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Un cazador contra el dragón de la crisis

Ignacio Martínez | 5 de abril de 2009 a las 10:08

El Grupo Sánchez-Ramade ha comunicado esta semana que su consejo de administración ha nombrado a Javier Sánchez-Ramade nuevo presidente de su conglomerado empresarial. Hasta ahora ocupaba una de las dos vicepresidencias ejecutivas. El próximo mes de junio se cumplen cuatro años del fallecimiento del fundador de esta compañía cordobesa, que es la octava de Andalucía por volumen de negocio, pero la primera de las no cotizadas en Bolsa. La mayor parte de los 1.400 millones de euros que facturó en 2008 Sánchez-Ramade fue debida a su actividad dentro de la región, que es el núcleo duro de su fuerza empresarial. El grupo está radicado en todas las localidades andaluzas de más de 40.000 habitantes, aunque también opera en las dos Castillas, Madrid, Extremadura, Murcia y Comunidad Valenciana. Este holding es uno de los gigantes empresariales andaluces y tiene una importante diversificación en la construcción, la automoción, los cines, la informática, la gran distribución, la agricultura o los servicios financieros. A pesar de la crisis, Sánchez-Ramade sólo ha bajado el año pasado su facturación un 3%.

La nueva cabeza visible de Sánchez-Ramade sustituye en el cargo a su madre, Mercedes Moreno, que ha sido la presidenta desde 2005. En estos cuatro años Eugenio, abogado, y Javier, profesor mercantil, han sido los vicepresidentes del grupo, aunque los cuatro hermanos tienen los mismos votos en el consejo, actúan de común acuerdo y tienen repartidos sus papeles en la empresa familiar. Eugenio preside las empresas de automoción y ocio (Cinesur); Javier, la de distribución de electrodomésticos Urende; Álvaro, también abogado, las de informática Diasa y Diasoft, y Martín, economista, la constructora y promotora Noriega. El de automóviles ha sido el sector que más se ha resentido el año pasado, aunque su 17% de descenso en la facturación es la mitad de lo que ha bajado de media en el país. Curiosamente la constructora ha aumentado su volumen de negocio, en contra de la tendencia nacional. Para este año, el grupo espera repetir los resultados consolidados del anterior.

Javier Sánchez-Ramade (Córdoba 1957), ha sido el portavoz del clan familiar desde la muerte de su padre, Eugenio Sánchez-Ramade Villegas, el patriarca de esta familia cordobesa propietaria del destacado holding empresarial. Los abuelos de la actual generación eran de los dos extremos de la región: Huelva y Almería, y su padre se radicó en el centro. Fue a hacer las milicias universitarias a Córdoba en 1950, allí se casó con Mercedes Moreno y se estableció. Los Sánchez-Ramade son una familia muy unida, que en la época de don Eugenio presumían de ser “un patriarcado empresarial y un matriarcado familiar”. La saga empresarial la inició su abuelo en La Rábida (Huelva), en un cine que tenía como lema La pantalla de los éxitos, y después siguió su actividad en Sevilla y Cádiz. La cuarta generación de la rama cordobesa ya ha llegado a la compañía, como pudo verse el pasado jueves en la foto de la dirección del grupo. La familia mantiene su vocación emprendedora.

El nuevo presidente hace hincapié en el carácter andaluz de su conglomerado empresarial. Aunque en algunos asuntos defiende con ardor a su patria chica: es un decidido partidario de que Córdoba sea la capital cultural europea en 2016. No tiene nada contra Málaga, a la que define como la capital económica de Andalucía y a la que admira por su carácter emprendedor, pero en el capítulo capitalidad del 2016 no parte peras con nadie. En referencia a la cultura, Javier Sánchez-Ramade no va mucho al cine, pero cuando lo hace está como en casa: su empresa tiene 175 salas de proyección. La película que más le ha fascinado ha sido Memorias de África. El paisaje y los personajes hicieron huella en su espíritu de cazador y amante de la naturaleza. Tanto, que ha ido a cazar antílopes, búfalos y pumas a Tanzania y Sudáfrica. Ha aficionado a la caza mayor a los cuatro hijos que ha tenido con su esposa, Blanca. Caza sobre todo en Sierra Morena. No sólo como ocio o deporte, sino como terapia, para desconectar del ajetreo empresarial.

La empresa familiar ha hecho algunas aportaciones al cine nacional. La foca con una pelota en la boca, símbolo de Exclusivas cinematográficas Sánchez-Ramade, es el león de la Metro español. Esta empresa, antes de ofrecernos pisos, coches, electrodomésticos o programas de ordenador, nos vendía fantasía con el cine, desde los años 30, dos generaciones atrás. A Javier le gustan las películas de Garci, y las canciones de Víctor Manuel y Sinatra. En lectura, prefiere las biografías. Recuerda en especial las de los ex presidentes de la Chrysler, Lee Iacocca, y de la General Electric, Jack Welch, que utiliza como libros de cabecera. En estos tiempos difíciles, él y muchos otros empresarios de Andalucía, de todos los sectores y provincias, están escribiendo la historia de cómo luchar contra el dragón de la crisis y ganarle la partida. Buena tarea para un cazador.

El orgullo no da el poder

Ignacio Martínez | 14 de enero de 2009 a las 12:05

 

El malo de la película Australia, Neil Fletcher, repite varias veces que “el orgullo no da el poder”. Orgullo, entendido por vanidad, arrogancia o exceso de autoestima no es una buena cosa, aunque el amor propio y la determinación de lady Ashley, el personaje que encarna Nicole Kidman, tenga más dignidad que todo eso. Sobre la película opino, como mi admirado Carlos Colón, que Baz Luhrmann ha querido hacer una mezcla de Lo que el viento se llevó, Doctor Zhivago y Memorias de África. Y no. El resultado es entretenido y poco emocionante. Pero a medida que el malo Fletcher repetía “el orgullo no da el poder” me iba haciendo este artículo.

Y en esto sale Magdalena Álvarez a comerse el mundo después del fiasco de Barajas por la nieve. La culpa es de los meteorólogos o de Iberia, y a Rajoy más le valdría callarse, que no hace otra cosa que perder elecciones, el tío. Una amiga mía dice que le gusta mucho la ministra porque es una mujer rajá y despachá, dice siempre lo que piensa y es echá p’alante. Estas cosas gustan, aunque a mí me producen escasa emoción. En alguna de sus polémicas, incluso, creo que Magdalena tenía razón. Por ejemplo, cuando la quisieron linchar los del PP por las filtraciones de la comisión de investigación sobre el accidente de Spanair. En fin, aparece Zapatero y ampara a su jefa de Fomento. O sea, que el malo Fletcher no tenía razón: el orgullo a veces sirve para mantenerse en el poder. A Álvarez, al menos, le funciona la fórmula.

Estos días hemos tenido pruebas de sobra de orgullo y nervios. Nada menos que un vicepresidente de la Junta ocupó la tribuna del Consejo de Gobierno el 30 de diciembre para sacudirle de lo lindo al jefe de la oposición. Gaspar Zarrías dijo que iba a hacer un balance del año y resultaba que Arenas era el 80% del año; era malo, nefasto para Andalucía e iba a seguir perdiendo por los siglos de los siglos. No crean. Gaspar es capaz de ser atento y cordial como ninguno, pero si lo exige el guión es capaz de ponerse muy orgulloso. Menos mal que aquel día el otro vicepresidente estuvo estupendo, con la financiación autonómica. Tanto que Griñán vendió mucho mejor el artículo que el propio Solbes.

En la acera contraria, tampoco estamos faltos de gestos altivos y broncos. Cuando la torpe de Nebrera descarrila en su empeño de descalificar el acento rajao de Magdalena Álvarez, entra al rebote el número 2 del PP andaluz, Antonio Sanz, con la coletilla de que todo es culpa de la chulería, soberbia y torpeza de la ministra. No se había enterado de que en esa coyuntura valía más la humildad de pedir disculpas. Arenas no lo hizo al día siguiente, aunque le pegó un bofetón en la boquita a Nebrera; no en balde esta señora no es de su cuerda dentro del PP catalán. Ahora aprovechan y se la quieren quitar de en medio. El poder, después de todo, tiene mucho que ver con el orgullo.