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San Telmo, olla a presión

Ignacio Martínez | 21 de julio de 2012 a las 10:00

El alcalde Sevilla insiste en reclamar un estatuto de capitalidad. Dinero, para explicarlo en lenguaje llano. Piensa que ser capital de Andalucía supone inconvenientes y genera gastos que deberían ser compensados por las arcas regionales. No se le puede negar coherencia. Ahora que es presidente regional del PP podría olvidarse de su reivindicación, como de facto hizo Monteseirín.
El anterior alcalde se lanzó al ruedo en el Club Siglo XXI de Madrid en 2001, ante el presidente Chaves, en un discurso con el listón en récord: reclamó la Carta de Capitalidad, la fusión de las cajas sevillanas, la sede de la caja única y advirtió en la Villa y Corte que no renunciaba a la sede olímpica. De todo aquello sólo salió la fusión de las dos entidades financieras que han acabado en manos de La Caixa. De lo demás no hubo nada.
Y en esto, llega Zoido y repite que a Sevilla le cuesta el dinero la capitalidad y hay que resolverlo. Estamos hablando de un asunto sensible. En Sevilla y en Málaga, también en Granada, se escriben barbaridades en las redes sociales desde la comodidad del anonimato. Como en tantas otras cosas, sería deseable que la idea se debatiese en el Parlamento andaluz. Hasta ahora el PSOE ha evitado esa discusión pública. En su día reprochó a Monteseirín que sacara la reclamación ante el presidente de la Junta sin advertirle previamente. Y eso fue todo.
Es verdad que Sevilla es un manifestódromo, lo que exige más gasto en Policía Local. Y la aglomeración urbana, aumentada por la presencia de funcionarios, sedes profesionales y empresariales, o población flotante necesitada de gestionar asuntos en la capital administrativa, dificulta su tráfico, contamina su atmósfera, complica la vida de los sevillanos. Pero los beneficios de la capitalidad son también evidentes; toda la población extra tiene una renta disponible que produce actividad económica y comercial, e ingresos de impuestos. Desde que se planeó la autonomía, hace más de 30 años, no se ha hecho un estudio sobre coste y beneficio de la capital. Y quizá es la hora de encargarlo.
En este tiempo en Sevilla se ha recuperado patrimonio, consolidado empleo público, aumentado servicios, concentrado congresos y eventos deportivos o políticos, como cumbres europeas o de la OTAN… En definitiva se ha construido una centralidad política, económica, mediática. Fuera de Sevilla esto se considera extraordinario, pero dentro se piensa que no compensa. Urge un debate sosegado en el Parlamento, no a pedradas en las redes sociales.
Por otro lado, la insistencia de Zoido invita a pensar que no será candidato a la Presidencia de la Junta. Resulta gracioso: el jefe de los socialistas andaluces soñando con la Presidencia del Gobierno de la nación y el jefe de los populares concentrado en la Alcaldía de Sevilla. San Telmo, hermoso palacio barroco, es una olla a presión en la que nadie quiere verse atrapado.

Toros desde la barrera

Ignacio Martínez | 13 de septiembre de 2011 a las 14:25

Pronosticaba aquí la semana pasada que la petición del alcalde de un estatuto de capitalidad para Sevilla, que mejore su financiación, le abriría una fisura al PP andaluz. Así ha sido. Ayer, en una entrevista de Javier Gómez en Málaga hoy, el alcalde de Málaga le lleva la contraria a su compañero de partido, como antes se la llevaba a Monteseirín cuando planteaba estas cosas. Por si no lo recuerdan, el anterior alcalde sevillano en 2001, en una conferencia en Madrid en el Club Siglo XXI, dijo delante del presidente Chaves que las inversiones de la Expo 92 en Sevilla ya estaban amortizadas y que a la ciudad le resultaba gravoso ser la capital de Andalucía. Sin embargo, los socialistas no avalaron una propuesta en ese sentido del PP, presentada en el Ayuntamiento sevillano en 2007.

En todo caso, De la Torre no se ha hecho esperar, aunque ha mejorado su apuesta. A Monteseirín le decía que Málaga haría de capital gratis y ahora está dispuesto a poner dinero incluso: “Mi compañero Zoido no tiene ninguna razón… Espero que ni este Gobierno autonómico ni los que le sigan detrás le hagan caso, porque sería una injusticia para el resto de Andalucía. Javier Arenas conoce mi criterio perfectamente. Y Zoido también. Insisto, Málaga pagaría un canon por ser capital. Tiene muchas ventajas. Y los problemas de financiación de los ayuntamientos hay que resolverlos para todos, no para uno solo”. Arenas, como Rajoy, torea de salón en espera de que lleguen las elecciones. Tienen muchas posibilidades de ganarlas, pero no dejan de ser aspirantes. Pero estos dos alcaldes están gobernando y se comprometen. Ahora han puesto un toro en suerte, que el presidente regional del PP tendrá que lidiar.

La cercanía electoral retrata a propios y extraños. Hay quienes se sienten perjudicados por las decisiones de los jefes de su partido, como Carmen Calvo, despechada porque prefieran en Córdoba a Rosa Aguilar que a ella, a quien tanto quisieron los mandamases socialistas y a la que tanto deben por su sacrificio en ser consejera y ministra.

También se extralimitan otros. Ayer en este diario la presidenta del Parlamento regional hacía una exhibición de partidismo en una entrevista de Antonio Fuentes en la que repetidamente cargaba contra el PP y contra Javier Arenas. No es ese el papel que cabe esperar de su puesto institucional, que le exige una prudente neutralidad. Según la señora Coves es “imposible” compatibilizar los cargos de alcalde y diputado autonómico y es incoherente que el PP lo propusiera en el pasado y ahora lo rechace. Los socialistas tienen más de setenta alcaldes y concejales que son diputados en los distintos parlamentos regionales de España. Probablemente es por coherencia por lo que el PSOE propone suprimir la compatibilidad sólo en Andalucía. A ese toro le quieren recortar los pitones. Para que no les coja.

La espada de fuego de Bono

Ignacio Martínez | 13 de junio de 2011 a las 11:55

En vísperas de las elecciones de 2007, en el debate entre los contendientes de entonces, Zoido, Torrijos y Monteseirín, el alcalde dijo sin inmutarse que en Sevilla se había creado mucho empleo, en los cuatro años anteriores, gracias a la acertada política económica municipal. Estábamos en el punto culminante del crecimiento sin freno de la economía, a lomos de la especulación inmobiliaria. Y desde luego no se creaba empleo gracias a ningún mago de los que pinta Peridis. Ni en los gobiernos nacionales o regionales, ni muchísimo menos en los locales. Pero las cosas iban de cine y todo el mundo se ponía la medalla. Los ayuntamientos no crean empleo, desgraciadamente, como no sea en sus servicios públicos, como ha pasado en muchos municipios andaluces, hasta acercarlos a la bancarrota.

La mayor parte de las obligaciones de un buen alcalde son ajenas a su ideología. Una ciudad limpia, poco ruidosa, atractiva, con tráfico fluido y notable actividad cultural, por ejemplo. Pero los socialistas, los grandes perjudicados por el ere masivo decretado el 22 de mayo, están dolidos con la gente de IU, porque no han asegurado mayorías de izquierdas. Al contrario, han facilitado la llegada al poder de decenas de alcaldes populares. Sin ir más lejos, 17 en Andalucía.

Los socialistas piensan que los izquierdistas son unos desagradecidos. Como si en la coalición se olvidaran de lo mucho que les han pedido su opinión y la han seguido en asuntos de trascendencia social, económica o institucional. Toda la vida pidiendo el voto útil a los ciudadanos, diciéndoles que no se molestaran en votar a opciones que no tenían posibilidades y aglutinando el voto de la izquierda. Y ahora les pagan con este desapego inmerecido. En fin, no sé de qué se extrañan en el PSOE; cada vez que el PCE antes, e IU ahora, les ha aupado a un gobierno municipal, han conseguido la mayoría absoluta en las siguientes elecciones. Y los de IU no son Hermanitas de la Caridad. Se cansan.

En muchos lugares se ha aplicado la teoría de las dos orillas, de Julio Anguita. En la orilla de enfrente están PP, PSOE, CiU y PNV. Y en esta de aquí, la única e indiscutible representación de la izquierda. Así, en esos municipios han ayudado al PP para acabar con 32 años de hegemonía socialista. Y esto ha abierto la caja de los truenos. Bono, del sector más derechista del PSOE, es un viejo enemigo mortal de Cayo Lara, que proviene de su misma región castellano manchega. Y ha sacado la espada de fuego contra él. Primero para ridiculizarle: “Dijo que ni por acción ni por omisión permitirían ayuntamientos de derechas, pero el caso que le hacen a Cayo Lara en IU es el mismo que hacen en mi pueblo a Cipriana en los títeres”. Y después para estigmatizarlo como rojo peligroso: “IU va a quedar reducida a lo más sectario del Partido Comunista”. Lo malo es que tras oír a Bono, más de uno se habrá reafirmado en lo hecho.

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Primarias

Ignacio Martínez | 5 de septiembre de 2010 a las 13:07

Las primarias lanzadas en Madrid para elegir al candidato socialista para la Presidencia del gobierno regional están dando de sí mucha publicidad para los contendientes. Un espectáculo democrático atractivo, aunque de momento algo soso. En todo caso, uno no entiende por qué el PSOE no ha aplicado la fórmula donde quiera que se ha reclamado. Para eso está en los estatutos. En Málaga la actividad de Ignacio Trillo por e-mail es tan frenética que casi roza el spam, pero el antiguo delegado de Medio Ambiente sigue inasequible al desaliento, enviando recursos, réplicas o declaraciones varias veces diarias. Desde el aparato del partido se insiste en que no conseguiría los avales necesarios para poder presentarse, pero ese argumento refuerza la creencia de que la más abierta es siempre la mejor opción. Y quien pueda, que pueda, por remedar el eslogan de Trinidad Jiménez.

En Madrid la campaña, aunque sosa, no está exenta de mala intención. Los más cercanos a Zapatero, por convicción o por oportunismo, se arriman a Jiménez, una buena ministra de Sanidad, ministerio con pocas competencias en el que Celia Villalobos demostró que es fácil columpiarse. Rubalcaba, que si fuese esgrimista tendría una colección de trofeos y medallas olímpicas, ha lanzado la maldad de que el principal mérito de Gómez es que le ha dicho que no a Zapatero. Algunos son menos sutiles y en vez de florete utilizan el bate de béisbol. Pedro Castro, alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios, ha dicho que Gómez es el candidato de la derecha. Claro que Castro no es un dechado de fineza. Hace un par de años pasó a la posteridad con una pregunta: ¿por qué hay tanto tonto de los cojones que vota a la derecha? Una frase para enmarcar. En todo caso, se podría replicar a Rubalcaba que el mayor mérito de Jiménez es haberle dicho que sí a Zapatero.

En Sevilla un espontáneo de lujo se ha echado a este ruedo. Monteseirín ha elogiado con énfasis el sistema de primarias. Es una manera de reivindicar el origen de su candidatura. Lo malo es que hace doce años estuvo en el papel de Jiménez, con el favor del poderoso presidente Chaves, que no se sabe por qué no quiso que Rodríguez de la Borbolla fuese el candidato socialista.

Instituciones amortizables

Ignacio Martínez | 31 de mayo de 2010 a las 16:08

El consejero de Gobernación es muy partidario de que existan las diputaciones. Sostiene, en una entrevista en El País, que sin ellas los pequeños ayuntamientos no podrían sobrevivir. Enternecedor. No dice, pero lo sabe, que el servicio de las ocho diputaciones andaluzas a los pequeños municipios nos cuesta a los contribuyentes unos dos mil millones de euros al año. Y tampoco dice que el partido que gobierna en todas las andaluzas es el suyo, el socialista. Y, desde luego, Luis Pizarro sabe que las diputaciones son una fuente de poder, influencia, favores y empleo nada desdeñable. Reparten dinero y no dan disgustos a los ciudadanos.

Alcaldes que fueron presidentes de diputación, como Monteseirín en Sevilla, De la Torre en Málaga o Rodríguez-Comendador en Almería, añoran aquellos tiempos felices, cuando no tenían apuros presupuestarios, ni presión social alguna. Por eso, PSOE y PP las cuidan como oro en paño. A ninguno le ha importado quitar del Estatuto de autonomía el artículo 4.4 que estableció en 1981 que las diputaciones serían la administración periférica de la Junta. Socialistas y populares coinciden en que las diputaciones están en la Constitución y ahí deben seguir. A Baltar (PP) le ha servido la de Orense para crear una dinastía política, por poner un ejemplo lejano. Y el PSOE se maridó con Enciso para conseguir la de Almería, por citar un caso próximo.

Ha crecido tanto la administración periférica de la Junta, que le sería fácil ocuparse de los pequeños y de los grandes municipios. Pero qué se le va a hacer, el consejero del ramo es muy partidario de una fórmula que cuesta al erario público español 23.650 millones de euros al año, en esta época de escasez. Pizarro es el padre de una ley de autonomía local que aprobó el Parlamento andaluz la semana pasada. En teoría, las diputaciones deberían convertirse en empresas de servicios, que atenderían a los ayuntamientos a petición y cobrarían sus trabajos. Un nuevo papel en el que estarían en competencia con empresas privadas, con lo que su prestación tendrá que ser asequible y eficiente. Ya veremos si se lleva a cabo.

Lo mejor sería integrar estas instituciones en las administraciones autonómicas y simplificar el aparato burocrático del país. Pero como el que no se consuela es porque no quiere, les añadiré que esto pasa en todas partes. En 1947 se creó un organismo con sede en París, para repartir los 13.000 millones de dólares del Plan Marshall. Cuando cuatro años después terminó su trabajo con éxito, los allí presentes, embajadores, altos funcionarios y personal diverso, tenían claro que se querían quedar en la capital francesa. Y así surgió una década después la OCDE, que hoy día tiene 1.700 trabajadores de todas clases y cuya función de asesoramiento y guía espiritual de la economía mundial es perfectamente amortizable. Como las diputaciones españolas.

Libelo contra el centralismo

Ignacio Martínez | 22 de abril de 2009 a las 11:40

Sobre Griñán les voy a dar una noticia: las primeras semanas de presidente no hará ningún acto público en Sevilla. Todos serán fuera de la capital. Quiere marcar tendencia. ¿Se acabó el centralismo? Ojalá. Habría que alegrarse también por Sevilla, porque la administración centralista que se ha formado en estos 27 años de autonomía no es culpa de la ciudad, sino de los gobernantes regionales. El presidente que va a ser elegido hoy en el Parlamento andaluz reconoció en su discurso de investidura que hay centralismo. Sevilla se ha convertido en la madre de todas las capitales y ahora Griñán pretende desalambrar. Propone un nuevo proyecto político para huir de la primacía de unos territorios sobre otros. Verde y con asas.

Ayer propuso una reforma de la Administración pública. Muy grande no será, porque nada dijo del irrelevante papel de las diputaciones, organismos creados al calor de la Constitución de Cádiz, abolidos por dos veces por Fernando VII e instaurados definitivamente en 1833, en el inicio de la Regencia de María Cristina con el apoyo de los liberales. Su función moderna ha sido solapada por la potentísima administración autonómica, construida desoyendo el artículo 4.4 del primer Estatuto andaluz, que preveía que la organización periférica de la Junta fueran las diputaciones. Artículo incumplido y eliminado en el Estatuto actual. A pesar de su inutilidad, las ocho diputaciones andaluzas costaron 1.668 millones de euros en 2007, de los que casi la tercera parte se dedicaron a pagar sueldos. Nuestras diputaciones son profundamente ineficientes: de cada 10 euros, consumen más de 7 en personal y gastos generales para invertir menos de 3. Habría que advertir al nuevo presidente de la Junta que una reforma de la administración que no digiera instituciones obsoletas es un brindis al sol.

Sea como fuere, la propuesta de un pacto local por parte de Griñán es una buena noticia. Reclamada desde hace tiempo por tirios y troyanos. Estarán muy contentos De la Torre, Teófila, Monteseirín, Torres Hurtado, Rosa Aguilar, Pilar Sánchez, Pedro Rodríguez y un largo etcétera. Las promesas de una nueva descentralización política y administrativa han sido largas y anchas: una ley de régimen local, transferencias y delegación de nuevas competencias a los ayuntamientos, participación en los ingresos de la autonomía… Y petición de consenso.

A poco que vaya en serio esta apuesta descentralizadora, la periferia andaluza está de enhorabuena. Con crisis o sin crisis, el principal problema de la autonomía andaluza es el tribalismo instalado en la epidermis de todos los territorios. Los andaluces presumimos a partes iguales de España y de nuestra patria chica, pero se nos olvidan con frecuencia la cohesión regional y nuestra condición de europeos. Marchamos mancos y cojos; así es difícil participar en carrera alguna.

El bono de Juanfran

Ignacio Martínez | 26 de enero de 2009 a las 9:04

Hace mucho, varios alcaldes antes de Monteseirín, pedí una licencia de obras en Sevilla, para arreglar una casa que había comprado. Como no me contestaban, pasados unos meses presenté otra solicitud. Pero la primera siguió su curso y un día un policía municipal vino al piso en el que vivía para entregarme el permiso de obra. Había pasado un año y la licencia me la daban para aquella vivienda en la que estaba alquilado y no para la casa nueva. Tarde y mal, un buen trabajo de la burocracia. Pensé que debería haber un sistema de bonos, por el que la administración, las empresas, los organismos públicos compensen a los ciudadanos cada vez que les causen un grave perjuicio.

He vuelto a acordarme de los bonos cuando se implantó el carné por puntos en 2006. Buen invento en el que están previstos dos puntos de regalo para los conductores que no pierdan ninguno en tres años. Y, la semana pasada, ha vuelto a mi cabeza la idea, a propósito de la injusta expulsión de un jugador del Osasuna llamado Juanfran en el Bernabeu, en un partido contra el Real Madrid. Le hicieron dos penaltis y el árbitro Pérez Burrull en vez de pitarlos le sacó una tarjeta amarilla en cada uno. Tuvo hasta la chulería de decirle al jugador que aprenda a tirarse. E incluso en el túnel de vestuarios, cuando los futbolistas navarros le aseguraban que ya vería en la televisión cómo se había equivocado, contestó: “Podéis meteros la televisión por el culo”. Con perdón.

Uno de los comités disciplinarios de la Liga le ha quitó una tarjeta a Juanfran, para que pudiese jugar el sábado con su equipo contra el Villareal. Me parece totalmente injusto: no sólo deberían haberle quitado las dos tarjetas, sino que debieron concederle un bono por dos amarillas. Es decir que cuando cometa en el futuro una falta merecedora de tarjeta podría sacar su bono y canjearla. Lo mismo debería ocurrirle a un empresario al que le tardan en dar el permiso de apertura o los papeles para la constitución de la sociedad. Cuando se los den con retraso, deberían adjuntar uno o varios bonos con los que evitar posibles sanciones en el futuro. Escriban ustedes su propia lista: retrasos en un pleito judicial, en las devoluciones de Hacienda, en darle de baja en su compañía de móvil, todo eso compensado con su bono.

El futbolista en cuestión es un héroe. Le expulsaron del campo por dos acciones de las que era completamente inocente, perjudicaron a su equipo, hasta el punto de hacerle perder el partido, y logró controlarse. Con casi cualquier otro tipo de persona, la integridad del árbitro habría corrido un serio peligro. Este hombre, Juanfran, haría un buen papel de mediador en graves conflictos, en donde la templanza sea necesaria. Es un descubrimiento. Como lo serían los bonos contra los errores o abusos.

La madre de todas las capitales

Ignacio Martínez | 12 de noviembre de 2008 a las 0:14

Cada vez que se hace una encuesta sobre la calidad de vida de los españoles, el grado de satisfacción de los andaluces sale disparado. Es una de las variables que aducen las autoridades regionales para sostener que el PIB per cápita no es suficiente para medir el grado de bienestar. Los andaluces parecen tan contentos de su destino, y ha mejorado tanto su nivel de vida, que su percepción de la realidad es mejor que la de otros españoles. Fíjense, si no, en los catalanes que utilizan la expresión de català emprenyat (catalán cabreado), para retratar su desapego de un país que no les valora y es cicatero en sus inversiones. Se sienten maltratados. Nosotros, no. Estamos encantados de ser españoles y no tenemos reproches para la patria común. Aquí ese grado de indignación sólo funciona en el campo de los recelos interprovinciales.

Los piques entre Málaga y Sevilla son la máxima expresión, pero no la única. El último episodio de este culebrón se vive a propósito de las restricciones que la Junta de Andalucía le ha puesto al nuevo PGOU de Málaga. En el inconsciente colectivo, la Junta juega con la camiseta sevillana. Con lo que si la Junta limita el urbanismo malagueño, la culpa es de Sevilla, por definición. Salvo que la queja sea de la propia Sevilla, en cuyo caso la Junta juega sin camiseta. Desnuda. Así cogió el alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín al presidente Chaves, allí presente, en el Club Siglo XXI de Madrid la noche del 18 de enero de 2001, cuando dijo que Sevilla estaba discriminada en las inversiones, que los esfuerzos de la Expo’92 estaban amortizados. Y pidió una carta de capitalidad y que la sede de la futura caja única debía ser Sevilla, madre de todas las capitales.

El barullo que se armó tuvo un curioso efecto colateral; Francisco de la Torre, que llevaba pocos meses en la Alcaldía de Málaga, se descubrió como un personaje mediático. El argumento de De la Torre era simple: si Sevilla quiere cobrar por ser capital, nosotros lo hacemos gratis. De ese encono no hemos salido. Es probable que alguna de las recomendaciones de la Junta para el PGOU de Málaga sean razonables. Pero estoy seguro que hay impedimentos que no existirían si el alcalde fuese socialista, en vez de popular.

Ese camino no nos lleva muy lejos. El andaluz ya no es “el único pueblo de Occidente que permanece fiel a un ideal paradisíaco de la vida”, que decía Ortega en su Teoría de Andalucía. Ensimismados no estamos, pero cuesta trabajo saber si somos un pueblo optimista, o resignado, o simplemente conformista. En todo caso, dirigentes públicos y ciudadanos particulares deberíamos dedicar nuestras mejores habilidades a la cooperación y especialización de los distintos territorios. Aunque sólo sea por egoísmo: en caso contrario nuestra calidad de vida se va a ir deteriorando en los malos tiempos que vienen.

Vicky Cristina Andalucía

Ignacio Martínez | 24 de septiembre de 2008 a las 12:54

 

”Penélope,

No sé si conocen el chiste de los leperos que van a ver al Papa para proponerle que en la misa introduzca una alusión a la fresa de Lepe. Le ofrecen millones de euros, pero Su Santidad se niega, obviamente. La embajada lepera parte decepcionada; y lo peor es que no se lo explican: “¿Cuánto le habrán pagado los del cordero de Dios?”. Lo mismo pienso de la última película de Woody Allen. Cuánto le habrán pagado los ayuntamientos de Barcelona y Oviedo para que les haga semejantes publirreportajes en su Vicky Cristina Barcelona.

La prensa catalana y asturiana celebra con entusiasmo el reclamo turístico mundial que la película va a significar para sus capitales. Me alegro por ellos, la verdad: esto es lo que se llama un marketing en condiciones. Nuestra capital regional también sale, pero menos. Cuando Rebecca Hall se casa con su novio rico, se va de viaje de novios a Sevilla. Que es citada dos veces, una cuando se marchan y la segunda cuando vuelven diciendo que es una ciudad maravillosa, pero no se ve ni un plano. Aquí ha fallado la mercadotecnia de Alfredo Sánchez Monteseirín, o la de Francisco de la Torre, que podía haber ofrecido un dinero para que se rodara en la casa natal de Picasso, o Torres Hurtado hacer lo propio con la Alhambra.

No crean que me pongo muy turístico, porque lo que sale de Barcelona es todo de postal: la colección completa de Gaudí, Sagrada Familia, La Pedrera, el Parque Güell, y una pizca de la obra de Joan Miró. Lo mismo pasa en Oviedo, con San Miguel de Lillo o Santa María del Naranco. Pero la propaganda va más allá. El personaje que interpreta la Hall viaja a Barcelona para estudiar la identidad catalana. Como suena. Parece que en el guión original se limitaba a interesarse por la gastronomía catalana, pero que la Generalitat, a la hora de subvencionar la película, insinuó un pequeño cambio en el guión para mayor gloria mundial de su causa nacional.

La música es otra historia. A un grupo llamado Giulia y los Tellarini le ha tocado la lotería, porque se repite una y otra vez su canción Barcelona, de dudoso gusto, por cierto. Dejaron la maqueta en el hotel, por si colaba, y le gustó al director. Andalucía cobra protagonismo en la banda sonora, con la presencia del guitarrista cordobés Juan Serrano, el algecireño Paco de Lucía, con su rumba Entre dos aguas, y el Granada de Isaac Albéniz. Está visto que no se puede dar sabor español a un producto de exportación sin que suene andaluz.

La película cuenta las difíciles relaciones sentimentales entre un grupo de jóvenes americanos y españoles. Carlos Colón recomienda verla en versión original para no perderse los diálogos en inglés y español. También dice en su excelente crítica que Penélope Cruz “se come con patatas” a Scarlett Johansson. Estoy de acuerdo. Pero en fin, esa ya es otra historia más, y la pueden ver en el cine.

El partido tiene siempre la razón

Ignacio Martínez | 29 de julio de 2008 a las 10:50

”El

Un amigo artista, curioso coleccionista de símbolos, se trajo el año pasado de Berlín varias joyas de anticuario. Una era un tomo propagandístico del III Reich, del imperio nazi, en el que se veía a Hitler dar la primera paletada de tierra a una carretera hacia 1933. La primera autopista europea. Otro, era un letrero muy prusiano, lema del Partido Comunista de Alemania, liderado por Walter Ulbricht en los años 50 en la desaparecida RDA. En alemán, el texto decía Die Partei hat immer Recht. Lo que en castellano significa “El partido tiene siempre la razón”. Me impresiona esta frase del totalitarismo comunista, que sería intercambiable con las arengas nazis. El problema en ambos casos es quién representa al partido. En general, en dictaduras como las mencionadas, es el jefe. Un jefe con quien se practica la obediencia ciega y el culto a la personalidad. Lo que reduce a los militantes del partido a la categoría de meros comparsas.

En democracia, los modos deberían ser otros. Y el espíritu crítico, mucho mayor. Por eso decepciona ver a todo el Partido Socialista rendir pleitesía a José Luis Rodríguez Zapatero: sólo se permite chistarle José Montilla, cuyo discurso del pasado domingo, cantando las cuarenta al presidente del Gobierno, ha sido calificado por La Vanguardia como el discurso de su vida. Entre 1996 y 2004 ni siquiera había un Montilla que contrariara a Aznar en el PP. O sí, como diría Rajoy: quizá Rodrigo Rato se atrevió cuando la guerra de Iraq y eso le costó no ser designado como sucesor. En Andalucía, todos los militantes socialistas rinden tributo de admiración pública al presidente de la Junta, Manuel Chaves, dominados además por un miedo escénico insuperable a que su retirada signifique perder el poder que ocupa el PSOE desde 1982.

En todas las conciencias planea la famosa frase de Alfonso Guerra cuando era el vicemandamás de los socialistas: “el que se mueva, no sale en la foto”. Algo que se podría perfectamente traducir por el partido siempre tiene la razón. Y en estos casos, el partido es algo más que el jefe; es el jefe y su aparato de poder. Un leve avance respecto a las estructuras dictatoriales. Los aparatos nacionales, regionales y provinciales de los partidos hacen y deshacen a su antojo. Y los caudillos modernos ejercen el poder sin cortarse un pelo.

Hace un mes, Esperanza Aguirre se llevó por delante a dos de los miembros del Gobierno de Madrid, uno de ellos vicepresidente, que acababan de entrar en la ejecutiva de Mariano Rajoy. Esta semana ha protagonizado un gesto autoritario similar el presidente de la Diputación de Málaga y miembro de la ejecutiva regional del PSOE, Salvador Pendón. Ha degradado a dos de los diputados provinciales socialistas, que en el congreso del fin de semana se alinearon con los críticos. Fernando Centeno ha sido destituido como portavoz y diputado de Cultura. El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, también socialista, en un lance similar, tuvo mayor sentido de la medida hace tres semanas: destituyó como portavoz municipal a Emilio Carrillo, que se alineó contra los suyos en el congreso provincial, pero le mantuvo como delegado de Urbanismo. Lo que no ha impedido al propio Carrillo dimitir por su cuenta y riesgo, por la falta de confianza del alcalde…

La crítica interna, la disidencia, está permitida en los partidos, pero cada cual que se atenga a las consecuencias, parecen decir a dúo Aguirre y Pendón. El movimiento de los críticos del PSOE en Málaga empezó de manera absolutamente clandestina. El aparato los descalificó con dos argumentos de peso: son cuatro, por eso no dan la cara, y el anonimato es un gesto cobarde e innecesario, porque este es un partido en donde todo el mundo puede decir lo que piensa. Ninguna de esas premisas resultó ser cierta. Los críticos han conseguido resultados en torno al 30% y aquellos que se han distinguido han sido purgados de inmediato. Con su gesto, además, Pendón degrada al secretario general entrante, Miguel Ángel Heredia, al rango de secretario sargento. El hombre fuerte del partido en la provincia hace un ajuste de cuentas que no facilitará la pacificación interna, que Heredia debe hacer en el distrito electoral andaluz en el que peores resultados saca el PSOE. De nuevo, el partido siempre tiene la razón, y quien interpreta esta máxima es el jefe; en este caso, Pendón.