Archivos para el tag ‘Mourinho’

Dedazos

Ignacio Martínez | 11 de julio de 2012 a las 12:29

Hay dedazos y dedazos. El de Mourinho a Vilanova tras perder el Real Madrid la final de la Supercopa el año pasado fue una agresión cobarde, perdonada ayer de forma vergonzosa por Ángel María Villar para celebrar su enésima reelección como presidente de la Federación Española de Fútbol. Esa acción tan reprobable es el dedazo más famoso de la reciente historia de España, pero no el único.

En política el mismo término tiene una connotación peyorativa, que roza el nepotismo. Tiene su origen en México, donde se emplea para indicar que un gobernante, funcionario o incluso un candidato a presidente de la República es elegido por la voluntad de una sola persona, que lo señala con su dedo índice, sin tener en cuenta la opinión de los ciudadanos, ni de su partido, ni respetar norma de concurrencia alguna.

Oigo a algún/a propagandista del PSOE atribuírselo, con razón, a la designación de Juan Ignacio Zoido como presidente regional del PP. Advenimiento que tendrá lugar en Granada el próximo fin de semana. También leo unas declaraciones del flamante número dos de los socialistas andaluces en las que dice que el suyo no es partido de dedazos. Y en esto ya no estoy de acuerdo. Cuando Chaves se marchó al Gobierno de la nación como vicepresidente en abril de 2009, designó sucesor a Griñán. Eso fue un dedazo como la Torre de Cajasol, como el que le ha pegado Arenas a Zoido. Por cierto, en el comité director del 14 de abril de 2009, la tropa socialista acató con disciplina militar el deseo de su líder Chaves y aprobó a mano alzada por unanimidad el dedazo a Griñán.

Es verdad que en el PSOE de vez en cuando hay espacios de libertad y confrontación que resultan estimulantes y atractivos para la opinión pública. Son acontecimientos que no se dan en el PP y que en el caso de los socialistas se suelen producir durante su estancia en la oposición: las primarias de Almunia contra Borrell, la elección de Zapatero como secretario general con cuatro candidatos, o la de Rubalcaba en duro enfrentamiento con Chacón. Pero Griñán no es precisamente un buen ejemplo para dejar en evidencia a Zoido. Estos dos dedazos, menos agresivos que el de Mourinho, están cortados por el mismo patrón.

Ahora queda por ver cómo queda en el futuro la relación entre Arenas y el nuevo jefe del PP andaluz. Estas cosas no suelen terminar bien. Griñán, de hecho, una vez que hubo heredado el Gobierno y el partido rompió con su mentor. Zoido está cambiando muchas cosas; falta saber si su historia tiene un final más feliz. Aunque feliz el que tiene que estar es Mourinho: hace el gamberro y se va de rositas. Los dedazos pueden ser rentables o no. Hay resultados para todos los gustos, con el autor o su protegido desairados, con el agresor o su víctima satisfechos. Hay dedazos y dedazos.

Mucho poder poca autoridad

Ignacio Martínez | 21 de enero de 2012 a las 10:54

No es lo mismo ser máximo dirigente de un partido que su líder. La diferencia es notable, como han comprobado estos días tanto José Antonio Griñán como José Antonio Viera. Los máximos dirigentes del PSOE en Andalucía y en Sevilla tienen la potestad que sus cargos proporcionan, con poderes que han entrado en colisión. Pero ambos tienen escasa autoridad, por su forzada llegada a los puestos respectivos. En los dos casos por expreso deseo de Manuel Chaves, que abdicó en Griñán todos sus dominios en 2009 y decretó la defenestración de José Caballos en 2004, y su sustitución por Viera.

En el socialismo andaluz hay una batalla no sólo para elegir a los delegados al congreso del 3 de febrero, también hay quien aspira a estar en la Ejecutiva federal, a conseguir un buen lugar en las candidaturas del 25 de marzo, e incluso a controlar la situación tras la eventual derrota que pronostican todos los sondeos. Les resumo tres preguntas de la última encuesta, de Capdea esta semana: Qué partido cree que ganará, 67% PP y 17 PSOE. Quién quiere que gane, 36,5% PP y 25 PSOE. Y a quién votará, 47% PP y 37,6 PSOE.

Administrar la pérdida de la Junta está en la cabeza de casi todos los protagonistas de esta pelea, que en Sevilla adquiere tintes dramáticos. El presidente provincial del partido ha insinuado que José Caballos es un muerto viviente. Una pedrada, aunque venga a cuento. En 2004, cuando el chavismo lo laminó, utilizando todo su peso institucional y orgánico ante alcaldes, concejales y dirigentes locales, Caballos dijo que tenía siete vidas como los gatos y que le quedaban cuatro.

Este veterano dirigente sigue siendo un referente y juega este pulso junto al hombre que lo liquidó, José Antonio Viera. Ya saben lo que dicen los británicos, que la política hace extraños compañeros de cama. De hecho, Viera tiene tantos amigos circunstanciales que podría sumar una mayoría en el congreso de hoy. Su punto débil es que fue consejero de Trabajo, uno de los tres titulares de esa cartera con los que actuó el sin par Javier Guerrero, el generoso director general de los eres.

Griñán juega de tapadillo a favor de Chacón y Viera apuesta a las claras por Rubalcaba. La pelea se ha enconado y Griñán se ha colocado a la altura de Mourinho en la guerra abierta del socialismo sevillano. Para defender a su número dos, enfrentada a casi todas las tribus del PSOE de Sevilla, ha amenazado a Viera. Le ha dicho que se ponga de acuerdo con Susana Díaz en una lista de consenso, y si no lo hace será su problema. Lo mismo que el entrenador del Real Madrid, que amenazó a la prensa deportiva en vísperas del clásico para defender a Cristiano Ronaldo. Les dijo que quien se metiera con el delantero portugués tendría un problema. El mismo lenguaje. Por cierto, me temo que Mourinho también tenga mucho poder y poca autoridad.

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¿Quién teme a Jose Morinho?

Ignacio Martínez | 6 de octubre de 2011 a las 15:01

Al agresor Mourinho le han puesto dos partidos. Al agredido un partido. Se entiende que por haber golpeado con su ojo el dedo de Mourinho, con grave riesgo de lesión para la uña del portugués. Decididamente le hemos cogido miedo a este hombre. Suele ocurrir con los matones. Le ha cogido miedo el comité de competición, los rivales y hasta los jugadores españoles del Madrid, que ahora empiezan a despertarse. Su próxima víctima ya sabe que o pone el otro ojo o le sancionan.

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El imbécil

Ignacio Martínez | 28 de septiembre de 2011 a las 10:24

Dicen que cuando a Rafael el Gallo le presentaron a Ortega y Gasset, le dijeron que era filósofo y le explicaron que se dedicaba a pensar, el torero dijo “hay gente pa tó”. Todos tenemos nuestros mitos particulares. Trueba, cuando le dieron el Oscar por Belle Époque dijo que le gustaría creer en dios, pero que sólo creía en Billy Wilder: “así que gracias mister Wilder”. Florentino Pérez es de esta cuerda. Es un empresario de éxito, pero en materia futbolística él no cree en más dios que en Mourinho. El mejor entrenador del mundo, es su jaculatoria favorita. Vale, le mete el dedo en el ojo a los entrenadores del equipo contrario, pero ha mediado provocación y lo hace para agitar al madridismo y defender su señorío de las injusticias, como si fuese el Príncipe Valiente. El presidente del Real Madrid presume emocionado del tesoro que tiene en su banquillo ante el débil disgusto de muy pocos socios que protestan en la asamblea general del club por las maneras maleducadas del portugués.

Cada uno es dueño de sus mitos. Un sujeto que atiende al nombre de Alessio Rastani, un broker con pinta de friqui, salió en la BBC anteayer, y soltó una diatriba contra el euro: “El crash está a la vuelta de la esquina. Los inversores, el dinero listo saben que la bolsa y el euro están muertos, y están poniendo su dinero en valores más seguros. Me importa un pimiento la crisis y arreglar la economía, desde hace tres años, cada vez que me acuesto sueño con una nueva recesión… Mi trabajo es ganar dinero, cuando reviente la bolsa, cuando reviente el euro, si sabes lo que tienes que hacer, te puedes hacer rico”. Rastani también tiene su Wilder o su Mourinho: sostiene que los políticos no gobiernan el mundo, porque el mundo lo gobierna Goldman Sachs…

Un amigo empresario, que es hombre creyente, tiene entre sus dogmas de fe la teoría de la estupidez humana del ensayista y filósofo italiano Carlo Maria Cipolla. Las leyes fundamentales de la estupidez humana de Cipolla son cinco: 1. Hay más estúpidos de lo que la gente se piensa. 2. La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de su género, condición social, o preparación académica. Hay el mismo porcentaje en cualquier grupo que se considere. 3. El estúpido es una persona que causa un daño a los demás sin obtener ningún beneficio para sí mismo. El malvado o egoísta es el que consigue lucrarse con el perjuicio de los demás. El generoso se sacrifica por hacer el bien a otros. Y el inteligente es capaz de generar un beneficio colectivo y beneficiarse él al mismo tiempo. 4. Los no estúpidos subestiman el peligro de los estúpidos. Y 5. Es más peligroso un estúpido que un malvado.

Total, que uno no sabe si el joven que considera dios a Golman Sachs está en la primera o en la segunda categoría. Pero me inclino a pensar que es un imbécil. Simplemente.

La terapia de Mourinho

Ignacio Martínez | 1 de mayo de 2011 a las 11:27

En la semana del millón doscientos mil parados en Andalucía, de la boda global, del partido del siglo. Mourinho nos salva de la monotonía depresiva de la crisis. Este país ya tiene otro motivo de queja. Un motivo que pertenece al género de ficción, porque este portugués es un actor que hace de malo. En un culebrón no tendría precio, pero a la reputación del Madrid le hace un roto. La protesta es generalizada. Un amigo madridista me confiesa que le pone de los nervios y otro amigo bético, y por tanto estoico, lamenta que haya arrastrado a Guardiola a su estilo tremendista en la rueda de prensa previa al partido del Bernabéu.

Leo en un chat de internet que el Madrid-Barcelona del miércoles fue como el Holanda-España. Ganó España y Holanda se quejó del árbitro. Aunque el alemán le sacara a Pepe una roja en vez de una amarilla, el equipo blanco jugó tan sucio y tan feo que dio una penosa imagen. Leo también que el vestuario del Madrid cuestiona a su entrenador. Ya era hora; están haciendo el ridículo pisando tobillos, jugadores que están entre los mejores del mundo. La cuestión es por qué un hombre con tanta personalidad y sabiduría para los negocios como Florentino Pérez deja a su club en manos de un personaje así. La respuesta debe ser simple; por un título, lo que sea. El fin justifica los medios.

A Mourinho no le gustaba Valdano, un caballero dentro y fuera del campo. Y Pérez lo quitó de en medio: ni viaja con el equipo, ni entra en el vestuario. El malo de esta película se permite no acudir a las ruedas de prensa y como los periodistas se marchan, al día siguiente los provoca. No contesta a las preguntas con un argumento inquietante. Si ellos no preguntan a Karanka, él sólo habla con directores. De número uno a número uno; no deja papel alguno para el presidente. Pero Florentino no será la principal víctima de la terapia de Mourinho. Al fin y al cabo se lo merece. Lo peor de esta batalla de gladiadores es que va a romper a la selección nacional. Después de tanta violencia, simulación y denuncias, difícilmente volverá a ser un grupo de jóvenes bien avenidos. El fenómeno Mourinho es pasajero. Sus secuelas durarán.

Arbeloa. Y Mayor Oreja

Ignacio Martínez | 23 de abril de 2011 a las 19:28

Esta es una de las mejores crónicas de la final de Copa que he leído. La publica hoy tardíamente José Mari Izquierdo en El País. Y la copio a continuación: 

Álvaro Arbeloa, salmantino, 28 años, defensa derecho del Real Madrid, representó el miércoles pasado, en el partido de la final de la Copa del Rey frente al FC Barcelona, el más llamativo aspecto del villano, ése que con tanto empeño persigue como referente, honra y prez de su concepción del fútbol, y me temo que de la vida, ese personaje abyecto que es José Mourinho, portugués de Setúbal. Con las cámaras de televisión teledirigidas a los pies de Arbeloa, se vio a la perfección cómo este agradable muchacho, de aspecto distinguido y maneras educadas, hundía con saña, a la vez que disimulaba con alevosía, los tacos de su bota en la pierna de David Villa, 29 años, para más deshonra compañero suyo en la selección nacional. ¿Obnubilación? En la segunda parte, en la línea de banda que le correspondía por alineación, golpeó en la pierna, al descubierto, al brasileño Adriano que, asombrado, vio cómo el joven Arbeloa, ya hemos dicho que distinguido y educado, subía a continuación la pierna y le propinaba una ominosa patada en salvas sean las partes. De nuevo, la televisión nos mostró la cara del agresor -“esto es la guerra”, decía- y la del agredido, que apenas si podía salir del asombro que le causó el comportamiento de su contrincante.

Podríamos señalar, por el contrario, cómo el malencarado Javier Mascherano, 27 años, navajero de pro como mandan los cánones en cualquier mediocampista argentino, que ha dejado la muesca de sus tacos en media Liga inglesa, hizo en todo el partido del miércoles, 120 minutos, ¡una sola falta!, y eso que jugó de defensa central, el puesto más proclive a rebañar tibias, tobillos y lo que se tercie, como bien saben y todo el mundo reconoce, excepto los árbitros, Pepe o Sergio Ramos. Lo demagógico sería decir que un joven de buena familia y mejores sentimientos se convierte en un émulo de Hannibal Lecter porque tiene al auténtico Hannibal Lecter de entrenador, guarda de la jaula y sicólogo conductista. Alguien que le inocula ánimo de victoria, dice Lucifer, aires sanguinarios dice cualquiera con dos dedos de frente. Por contra, el sicario Mascherano, dientes y tacos afilados, se mueve desde que llegó al equipo donde ahora milita en un entorno más civilizado, donde se hacen faltas, claro, y en ocasiones horrorosas, pero que no se jalean con grandes alharacas por el jefe de la cuadrilla de la porra como demostraciones de hombría y valor. ¿Demagógico? Cierto, por lo menos, ya es.

¿Es Mourinho, ese tipo despreciable que corrompe todo lo que toca, desde el fútbol ‘a la italiana’ a las reacciones descontroladas de los jugadores, desde el sentido del deporte al victimismo ridículo, de la actitud chulesca e intimidante con los árbitros a las relaciones con la prensa, a la que humilla y degrada? Tal que Jaime Mayor Oreja con sus toneladas de despreciable basura en los volquetes que llena para descargarlos en los alrededores del ministro del Interior y, por extensión, en los del Gobierno en pleno. Recluido ya en los medios de extrema derecha, el exministro del Interior, tan demócrata y tan cristiano, no tiene el menor empacho en utilizar el terrorismo como arma de destrucción del enemigo. Que para él no hay adversarios.

Y si en ambos casos los ejecutores del tajo y la bazofia son quienes hemos citado con nombre y apellido, qué duda cabe, muchos les acompañan en la complacencia del silencio, cuando menos, o del apoyo más o menos directo cuando más. Florentino Pérez, Jorge Valdano o los jugadores que no recriminan a Pepe la entrada alevosa a Messi deben llevarse la parte alícuota de la vergüenza. Como Mariano Rajoy o Dolores de Cospedal, tan contentos y sonrientes de que sus licántropos les hagan el juego sucio mientras ellos fungen, o lo intentan, que ya no cuela, de amigables centristas.

Cómplice, RAE: “Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas”.

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Plagios

Ignacio Martínez | 5 de marzo de 2011 a las 12:45

El ministro de Defensa alemán ha dimitido porque copió tres cuartas partes de su tesis doctoral y le han pillado. Es curioso, pero ni a la canciller Merkel, doctora en Físicas ella misma y su propio marido, ni al común de los ciudadanos de la República Federal le importaba que el barón Von Guttenberg plagiara su tesis. Hasta el punto de que un 80% desea que vuelva a la política el delfín predilecto de la canciller, dirigente de los socialcristianos bávaros. Ha sido la comunidad científica la que ha protagonizado una auténtica revuelta, como explica mi amiga Aurora Mínguez en su blog berlinés. Decenas de miles de doctores se han dirigido indignados a la Cancillería para exigir respeto por la propiedad intelectual y el rango universitario. Un ejemplo para la acomodada parroquia universitaria española.

Lo de copiar aquí es pecado venial, como demostró la infeliz ocurrencia de la Universidad de Sevilla, cuando hace año y medio introdujo en la normativa de evaluación y calificación de asignaturas un nuevo derecho del estudiante: no podría ser expulsado de un examen si lo cogían copiando. Imitar buenas costumbres no es necesariamente malo. Por salir del campo académico, cada vez son más los entrenadores de fútbol que siguen la pauta de señores tan educados como Guardiola o Del Bosque. Otra cosa es Mourinho. El portugués es un plagio absoluto; un sosias de Risto. No Hristo Stoichkov, el búlgaro del dream team de Cruyff, sino de Risto Mejide, el malo del jurado de Operación Triunfo. Mourinho acabará como su referente nacional, expulsado del circo.

Otro plagio futbolístico lo protagoniza el ex director general de Trabajo de la Junta, Javier Guerrero, el tipo en el que el PSOE ha puesto la barrera de las responsabilidades políticas por las irregularidades en los eres. Ha copiado para definir a los parados una genuina expresión lopereta. Para don Manué los aficionados béticos eran criaturitas; para Guerrero los intrusos de los eres son criaturas que están desempleadas. Plagio.

Ya conocen cómo una escritora gallega insiste, con fundamento, en que Camilo José Cela con todo su golpe de premio Nobel, le plagió hace quince años La Cruz de San Andrés, que consiguió el Premio Planeta. Cómo Ana Rosa Quintana para su primera novela, Sabor a hiel, tuvo un colaborador, un negro en el argot editorial, que le jugó una mala pasada copiando literalmente pasajes de Ángeles Mastretta o Danielle Steele. O cómo Julio Iglesias ha tenido que pagar indemnizaciones por el plagio de alguna canción.

A Guttenberg habría que hacerle una rebaja. Que un pariente lejano del inventor de la imprenta hacer copias está en los genes de la familia. Después de todo, la originalidad tampoco es un valor absoluto. Vean, si no, el efecto que causa Ruiz Mateos copiándose a sí mismo sus propios métodos, para desesperación de tantos proveedores, trabajadores o inversores.

Marqueses

Ignacio Martínez | 5 de febrero de 2011 a las 16:32

Ya no se puede decir modernamente eso de ¡vives como un marqués! En primer lugar, porque hay marqueses muy tiesos. Tan arruinados, que ya lo estaban en esa época cercana en la que todos los españoles nos creímos ricos, antes de que la crisis nos pusiera en nuestro sitio. Pero es que además el jefe de la cosa aristocrática, que es mismamente el Rey, nos sorprendió ayer con unos nombramientos que desmienten ese comentario popular, que identifica el marquesado con la buena vida y la holganza. Vargas Llosa, Del Bosque, Villar Mir y Menéndez son hombres que han trabajado muy duramente para triunfar en la vida. Y ¡vive dios que han triunfado! Ninguno de ellos tiene problemas de tesorería, en esta España sometida a una severa dieta de austeridad por el directorio europeo.

Complace ver a un escritor de la talla de Vargas Llosa con su Nobel reciente, elevado a la categoría de aristócrata moderno y nacional; es español de nacionalidad desde 1993. Disfrutó del Madrid de finales de los 50, con una beca de doctorado en la Universidad Complutense y sostiene que se hizo escritor en la Barcelona de los primeros años 70, en una ciudad bella, culta y divertida, a pesar del franquismo, en la que vivió cuatro años. Villar Mir y Menéndez tienen en común haber sido ministros tras la muerte de Franco. El empresario como ministro de Hacienda en el primer Gobierno de la monarquía, en la prórroga de Arias Navarro, junto a pesos pesados como Fraga o Areilza. Y el segundo en el primer Gabinete de Suárez, el de los penenes, aunque este catedrático de Derecho Mercantil ya frisaba los 50 años por entonces.

Hay otras coincidencias en este elenco de nuevos marqueses. Por ejemplo, el indiscutible madridismo de dos de los distinguidos. Villar Mir intentó sin éxito llegar a la presidencia del Real Madrid cuando Florentino Pérez dio la espantada en 2006. Y Vicente del Bosque fue jugador del Madrid durante once temporadas, en las que ganó cinco Ligas y cuatro Copas. Y como entrenador del mismo club ganó dos Champions y dos Ligas. Lo echó Florentino, que no es hombre con buen ojo para los marqueses modernos. Mayormente porque a su ojito derecho actual, José Mourinho, no se le ven muchas posibilidades de conseguir semejante título nobiliario, por muchos títulos deportivos que logre.

Del Bosque es un hombre noble de natural, sin necesidad que lo diga el Boletín Oficial. Es de esos deportistas a los que da gloria oír, por su humildad y consideración con los contrarios. Como Guardiola, como Nadal. Lejos de la arrogancia, soberbia y mal humor de niño consentido de Mourinho. Lo de Del Bosque seguro que ha caído bien a la generalidad de los españoles. Este marqués es un ejemplo de caballerosidad, serenidad y confianza. El tipo de liderazgo que hace falta en los turbulentos tiempos que corren. Y no sólo en el fútbol.

El síndrome de la ‘Champions’

Ignacio Martínez | 1 de diciembre de 2010 a las 15:00

Malos tiempos para la soberbia de los campeones de la Champions. A José Mourinho, entrenador portugués del Real Madrid, doble campeón de Europa, hombre enormemente pagado de sí mismo, le dio por despreciar a un modesto colega español, el entrenador del Sporting de Gijón Manuel Preciado, porque había “regalado” su partido en el Camp Nou, al no poner su mejor alineación. Tanto se lo reprochó, que Preciado le acabó llamando canalla y mal compañero. Ambos están sometidos ahora a un procedimiento de sanción solicitado a la Federación por la Comisión estatal contra la violencia en el deporte. ¿Saben ustedes por cuánto perdió el Sporting en el campo del Barcelona el 22 de septiembre? Por uno a cero. Menos mal que Mourinho jugó contra el eterno rival con ánimo de no regalar el partido…

La soberbia es mala compañera en el deporte como en la vida corriente. Nadal nos da un ejemplo de deportividad cada vez que gana y otro cada vez que pierde. Respeto por el rival, elogios a su juego, crítica de los errores propios… Guardiola es otro caso parecido. Estos deportistas animan el civismo de sus seguidores. La actitud contraria fomenta el fanatismo y la violencia. Vale el argumento para la política. Dicen que Artur Mas se ha hecho más humilde después de quedar como el candidato más votado en dos ocasiones y no conseguir gobernar. El domingo, cuando celebraba su victoria, dijo algo muy sensato que corrobora esa idea: “Estamos orgullosos de la victoria, pero no presumimos de ella. Nos sentimos servidores de Cataluña, no sus salvadores”.

A otro ex campeón de la Champions le va fatal. El presidente Zapatero proclamó de manera irresponsable en septiembre de 2007, cuando ya había estallado la burbuja inmobiliaria americana, que España jugaba la Champions League de la economía mundial: era la que más partidos ganaba, la que más goles metía y la menos goleada. Y el que más partidos gana, más goles mete y menos goles recibe, es el campeón. Decía el presidente que este país estaba más preparado que nunca ante una posible recesión, por la fortaleza de su economía, el dinamismo de la inversión, la solvencia de las empresas, la eficiencia de su sistema financiero y la acumulación de disponibilidades de las familias… Hay actuaciones en la vida que uno daría cualquier cosa por poder borrar. Y aquella no fue sólo una frase, sino una terca actitud de meses y años.

Ahora ha rectificado, pero quizá sin tiempo para reponerse. A menos que en el campo contrario le ayuden. Ayer Rajoy se tomó el resultado de Cataluña como un éxito de su estrategia de oposición. Dice que va a seguir así. Malo. No es saludable para este país que la alternativa de gobierno no se comprometa a nada, para no cometer errores. Hay soberbias que no son de Champions, pero son de campeonato.

La conexión entre Mourinho y Benquerença

Ignacio Martínez | 21 de abril de 2010 a las 20:00

José Mourinho fue entrenador en la temporada 2001-2002 del União de Leiria, tras su paso por el Benfica y antes de entrar en el Oporto, equipo con el que ganó dos ligas portuguesas, la Copa de la UEFA y la Champions. Leiria es una localidad muy pequeña, de apenas 50.000 habitantes, muy cerca de la costa, a medio camino entre Lisboa y Oporto. Cabe pensar que allí todos se conocen, y más si son del mismo gremio. Pues bien Olegario Benquerença, el árbitro del partido de ayer entre el Inter y el Barça nació en Batalha, un pueblito situado cinco kilómetros al sur de Leiria. ¿Y a que no saben dónde vive el colegiado? En Leiria, precisamente; en donde sin duda tuvo que conocer al joven Mourinho cuando a los 37 años dirigía el equipo local. El bueno de Olegario tiene seis años menos que José. No sabemos cómo de estupenda fue su relación, lo que conocemos fue el arbitraje de Milán, que no es que fuera casero, es que fue leiriense. Cariñoso, no en balde Benquerença significa en castellano estima. Esto es lo que hay.