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‘Lobbies’ municipales

Ignacio Martínez | 28 de julio de 2012 a las 9:43

El nuevo presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias que sustituye a Zoido ha entrado en la institución con ánimo conservador. No sé muy bien para qué sirven la FEMP o la FAMP, más allá de que son lobbies que defienden intereses. En su debut, el alcalde popular de Santander Íñigo de la Serna, ha dicho que la solución a los problemas del país no está en la supresión de ayuntamientos ni diputaciones. Le gusta la estructura de la Administración local. Eso sí, añade que hay que clarificar competencias y gestionar mejor. Nada de suprimir: en esta España seca, todo el mundo aprueba eliminar gastos, mientras no sean los que les dan de comer a ellos mismos.

Y asistimos a lo que Boris Izaguirre llamaría el momento diputación. El PP está decidido a darle relevancia a estas instituciones de los años 30 del siglo XIX, no se sabe si para debilitar a las regiones. No importa que sus funciones puedan ser desarrolladas por las autonomías o que hayan incluso desaparecido en las comunidades uniprovinciales: ahora hay que sacarles el máximo partido, sostiene De la Serna en su papel de líder del municipalismo nacional. Lo que me llena de dudas. No soy el único. Se atribuye al padre del cantante Joaquín Sabina una frase en su lecho de muerte que ignoro si es real o fruto de la leyenda que rodea al cantante de Úbeda. Hay dos versiones: “me muero sin saber para qué sirven las diputaciones” y “quisiera yo saber de dónde sacan tanto dinero las diputaciones”.

En todo caso, existe la deliberada intención del Gobierno de indultar a estas corporaciones de elección indirecta y función indefinida. Cuestan 22.000 millones de euros al año, dicho sea de paso. Por el contrario, la voluntad gubernamental es que desaparezcan las mancomunidades, que suponen un gasto de 600 millones. No es mala idea, pero se podría prescindir de ambas a la vez. El caso es que muchos países europeos han abordado en el pasado una drástica reducción del número de municipios. La Italia de Monti plantea recortes con más fuelle que los españoles: se dispone a retirar la capacidad de gasto a los alcaldes de pueblos de menos de mil habitantes. Eso dejaría sin caja en España a 4.862 municipios de los 8.116 que existen actualmente. Obligados a unirse unos a otros para aunar servicios, dejarían de tener sentido mancomunidades y diputaciones. Y las regiones deberían suplir las carencias que se suscitasen.

Mi ignorancia en la materia no me permite entender por qué en Andalucía si el PP ha ganado de largo las elecciones municipales, la FAMP la puede seguir encabezando el PSOE con la ayuda redundante de diputaciones y mancomunidades. Estas instituciones tienen mucho mundo interior. Y cubren demasiados intereses: los de los munícipes y los de sus administrados no siempre van juntos.

Minifundismo municipal

Ignacio Martínez | 17 de marzo de 2012 a las 10:59

Hay dos outsiders en estas elecciones que pueden darnos una sorpresa el 25 de marzo. Las encuestas coinciden en que PSOE y PP van a intercambiar sus posiciones en el Parlamento y que IU quedará mejor de lo que está. Sobre UPyD y PA hay división de opiniones. Hay quien no les da nada, quien le da escaño a los de Rosa Díez por Sevilla, como el Barómetro de este diario, y quien se lo da a Pilar González, como la encuesta de la Ser de ayer. Mañana escribiré sobre estos dos pequeños competidores que están en la frontera del ser o no ser y que animarían la próxima legislatura si entran en el Parlamento. Hoy me quedo con una propuesta novedosa de UPyD que coincide con la campaña, pero que como casi todos los ingredientes del debate político de estos días está en clave nacional.
Rosa Díez propugna la desaparición de las diputaciones, como instituciones obsoletas en la España de hoy. Cada vez somos más los que planteamos esta posibilidad, que no es nueva. Sin embargo, UPyD ha sacado otra propuesta complementaria, la fusión de los ayuntamientos más pequeños. No es un capricho: uno de cada ocho municipios españoles tiene ¡menos de 100 habitantes! No es una errata, cien. Hay en total 1.037 ayuntamientos en España con capacidad de gasto, autonomía y estructura municipal, cuya población total cabe en dos autobuses. Pero no queda ahí la cosa, más de la mitad de los municipios nacionales, 4.861 de los 8.114 que hay en total, tiene menos de mil habitantes.
En resumen, tenemos un minifundismo municipal que resulta insostenible de costear. Y que obliga, además, a mantener a las diputaciones provinciales para darle servicio a estos pequeños pueblos. En paralelo, hemos creado una potentísima estructura territorial, que son las comunidades autónomas. Hemos solapado todo, y no sólo no se ha reducido lo anterior sino que hemos engordado la estructura de las instituciones precedentes. UPyD propone fusionar municipios andaluces y pasar de 774 a 351. Se trataría de crear municipalidades con varias comunas que conserven el nombre tradicional de cada pueblo. Mientras que el análisis del problema está bien enfocado, parece excesivo el ahorro de la desaparición de diputaciones y la fusión de pequeños ayuntamientos: 8.700 millones en Andalucía y 45.000 millones en toda España, según UPyD. En todo caso, ahí queda la idea.
Hay pocos casos de minifundismo municipal como el español en Europa. Italia quizá, y hace poco el Gobierno de Monti dispuso la desaparición de las provincias de menos de 300.000 habitantes o 3.000 kilómetros cuadrados y los ayuntamientos de menos de mil habitantes. Así que ya hay un antecedente de racionalización de la administración local en eso que llamamos países de nuestro entorno. A ver si cunde el ejemplo, como en Galicia.

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Los hombres de gris

Ignacio Martínez | 14 de noviembre de 2011 a las 16:05

Entramos en la tercera fase de la crisis, con gobiernos técnicos en Grecia e Italia. Sigue sin resolverse la crisis económica, pero hay novedades; los políticos reculan y los tecnócratas ocupan los puestos de mando. Y el déficit democrático aumenta. El proceso es como un juego de magia. La economía mundial se hundió por muchas razones. Por ejemplo, porque los bancos americanos retitulizaron deudas de sus hipotecas basura y las vendieron por el mundo como si fueran activos seguros. Y también porque en la vieja Europa, países tradicionalmente pobres habían entrado en la moneda única a base de vender las joyas de la abuela, compañías públicas muy rentables en el ámbito de las telecomunicaciones, energía o petróleo. Y realizado el ingreso en el club del euro, nos creímos ricos de toda la vida.

En España, también teníamos hipotecas contaminadas. Una pirámide inmobiliaria montada no sólo por particulares que compraron a precios altísimos. Además, los promotores y sus bancos acreedores tienen una masa de 200.000 millones de euros en suelos sobrevalorados y viviendas invendibles. Entrampadas hasta los ojos familias y empresas, y quebrada la solvencia de los bancos, los dirigentes mundiales proclamaron que había que refundar el capitalismo. Pero nada se ha hecho. Si acaso suspender provisionalmente que los especuladores puedan vender acciones que no tienen. Es decir, vender millones de acciones, que no se han comprado todavía, hasta que se hunde el valor. Entonces comprar al precio mínimo, con el beneficio de todo el diferencial generado vendiendo lo que no se tenía.

El G20 se ha reunido varias veces. Con escasos resultados y muchas ambiciones. Alguna coincide con las promesas de Bush cuando atacaron las Torres Gemelas hace diez años: “hay que acabar con los paraísos fiscales”. Eso mismo repitió Manuel Chaves el jueves en los Desayunos de TVE. A estas alturas, estas declaraciones inspiran ternura, burla o indignación. De todo, menos credibilidad. Es la misma cantinela que se pregona sobre la economía sumergida. Pero no se hace nada, ni siquiera en el interior de la UE. Sin ir más lejos, Irlanda hace dumping fiscal y Luxemburgo tiene un sistema bancario muy parecido al suizo en la falta de transparencia.

Y ahora llegan los hombres de gris. Papademos en Grecia, Mario Monti en Italia. Ambos bajo la batuta de Mario Draghi, el nuevo sheriff del Banco Central Europeo. Curioso. Draghi era vicepresidente para Europa de Goldman Sachs en 2002, cuando el cuarto banco de negocios del mundo ganó 735 millones de euros colocando bonos griegos con los que se engañó a los supervisores de Bruselas. Contribuyó a la enfermedad griega y ahora dirige el equipo médico. Es el tiempo de los supermarios. Como si esto fuera un juego de vídeo.

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Más vale malo conocido

Ignacio Martínez | 16 de noviembre de 2009 a las 8:08

Los políticos se toman muy a pecho hacerse un hueco en el aprecio de los ciudadanos, pero se olvidan de seducirlos. La estrategia del ventilador, aquella que dice que el adversario es peor que uno, surte efecto pero es reversible: al competidor también le funciona. Así que los españoles van poco a poco dejando de tenerle ley a sus gobernantes e instituciones. ¿Con qué se quedan? Con lo más cercano, según una encuesta recién salida del horno del Centro de Investigaciones Sociológicas. Los ayuntamientos son lo más apreciado por los 4.000 consultados en 51 ciudades distintas. Por ser más preciso, la escala de mejor a peor la encabezan los servicios municipales, seguidos de ayuntamientos, gobiernos regionales y Gobierno de la nación.

A medida que el ámbito de actuación se aleja del ciudadano, éste pierde interés y afecto por la causa. Ayer, en este diario, Manuel Castells explicaba que es imposible que Europa consiga una unión política, porque no la quieren los ciudadanos, que confían en las instituciones europeas aún menos que en sus propios gobiernos; ni los países pequeños, que temen ser fagocitados por Alemania y Francia; ni los políticos, que no quieren perder el control de sus mecanismos de poder nacionales. Es una opinión, pero ahí queda. Con estos antecedentes, tiene mucha importancia el informe que a finales de febrero próximo entregue Felipe González a los líderes de la UE en una cumbre informal que se celebrará en Sevilla. González preside un grupo de reflexión sobre el futuro de la Unión Europea en el que están el ex presidente polaco Lech Walesa, el ex comisario italiano Mario Monti, el periodista británico Richard Lambert, ex director del Financial Times, y un arquitecto holandés, un economista austriaco, un catedrático danés, un alcalde alemán y una sindicalista francesa.

Esperemos que estas nueve sabias personalidades hagan aportaciones que saquen a los europeos de su letargo. En la encuesta mencionada más arriba el peor dato es que un 71% de los consultados afirma no haber participado jamás en reuniones de tipo político. El personal tiene otras inquietudes, mayormente relacionadas con el empleo y la crisis. Lo dice otro estudio, con el que el CIS nos sorprendió la semana pasada, en el que los políticos salían muy mal parados: eran el cuarto problema del país, tras el paro, la economía y la inmigración, ¡por delante del terrorismo! Los numerosos casos de corrupción que se han conocido en las últimas semanas han arruinado la imagen de la clase política. Lo curioso es que la mayor parte de estos escándalos de corrupción tienen su origen en gestiones municipales de diverso tipo, con lo que los resultados de ambas encuestas son abiertamente contradictorios. Al final, va a tener razón el refrán: el español piensa que más vale malo conocido que bueno por conocer.