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Peces-Barba, la convivencia pacífica

Ignacio Martínez | 25 de julio de 2012 a las 11:42

Ha muerto Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución. Ya fallecieron antes que él Gabriel Cisneros en 2007, Jordi Solé Tura en 2009 y Manuel Fraga este año. Sólo quedan vivos tres de los siete redactores de la Carta Magna española de 1978, el gaditano Pérez-Llorca, Roca Junyent y Herrero de Miñón, los tres de la quinta del 40. La muerte de personalidades tan señaladas nos envejece y nos empobrece a todos. Catedrático de Filosofía del Derecho, Peces-Barba fue diputado en las tres primeras legislaturas y presidente del Congreso entre 1982 y 1986. Por cierto, prohibió fumar en el hemiciclo a pesar de ser un gran aficionado a los habanos.

Antes de ser congresista había sido fundador de Cuadernos para el Diálogo, con Joaquín Ruiz Giménez en cuyo partido Izquierda Democrática militó, para más tarde entrar en el PSOE. Cuando dejó de ser diputado fue el fundador de la Universidad Carlos III. Y entre 2005 y 2006 ejerció como Comisionado para la Atención a las Víctimas del Terrorismo, un puesto que le produjo sinsabores por la colisión con la militancia política extrema de dirigentes de alguna asociación. Me asombra que aquellas reticencias se utilizasen ayer para denigrar su memoria en internet.

Somos muy considerados con los muertos en este país. Es una pena que no sepamos dar homenajes en vida, aunque Peces-Barba participó en 2005 en uno de esos raros eventos; el que se hizo por sorpresa a Santiago Carrillo en su 90 cumpleaños. Hace pocos meses mostró su enorme pesar por la muerte de Fraga a quien admiraba “por su cultura y decencia”, cita textual. Una rara avis un español capaz de considerar a las personas por lo que valen y no por lo que piensan. En 2005 escribí de él -en vida- que parecía un sabio bueno, por su talante personal, por su capacidad intelectual y quizá también por su edad; entonces tenía 67 años. Su receta para la vida política española era sencilla: la convivencia pacífica.

Lo que no impedía practicar una franqueza que a veces molestaba. En octubre de 2011, en un congreso de abogados en Cádiz, hizo una broma desafortunada que levantó indignación en Cataluña. Se preguntó en voz alta sobre los intentos de secesión de Portugal y Cataluña en 1640, y se cuestionó si nos habría ido mejor con Portugal y sin Cataluña. Añadió que esta vez no sería necesario bombardear Barcelona. Alusión al general Espartero, que dijo en 1842 que para gobernar España había que bombardear Barcelona cada cincuenta años. Peces- Barba pidió disculpas sin éxito. Le dijeron de todo menos bonito.

Contrario al pacto fiscal que reclama Cataluña, aunque partidario de Carmen Chacón que lo pidió en las elecciones de 2008, me admitió en una entrevista que pudo ser un error recoger en la Constitución los privilegios fiscales de vascos y navarros. Todos tenemos contradicciones, pero pocos tanta grandeza como don Gregorio. Descanse en paz.

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Error, humor y secesión

Ignacio Martínez | 30 de octubre de 2011 a las 14:28

Una broma desafortunada de Peces-Barba, dicha en Cádiz en un congreso de abogados, ha levantado una santa indignación en Cataluña, en donde le han dicho al ponente socialista de la Constitución de todo menos bonito. Sorprende, sin embargo, que los catalanes tengan tanta facilidad para darnos lecciones a los demás, como quien no quiere la cosa, y tan poca cintura para probar su propia medicina. Mas y Duran en el plazo de pocos días han hecho bromas muy serias sobre lo analfabetos y vagos que somos los andaluces. Porque no otra cosa son las alusiones a que no se entiende el habla de los niños sevillanos y malagueños, y que los jornaleros que cobran el PER están todo el día en el bar del pueblo, rascándose la barriga.

Peces hizo una broma que creyó intrascendente, pero no lo era, sobre los intentos de secesión de Portugal y Cataluña en 1640, y se preguntó si nos habría ido mejor con Portugal y sin Cataluña. Lo que no pasa de ser una boutade. Podría haber mezclado también la conspiración independentista de Andalucía, urdida por el duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte, que es de la misma época, y haber jugado con los tres territorios, a ver cuál descartaba.

Más inoportuna es la alusión a que esta vez no será necesario bombardear Barcelona. Un colega catalán la vincula con el general Espartero cuando dijo en 1842 que para gobernar España había que bombardear Barcelona cada cincuenta años. Peces-Barba ha pedido disculpas, sin éxito. La santa indignación no se da por satisfecha. Ataque inadmisible a la dignidad de Cataluña, enorme hijo de puta y barbaridad intolerable, es la reacción de CiU, Esquerra y el PSC ante el desliz. Poco seny y mucha impostura, como ven.

¿Este es el listón para los próximos incidentes? Esta semana, el Parlamento andaluz ha calificado de insulto al pueblo andaluz la frase de Duran sobre el PER, en un debate en el que PSOE y PP se pelearon de manera ridícula para dirimir quién defendía mejor a Andalucía. Como empecemos a echarnos en cara unos a otros los tópicos acumulados durante siglos, podemos acabar como en la antigua Yugoslavia, todos contra todos. Habría que gastar un poco más de sentido del humor. Sin ánimo de señalar, ¡es gratis!

Salida a hombros

Ignacio Martínez | 21 de septiembre de 2009 a las 6:25

Zapatero está en horas bajas, pero los suyos lo han sacado a hombros del Comité Federal del sábado, como pronosticó hace unos días en esta página José Aguilar. El portavoz socialista en el Congreso sostiene que se ataca al líder del PSOE porque es vital para ganar elecciones. Es un argumento reversible: los socialistas cierran filas en torno a su líder, porque es vital para ganar elecciones. Para algunos, incluso, Zapatero y su entorno son vitales para ir en las listas, aunque las elecciones se pierdan. El nivel de preparación, experiencia y espíritu crítico de quienes dedican a la política está en declive: en la primera legislatura del Parlamento andaluz (1982) había diputados que eran catedráticos de universidad, notarios o abogados del estado. Ahora no hay ninguno.

Es cierto que esta crisis de imagen del presidente del Gobierno ha llegado con muchísima prisa, acelerada por el enfado del primer grupo de comunicación de España, por las decisiones de Zapatero en materia audiovisual, que perjudican sus intereses. Pero también lo es que Zapatero cada vez toma más decisiones en solitario en la cúspide del poder. Y después está la compañía del líder socialista español. En agosto Gregorio Peces Barba, ex presidente del Congreso de los Diputados y redactor socialista de la Constitución, criticó en un artículo la bisoñez con la que se toman algunas decisiones en el Gobierno, lo atribuía a la preferencia de Zapatero por la juventud sobre la experiencia.

Este fin de semana, otro representante de la vieja guardia, el guerrista Rodríguez Ibarra, escribía que los jóvenes dirigentes zapateristas actuales pueden quedar como “una generación perdida y silenciosa”, si no aportan ninguna idea. Nadie chista al líder. No hay que alarmarse; tampoco era fácil cuando Guerra era el jefe del partido. Joaquín Almunia relata en sus Memorias políticas (Aguilar 2001) una conversación, posterior a las elecciones de 1986, entre el entonces vicepresidente del Gobierno y vicesecretario general del partido, Alfonso Guerra, y el presidente de la Junta de Andalucía Rodríguez de la Borbolla.

-¿Qué hay que hacer para merecer tu confianza?, preguntó Borbolla.

-Situarse de este lado de la raya, respondió Guerra.

-¿Dónde está la raya?

-La raya se mueve.

-¿Y cómo sabemos hacia dónde?, indagó inquieto Borbolla.

-Eso lo voy decidiendo yo en cada momento, concluyó Guerra.

Ahora la política se ha profesionalizado de tal manera que los cuadros son técnicamente funcionarios del partido, que para garantizar su permanencia y ascenso practican un descarado culto a la personalidad del líder. Un problema que no es privativo del PSOE. Así, cuando el líder se equivoca, el batacazo está asegurado. Y la depresión.