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Aldrin, Collins y Armstrong con Obama, como si fueran Athos, Portos y Aramis visitando a D’Artagnan

Ignacio Martínez | 22 de julio de 2009 a las 9:02

 

No sé si se han fijado que están de muy buen uso los tres primeros astronautas que fueron a la Luna. Los tres mosqueteros han vuelto. Ahí tienen a Adwin Aldrin, Michael Collins y Neil Armstrong junto al presidente Obama. Los tres son del curso del 30, tienen la misma edad. Aldrin tiene los 79 desde enero, Armstrong los cumple dentro de dos semanas y Collins en octubre. Seguro que se han ganado bien la vida. Amstrong y Collins han presidido y dirigido empresas dedicadas a la tecnología, la electrónica o la defensa. Aldrin se ha dedicado a los libros y las conferencias. Es el que se vistió más costeado para ver al presidente Obama, aunque los tres seguro que han saludado a todos los presidentes desde Nixon para acá y estas cosas ya no les impresionarán. Pero vean el traje azul con tres botones de Aldrin y su corbata estampada, frente a la sobriedad de las de sus compañeros de aventura.

El más informal en el salón oval fue Collins, con la mano izquierda en el bolsillo, chaquetilla azul y pantalón gris, el más delgado de los tres. Se le ve en forma a este militar de formación que llegó a coronel de la fuerza aérea, nacido en Roma un 31 de octubre. Fue el único de los tres que en 1969 no bajó a la Luna; se quedó en la nave de mando. Armstrong es el que tiene menos canas. Es rubio o lo era. Se adivina que debajo del traje está más fondón que Collins. Es el más introvertido de los tres, vive en el campo en su Ohio natal. Después de haber sido el primer hombre en pisar la Luna, ha sido profesor de universidad y directivo de empresas. Aldrin también está algo fondón, pero a los tres se les ve condenadamente felices.

En fin esta alineación de Armstrong, Aldrin y Collins, forma parte del inconsciente colectivo de mi generación. Ahí los tienen, vivos y de buen uso, como si fueran Athos, Portos, Aramis visitando a su amigo D’Artagnan.

 

Fútbol, política y cintas de vídeo

Ignacio Martínez | 24 de enero de 2009 a las 11:25

 

 

El fútbol no quiere saber nada de los vídeos. Que se equivoquen los árbitros no tiene mucha importancia, siempre que se equivoquen de parte del equipo grande. O sea, a favor del Real Madrid y en contra del Osasuna. Por el contrario, es curiosa la afición de algunos políticos a grabarle a sus amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales o compañeros del partido. Ya saben que esta era la descripción que el viejo Giulio Andreotti hacía del mayor o menor afecto que generan las relaciones humanas en la vida. Pues ahí los tienen. Al presidente Nixon, que se presentaba a la reelección en 1972 contra un candidato fácil, el senador George McGovern, le pudo su naturaleza y su equipo mando asaltar el cuartel general de los demócratas. Después quiso tapar el escándalo y lo enredó hasta que tuvo que dimitir. Puesto a grabar, Nixon se grababa hasta sus propias conversaciones en el despacho oval de la Casa Blanca y ésto fue lo que le perdió. Lo pillaron.

Lo de Madrid no está claro quién lo encargó, pero sí sabemos que había una unidad de seguridad en la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid particularmente curiosa. Todo el mundo repite de momento la misma frase: “yo no he sido”. Pero aquí se ha espiado a consejeros amigos y enemigos de la presidenta Aguirre, e incluso algún enemigo mortal, como el número dos de Gallardón. Pero todavía no han pillado al padrino o madrina de esta banda.

Cómo está la capital del reino. Al Real Madrid se le cuelan compromisarios de mentira en su asamblea, en la Comunidad de Madrid unos ex agentes de la guardia civil entran en los despachos para llevarse ordenadores y papeles, y los árbitros se equivocan y en vez de pitarle a un jugador del Osasuna dos penaltis a favor, le sacan dos tarjetas y lo expulsan. Para no dejar a nadie en el paro, con la que está cayendo, en vez de disolverse, los servicios de espionaje que trabajan en Madrid deberían ejercer su labor en otros terrenos, por ejemplo en los partidos de fútbol: grabando todas las jugadas y contando en un tiempo récord a los árbitros qué ha pasado en cada lance complicado. Pero ahí les tienen, cada uno empeñado en el error. Los políticos por exceso y los del fútbol por defecto.

Los calcetines de Bombay

Ignacio Martínez | 23 de enero de 2009 a las 9:41

 

Estaba Esperanza Aguirre dirigiendo el asedio a Caja Madrid, pertrechada con el casco y el chaleco antibalas, con los calcetines de Bombay llenos del barro de la nieve madrileña que se derrite sucia, cuando un diario advirtió que tenía un agujero en su servicio secreto. Si las armas las carga el diablo, imagínense quién inspira a los aparatos de espionaje, que llevan a cabo misiones que, si se descubren, sus instigadores negarán toda relación con los hechos y con sus autores. La presidenta de la Comunidad de Madrid preparó con esmero su primera salida a la palestra, y lo hizo con la profesionalidad que la caracteriza. Aguirre negó, como no podía ser de otra manera, que tuviera relación alguna con los hechos y se declaró la primera perjudicada. Pero este Madridgate es ya un escándalo mayúsculo, que en cualquier país de Europa le costaría el puesto a mucha gente.

En Estados Unidos, ocurriría otro tanto. La afición del presidente Nixon por espiar a sus rivales llevó a unos antiguos miembros de la CIA a asaltar, en 1972, el cuartel general del Partido Demócrata en el edificio Watergate. El intento de encubrir aquella torpeza le costó la Presidencia a Nixon en el 74. Pero él no tenía la sonrisa de Aguirre. Era un tipo de malhumorado, como retrató Joe McGinniss en Cómo se vende un presidente. Otra diferencia de aquel caso con éste es que las víctimas de los seguimientos de Madrid no son adversarios políticos, sino dos consejeros de la propia Aguirre. Y, eso sí, un enemigo mortal, de su propio partido: el número dos de Gallardón.

Esta mujer tiene una fijación enfermiza con el alcalde de Madrid. Es un problema para el PP y para el conjunto de este país, porque Gallardón es el único político español capaz de ganarle ahora unas elecciones a Zapatero. Pero Esperanza quiere el puesto para ella. Por eso se propone echar a Blesa de la presidencia de Caja Madrid, a Rajoy de la presidencia del PP, a Gallardón de la carrera por la sucesión. Llueve sobre mojado. Aguirre llegó a la Presidencia de Madrid en 2003, después de que alguien, no se sabe quién, comprara no se sabe por cuánto, a dos diputados del PSOE, Tamayo y Sáez. Se repitieron las elecciones y las ganó ella en una segunda convocatoria, en un caso inédito en la democracia española. De los instigadores de aquella conspiración nunca más se supo. Pero Simancas, que habría sido presidente con los votos de Izquierda Unida, se quedó compuesto y sin nada.

Tengo un amigo que suele hacer la broma de que la Unión Europea no pinta nada en el mundo porque no tiene servicios secretos. Un gobierno que se precie tiene que tener espías, sostiene. Pero ya ven, los gobernantes no pueden presumir de estas cosas. En el escándalo madrileño el más beneficiado ha sido el cuartel general de Caja Madrid. La presidenta ha tenido que abandonar el asedio para defenderse del Madridgate. Con los calcetines de Bombay hechos unos zorros.