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La leyenda ‘malaya’

Ignacio Martínez | 27 de septiembre de 2010 a las 9:08

Tele 5 repitió ayer tarde su documental La princesa del pueblo sobre la vida de Belén Esteban. La historia arranca comparando a la ex novia de Jesulín con Evita Perón, y sostiene que si se presentara a las elecciones sacaría el 8% de los votos. Su tesis es que se puede conocer a España a través de esta heroína popular. Quizá. Personalmente, prefiero utilizar otras varas de medir. Por ejemplo, el caso Malaya, cuyo juicio empieza hoy. Mejor que a través de los ojos de Belén, podemos saber de qué pasta está hecho este país por la contabilidad del señor Roca y sus cómplices. Cómplices de todos los colores, clases sociales, profesiones y responsabilidades. Se sienten o no en el banquillo. Aquí sí que tenemos materia.

La leyenda sobre los malayos es larga y ancha. Por ejemplo, sostienen las lenguas de doble filo que la moción de censura contra Julián Muñoz costó 3.000 millones de pesetas. Puede ser una fantasía popular. O no. En realidad, 18 millones de euros serían una bagatela, si se piensa en el control de un negocio multimillonario. Los beneficios habrían permitido a Roca hacerse con una fortuna de 240 millones de euros, según la acusación del fiscal. La leyenda malaya también dice que la banda de aventureros comandada por Jesús Gil, que se hizo con el poder en Marbella durante 15 años y se enriqueció en su desempeño, está formada básicamente por gente de fuera. Si se repasa la lista de los principales acusados, no hay ninguno de Marbella y pocos son andaluces.

Lo que no dice la leyenda es que éste no es un caso aislado. Que ha habido muchos cómplices que hoy no se sentarán en el banquillo. Cómplices por acción u omisión. Muchos abogados, arquitectos, notarios, concejales o periodistas han conocido irregularidades que no han denunciado. La pugna por migajas de poder en una mancomunidad o una diputación han hecho extraños compañeros de cama, muy bien avenidos. Los cuatro partidos del arco parlamentario andaluz pactaron, entre 2003 y 2007, con formaciones posgilistas en los gobiernos municipales de Estepona, Manilva, Marbella o Ronda, sin que ningún dirigente político regional se sonrojase entonces, ni ahora.

No es posible crear sociedades fantasmas en paraísos fiscales, ni buscar un fiduciario gibraltareño que las administre, sin la ayuda de un abogado, que algo debe sospechar. No es posible presentar una actuación urbanística contraria a la norma, para construir en una zona verde o de equipamiento escolar, sin ayuda de arquitectos y abogados. No es posible escriturar por un valor sensiblemente inferior al precio de mercado sin que un probo notario lo detecte. En los locos años 2000, mientras todo esto ocurría, el personal miraba al tendido y los marbelleros votaban alegremente al gilismo. Ese dontancredismo también se juzga a partir de hoy en la Audiencia de Málaga.

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El alcalde de El Ejido, extraño compañero de cama del PSOE

Ignacio Martínez | 21 de octubre de 2009 a las 9:21

 

Ya tenemos nuevo nombre que añadir a la acreditada lista de escándalos que componen Ballena Blanca, Troya, Malaya, Astapa o Gürtel. Poniente. Simple, en comparación con los anteriores, pero funciona. Funciona también el Estado de Derecho. Un juez, con la ayuda de la Policía, investiga los detalles de otra presunta trama de corrupción municipal, esta vez en el El Ejido (Almería). Hay 20 detenidos, entre ellos el alcalde, Juan Enciso, mundialmente famoso por su dudoso papel en los ataques xenófobos contra inmigrantes en febrero de 2000, cuando era destacado militante del Partido Popular. De aquellos días es una frase que le atribuye SOS Racismo: “A las ocho de la mañana todos los inmigrantes son pocos; a las ocho de la noche, sobran todos”. Enciso se salió del PP por la derecha y montó su propio partido que tuvo un resultado excelente en las municipales del 2007; el Partido de Almería fue la tercera fuerza política de la provincia, con 22.500 votantes (8%), 61 concejales y mayoría absoluta en cinco ayuntamientos. En El Ejido sacó el 52% de los votos.

Lo sorprendente de esta historia es que ese partido formó una coalición con el PSOE para gobernar la Diputación provincial. Los socialistas hicieron numerosas concesiones a los dos diputados del PAL: les dieron rango de vicepresidentes y les encomendaron tareas tan delicadas como Hacienda y Obras Públicas. Claro que para compensar hicieron también vicepresidentes a siete socialistas. Siempre pensé que era exagerado que el Parlamento Europeo tuviese 14 vicepresidentes; pero, en fin, con 736 diputados ya puede, si se piensa que la Diputación de Almería tiene nueve vicepresidentes entre sus 27 diputados. No es la primera vez que muestro aquí mi sorpresa por semejante acuerdo contra natura.

Aquel pacto confirmó el dicho británico de que la política hace extraños compañeros de cama. ¿Quién era el secretario general del PSOE en Almería que fraguó el acuerdo? ¿Quién fue el secretario de Organización regional que le dejó? ¿Qué secretario general del partido lo consintió? No se preocupen, ni Soler, ni Pizarro, ni Chaves darán explicaciones. Y si las dieran serían tan creíbles como las de Rajoy la semana pasada cuando intentó sin éxito convencer al país de que Costa debía abandonar su puesto en el PP valenciano, por los mismos motivos por los que Camps debía sin duda permanecer en sus cargos. Los Hermanos Marx lo dirían mejor que unos u otros: “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Esa sería la respuesta más airosa en ambos casos.

No me explico por qué con reiterada dejadez el Partido Socialista se empareja con personajes tan poco recomendables como dos lugartenientes de Gil en Manilva y Estepona, o Enciso en Almería. Aunque quizá haya una explicación marxista: “No es la política la que hace extraños compañeros de cama, sino el matrimonio”. Lo dijo Groucho.

Arenas compara España con un régimen dictatorial

Ignacio Martínez | 12 de agosto de 2009 a las 20:17

Me corrijo. Ayer ponía aquí que Rajoy y Arenas había repetido los argumentos de Cospedal, pero habían evitado decir que España es un Estado policial, pero hoy el presidente del PP andaluz ha salido a la palestra para decir una barbaridad parecida: “Solamente en los países no democráticos, en las dictaduras, se persigue a la oposición con fiscales y policías”. Hombre, los militantes del partido de la oposición o del partido del Gobierno están sometidos al imperio de la ley. Y si hay indicios de que han cometido delitos, se les tiene que investigar. Y si se confirman los indicios, se les tiene que procesar y condenar. Ha habido épocas en las que episodios de este tipo ocurrían con frecuencia inusitada en las filas del PSOE: por ejemplo en los últimos años del mandato de Felipe González. Es humano que los partidos se defiendan, pero no a costa de decir que España es una dictadura o un estado policial. No.

El último disgusto del PP es que han llevado esposados a declarar por un presunto delito de corrupción a unos dirigentes populares de Palma de Mallorca. A Isabel García Marcos o a Antonio Barrientos, del PSOE, también los llevaron esposados cuando estallaron los casos Malaya o Astapa. En fin, denigrar el Estado de derecho es todavía más grave que los posibles delitos de Gürtel o el Palma Arena. La cúpula del PP debería ser más sensata.