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Fútbol, política y cintas de vídeo

Ignacio Martínez | 24 de enero de 2009 a las 11:25

 

 

El fútbol no quiere saber nada de los vídeos. Que se equivoquen los árbitros no tiene mucha importancia, siempre que se equivoquen de parte del equipo grande. O sea, a favor del Real Madrid y en contra del Osasuna. Por el contrario, es curiosa la afición de algunos políticos a grabarle a sus amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales o compañeros del partido. Ya saben que esta era la descripción que el viejo Giulio Andreotti hacía del mayor o menor afecto que generan las relaciones humanas en la vida. Pues ahí los tienen. Al presidente Nixon, que se presentaba a la reelección en 1972 contra un candidato fácil, el senador George McGovern, le pudo su naturaleza y su equipo mando asaltar el cuartel general de los demócratas. Después quiso tapar el escándalo y lo enredó hasta que tuvo que dimitir. Puesto a grabar, Nixon se grababa hasta sus propias conversaciones en el despacho oval de la Casa Blanca y ésto fue lo que le perdió. Lo pillaron.

Lo de Madrid no está claro quién lo encargó, pero sí sabemos que había una unidad de seguridad en la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid particularmente curiosa. Todo el mundo repite de momento la misma frase: “yo no he sido”. Pero aquí se ha espiado a consejeros amigos y enemigos de la presidenta Aguirre, e incluso algún enemigo mortal, como el número dos de Gallardón. Pero todavía no han pillado al padrino o madrina de esta banda.

Cómo está la capital del reino. Al Real Madrid se le cuelan compromisarios de mentira en su asamblea, en la Comunidad de Madrid unos ex agentes de la guardia civil entran en los despachos para llevarse ordenadores y papeles, y los árbitros se equivocan y en vez de pitarle a un jugador del Osasuna dos penaltis a favor, le sacan dos tarjetas y lo expulsan. Para no dejar a nadie en el paro, con la que está cayendo, en vez de disolverse, los servicios de espionaje que trabajan en Madrid deberían ejercer su labor en otros terrenos, por ejemplo en los partidos de fútbol: grabando todas las jugadas y contando en un tiempo récord a los árbitros qué ha pasado en cada lance complicado. Pero ahí les tienen, cada uno empeñado en el error. Los políticos por exceso y los del fútbol por defecto.