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El hombre predestinado

Ignacio Martínez | 17 de diciembre de 2008 a las 12:37

 

Treinta días y 30 noches después de su congreso, Izquierda Unida ha anunciado que tiene un nuevo coordinador general, que sustituye a Gaspar Llamazares. Parece un hombre predestinado. Cayo Lara, auspiciado por el aparato del Partido Comunista, ha ganado la elección a dos candidatos cuyos nombres no les ayudaban a convertirse en líderes nacionales. España no es la América de Obama. Los otros eran Eberhard Grosske y Joan Josep Nuet. Estados Unidos puede tener un presidente negro, pero quizá en la España actual los obreros, los despedidos de sus trabajos, los jóvenes hipotecados y los que ansían la igualdad, a quienes se dirige el nuevo jefe de IU, no están en disposición de entusiasmarse por un señor llamado Eberhard o Joan Josep. Desgraciadamente. Aquí somos de nombres más corrientes, como Adolfo, Felipe, José María o José Luis. Hasta el clásico Leopoldo fue un accidente.

Por su sonido, Cayo tampoco ayuda en el terreno de los significados. Puede confundirse con callo, término que ofrece contradictorias interpretaciones. Por el lado oscuro, dureza, fealdad o cicatriz. Por la vertiente positiva, dar el callo es trabajar mucho; y en Cuba, no doler ni los callos quiere decir gozar de muy buena salud. Pero con la y griega que le corresponde, su nombre tiene un significado más simbólico: un cayo es una isla rasa, arenosa, frecuentemente anegadiza y cubierta en gran parte de mangle, muy común en el mar de las Antillas y en el golfo mexicano. Y eso es IU en el actual océano político español. Una isla rasa, anegada por un sistema electoral que castiga a un partido que saca un millón de votos y tiene dos diputados, mientras el PNV con 300.000 votos consigue seis escaños.

Las raíces de la división en la familia comunista no tienen nada que ver con los arbustos antillanos, sino con una tradición que está muy explicada en Bucarest. Este documental es un homenaje de Albert Solé sobre la memoria perdida de su padre, Jordi Solé Tura, antiguo dirigente comunista y uno de los padres de la Constitución, que está enfermo de Alzheimer. Uno de los momentos más simpáticos de esta tierna película es el protagonizado por los hijos de dos de los máximos dirigentes catalanes del siglo XX, el escritor Sergi Pàmies, hijo de Gregorio López Raimundo, y Albert Solé. Pàmies cuenta que si entran cuatro comunistas en una habitación, a la media hora hay una escisión.

Eso sería antes; Cayo no tiene tanto margen. Precisamente, su nombre evoca tiempos pasados. Se llama igual que Cayo Julio César, el patricio militar y político que acabó con la república en la Roma imperial. Pero sobre todo, suena a antiguo su discurso invocando la huelga general. Pasionaria, de la que es un admirador, y Carrillo se llevaron toda la dictadura de Franco soñando con la huelga general política. Y Cayo Lara, el hombre predestinado, empieza por ahí.

Vascos, bobadas y fútbol

Ignacio Martínez | 29 de junio de 2008 a las 23:19

Eurocopa

Íñigo Urkullu, el presidente del PNV, es de Bilbao. Como aquel del chiste, que se fue a afeitar y le dijo al barbero que lo hiciera a pelo, sin espuma de jabón. Preguntado por la Eurocopa, Urkullu contestó que como Euskadi no estaba, iba con Rusia. El fútbol lo domina todo. Tanto, que Ibarretxe y Urkullu han elegido un mal momento para su audaz y vil plan de secesión. En plena euforia por el éxito de la selección de fútbol, el orgullo español está a flor de piel. El balompié todo lo aglutina.  

 En vísperas del Mundial del 98 el líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen dijo que la selección francesa estaba llena de negros y moros, que no representaban a la nación. Francia entera le desmintió; tras la victoria vitoreó a sus jugadores como a héroes. Con la victoria de España en la Eurocopa ha ocurrido la misma identificación. Pero siempre hay quien mete la pata. Urkullu iba con Rusia y el presidente de Esquerra Republicana de Cataluña, Joan Puigcercós, apoyaba a Turquía. Aunque ha habido seis jugadores nacidos en Cataluña en el equipo nacional. Y cuatro andaluces, cuatro madrileños, dos valencianos, dos asturianos, un vasco, un canario, un castellano-manchego, un castellano leonés y un brasileño nacionalizado. Veintitrés españoles. 

 El fútbol ha sido un recurso dialéctico contra el referéndum organizado por PNV y EA, junto a la franquicia vasca de Izquierda Unida. Son curiosas las dimisiones sucesivas del PCE. Pasó de partido a movimiento en 1986, ocultó su ideología comunista y ahora abjura de su condición de español. El ministro del Interior, Rubalcaba, ha utilizado varios símiles futbolísticos para descalificar al lehendakari: “Se ha metido un gol en su propia portería”; “se tira en el área, para engañar al árbitro”. Es peor. Ibarretxe había asegurado que nunca convocaría esta consulta sin un alto el fuego de los terroristas e Íñigo Urkullu prometió que en el texto a votación en el Parlamento vasco se condenaría a ETA. Falso por partida doble.  

El PNV está a punto de tirar por la borda una trayectoria democrática de 113 años. Es innoble convocar esta consulta con el beneplácito de un terrorismo activo, que mata, extorsiona y amenaza al conjunto de la sociedad. Y el derecho a decidir es un concepto ambiguo: llevado hasta sus últimas consecuencias, nadie podría impedir a alaveses o vizcaínos separarse de una supuesta Euskadi independiente. Y pueblos, barrios y hasta bloques se autodeterminarían de un lado o de otro. La mesiánica propuesta de Ibarretxe llevaría a un queso de gruyère. Igual que el fútbol, la democracia constitucional también tiene sus reglas.  

Ayer, Urkullu no se atrevió a decir que iba con Alemania, harto de las críticas que le han llovido por su pasión rusa. “Bobadas”, aseguró. Como el del chiste, el jefe del PNV no es del mismo mismo Bilbao, sino de un pueblo de al lado. El del cuento acabó pidiendo jaboncillo para la cara y Urkullu deseó que ganara el mejor. Pero la mejor fue España. Qué bobo.