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El novio de Penélope

Ignacio Martínez | 26 de mayo de 2010 a las 10:51

No sé si se habrán percatado de que estamos en primavera. Porque con la crisis económica, el ajuste presupuestario, el hundimiento de la Bolsa, el fracaso de la fusión de Unicajasur, la tensión entre las dos Coreas o el déficit en la zona euro, aquí el único que nos ha recordado que estamos en la más romántica estación del año es Javier Bardem. El domingo, tras recibir la palma al mejor actor del Festival de Cannes, le dedicó el premio a su pareja, Penélope Cruz: “A mi amiga, mi compañera, mi amor. Penélope: te debo muchas cosas y te quiero mucho”. Que levante la mano quien no lo haya visto en la televisión entre el domingo y el lunes. Que levante la mano, si no, quien crea que Penélope conocía la dedicatoria. O que levante la mano quien no se emocionara con las lágrimas de la destinataria.

Hace buenas dedicatorias este Bardem, que empezó el domingo con la pantomima de que no sabe francés, desdoblando un papelito en el estaba escrito, para no olvidarlo, “bonsoir, merci beaucoup”. Para después elogiar la película Biutiful del mexicano González Iñárritu y lanzarse a su apasionada declaración de amor hacia su novia, amiga, compañera… Cuando consiguió el Oscar en 2008 por su papel en No es un país para viejos de los hermanos Coen, ya lo bordó: “Mamá, esto es para ti. Esto es para tus abuelos, para tus padres, Rafael y Matilde. Esto es para los cómicos de España que han traído la dignidad y el orgullo a nuestro oficio. Esto es para España”. En fin, un gran componedor de dedicatorias. Ésta es una de las más fructíferas industrias literarias de Estados Unidos. Hay actores que pagan fortunas a guionistas para que les fabriquen informales, espontáneos y geniales agradecimientos. Pero da la impresión que Bardem se inventa los suyos gratis, con el corazón y sin necesidad de escribirlos en papel alguno.

Es de agradecer que triunfen algunos españoles en el mundo, dado el fracaso estrepitoso de la presidencia española de la Unión Europea, en la que ni se pudo hacer una cumbre euromediterránea, ni se pudo recibir a Obama en Madrid como a Eisenhower en el 59. De hecho, uno de los principales fiascos de esta presidencia que empezó con tantos humos ha sido la inexistencia del acontecimiento planetario protagonizado por dos líderes progresistas a ambos lados del Atlántico. Eso sí que es una cursilería y no las dedicatorias del novio de Penélope. Tras el éxito de Bardem, la única manera de mantener el pulso de la autoestima nacional es que Nadal gane Roland Garros, Contador consiga su tercer Tour o la Selección se proclame campeona mundial en Suráfrica. Estamos en manos de deportistas al aire libre. No está mal, para salir de las angustias de las sotánicas fusiones.

Vicky Cristina Andalucía

Ignacio Martínez | 24 de septiembre de 2008 a las 12:54

 

”Penélope,

No sé si conocen el chiste de los leperos que van a ver al Papa para proponerle que en la misa introduzca una alusión a la fresa de Lepe. Le ofrecen millones de euros, pero Su Santidad se niega, obviamente. La embajada lepera parte decepcionada; y lo peor es que no se lo explican: “¿Cuánto le habrán pagado los del cordero de Dios?”. Lo mismo pienso de la última película de Woody Allen. Cuánto le habrán pagado los ayuntamientos de Barcelona y Oviedo para que les haga semejantes publirreportajes en su Vicky Cristina Barcelona.

La prensa catalana y asturiana celebra con entusiasmo el reclamo turístico mundial que la película va a significar para sus capitales. Me alegro por ellos, la verdad: esto es lo que se llama un marketing en condiciones. Nuestra capital regional también sale, pero menos. Cuando Rebecca Hall se casa con su novio rico, se va de viaje de novios a Sevilla. Que es citada dos veces, una cuando se marchan y la segunda cuando vuelven diciendo que es una ciudad maravillosa, pero no se ve ni un plano. Aquí ha fallado la mercadotecnia de Alfredo Sánchez Monteseirín, o la de Francisco de la Torre, que podía haber ofrecido un dinero para que se rodara en la casa natal de Picasso, o Torres Hurtado hacer lo propio con la Alhambra.

No crean que me pongo muy turístico, porque lo que sale de Barcelona es todo de postal: la colección completa de Gaudí, Sagrada Familia, La Pedrera, el Parque Güell, y una pizca de la obra de Joan Miró. Lo mismo pasa en Oviedo, con San Miguel de Lillo o Santa María del Naranco. Pero la propaganda va más allá. El personaje que interpreta la Hall viaja a Barcelona para estudiar la identidad catalana. Como suena. Parece que en el guión original se limitaba a interesarse por la gastronomía catalana, pero que la Generalitat, a la hora de subvencionar la película, insinuó un pequeño cambio en el guión para mayor gloria mundial de su causa nacional.

La música es otra historia. A un grupo llamado Giulia y los Tellarini le ha tocado la lotería, porque se repite una y otra vez su canción Barcelona, de dudoso gusto, por cierto. Dejaron la maqueta en el hotel, por si colaba, y le gustó al director. Andalucía cobra protagonismo en la banda sonora, con la presencia del guitarrista cordobés Juan Serrano, el algecireño Paco de Lucía, con su rumba Entre dos aguas, y el Granada de Isaac Albéniz. Está visto que no se puede dar sabor español a un producto de exportación sin que suene andaluz.

La película cuenta las difíciles relaciones sentimentales entre un grupo de jóvenes americanos y españoles. Carlos Colón recomienda verla en versión original para no perderse los diálogos en inglés y español. También dice en su excelente crítica que Penélope Cruz “se come con patatas” a Scarlett Johansson. Estoy de acuerdo. Pero en fin, esa ya es otra historia más, y la pueden ver en el cine.