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Instituciones amortizables

Ignacio Martínez | 31 de mayo de 2010 a las 16:08

El consejero de Gobernación es muy partidario de que existan las diputaciones. Sostiene, en una entrevista en El País, que sin ellas los pequeños ayuntamientos no podrían sobrevivir. Enternecedor. No dice, pero lo sabe, que el servicio de las ocho diputaciones andaluzas a los pequeños municipios nos cuesta a los contribuyentes unos dos mil millones de euros al año. Y tampoco dice que el partido que gobierna en todas las andaluzas es el suyo, el socialista. Y, desde luego, Luis Pizarro sabe que las diputaciones son una fuente de poder, influencia, favores y empleo nada desdeñable. Reparten dinero y no dan disgustos a los ciudadanos.

Alcaldes que fueron presidentes de diputación, como Monteseirín en Sevilla, De la Torre en Málaga o Rodríguez-Comendador en Almería, añoran aquellos tiempos felices, cuando no tenían apuros presupuestarios, ni presión social alguna. Por eso, PSOE y PP las cuidan como oro en paño. A ninguno le ha importado quitar del Estatuto de autonomía el artículo 4.4 que estableció en 1981 que las diputaciones serían la administración periférica de la Junta. Socialistas y populares coinciden en que las diputaciones están en la Constitución y ahí deben seguir. A Baltar (PP) le ha servido la de Orense para crear una dinastía política, por poner un ejemplo lejano. Y el PSOE se maridó con Enciso para conseguir la de Almería, por citar un caso próximo.

Ha crecido tanto la administración periférica de la Junta, que le sería fácil ocuparse de los pequeños y de los grandes municipios. Pero qué se le va a hacer, el consejero del ramo es muy partidario de una fórmula que cuesta al erario público español 23.650 millones de euros al año, en esta época de escasez. Pizarro es el padre de una ley de autonomía local que aprobó el Parlamento andaluz la semana pasada. En teoría, las diputaciones deberían convertirse en empresas de servicios, que atenderían a los ayuntamientos a petición y cobrarían sus trabajos. Un nuevo papel en el que estarían en competencia con empresas privadas, con lo que su prestación tendrá que ser asequible y eficiente. Ya veremos si se lleva a cabo.

Lo mejor sería integrar estas instituciones en las administraciones autonómicas y simplificar el aparato burocrático del país. Pero como el que no se consuela es porque no quiere, les añadiré que esto pasa en todas partes. En 1947 se creó un organismo con sede en París, para repartir los 13.000 millones de dólares del Plan Marshall. Cuando cuatro años después terminó su trabajo con éxito, los allí presentes, embajadores, altos funcionarios y personal diverso, tenían claro que se querían quedar en la capital francesa. Y así surgió una década después la OCDE, que hoy día tiene 1.700 trabajadores de todas clases y cuya función de asesoramiento y guía espiritual de la economía mundial es perfectamente amortizable. Como las diputaciones españolas.

Manifiesto contra la acción israelí

Ignacio Martínez | 17 de enero de 2009 a las 23:36

”Manifestación

Este es el manifiesto contra el ataque israelí en Gaza de la manifestación de hoy en Madrid. Israel ha decretado un alto el fuego “unilateral”. Se han cansado de matar. Bendito sea Dios. O benditos sean los dioses: el de los judíos, el de los cristianos y el de los musulmanes. Y, sobre todo, benditos sean los muertos que nos va a ahorrar esta tregua. El problema ahora es que si 1.200 palestinos han muerto, ¿cuántos terroristas han nacido? 

“No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza. No es una represalia, no son los cohetes artesanales que han vuelto a caer sobre territorio israelí sino la proximidad de la campaña electoral lo que desencadena el ataque. No es la respuesta al fin de la tregua, porque durante el tiempo en el que la tregua estuvo vigente, el ejército israelí ha endurecido aún más el bloqueo sobre Gaza y no ha cesado de llevar a cabo mortíferas operaciones, 256 muertos en los seis meses de supuesto alto el fuego, con la cínica justificación de que su objetivo eran miembros de Hamas. ¿Acaso ser miembro de Hamás despoja de condición humana al cuerpo desmembrado por el impacto del misil y al supuesto asesinato selectivo de su condición de asesinato sin más?

No es un estallido de violencia. Es una ofensiva planificada y anunciada hace tiempo por la potencia ocupante. Un paso más en la estrategia de aniquilación de la voluntad de resistencia de la población palestina sometida al infierno cotidiano de la ocupación en Cisjordania y en Gaza a un asedio por hambre cuyo último episodio es la carnicería que en estos días asoma en las pantallas de nuestros televisores en medio de amables y festivos mensajes navideños.

No es un fracaso de la diplomacia internacional. Es una prueba más de complicidad con el ocupante. Y no se trata solo de Estados Unidos, que no es referencia moral ni política, sino parte, la parte israelí, en el conflicto; se trata de Europa, de la decepcionante debilidad, ambigüedad, hipocresía, de la diplomacia europea.

Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar sin que pase nada. La impunidad de Israel no se cuestiona. La violación continuada de la legalidad internacional, los términos de la Convención de Ginebra y las mínimas normas de humanidad, no tiene consecuencias. Más bien, al contrario, parece que se premia con acuerdos comerciales preferentes o propuestas para el ingreso de Israel en la OCDE. Y qué obscenas resultan las frases de algunos políticos repartiendo responsabilidades a partes iguales entre el ocupante y el ocupado, entre el que asedia y el asediado, entre el verdugo y la víctima. Qué indecente la pretendida equidistancia que equipara al oprimido con su opresor. El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan pero ayudan a justificar el crimen. Y a perpetuarlo.

En Gaza se está perpetrando un crimen. Lleva tiempo perpetrándose ante los ojos del mundo. Y quizá dentro de unos años alguien se atreva a decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos”.