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La sonrisa del régimen

Ignacio Martínez | 11 de junio de 2008 a las 9:48

Aído

 Bibiana Aído se ha distinguido en los dos meses que lleva en el Gobierno por dos cosas: sonríe con desenvoltura y coloca una a final en cualquier palabra. Lo de la sonrisa no es una novedad de género. En otros tiempos fueron ministros varones los que ejercieron este papel. Y por alguna extraña razón, siempre le toca a un andaluz el cometido. Ocurrió hasta un régimen hosco y sombrío como la dictadura de Franco, con un cordobés tan campechano que era conocido por su nombre familiar: Pepe Solís, ministro secretario general del Movimiento era la sonrisa del régimen. Es famosa una fogosa intervención suya en las Cortes de los 60, para defender una ley que disponía más tiempo para el deporte en detrimento de otras materias. “Menos latín y más deporte, porque, ¿para qué sirve hoy el latín?”, clamó el ministro. Su desatino tuvo su merecido. Un procurador culto, catedrático de Filosofía, Adolfo Muñoz Alonso, le contestó: “Por de pronto, señor ministro, sirve para que a ustedes, los de Cabra, les llamen egabrenses y no otra cosa”.

En la democracia, hemos tenido ministros manifiestamente más simpáticos que sus jefes. El caso más paradigmático es el de Javier Arenas, titular de Trabajo, Administraciones Públicas y vicepresidente del Gobierno con Aznar. Su carácter extrovertido le convirtió en el ministro campeón de los Guiñoles. Y ahora Zapatero ha puesto otro/a andaluz/a en el escaparate de la simpatía. El lunes, Bibiana Aído soltó una ocurrencia en el Congreso: saludó a los “miembros y miembras” de la Comisión de Igualdad.

Ayer, en Los Desayunos de TVE, Nativel Preciado le pidió a la joven que tuviese cuidado con el lenguaje. La reprimenda fue severa, como de una maestra con una párvula. Y la ministra, azarada, se disculpó: dijo que viene de Centroamérica y que “allí se utiliza mucho”. En fin, otro hombre culto, un filólogo andaluz miembro de la Real Academia de la Lengua, Gregorio Salvador, ha sido menos condescendiente. Ha sugerido a Aído que se deje de “bromas de mal gusto” y que se ocupe de resolver “problemas de desigualdad preocupantes que hay en España, como las dificultades que tienen los padres en algunas comunidades para que sus hijos estudien castellano”.

Arturo Pérez Reverte ya se choteó hace años de una ley del Parlamento vasco. Una de las frases era “las miembros y los miembros afectados por posibles causas de abstención”. Y el escritor proponía cambiarla por “las miembras y los miembros afectadas o afectados por posibles causas o causos…”. En este caso, la realidad supera a la ficción. Se acordarán de “los jóvenes y las jóvenas” de Carmen Romero. Pero quizá desconozcan la frase que catapultó al estrellato a Bibiana Aído; en un mitin en Cádiz, le dijo a Zapatero: “José Luis, esa sonrisa tan bonita que tienes, tienen que verla todos los españoles”. Un acierto. Porque esa es la verdadera sonrisa del régimen democrático actual.