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Expolio de la Uefa al Mallorca

Ignacio Martínez | 23 de julio de 2010 a las 9:36

No me lo puedo creer. La UEFA deja fuera de la Europa Liga (antigua Copa de la Uefa) al Mallorca porque tiene muchas deudas. Y así, de camino, evita su recuperación, porque jugar una competición europea es una magnífica fuente de ingresos. No entiendo la lógica de los organismos que rigen el fútbol internacional. No comprendo por qué no utilizan la televisión para ayudarse en las dudas arbitrales y tampoco este tipo de enjuagues como el que perjudica al Mallorca, que se ganó con creces en el campo su derecho a jugar la segunda competición europea este año.

El Mallorca en los últimos partidos de la pasada Liga incluso pudo clasificarse para la Champions, aunque al final fue quinto. El organismo presidido por el francés Michel Platini adoptó la decisión por sus problemas económicos del club, que ha suspendido pagos y debe entre 60 y 70 millones de euros. El Mallorca ya ha recibido la comunicación oficial y ha anunciado su intención de recurrir. El vicepresidente y portavoz de los nuevos propietarios, Lorenzo Serra Ferrer, ha subrayado que agotarán todas las vías jurídicas para luchar contra lo que considera un expolio. Incluso la propia jueza que dirige el proceso concursal había advertido al presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, para que se abstuviera de tramitar cualquier acción o expediente que pudiera tener como consecuencia la revocación de la licencia europea del Mallorca.

Recojo dos comentarios de nuestra web, que comparto. Hay un trato de guante blanco con los clubes ricos, que no sólo afecta a los arbitrajes, y Platini demuestra una vez más su escasa simpatía con el fútbol español y más ahora que hemos ganado el Mundial. ¡Ánimo Mallorca!

ETA: Todo esto ha sido para nada

Ignacio Martínez | 2 de agosto de 2009 a las 18:37

La gente suele celebrar sus cincuenta años de manera especial. Es un gesto de optimismo. Se festeja haber llegado a la mitad de la vida; aunque la vida esté más que mediada. Pero esta fascinación por los aniversarios no es sólo un empeño individual. Los países tienen la misma tentación. Bélgica, para conmemorar su cincuentenario en 1880, construyó un hermoso parque en Bruselas, con un arco del triunfo que es uno de los mejores monumentos de la ciudad.

El caso de ETA es diferente. Estos seres innobles, profesionales del asesinato, la extorsión y el secuestro han decidido celebrar su medio siglo matando, que es lo propio de su oficio terrorista. Por cierto, una condición que sigue ignorando la casi totalidad de la prensa mundial. Sin ir más lejos, el New York Times calificaba a ETA de “grupo separatista vasco violento”, en la información sobre la muerte de los guardias civiles de Mallorca. Violento es un defensa central que lesiona a un delantero, lo de la banda criminal es otra cosa. El diario belga Le Soir la llama “organización separatista vasca armada”. Y el Times de Londres es aún más escueto y evasivo: contaba que las fuerzas de seguridad buscaban a “dos separatistas vascos” como sospechosos del atentado de Calviá.

En todo caso, ETA ha empezado su gira de verano, contra zonas turísticas. El miércoles en Burgos hicieron estallar una furgoneta con 200 kilos de explosivos junto a una casa cuartel en la que dormían 117 personas, de ellas 41 niños. Los 65 heridos leves deben de haber decepcionado mucho a los asesinos. El jueves tuvieron más acierto en sus fines criminales: en Mallorca mataron a dos jóvenes guardias con una bomba-lapa. Atentar en una isla tiene muchos más problemas de logística, que hacerlo en la península. Hay quien opina que la banda en su debilidad ha puesto a funcionar todo lo que tiene. O sea, quiere causar el máximo daño posible.

Más que ante una efeméride, estamos ante un epitafio. ETA cumple cincuenta años, con 826 muertos a sus espaldas, miles de heridos o amenazados, y decenas de miles de desplazados. Y no tiene motivos para el optimismo. Hay 750 de los suyos en prisión y a estas alturas deben saber que todo esto ha sido para nada.

El apagafuegos del Gobierno español

Ignacio Martínez | 30 de marzo de 2009 a las 17:14

Su apresurada visita a la Casa Blanca la semana pasada para deshacer el entuerto de la retirada de las tropas españolas de Kosovo le han puesto en el escaparate nacional. Bernardino León (Málaga, 1964) es el diplomático de moda. No es nuevo. Suena desde hace tiempo como posible recambio de su mentor, el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, de quien fue número dos entre 2004 y 2008. Ahora es secretario general de la Presidencia del Gobierno, puesto que exige dotes diplomáticas, para tareas que muchas veces tienen que ver con la fontanería y el servicio de extinción de incendios, como con Kosovo.

A su vuelta de Washington, León aseguró que si se hubiera aclarado bien cómo se va a acometer la retirada de las tropas españolas de Kosovo se habrían evitado las declaraciones en las que el Gobierno de EEUU expresó que se sentía “profundamente decepcionado” con España, lo que sonó a amonestación a la ministra. Su entrevista con el consejero nacional de Seguridad, el general James Jones, no ha sido su primera visita a la Casa Blanca en misión de bombero: ya estuvo con Moratinos hace cinco años para explicarle a Condoleezza Rice la salida de las tropas de Iraq. También acudió a la residencia del presidente norteamericano en ocasiones más cómodas; por ejemplo, como acompañante del Príncipe Felipe en una visita oficial.

Lo de diplomático le va como anillo al dedo. Por parte de madre tiene una serie interminable de apellidos extranjeros: Gross, Bevan, Jessing, Pries, Voigt, Gayen, Lund, Heythe. Según la historia de la familia, recopilada por el periodista Adolfo Gross, primo de su madre, los Gross llegaron a Málaga a finales del siglo XVIII, procedentes de Leer, localidad de la provincia de Hannover, que en aquella época era británica. De hecho el primer Gross malagueño fue cónsul británico en la ciudad.

Ha habido Gross que han sido cónsules de Suecia, Noruega o de la República de El Salvador. Pero el antepasado de Bernardino León que más cerca ha estado de este descendiente diplomático fue un hermano de su bisabuela Clara Pries Scholtz von Hermensdorff, Adolfo Pries, que fue cónsul de Alemania en Málaga y fue nombrado conde de Pries por Alfonso XIII en 1906. Militó en el Partido Liberal y fue amigo íntimo de su presidente, el gaditano Segismundo Moret, quien le ofreció ser ministro de Estado, hoy de Exteriores. Pero murió de un ataque cardíaco antes de poder desplazarse a Madrid a tomar posesión.

Bernardino León estudió en el colegio de los Jesuitas de El Palo. En su juventud perteneció a varios grupos de música, toca la guitarra con destreza según fuentes bien informadas. Siempre que viajaba en su equipaje nunca faltaban la raqueta de tenis y la guitarra. Tanto en el colegio como en la Facultad de Derecho destacó por sus dotes de organizador y persuasor. Era un activista y un encantador de serpientes de primera categoría. Un tipo culto, leído, viajado. Pero no un ideólogo. A muchos malagueños les ha sorprendido su aparición en el PSOE. Quizá pese la tradición de los Gross, una familia de la alta burguesía comercial, conservadora, que habitó hace varias generaciones en el Palacio de Buenavista, hoy Museo Picasso: su bisabuelo Adolfo Gross Pries, presidente durante la República del partido de derechas Renovación Española, fue fusilado en agosto del 36 por los rojos en la tapia del cementerio de Málaga. Una historia contraria a la de Zapatero.

Los secretarios de las agrupaciones socialistas de la ciudad acaban de proponer a Bernardino León por unanimidad, para ser el secretario de la recién creada agrupación local de Málaga. Una elección que suena a intento de embaucar al interesado en la aventura de optar a la Alcaldía de la capital. Con su posible antagonista, el alcalde popular Francisco de la Torre, tiene una cordial relación personal, como no puede ser menos, tratándose de dos personas tan educadas. Ha habido varios Gross concejales de Málaga y hay constancia en la entrada del ayuntamiento, en las lápidas que recuerdan el inicio y el final de las obras del edificio, en 1911 y 1919; pero nunca ha habido un alcalde Gross. Se ignoran las aspiraciones del secretario general de Moncloa. Un hombre tan diplomático como él no muestra con facilidad el fondo de sus pensamientos.

Bernardino se licenció en Derecho en la Facultad de Málaga e ingresó en la carrera diplomática en 1990. Su primer destino fue Liberia, en plena guerra civil. Un conflicto que le marcó. Como también su siguiente plaza, en Argelia, durante otra guerra civil, en la época del FIS. Estuvo después en la embajada de Grecia y a continuación formó tándem con Moratinos, cuando la Unión Europea nombró enviado especial para Oriente Medio al actual jefe de la Diplomacia española. Entonces se instaló con su familia en Chipre, en donde nació el primero de sus tres hijos, Bernardino como su padre. (Los otros dos nacieron en Málaga). Pocos años después hay una anécdota divertida entre este niño, rubio de aspecto nórdico, y el entonces presidente del Gobierno José María Aznar. En unas vacaciones en Mallorca desde un yate en el que iba el presidente, Aznar le pregunta a aquel niño anónimo que estaba en la playa de dónde era y el joven, acostumbrado a vivir toda su vida en el extranjero, contesta “de España”. Emocionado por tan patriótica respuesta, el presidente del Gobierno lo invitó a subir al barco.

Antes de ser secretario de Estado de Exteriores, entre 2001 y 2004 fue director de la Fundación de las Tres Culturas, con sede en Sevilla. Además de sus buenos oficios con los norteamericanos, medio paisanos por su abuela materna Elisabeth Bevan, León Gross ha trabajado en otras misiones diplomáticas delicadas. Es la personalidad internacional de más alto rango que ha mantenido contactos intensos con los disidentes cubanos. Pero al mismo tiempo tiene una relación fluida con dirigentes del régimen castrista. Ha mediado con las autoridades argentinas para desatascar contenciosos de varias multinacionales españolas. La prensa ha publicado que Zapatero le encargó que mediara entre los rusos de Lukoil y Repsol. Es tal su fama de apagafuegos que sus reiteradas visitas a Ginebra durante la Legislatura anterior, para acudir a la sede de la ONU, hicieron creer que era un negociador secreto con ETA.

La música es una de sus pasiones: es un experto en Bach y colecciona toda su discografía. Es amigo personal del director Daniel Barenboim. Su familia ha tenido relación directa con  las bellas artes. El padre de su tatarabuela Clara Pries promovió la construcción del Teatro Cervantes de Málaga y la cara de esta antepasada está pintada en el techo. Su madre se educó en colegios de Inglaterra y Suiza. En Lausana fue compañera de colegio de Geraldine Chaplin y veía a Charlot todos los viernes acudir a recoger a su hija. Por el lado paterno tiene antecedentes más prágmáticos. Su padre, Bernardino León, economista y perito industrial, es natural de Granada. Trabajó muchos años para la compañía norteamericana Standard Oil, de la familia Rockefeller. Petróleo, combustible. Lo menos indicado para tener descendientes dedicados a la tarea de apagar fuegos. Pero esa es la misión principal del diplomático de moda.