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Cobardes y traidores

Ignacio Martínez | 1 de enero de 2012 a las 13:27

Cuando Ferenc Szusza entrenaba al Betis en los 70, le pedía a Rogelio más entrega en los entrenamientos. Pero el magnífico extremo izquierda coriano no estaba por la labor. Y un día, ante la insistencia del húngaro para que corriera más, le respondió con ingenio y contundencia: “Míster, correr es de cobardes”. No es un chiste, es una historia real. Tampoco parecía una broma ver a Montoro estos años atrás sostener hasta la saciedad que para que creciera la economía había que bajar los impuestos. O, más recientemente, al presidente Griñán decir con solemnidad en el Parlamento andaluz que su partido no se iba a aliar con la crisis contra el Gobierno de Rajoy, a diferencia del acoso que han sufrido los últimos años los gobiernos socialistas español y andaluz a manos del PP.

No parecían bromas, pero lo eran. Ayer, con su característico hablar deslavazado, el ministro de Hacienda explicó que los que ya pagan impuestos, pagarán más. Este Gobierno, como los anteriores cuando han tenido necesidad, acude a la misma teta de la misma vaca. Le piensan sisar a los contribuyentes 6.500 millones de euros en nuevos impuestos sobre la renta, el capital y los bienes inmuebles. De libro. Todos sabíamos que no se ajustaba el déficit público sólo gastando menos; además había que ingresar más. Y todos, incluye a Montoro, aunque el jiennense diputado por Sevilla no lo dijera. Muy listo, el catedrático.

La coartada del Gobierno también es de libro. Hay dos puntos de diferencia entre el déficit comprometido y anunciado por el Gobierno saliente y el real. O sea, 20.000 millones de euros. Así que han procedido al primer ajuste duro de la era Rajoy. No será el último, porque con las medidas de reducción del gasto y de aumento de los impuestos se cubre menos de la mitad de lo que hay que recortar este año. Falta otro ajuste, que vendrá en el paquete que se apruebe, Dios mediante, en el primer Consejo de Ministros tras las elecciones andaluzas.

Una portavoz del PSOE dijo ayer que Rajoy ha engañado a los españoles y ha cometido fraude en las elecciones, violando su programa. No exactamente, porque en la campaña no dijo esta boca es mía. Más transparente ha sido el portavoz del PSOE en el Parlamento andaluz, que hace unos días acusó de traidor al presidente del Gobierno, ante la sospecha de que retrasaría las medidas de ajuste, para no perjudicar las expectativas electorales de Javier Arenas en las autonómicas. Se equivocó Jiménez, como suele. Pero dijo más: lo que haya que hacer, hay que hacerlo ahora, porque ni la economía ni los desempleados españoles pueden esperar. ¡Bravo!, reclama desesperado el ajuste para poder criticar al Gobierno y deja en evidencia una vez más a su jefe Griñán, que prometía no aliarse con la crisis contra el Gobierno. Una broma.

2012 se presenta malo; al menos les deseo una feliz entrada de año

Gobierno sin galvanizar

Ignacio Martínez | 24 de diciembre de 2011 a las 14:12

Rajoy y sus trece ministros han hecho su primer desafío; al frío invierno matinal de Madrid. Han cogido oxígeno y posado a cuerpo para los fotógrafos. Ayer se estrenó el Gobierno y sigue sin soltar prenda. La estrategia del nuevo presidente debe tener virtudes taumatúrgicas: la Bolsa sube y la prima de riesgo baja. A lo Helenio Herrera, sin bajarse del autobús. Recuerda la llegada de Balladur a Matignon en los 90. Ahora se anuncian las primeras medidas para el 30 de diciembre. Allí habrá prórroga de los presupuestos, con subida para las pensiones y no se sabe qué para los funcionarios. Las apuestas de más riesgo y los disgustos gordos se dejan para finales de marzo, cuando haya terminado el maratón electoral con las elecciones andaluzas. Todo hace pensar que Rajoy hará lo que sea para consolidar la cantada victoria de Javier Arenas.

Como todo lo nuevo, los ministros estaban ayer estupendos en su estreno. Limpios y relucientes. Sonrientes. Y eso que se enfrentan a la situación más difícil de nuestra joven democracia. En la época de Mitterrand, Chirac y Balladur se acuñó en Francia el principio de que no existía el Gobierno inoxidable. Y no se ha inventado desde entonces. De hecho, a Suárez se le oxidó el suyo ya en la primera legislatura. A Aznar y Zapatero, en la segunda. Y a los más duraderos, los de González, la herrumbre les entró en la tercera y los carcomió en la cuarta. Rajoy empieza con un sólido equipo de leales, pero tiene un Gobierno sin galvanizar. La crisis no lo permite. Trabajarán sin red.

Quizá por eso, el presidente ha escogido para la odisea a personas con un currículo y una edad. Seis ministros tienen más de 60 años y la media es de 55,6. Sólo dos tienen menos de 50: la ministra de Empleo, la onubense Fátima Báñez, y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la benjamina del Gabinete, con 40. Cómo cambian los tiempos. Esa era la edad de Felipe González cuando llegó a La Moncloa. Y Suárez, Aznar y Zapatero fueron primeros ministros con 43. Rajoy, con 56. A esa edad, los cuatro citados eran ya veteranos ex presidentes. Incluso el efímero Calvo Sotelo dejó el poder con 56.

Estamos pues ante un Gobierno de seniors, de gente con una o dos carreras universitarias, en el que se da alguna circunstancia curiosa. Hay sólo cuatro ex ministros, entre catorce miembros. Ninguno de ellos, por cierto, tendría la etiqueta de aznarista puro y duro. Hay cuatro de 1950: Arias, Montoro, Fernández Díaz y Wert. Y sólo cuatro mujeres. Se acabó el festival de los jóvenes y las mujeres primero del zapaterismo, que criticó recientemente con ácido sarcasmo Alfonso Guerra. Aunque señoras con capacidad hay suficientes en el PP como para que se corrija este desequilibrio en las remodelaciones que inevitablemente habrá, por el natural efecto de la oxidación.

Un euro son 166,386 pesetas

Ignacio Martínez | 15 de mayo de 2010 a las 18:23

Me pregunta un amigo cómo hemos llegado a esto. Y le respondo con un test que les propongo. ¿Se acuerdan qué año entró en circulación el euro? Mi amigo responde, muy rápidamente, que en el año 2000. Se equivoca, pero su respuesta es todo un síntoma; nos parece que tenemos el euro en el bolsillo desde hace mucho tiempo, aunque lo estrenamos hace sólo ocho años, el 1 de enero de 2002. Abrazamos al euro con la fe de un converso, tanto que estaba previsto un periodo transitorio de dos meses y a las dos semanas ya no se veía una peseta por ninguna parte. El euro nos hizo ricos y ya no nos queremos acordar de cuando éramos simplemente de la clase media europea. Hasta tal punto perdimos el sentido de la realidad, que el presidente Zapatero se permitió la humorada en septiembre de 2007 de decir urbi et orbi que España ganaba la Champions de la economía mundial y no lo mantearon.

¿Cómo llegamos a eso? Entrampándonos hasta los ojos. Todo hijo de vecino pidió créditos para comprar una casa, un coche, unas vacaciones o lo que fuese, que estaban por encima de sus posibilidades. Y las empresas, igual. Y los bancos daban los créditos a espuertas. Te perseguían para darte más dinero del que pedías. Con ese ritmo, entre particulares y empresarios se endeudaron en más del 200% del PIB nacional. Aquí se hizo la ecuación de que un euro valía veinte duros. Así que la sensación era que se compraba barato y se vendía caro. Un gran negocio para todos, una fiesta del consumo, en un país en el que no había tradición de ahorrar. Y en el que, por cierto, tampoco había tradición de pagar impuestos. Cumplir con Hacienda es una costumbre moderna. La de ahorrar la acabamos de estrenar.

Si quieren algunas reflexiones suplementarias, no se pierdan la entrevista que hoy publicamos en la sección de Economía de los periódicos del Grupo Joly con un experto prestigioso, el alemán Juergen Donges, que critica el despilfarro español. Ahora el presidente del Gobierno ha hecho el ajuste que debía, aunque tarde. Y de manera incompleta, porque está preparando un impuesto sobre las grandes fortunas. En esta coyuntura, es el momento de recordar que un euro vale 166,386 pesetas. Que una vivienda no puede multiplicar por dos su valor cada cuatro años. Que a los pensionistas, parados y funcionarios se les paga con los impuestos. Y que el sector privado, en el que se han producido centenares de miles, millones, de pérdidas empleo no puede seguir sosteniendo este tren de gasto público.

Discrepo de Cristóbal Montoro, que ayer en Radio Nacional le decía a Juan Ramón Lucas que estas medidas suponen un desprestigio para España. Al contrario. Hay que acabar con el estereotipo de que aquí estamos siempre de fiesta, salvo a la sagrada hora de la siesta. A lo mejor no nos ponemos de acuerdo sobre cómo hemos llegado a esto. Pero lo que está claro es cómo salimos: con austeridad, rigor y seriedad. Eso nunca puede darnos una imagen de desprestigio.