos carreras en Madrid y estuvo a punto de ganar una de vallas en el hipódromo de Sevilla, pero se cayó en el último obstáculo, cuando tenía asegurado el triunfo. Su padre, Octaviano, que fue director del Banco Mercantil e Industrial en Sevilla y consumado periodista hípico, tuvo incluso una revista especializada en la materia, Corta Cabeza, en donde el futuro presidente de la Junta escribió unas celebradas crónicas bajo el seudónimo de Riu Kiu, el nombre de su caballo favorito. Su hijo Manuel tiene ahora un caballo, Mendavia, que el viernes quedó segundo en una carrera en el hipódromo de Mijas.

Es elocuente, seductor y buen conversador, de la escuela de Felipe González, como otro felipista clásico, el ministro Rubalcaba. Hombre culto, de los que pueden regalar un libro del poeta del siglo de oro Garcilaso de la Vega. Es tímido si no tiene confianza, pero le sobra sentido del humor. Se diría que es coqueto, cuida mucho sus corbatas aunque presume de que no las compra. Se entiende que se ocupa de esa tarea su mujer, ‘Mariate’ en el círculo familiar. Algún amigo próximo dice que no lleva bien la edad, que se siente más joven que lo que su físico dice.

Nunca ha tenido cargos orgánicos en el partido, aunque es miembro del comité federal. Los máximos dirigentes del PSOE andaluz hablan de él con gran respeto. “Se ha sabido ganar la confianza del partido”, sostiene Luis Pizarro, vicesecretario regional. En el partido dicen que Andalucía vive un momento histórico, por el relevo y por la crisis. Chaves, que le ha propuesto para el cargo, tutelará su primer mandato presidencial: se quedará como secretario general hasta el próximo congreso del PSOE andaluz, que se celebrará tras las elecciones de 2012. Aunque será una tutela amistosa: ya ha dicho que sólo le dará consejos si se los pide.

El momento es histórico también en materia futbolística: después de un primer presidente de la Junta sevillista, Escuredo, y dos béticos, Borbolla y Chaves, llega el turno a un colchonero. El Atlético de Madrid es el club de los amores de Griñán, Zarrías y el consejero de Deportes Luciano Alonso. Si Galicia le da pie para respuestas evasivas, el Atlético le anima a la épica. A Griñán le gusta contar una anécdota de Harold Macmillan, el primer ministro conservador del Reino Unido entre 1957 y 1963: cuando dimitió, un periodista le preguntó qué había sido lo más complicado y contestó, muy británico, “los acontecimientos, amigo, los acontecimientos”. El candidato a la Presidencia de la Junta añade de su cosecha que “en política hay que saber navegar de bolina, con viento a favor y con viento en contra” . Y en este punto saca a pasear su espíritu colchonero: “Nosotros estamos muy bien dotados, porque los del Atlético estamos acostumbrados a luchar contra las adversidades”. La frase “los del Atlético” es una simplificación. Si no, que le pregunten este año a los seguidores del Cádiz, del Recre, del Córdoba o del Betis.

El próximo gobierno será un gabinete contra la crisis, pero no de tecnócratas. Griñán se muestra muy partidario de los Gobiernos políticos, más que de los técnicos: “Le doy un alto valor a la política; es una ciencia, un arte y una cultura, que va más allá del conocimiento de la materia que se gestione. Se trata de saber hacer, porque en la política, como en la vida, la línea recta no es siempre el camino más corto”. Y será también un gobierno con muchas mujeres, no sólo porque lo exija la ley: “Es más fácil trabajar con mujeres; son más concienzudas, muy trabajadoras y cumplidoras”. Lo que no es óbice para que uno de los pasajes de una de sus óperas favoritas, Rigoletto de Verdi, diga “la dona e mobile qual piuma al vento”. Además, le gusta todo lo de Verdi y todo lo de Mozart, en particular Figaro y Don Giovanni, que curiosamente trascurren en Sevilla. 

En materia musical es más clásico que moderno. Le gusta Moustaki, de sus años mozos, y siempre ha sido seguidor de los Beatles, pero más ahora, que necesita una pequeña ayuda de sus amigos.

Chaves ha sabido irse

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2009 a las 9:01

Zapatero anuncia un cambio de ritmo, pero hay razones para pensar que este Gabinete no es el más idóneo para salir de la crisis. El presidente ha enmendado errores anteriores, pero sigue manteniendo una estructura innecesaria de cara a la galería. Hay dos nuevos vicepresidentes, Elena Salgado y Manuel Chaves; y cuatro nuevos ministros, José Blanco, Ángel Gabilondo, Trinidad Jiménez y Ángeles González Sinde. Desigual elección, entre los seis hay algunos buenos y otros muy corrientes.

Esta remodelación del Gobierno de la nación no es para tanto. Al contrario que en Andalucía. Aquí va a ocurrir un terremoto; está ocurriendo ya con el cambio en la dirección de la Junta. Hay jóvenes que votaron el año pasado que cuando nacieron ya gobernaba Chaves. Y la alternancia, aunque sea dentro del mismo partido, es siempre buena. Con Griñán al frente debe correr el aire en el Gobierno andaluz.

Zapatero ha arreglado alguna de sus torpezas de hace un año. Por ejemplo, vuelve a unir en un solo departamento toda la educación, desde la primaria a la superior. Había inventado un ministerio al estilo del andaluz de Innovación, Ciencia y Empresa, en el que prima el negocio sobre las humanidades. Pero la consejería no solapa su competencia en I+D con otra, mientras el ministerio de Garmendia tiene zonas de conflicto con el de Industria de Sebastián y agujeros de los que ninguno se ocupa. La eficacia en este campo vital queda sin resolver.

Acierta al eliminar Sanidad como un departamento independiente, dado que sus competencias están transferidas a las comunidades autónomas. Pero no es coherente; podía haber hecho lo mismo con Vivienda, Cultura o Igualdad. Tiene sentido colocar asuntos sociales junto a sanidad y consumo. Podría haber añadido Igualdad al paquete, pero el presidente insiste en su apuesta por el récord, más que por la eficiencia. Sobre su promesa de crear un Ministerio de Deportes, hecha cuando el equipo español ganó la Copa Davis, nunca más se supo. Ya conocen el dicho: las promesas sólo comprometen a quien se les cree.

Blanco es un hombre que tendrá su mérito al frente del partido, pero ni su preparación ni su experiencia prometen que vaya a mejorar la gestión de Magdalena Álvarez al frente de Fomento. La actividad pública de Trinidad Jiménez hasta ahora nos ha aportado frecuentes banalidades y escasa profundidad. Salgado en Economía es una sorpresa y una incógnita. Tanto Gabilondo como González Sinde son profesionales de primer nivel en sus respectivos campos. Y Chaves tiene la oportunidad de aplicar su experiencia y sentido común a la política territorial, uno de los asuntos capitales en la España de hoy.

Hay que celebrar que deje el puesto, que ponga en su lugar al mejor de su equipo, y que le despeje el campo. Al final, ha sabido irse.

ZP ha parido un ratón

Ignacio Martínez | 7 de abril de 2009 a las 19:44

En fin, el presidente del Gobierno ha puesto a un peso pesado de su partido, como Manuel Chaves, de vicepresidente tercero, lo que tiene un cierto punto de humillación. Vicepresidente tercero. En todo caso, junto a Ángel Gabilondo en Educación es lo mejor de los nombramientos. Salgado está por ver que lo haga bien en Econonía. Pepiño Blanco será peor ministro de Fomento que Magdalena Álvarez y la actividad pública de Trinidad Jiménez es abundante en banalidades y escasa de profundidad. Conozco a Ángeles González Sinde desde que tenía 25 años; tuve la oportunidad de trabajar con su padre, José María González Sinde en Telemadrid. Ya en el año 90 era brillante. Puede ser mejor que sus antecesores. Ángel Gabilondo tiene muy buenos antecedentes y recupera un ministerio completo.

Lo que le ha faltado a ZP es arreglar algunos ministerios que son poco más que faroles. No tiene sentido que haya todo un departamento para Sanidad y está bien que lo haya unido a Asuntos Sociales. Pero lo mismo le pasa a Vivienda, Cultura o Igualdad. Son mini ministerios sin competencias. En un gabinete austero para luchar contra la crisis se debería haber notado. Tampoco resuelve el presidente el solapamiento entre Innovación e Industria, que provoca fricciones entre los dos, y también lagunas de las que nadie se ocupa. Vamos, que Zapatero ha parido un ratón.

La construcción es una parte de la solución

Ignacio Martínez | 27 de marzo de 2009 a las 10:50

Gana enteros la teoría de que en Andalucía no saldremos de la crisis sin la construcción. Y quienes lo dicen hablan de la crisis local, la derivada de una insostenible dependencia de la construcción y del consumo interno. Ambos factores fomentados por unos créditos tan baratos que valían menos que la inflación. Nos hemos comprado casas y objetos de consumo que, sencillamente, no podíamos pagar. El endeudamiento privado español supera el 100% del producto bruto nacional. Esta es la foto.

La ventaja de la construcción es que puede generar empleo de manera rápida. El inconveniente es que se trata de un empleo muy poco cualificado. Con estos datos sobre la mesa, el presidente de Cajasol repitió el martes en el Foro Nueva Economía de Madrid algo que ya dijo el año pasado: que sería un error garrafal que las entidades financieras protagonizaran una huida desordenada de las actividades relacionadas con la vivienda. “La actividad económica ligada al mercado de la vivienda tiene todavía mucho recorrido por delante en España”, dijo Antonio Pulido. Frase que es continuación de otra pronunciada hace dos semanas en Sevilla por Felipe González, en un foro de la CEA. “Manolo, pon las grúas”, comentó el ex presidente dirigiéndose al presidente Chaves.

Quienes saben de esto comentan que no se puede prescindir de la primera fuente de generación de empleo en Andalucía, sin nada que lo sustituya. En la sierra de Málaga, en la vega de Sevilla y en tantos sitios de Andalucía se está formando un ejército de parados que no sabe hacer otra cosa que poner ladrillos. El modelo especulativo en el sector de la vivienda estará agotado y habrá que reformarlo. Coincidiendo con la afirmación de Pulido, algunos grandes bancos han iniciado una agresiva campaña anunciando hipotecas por el 100%, para dar salida al parque de viviendas. Algo se mueve. Eso sí, hay que deshacerse de un excedente de millón y medio de viviendas disponibles en el mercado. El asunto es adecuarlas de precio. Pinchar la burbuja de verdad.

Luego está la licitación pública. La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, ha pisado el acelerador y está manteniendo las cotas de inversión en los 19.000 millones de euros de 2008, aunque el sector le reclama que suba otros 10.000 millones. Pero los ayuntamientos han desaparecido del mapa y algunas comunidades autónomas también, en particular Madrid, Cataluña y Valencia. También, por cierto, el Ministerio de Medio Ambiente, que se ha borrado como ministerio y como inversor. Andalucía está entre las regiones que no sólo no ha bajado la licitación pública, sino que la ha subido este año, según fuentes del sector constructor. Y en vivienda, Pulido señala campos a desarrollar: las de protección oficial, el alquiler, la hipoteca inversa, la rehabilitación o los edificios públicos de interés cultural, entre muchas otras iniciativas. En todo caso, se instala en el inconsciente colectivo la idea de que la construcción ha formado parte del problema, pero que inevitablemente tiene que ser parte de la solución.