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Rodríguez Carrión, un ‘joven’ maestro

Ignacio Martínez | 14 de mayo de 2009 a las 21:32

Me encanta esta imagen de Alejandro de 2005, todavía con su salud intacta a los 59 años y un gesto de satisfacción, de felicidad. Juraría que está hecha en Ronda, en el Palacio junto al Tajo en donde se celebran los cursos de verano de la Universidad de Málaga. Allí codirigió con su maestro Carrillo Salcedo un curso sobre Derecho Internacional aquel verano, la misma semana en la que yo dirigía uno sobre Periodismo. Me presentó a Carrillo, que era para él un referente tan grande que se decía carrillista. Acababa de terminar su casa de Mijas y la vida le sonreía. Tenía una mirada inteligente y una sonrisa cautivadora, seductora. Esta imagen es de dos años antes de que se le detectara el cáncer. Se le ve tan sereno, tan seguro, que parece increíble lo rápidamente que se ha deteriorado su salud.

Hace pocas semanas, en una de nuestras últimas conversaciones, Alejandro me contaba con pasión una idea que tenían en el movimiento solidario con el Sahara, del que formaba parte. Promover una candidatura a las elecciones del 7 de junio, con el objetivo de sacar un diputado que en el Parlamento Europeo defendiera la independencia saharaui. Lo explicaba convencido de que era posible lograr el eurodiputado en cuestión. Este es un rasgo de su personalidad que siempre me desconcertaba: tenía un idealismo absolutamente juvenil. Era un hombre maduro, con una enorme cultura, una formación extraordinaria, adquirida en varias universidades europeas y americanas: Granada, Oslo, Cambridge, Berkeley y Groningen, aunque como todas las personas verdaderamente sabias, se daba muy poca importancia. Pero la intensidad con la que se entregaba a sus ilusiones sólo es comparable a la de los jóvenes, con los que tan bien se llevaba en su actividad docente. Tengo para mí que la vocación por la enseñanza no es la principal característica de los profesores universitarios españoles. Un defecto que no tenía Alejandro. Presumía haber heredado esa pasión por la docencia de su maestro, el eminente catedrático Juan Antonio Carrillo Salcedo, hijo predilecto de Andalucía este año, a quien siguió en su Departamento de Derecho Internacional Público desde Granada a la Autónoma de Madrid y desde allí hasta Sevilla, antes de conseguir la cátedra de Málaga.

Es curiosa la naturaleza. Alejandro aguantó hasta el sábado para recibir el Premio Blanco White, probablemente para no dar un disgusto a quienes promovieron su reconocimiento, y se ha marchado de inmediato para no dar que hacer a familiares y amigos. No le habían dado un solo premio en su vida y se opuso a recibir éste que instituimos en el Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, del que él era vicepresidente, para distinguir a los andaluces significados en la defensa de Europa, como símbolo de la civilización, los derechos y libertades fundamentales y la paz. Cuando supo que estaba propuesto para el galardón, se resistió como pudo a la concesión. Los premios adquieren la categoría de los premiados. Así que, desde ahora mismo, éste ha entrado en la categoría máxima. La entrega se hizo el 9 de mayo, el día de Europa. Una fecha que en los últimos años habíamos celebrado con una sesión académica en el salón de grados de la Facultad de Derecho en Málaga. Un acto en el que siempre se ponía de manifiesto su magnífica oratoria. Era erudito, riguroso, ameno, divertido… y profundamente joven. También era sensible y entrañable. ¡Y tenía su carácter!

Alejandro ha sido un gran profesor de universidad. De los que creaba la ciencia que después enseñaba, de los que no se limitaba a exponer las doctrinas o las teorías de otros, de los que permitían a sus alumnos argumentar en contra. De los que presumía de sus dilectos discípulos. En la laudatio que preparó para la investidura de Carrillo Salcedo como doctor honoris causa de la Universidad de Málaga, mencionó a todos los profesores de su departamento: Magdalena Martín, Elena García Rico, Ana Salinas, Isabel Torres, Eloy Ruiloba. Ellos también están de luto. Precisamente ese día, el 25 de octubre de 2007, no pudo leer el elogio de su maestro. Tuvo un desfallecimiento y le ingresaron en un hospital: le detectaron el cáncer de pulmón contra el que ha luchado con tesón el último año y medio. Una lucha en la que ha estado también toda su familia, su esposa Victoria, sus hijos Jacobo y Jezabel, y hasta sus nietos Jaime y Luis.

La candidatura de apoyo al Sahara no se ha hecho finalmente. Pero seguro que de seguir entre nosotros Alejandro habría seguido trabajando con la pasión de un neófito por esta causa, como ha luchado a favor de muchas otras: estuvo contra el bombardeo de Kosovo, a favor de un Estado palestino, contra la guerra de Iraq o contra Guantánamo. Y eso que no era muy optimista sobre el futuro; pensaba que el nuevo orden mundial será por lo menos tan injusto como el actual.

La Europa de Francisco Arroyo y Alejandro Rodríguez Carrión

Ignacio Martínez | 11 de mayo de 2009 a las 12:14

Sigo con perplejidad la campaña de las elecciones europeas. No hay por parte de socialistas o populares ni una idea sobre el futuro de la Unión, aparte de que ambos son partidarios de que siga como presidente de la Comisión Durao Barroso, cuya gestión ha sido deficiente. Ayer en el mitin del PSOE Zapatero volvió a insistir en el moderno mensaje de que esta crisis es culpa de Bush, Aznar y sus amigos neoconservadores. Y Leire Pajín sigue con la perra de que el PP nos metió en la guerra de Iraq. Estuve en contra de esa guerra, pero no podemos seguir hablando de lo mismo ¡seis años después! Por su parte, Rajoy, para no ser menos, también tiró ayer de su fondo de armario favorito: Zapatero es incapaz de sacarnos de la crisis y España no puede seguir así. La cosa no da para más.

El sábado se celebró el día de Europa, en recuerdo del 9 de mayo de 1950, cuando el ministro de Exteriores de Francia Robert Schumann propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. La Guerra Mundial había producido entre 1939 y 1945 en suelo europeo 36 millones y medio de muertos, civiles más de la mitad. Así se entiende que Schumann iniciara su discurso proponiendo la integración europea en nombre de “la paz mundial”.

Con motivo del día de Europa, el Consejo Andaluz del Movimiento Europeo concede unos premios a andaluces destacados por su europeísmo. Este año el Premio Blanco White ha sido para dos ilustres malagueños, el presidente de la Audiencia, Francisco Arroyo, y el decano de Derecho, Alejandro Rodríguez Carrión. En el acto de entrega, en el Ayuntamiento de Málaga el sábado, Arroyo recordó que a diario los magistrados españoles luchan contra la delincuencia organizada y el blanqueo de capitales, resuelven litigios conyugales de matrimonios con dos nacionalidades, dictan sentencias sobre secuestro de menores por los propios padres con desplazamiento a otro estado, emiten órdenes europeas de detención, estudian insolvencias de empresas con intereses en varios estados comunitarios… Ésta es la Europa real.

Como la del Derecho, al que ha dedicado toda su vida docente e investigadora Rodríguez Carrión dilecto discípulo del profesor Carrillo Salcedo, en cuyo departamento de Derecho Internacional Público trabajó en Granada, Madrid y Sevilla, antes de ser catedrático en Málaga. Además de sus muchos méritos académicos, en Alejandro destaca su dedicación particular a la defensa de los pueblos más débiles del planeta. Sencillamente porque tienen los mismos derechos que los más fuertes. Estos valores de la civilización, las libertades y la paz son los que Europa representa en el mundo. Ésa es la Europa de Francisco y de Alejandro. Me gustaría notar antes de que termine la campaña, que es también la de nuestros dirigentes políticos.

Alejandro Rodríguez Carrión y Francisco Arroyo, premio Blanco White del Consejo Andaluz Movimiento Europeo

Ignacio Martínez | 18 de abril de 2009 a las 10:05

El Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, del que formo parte, ha otorgado el Premio Blanco White de 2009 al catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad de Málaga Alejandro Rodríguez Carrión y al presidente de la Audiencia Provincial Francisco Arroyo. Este premio ha sido instituido para homenajear a aquellos andaluces que se hayan distinguido por la defensa de la Unión Europea y sus valores de civilización, derechos humanos y democracia, simbolizados en la figura de Blanco White.

Arroyo y Rodríguez Carrión fueron los creadores en 1996 del prestigioso Master de Derecho Comunitario de la Universidad de Málaga y fundaron la Asociación para el Estudio del Derecho Comunitario de Málaga, ADECOM. Pero ambos tienen muchos más méritos, además de una extraordinaria categoría personal. 

Francisco Arroyo fue designado por el Consejo General del Poder Judicial profesor y más tarde coordinador de cursos de formación para jueces de los países del Este que se han adherido en 2004 y 2007 a la Unión Europea. Ha sido pionero en la presentación de cuestiones prejudiciales ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Primero como magistrado y después como presidente de la Audiencia Provincial, ha impulsado y dirigido cursos de Derecho Comunitario para el personal de la administración de justicia de Málaga. Y es autor de numerosos estudios doctrinales sobre diferentes normas de Derecho Comunitario, como la directiva que regula la multipropiedad.

Alejandro Rodríguez Carrión ha dedicado a la enseñanza, docencia e investigación del Derecho Comunitario buena parte de su dilatada carrera universitaria, desde 1973. Lo ha hecho en las universidades de Granada, Autónoma de Madrid y Sevilla. También en Málaga, como catedrático de Derecho Internacional Público de la UMA desde 1982. De su contribución doctrinal destacan, entre otros, estudios como El Parlamento Europeo tras la reforma del Tratado de la Unión Europea y su manual Bases de Derecho Comunitario Europeo, que ya va por su tercera edición. Ha sido organizador, junto al Ilustre Colegio de Abogados de Málaga, de varios congresos de Derecho Comunitario.

El Premio se entregará en el salón de los espejos del Ayuntamiento de Málaga el 9 de mayo, Día de Europa. El año pasado, el Consejo Andaluz del Movimiento Europeo concedió el Premio Blanco White a todos los eurodiputados andaluces que han formado parte del Parlamento Europeo, con motivo del 50 aniversario de la Cámara.