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Mayoría insuficiente

Ignacio Martínez | 22 de julio de 2012 a las 9:45

De manera fatalista el presidente Rajoy, convertido en una esfinge que emite escasas señales, se limita a balbucear que no hay alternativa a su política de recortes indiscriminados. “¿Qué quieren que haga?, no hay más remedio”, dice el hombre que ganó las elecciones en noviembre porque tenía un plan y prometía confianza, estabilidad. Cuando tomó posesión, la prima de riesgo del país estaba 200 puntos por debajo de la italiana. Hoy está 100 puntos por encima: al borde de la intervención por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea. Los servicios de Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, han calculado lo que vale el rescate; 300.000 millones de euros desde ahora a finales de 2014.

 
Pero hay alternativas. En el fondo, persiguiendo con energía el fraude fiscal que desangra las arcas públicas. El ministro de Hacienda, con su habitual risa sardónica, se mofa de la oposición: “¿Dónde están los defraudadores fiscales? Díganmelo”. Que es como si el ministro del Interior fuese al Congreso a preguntar dónde están los delincuentes. Y además de ingresar mucho más, hay alternativa en la forma, haciendo el ajuste del déficit más lento y suave.

Hay otros procedimientos posibles. En vez de huir del Congreso porque le aburre o suspender el Debate sobre el estado de la Nación, porque le teme, Rajoy debería haber planteado en los siete meses que lleva en la Moncloa el conjunto de reformas que hay que abordar, principalmente en la administración pública, para que todos los grupos se retraten. E intentar consensuar los recortes. Porque la mayoría absoluta, como se ha podido ver, no es un bálsamo de Fierabrás con el cual no hay que temer nada.

Hay alternativa a la puesta en escena del Gobierno, empeñado en ocultar al presidente y en sobreexponer a un ministro de Hacienda que da muestras de agotamiento físico y emocional. Y también hay otro estilo posible. La quiebra de Bankia y de Valencia, ambas gestionadas por el PP, invitaría a un sensato abandono de la cantinela sobre la herencia recibida. La necedad de Zapatero no es una coartada inagotable. El Gobierno debe explicar, dialogar, debatir, consensuar. Unir a este país detrás de un liderazgo del que está huérfano. Y ni la mayoría absoluta del PP ni su jefe dan para tanto.

El 18 de julio y las guerras púnicas

Ignacio Martínez | 18 de julio de 2012 a las 10:38

El miércoles el Gobierno ha perdido la virginidad. Hasta ahora estaba tomando tierra; haciendo pruebas, que llamaba reformas y eran recortes sin mucha meditación, que sólo producían la reacción contraria de los afectados. Eso ha cambiado desde el recorte universal anunciado por Rajoy en el Congreso. Cada uno puede comprobar en su entorno cómo votantes asiduos del PP empiezan a referirse a los suyos con desprecio o resentimiento. Y una de las consecuencias de la pérdida de inocencia del Gabinete es que ya resulta chocante la muletilla de la herencia recibida. Se la oigo a Cospedal, que añade que sabe que hay a quien le molesta, pero esa es en esencia la raíz del problema. Una falta de modestia como otra cualquiera.
Herencias recibidas hay muchas y antiguas. Un amigo empresario me contó que de niño en su pueblo jugaban a romanos contra cartagineses. A veces parece que aquí contemplamos los ciudadanos el bonito juego infantil de socialistas contra populares. En todo caso la principal herencia recibida por este Gobierno es que el anterior no sabía dónde estaba ni a dónde iba. Y este Gabinete se ha agarrado con tanta fuerza a ese legado que ahora tenemos un Gobierno que no sabe dónde está ni a dónde va. Es decir, que estamos donde estábamos. Las elecciones, el cambio de mayoría, las nuevas incorporaciones el Ejecutivo no han servido absolutamente para nada.

Incluso han aparecido en escena personajes cuya presencia produce intranquilidad. Ignoro cuáles son los méritos académicos e intelectuales de Fátima Báñez, no conozco su hoja de servicios al PP, que pueden ser muy brillantes. Pero es un hecho palmario que no la ha llamado Dios por el camino de la elocuencia; es una nulidad en materia de comunicación. Será por la herencia recibida de Pajín o Aído, pero la tuvimos el fin de semana en la televisión como ministra de jornada, sembrando desasosiego. Y lo de Montoro es sorprendente. En su primera encarnación como ministro, en el Gobierno de Aznar bajo la tutela de Rato, fue un hombre discreto y eficaz. Ahora, en plena tormenta, la sonrisa nerviosa con la que acompaña los anuncios de recortes le dan un aire entre frívolo e insolente.

Por cierto que la famosa frase de Montoro a la diputada canaria Oramas, “deja que se hunda España, que ya la levantará el PP” también es herencia recibida. Como también lo son Gürtel y la bancarrota de la banca valenciana. O la de Bankia. Desde luego, cabe hacer reproches a Zapatero y a su gestión, pero eso no resuelve nada. Esencialmente deberíamos dejar de jugar a las guerras púnicas. No puede ser que el principal objetivo del PP sea que el PSOE, como Cartago, deba ser destruido. Y al revés, que los socialistas piensen lo mismo de los populares. Sin abandonar el sambenito de las herencias recibidas no saldremos de la crisis. No está mal recordarlo un 18 de julio.

Y ahora, las pensiones

Ignacio Martínez | 17 de julio de 2012 a las 16:10

En la vorágine provocada por las medidas que anunció el presidente Rajoy el miércoles, ha pasado de puntillas una que no ha salido en el BOE: quiere el Gobierno rebajar dos puntos las cotizaciones sociales de los trabajadores, uno este año y otro el próximo. Esta noticia, que comentaba el profesor Jesús Cruz Villalón en El País el sábado, tiene dos lados buenos y uno inquietante. Los buenos son el procedimiento y la consecuencia inmediata. Por fin una reforma que se envía al Congreso para su discusión, en el marco del Pacto de Toledo, y posterior elaboración de una norma. Así se tendría que haber hecho con todo. Y el efecto inmediato es el abaratamiento de los costes laborales, en torno a un seis por ciento.

El riesgo es que estamos ante una medida que no es un recorte en los gastos, sino en los ingresos del Estado. Un punto de rebaja en las cotizaciones se calcula en 3.200 millones. Dos, son casi 6.500. La propuesta, comentada de viva voz por Rajoy y Montoro, llega acompañada de la eliminación de muchas de las bonificaciones actuales a la contratación. Es difícil que una cifra se compense con la otra. No hay datos. Pero lo que es incontestable es que una reducción tan drástica en las contribuciones hace el actual sistema de financiación de la Seguridad Social inviable. Lo que significa que el Congreso tendrá que encontrar nuevas vías de ingresos para pagar las pensiones, que pueden ser las que el socialdemócrata Schröder impuso en Alemania a principios de los 2000, a través del IVA.

La UE lo que le pide a España no es que abarate las pensiones. Pero ese es justamente el peligro que planea sobre todo cambio de sistema. Lo que sí le reclaman al Gobierno es que acelere la implantación de los 67 años como fecha de jubilación, que se iba a poner en marcha de manera suave a partir del año próximo, para que estuviese plenamente vigente en 2027. También estaba previsto un proceso lento en el cálculo de la pensión desde lo cotizado en los últimos 15 años a los 25. Ahora se plantea que sea toda la vida laboral.

Estas medidas no son necesariamente malas. Pero hay que saberlas con tiempo, para poder adaptar a la legalidad las carreras. De hecho, los ingresos en la Seguridad Social aumentaron sensiblemente cuando en los primeros 80 el Gobierno de Felipe González pasó de dos a 15 los años para calcular la pensión. Hasta entonces mucha gente cotizaba poco hasta los dos últimos años. Por cierto, aquella reforma le costó a González la ruptura con la UGT de Nicolás Redondo.

Total, que ahora las reformas llegan a las pensiones, que suponen más de 100.000 millones de euros al año. Y es un asunto delicado desde el punto de vista electoral: son casi seis millones de votos en todo el país. Afortunadamente el Gobierno aplica aquí un acertado procedimiento, la discusión parlamentaria. Pero vienen curvas.

Impuestos: menos zanahoria y más palo

Ignacio Martínez | 9 de julio de 2012 a las 14:17

El Gobierno tiene tal dificultad en aflorar los 25.000 millones de dinero negro que pretendía con sus premios fiscales a los defraudadores, que casi está dispuesto a no cobrar impuestos por ellos. Malo. Rajoy tiene una mayoría muy amplia en el Congreso. Absoluta. Pero eso no le garantiza una infinita sabiduría: sus decisiones no son infalibles. Y se está demostrando que no es buena la idea de gastar tanta zanahoria con delincuentes de la peor ralea.

De la peor ralea: por muy buena que sea su casta, por muy almidonados que lleven los cuellos blancos, por excelente que sea la reputación de su linaje, los defraudadores fiscales son lo peor. Tienen fortunas en Suiza, las islas del Canal, Luxemburgo, Liechtenstein o en los dobles fondos de las tarimas de sus mansiones, pero no quieren compartir ni un euro. Y sus abogados o consiglieri le han comunicado a Hacienda que no están dispuestos a pagar el 10% de lo defraudado. Es un regalo, con el compromiso de no mirar de dónde viene. Pero lo consideran muy caro, los tíos.

Estos expertos sugieren que sus clientes paguen sólo el 10% de lo que hayan rentado esos capitales durante tres años. Con lo que abonando menos del 1% habrían legalizado el patrimonio irregular. Es una propuesta que coloca al Estado en el límite de tener que pagar a los defraudadores para afloren el dinero oculto. Que es mucho. Todos los estudios serios coinciden en que anualmente escapan al control del Fisco más de 200.000 millones de euros, una quinta parte del producto bruto nacional.

El Gobierno debe utilizar la fuerza de su mayoría absoluta. Habla mucho de sacrificios, ajustes y reformas para conseguir la viabilidad del país. Pues lo primero que hay que arreglar son los ingresos. Hay defraudadores de diferente pelaje. Pero mayormente no son los fontaneros a los que tanto alude el ministro Montoro. La semana pasada en Carmona, en un curso de la Universidad Pablo Olavide sobre responsabilidad social, el ex ministro Ramón Jáuregui dijo que las 35 empresas del Íbex tienen “espacios fiscales opacos” que les permiten tributar entre el 9% y el 11%, dos tercios por debajo del tipo nominal.

Hasta que haya una unión fiscal en Europa, no sólo para normas legales sino también para su cumplimiento, aquí pagarán sobre todo las clases medias. Cuando no le salen las cuentas a las autoridades, acuden a los que ya pagan para apretarles un poco más. Grandes fortunas, grandes empresas, profesiones liberales seguirán eludiendo cumplir con Hacienda hasta que cambiemos la zanahoria por el palo. La reforma propuesta por el Gobierno es muy tímida. Habría que aumentar sensiblemente de las penas de cárcel y las multas, y al mismo tiempo eliminar la prescripción de estos delitos. A ver si así abogados y consiglieri entran en razón

La herencia recibida es larga y ancha

Ignacio Martínez | 25 de abril de 2012 a las 10:18

Somos herederos. Ayer de nuevo el ministro de Hacienda, en el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado, volvió a gastar muchos minutos en explicar la herencia recibida. Es una vieja canción, que ya entonaron los populares en 1996 cuando llegaron al Gobierno. Veía la retransmisión del Canal Parlamento y no daba crédito. Montoro prefería montar una pelea contra el PSOE, a quien culpaba de todos los males del país, que propiciar un verdadero debate. El Gobierno sigue sin mostrar el mapa completo de las reformas y el plano preciso de los ajustes. Ni una palabra sobre la reforma institucional pendiente; se mantienen diputaciones y miles de ayuntamientos inviables, sin la más mínima discusión.

La situación evoca aquella serie que protagonizó Concha Velasco en TVE en 2008. ¿Se acuerdan? Herederos, la familia Orozco y allegados, luchas por el poder, traiciones, odios y rencores. Ambición y desconfianza. La situación política española es un culebrón como aquel. El PP dice lo mismo que el PSOE hace un año y al revés. Sin apuro, sin alternativas, sin cuartel. Lo importante es culpar al adversario, no resolver los problemas. Rubalcaba este fin de semana en una entrevista eludió responder sobre dónde recortar. Sólo señaló a Defensa, como hizo ayer Duran, por cierto. Nada más.

En realidad somos herederos de muchos errores del pasado, no sólo de los últimos ocho años. Por ejemplo, de la negativa de José María Aznar a la propuesta que Romano Prodi de aplazar la entrada de Italia y España en el euro. Los populares hicieron un ajuste fuerte, vendieron casi todo el sector público nacional y consiguieron contra pronóstico que España entrara en el euro. Una machada, de la que ahora somos herederos. Vino entonces una vertiginosa subida de los precios inmobiliarios y el Gobierno se sentía satisfecho. En una clara apología de la especulación, el ministro de Fomento, Álvarez Cascos, dijo que los pisos subían porque los españoles podían pagarlos. De eso también somos herederos.

Y desde luego somos herederos de un Gobierno socialista que fue el último en enterarse de que estábamos en medio de una crisis sin precedentes. Que gastó los 14.000 millones del plan E en obras no programadas, con lo que las presupuestadas pendientes se quedaron sin hacer. Que presumía de tener la más solvente del mundo, mientras en toda la UE los gobiernos ayudaban a su banca sin tasa. Que no gobernó bien este país, una nación en la que familias y empresas se habían endeudado hasta tres veces el PIB nacional. Somos herederos de todo eso. Así que Montoro debería salir de la trinchera y buscar alguna reactivación económica, antes de que el enfermo se muera. Pero este Gobierno prefiere pelearse con el PSOE. Y su adversario le niega el pan y la sal. Somos herederos de esas luchas cainitas. Eso es lo peor.

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Los impuestos y la muerte

Ignacio Martínez | 18 de marzo de 2012 a las 10:47

Anda la parroquia tan inquieta con los recortes, que casi nadie piensa en aumentar los ingresos en las arcas del Estado. Ya saben, los impuestos. De momento, sólo hablamos de ellos como sujeto literario. El dicharachero ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, mucho más suelto de maneras que en su anterior estancia en el Gobierno de José María Aznar, nos recordaba hace días una frase famosa del político, científico e inventor Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos.

Franklin pontificaba en una carta enviada el año de la Revolución Francesa (1789) a un enciclopedista, el también inventor Jean Baptiste Leory: “En este mundo no se puede estar seguro de nada, salvo de la muerte y de los impuestos”. Esta cita de autoridad la ligó el ministro andaluz con otro concepto, el de los impuestos equitativos: obligatorios pero en función de nuestra capacidad de pago. Una frase que es igual a la utilizada por otro insigne americano, el presidente Roosevelt, durante la gran depresión en los años 30. Como ven, hasta aquí pura literatura.
Benjamin Franklin inventó muchas cosas, la más famosa el pararrayos, pero también las gafas bifocales, artilugio que permite ver con dos enfoques distintos por un mismo cristal. Instrumento ideal para una discusión de impuestos. Nadie explica qué cambios legales y de procedimiento se van a llevar a cabo para que España deje de ser una campeona europea de la economía sumergida.

Tampoco se habla de cómo administrarlos. El profesor Joaquín Aurioles, uno de los economistas de cabecera de este diario, ha expuesto en alguna ocasión una idea para simplificar la recaudación. Según su criterio, los impuestos relacionados con el beneficio, IRPF y sociedades, que tienen relación directa con la distribución de la riqueza, deben financiar a la Administración General del Estado. Los que afectan al consumo, IVA y especiales, deberían sufragar a las comunidades autónomas. Y los que atañen a los bienes raíces, a los municipios. Es una aportación. Toda ayuda es poca. Uno de los más genios de la historia de la humanidad, Einstein, llegó a decir que lo más difícil de comprender en el mundo es el impuesto sobre la renta. Eso porque el bueno de don Alberto no conocía el recibo de la luz español…

El síndrome de Asterix

Ignacio Martínez | 10 de marzo de 2012 a las 19:56

La segunda reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera de la era Rajoy ha sido menos de guante blanco que la primera. De aquella salió Aguayo encantada con el trato de Montoro, exquisito en comparación con la eléctrica vicepresidenta Salgado, y el propio ministro tan contento de haberse conocido que una periodista le dijo que lo veía eufórico. El martes día 6 no fue una reunión de amigos. Y los que no son de obediencia debida, o sea muy poquitos, mostraron su desacuerdo profundo con la pretensión del Gobierno de que sean las autonomías las que hagan el ajuste duro en sus cuentas. Por ejemplo, el catalán Mas-Colell calificó la propuesta gubernamental de caricatura. Los que son de obediencia debida callaron, como es natural, pero la procesión se la llevaron por dentro a casa.

Es curioso que a todos los gobiernos centrales les dé por lo mismo. A éste y al anterior, de signo contrario, se les ha ocurrido la brillante idea de que el ajuste de las autonomías sea el triple que el de la Administración General del Estado. De tal manera que aunque el déficit sea menor en las autonomías que en Gobierno central, son las regiones las que están hundiendo el país. Esto lo explica muy bien Griñán. Y estoy de acuerdo con él, pero no le oí el mismo argumento cuando aun estaban vivitos y coleando Zapatero, Salgado y demás compañeros mártires.

Es verdad que tres cuartas partes del presupuesto de una comunidad autónoma va a sanidad, educación y servicios sociales. Pero queda un cuarto de donde reducir. Y esto no debería ser un juego de la gallinita ciega. Estamos en vísperas de un recorte brutal del gasto público y no nos hemos puesto de acuerdo sobre qué parte del Estado de bienestar es inviolable. Se supone que sanidad, educación, pensiones y desempleo son intocables, pero nadie lo dice. Pero de algún lado habrá que recortar. Tanto el Gobierno como el PSOE harían bien en decirnos de dónde recortarían y qué preservarían. ¿Mantendrían el coste de diputaciones, televisiones locales y regionales, universidad en cada provincia, ayuntamientos con plantillas infladas, administración paralela en todas las autonomías, etcétera, etcétera? En vez de la demagogia de que unos quieren privatizar y que los otros son unos corruptos, los atribulados ciudadanos andaluces merecen alguna explicación precisa sobre los planes propios de cada uno.

Por lo demás, Aguayo se quedó sola esta semana contra el recorte a las autonomías, porque Cataluña y Canarias, los otros disidentes, optaron por una prudente abstención. Es un anticipo de lo que nos espera si, contra pronóstico, el PSOE se mantiene en el poder después del 25 de marzo con la ayuda de IU. El síndrome de Asterix. Sólo que en vez de por romanos, Aguayo estaba rodeada de consejeros azules. Calladitos, pero sufriendo en silencio lo que les espera. A ellos también.

Sonrisas heladas

Ignacio Martínez | 15 de febrero de 2012 a las 12:17

Estoy entre quienes piensan que a veces los asesores de imagen desgracian a sus clientes políticos. Quizá también a los empresariales o del espectáculo, pero de eso tenemos menos noticia. Incluyo entre los asesores de este género a los periodistas. Los periodistas valemos para cualquier tarea. No tenemos más remedio: sólo uno de cada diez titulados en las facultades de comunicación de España consigue un contrato y no necesariamente en los medios. Así, hay periodistas de jefes de gabinete de consejeros de la Junta, como en Turismo y Economía; que se sepa, a plena satisfacción de sus jefes.

Valemos para un roto y un descosido. Aunque los comisarios europeos en mi época de Bruselas no solían tener como portavoces a periodistas, sino a funcionarios con profundo conocimiento de las normas y bastante mano izquierda. Para los políticos tener un periodista en su equipo tiene un doble peligro. Por deformación profesional intentará enterarse de todo y después ¡querrá contarlo!

Pero este artículo versaba sobre los asesores de imagen. Alguien le recomendó al ministro Montoro que sonriera tras su primera reunión con los consejeros de Economía de las diecisiete regiones. Y el hombre se partía de la risa durante su actuación en la rueda de prensa posterior. Tanto que una colega le llegó a decir que lo veía eufórico. Quizá el asesor de turno dijo que no era conveniente la imagen de funeral de los cuatro ministros cuando anunciaron la subida de impuestos a final de año.

Lo mismo debe haberle dicho su asesor particular a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, que estuvo en la foto de funeral de los cuatro. Así que ella sonreía sin parar cuando se reunió el otro día con patronal y sindicatos. Era como una sonrisa helada. Por cierto, que los jefes de la patronal, Rosell y Terceiro, también sonreían en justa correspondencia. Por el contrario, los de los sindicatos mostraban un semblante hosco. Tan hosco, que estaba más allá del dolor de funeral, cerca de una griega indignación. Inasequible al ademán de los sindicalistas, la ministra seguía sonriendo cuando era reclamada a diestra y siniestra por los gráficos.

La sonrisa a veces es espontánea. Al presidente Rajoy, sin ir más lejos, le salieron del alma dos sonrisas como dos soles en el Consejo Europeo de Bruselas hace 16 días cuando soltó que iba a hacer una reforma laboral que le iba a costar una huelga y que ahora viene lo más duro por la complicada herencia de un déficit del 8%. A esto se le llama poner al mal tiempo buena cara. Un deporte que no practica el ministro De Guindos, más prosaico que su jefe. El titular de Economía explicó lo agresiva que iba a ser la reforma laboral al comisario Rehn con cara de palo, la misma de su interlocutor. Se supone que era una frase robada, que no pasó por el tamiz de los asesores que todo lo cocinan.

La foto final de los socialistas andaluces, tras darse de puñaladas para pactar sus listas electorales, pertenece a otro género. Es también impostado, pero nada gélido. Sonrisas volcánicas, cuyo descarnado significado se desvelará el 25 de marzo.

Una agresión a Andalucía

Ignacio Martínez | 22 de enero de 2012 a las 11:37

Sostengo que si la deslealtad institucional fuese deporte olímpico, España tendría medalla segura en los Juegos. La vicepresidenta Santamaría dio una vez más prueba del virtuosismo nacional en esta disciplina el viernes, tras el Consejo de Ministros. Sus palabras de preocupación por las finanzas de Andalucía pueden ser producto de su bisoñez en el cargo, pero le han metido una pedrada a la solvencia financiera regional imperdonable, nada menos que desde la Vicepresidencia del Gobierno.

Sean el color que sean los gobiernos central y autonómico, no es de recibo que se tiren estos misiles partidistas desde tribunas institucionales. La neófita ministra de Trabajo dio muestras del mismo defecto en un acto del PP en Huelva, cuando dijo que España estaba en la ruina. ¿Por qué nos quejamos de Fitch, Moody’s o S&P si ya tenemos a los ministros del Reino de España para denigrar al país?

La vicepresidenta entró al trapo de un medio que preguntó por una información propia, para darle más vuelo. Un viejo truco. Y Santamaría se olvidó de que no es delegada de curso en la Facultad de Derecho de Valladolid y se tiró a la piscina. Estas cosas no son gratis. Con la turbulencia que hay en los mercados, cualquier frivolidad puede costarle una fortuna al Estado o a una región. Habría que exigir a las autoridades más decoro o incluir estos desmanes en el capítulo penal que tanto desea el ministro Montoro.

Andalucía cerró su año contable el 20 de noviembre. Según la Junta, Cataluña y Murcia lo hicieron el 11, en octubre lo cerraron Castilla y León y Madrid. Y en septiembre Galicia y País Vasco. Si las fechas son ciertas, estamos ante un montaje, no ante una suspensión de pagos. Ignoro si hay facturas en los cajones, pero a estas alturas Arenas debe asumir que los andaluces ya saben que el PSOE tiene que irse de la Junta. Lo que ahora se discute son los méritos del aspirante. Y eso no se resuelve con lanzallamas.

Hay, además, una falta de respeto. Con mucha mayor deuda que Andalucía, Santamaría no tiene narices de decir que está preocupada por la solvencia de Cataluña. Tampoco de Valencia, que ya es una región intervenida por el Estado. Hemos asistido a una agresión desde el Gobierno para arrancar unos votos. Penoso.

Triste porvenir

Ignacio Martínez | 2 de enero de 2012 a las 19:32

El Partido Popular ha llevado en romería a Huelva a su nueva campeona regional, la neófita ministra de Empleo Fátima Báñez. La segunda ministra más joven del Gabinete gozaba hasta ahora de una sólida reputación. Incluso sus adversarios políticos cotizaban su sentido del humor y ausencia de sectarismo en el consejo de administración de Canal Sur; la brillantez de su discurso en los foros feministas, su capacidad de trabajo, solvencia jurídica y espíritu negociador. Pero hete aquí que la primera visita a Andalucía tras su nombramiento ha interpretado el papel de Cruella de Vil. Y hay que advertir a la ministra que ese papel ni le va ni le conviene.

Báñez ha dicho en la romería onubense algo que un ministro no debería brindarle a los administradores de fondos de inversión de todo el mundo: que España está en la ruina. Todo para meterse con el difunto Gobierno socialista. En resumen, Zapatero mintió sobre el déficit y el pobre de Rajoy no ha tenido más remedio que subir los impuestos. Discurso tan tierno como falso. Era imposible ajustar el déficit sin subir impuestos. Es lo sabía el jefe del PP desde hace meses. Y el desfase de un par de puntos entre la realidad y el tope fijado por el directorio europeo era más que previsible; la mitad de las comunidades autónomas van a cerrar el ejercicio con déficit excesivo.

En dos de las tres peores regiones en la materia, Valencia y Murcia, gobiernan los populares desde tiempo inmemorial, y en casi todas las incumplidoras están desde hace siete meses. Así que el PP debía tener perfecta noticia de la realidad de las cuentas públicas y del desfase antes de las elecciones. Sin embargo, ha sido la Fundación de las Cajas de Ahorro la que ha advertido de la desviación, a la que se han abrazado con fe de conversos Rajoy, Montoro y compañía para subir impuestos. Curiosamente, Funcas está dirigida por Carlos Ocaña, secretario de Estado de Hacienda de Zapatero hasta anteayer, que no es mal sastre porque conoce el paño.

En su pueblo, San Juan del Puerto, Báñez estuvo más Fátima que Cruella y atribuyó la  ruina nacional simplemente a la crisis. Es razonable: aunque Zapatero haya sido un mal gobernante, la misma crisis se ha llevado por delante a gobiernos conservadores en Italia, Irlanda o Dinamarca. Y a ejecutivos de izquierdas en el Reino Unido, Portugal y España. Incluso en Grecia ha engullido a gobiernos de los dos signos en sólo un par de años. Así que se ruega no tomar por tontos a los ciudadanos cuando se dan las explicaciones.

Javier Arenas, bien directamente o por persona interpuesta como en este caso, sigue empeñado en dar patadas a los socialistas. Fía su triunfo en las autonómicas al paro, la crisis, la corrupción en la Junta y a la extrema levedad del liderazgo de Griñán. Quizá a dos meses y medio de la cita con las urnas debería poner algo de su parte. Pero su propio liderazgo sigue sin aparecer por ninguna parte. En eso se parece mucho al actual presidente. Lo que nos augura un triste porvenir.