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Vascos, bobadas y fútbol

Ignacio Martínez | 29 de junio de 2008 a las 23:19

Eurocopa

Íñigo Urkullu, el presidente del PNV, es de Bilbao. Como aquel del chiste, que se fue a afeitar y le dijo al barbero que lo hiciera a pelo, sin espuma de jabón. Preguntado por la Eurocopa, Urkullu contestó que como Euskadi no estaba, iba con Rusia. El fútbol lo domina todo. Tanto, que Ibarretxe y Urkullu han elegido un mal momento para su audaz y vil plan de secesión. En plena euforia por el éxito de la selección de fútbol, el orgullo español está a flor de piel. El balompié todo lo aglutina.  

 En vísperas del Mundial del 98 el líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen dijo que la selección francesa estaba llena de negros y moros, que no representaban a la nación. Francia entera le desmintió; tras la victoria vitoreó a sus jugadores como a héroes. Con la victoria de España en la Eurocopa ha ocurrido la misma identificación. Pero siempre hay quien mete la pata. Urkullu iba con Rusia y el presidente de Esquerra Republicana de Cataluña, Joan Puigcercós, apoyaba a Turquía. Aunque ha habido seis jugadores nacidos en Cataluña en el equipo nacional. Y cuatro andaluces, cuatro madrileños, dos valencianos, dos asturianos, un vasco, un canario, un castellano-manchego, un castellano leonés y un brasileño nacionalizado. Veintitrés españoles. 

 El fútbol ha sido un recurso dialéctico contra el referéndum organizado por PNV y EA, junto a la franquicia vasca de Izquierda Unida. Son curiosas las dimisiones sucesivas del PCE. Pasó de partido a movimiento en 1986, ocultó su ideología comunista y ahora abjura de su condición de español. El ministro del Interior, Rubalcaba, ha utilizado varios símiles futbolísticos para descalificar al lehendakari: “Se ha metido un gol en su propia portería”; “se tira en el área, para engañar al árbitro”. Es peor. Ibarretxe había asegurado que nunca convocaría esta consulta sin un alto el fuego de los terroristas e Íñigo Urkullu prometió que en el texto a votación en el Parlamento vasco se condenaría a ETA. Falso por partida doble.  

El PNV está a punto de tirar por la borda una trayectoria democrática de 113 años. Es innoble convocar esta consulta con el beneplácito de un terrorismo activo, que mata, extorsiona y amenaza al conjunto de la sociedad. Y el derecho a decidir es un concepto ambiguo: llevado hasta sus últimas consecuencias, nadie podría impedir a alaveses o vizcaínos separarse de una supuesta Euskadi independiente. Y pueblos, barrios y hasta bloques se autodeterminarían de un lado o de otro. La mesiánica propuesta de Ibarretxe llevaría a un queso de gruyère. Igual que el fútbol, la democracia constitucional también tiene sus reglas.  

Ayer, Urkullu no se atrevió a decir que iba con Alemania, harto de las críticas que le han llovido por su pasión rusa. “Bobadas”, aseguró. Como el del chiste, el jefe del PNV no es del mismo mismo Bilbao, sino de un pueblo de al lado. El del cuento acabó pidiendo jaboncillo para la cara y Urkullu deseó que ganara el mejor. Pero la mejor fue España. Qué bobo.

Izquierda Unida nos debe una explicación

Ignacio Martínez | 1 de junio de 2008 a las 19:54

Diego Valderas

Me pregunto qué hace Izquierda Unida (Ezker Batua) apoyando el Plan Ibarretxe II. No es una ingenuidad; la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, y el coordinador regional de IU, Diego Valderas, nos deben una explicación. De la alcaldesa ya conocemos reiteradas descalificaciones de sus compañeros vascos. Por ejemplo, su espanto ante el apoyo de concejales de Ezker Batua a la alcaldesa de ANV en Mondragón. Pero ahora debe pronunciarse sobre la nueva actuación del camarada Madrazo. Y Valderas debería también definirse ante sus votantes onubenses y ante el conjunto de la opinión pública andaluza.

Javier Madrazo, un neocomunista nacido en Cantabria, educado en un seminario, se coloca al lado de los jefes nacionalistas del PNV y EA, tan campante, endosando un plan secesionista que busca y encuentra la complicidad explícita de ETA y sus brazos políticos. La propuesta del lehendakari evita condenar a la banda terrorista, para que su marca blanca PCTV la vote en el Parlamento vasco, como hicieron Otegi y dos de los suyos en diciembre de 2004 con el Plan Ibarretxe I.

Ibarretxe, con su voz meliflua, dice que los vascos tienen derecho a elegir en libertad. Con unos locos asesinos sueltos que matan, extorsionan, amedrentan, ¿qué condiciones de libertad hay para los ciudadanos? Su segundo plan es falaz de principio a fin. Como en el documento entregado hace pocos días al presidente del Gobierno, no se menciona al terrorismo por su nombre. Se vuelve a utilizar el eufemismo de la violencia de ETA. Violenta es una catástrofe natural, aquí estamos ante una banda que pretende aterrorizar a la población, a la sociedad española en su conjunto. Calificarla sólo de violenta es un acto de complicidad activa. Produce la misma desazón que todavía en la gran prensa europea ETA aparezca como una organización separatista. El objetivo secesionista es irrelevante ante la miseria moral de sus métodos mafiosos.

La muerte de Manuel Marulanda Tirofijo, el jefe de la guerrilla colombiana FARC, ha puesto de manifiesto que este viejo movimiento terrorista ha acabado siendo una organización profesional de delincuentes comunes, que secuestran niños para convertirlos a la fuerza en guerrilleros y aseguran su financiación con el narcotráfico. Este no es sólo el futuro, sino una buena parte del presente de la ETA que utiliza de coartada el presidente vasco en su nueva propuesta.

Estamos ante una banda de delincuentes comunes que cuentan con múltiples tapaderas políticas. No es posible que el tercer partido nacional (y andaluz) en número de votos sea un cómplice activo, pasivo o remoto de los asesinos terroristas. Izquierda Unida, ciertamente, nos debe una explicación a los andaluces.

El pueblo ha hablado

Ignacio Martínez | 30 de marzo de 2008 a las 21:13

Estos días andamos con resaca de las elecciones y quinielas gubernamentales. Los que han ganado no se cansan de decir que “el pueblo ha hablado”. Se les llena la boca con principios como un hombre/un voto y un gobierno que representa la voluntad soberana de los ciudadanos. Bonitos conceptos que se corresponden parcialmente con la realidad: el sistema electoral español tiene alguna consecuencia injusta. Ignoro si prosperará la iniciativa del ex diputado malagueño Antonio Romero, de IU, para que se declare anticonstitucional la Ley electoral. Pero esa iniciativa, además de jurídica, es también moral.

No puede considerarse muy ecuánime un sistema que permite al PNV sacar un diputado por cada 50.000 votos y que exige a IU 500.000 para darle un escaño. La regla de un hombre/un voto queda por los suelos. La norma electoral instaurada en el inicio de la Transición a la democracia ya está vieja. Pero de ella se aprovechan los dos grandes partidos, que son los que podrían, de común acuerdo, modificarla. Al PSOE y al PP le salen los diputados nacionales a 65.000/66.000 votos. A la UPyD de Rosa Díez, a más de 300.000. Este partido ha sacado más votos que el PNV y tiene un sólo diputado, pero los nacionalistas vascos tienen seis. Y ahora, quienes son cortejados por Zapatero para su investidura son los del PNV, que pasan el platillo con sus demandas territoriales. Mientras, el partido de Savater y Díez se queda de comparsa. Y en Andalucía el diputado le sale a PSOE o PP a 37.000 votos, a IU a 52.000 y al PA sus 123.000 no le dan un solo escaño. Pero, por el interés de las grandes partidos, tenemos un sistema de circunscripción provincial y ley D’Hondt para rato.

En esta misma página el profesor Ruiz Robledo abogaba hace unas semanas por el sistema italiano, proporcional, pero con una corrección que da una prima al ganador en votos. También hay partidarios, entre los que me encuentro, del sistema alemán, con circunscripciones territoriales y un colegio nacional. Todos los votos que no consiguieran escaño deberían de ir a un colegio nacional que asignase un cierto número de diputados. Dando por buena la frase de que “el pueblo ha hablado”,  habría que añadir que la manera de escucharlo es mejorable y claramente desfavorable para las minorías.

Pero, además, esas minorías tienen que enfrentarse a un mercado poco abierto, en el que funciona un régimen de duopolio en el que es difícil entrar. Las televisiones públicas aplican un criterio singular, que no tiene parangón en las democracias europeas: se le da a los partidos que ya tienen representación parlamentaria el privilegio de una notable información diaria en proporción a sus escaños. Resultaba ridículo ver en Canal Sur a un dirigente del Partido Andalucista decir, por todo discurso, y sin más explicación, frases del tipo “no estoy de acuerdo”. Era más propio de una película de los Hermanos Marx o de la Rusia de Putin, que de una cadena pública de una democracia europea. Algunas de las mejores televisiones públicas españolas, como TVE o TV3, están cambiando ya este modelo, heredado de la tradicional condición gubernamental de las públicas españolas.

Sobre la manera de escuchar al pueblo hay que hacer otras matizaciones. La compensación económica por voto la reciben quienes tienen escaño. ¿Por qué quienes han votado al PA al Parlamento andaluz no tienen derecho a que su voto genere la subvención de 0,76 euros que va a reportar a los partidos con diputados? Por otro lado, se oye decir a los dirigentes socialistas que el pueblo andaluz les ha dado un apoyo mayoritario. No es exacto. Tienen la mayoría absoluta en la Cámara, pero el porcentaje de votos al PSOE ha sido del 48,19. Lo que significa que una mayoría de los votantes ha elegido otra cosa. Si se tiene además en cuenta que la abstención ha sido del 26,35 por ciento, hay que convenir que un 36 por ciento del censo electoral ha votado a los socialistas. Los abstencionistas en pureza no deben pesar a la hora de hacer estas cuentas. Pero no estaría mal que se tuviese en cuenta este dato por quienes enfáticamente se entusiasman con “el apoyo mayoritario del pueblo andaluz” . Tras la dulce resaca llega la hora de trabajar con humildad.

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Sistema electoral injusto

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2008 a las 1:06

El País ha hecho un reparto de los 350 escaños del Congreso proporcional a los votos del 9 de marzo. El resultado es ilustrativo: Izquierda Unida pasaría de 2 a 14 escaños y el partido de Savater y Rosa Díez (UPyD) sacaría 4 escaños en lugar de 1.

“El pueblo soberano ha hablado”, dicen los que han ganado. Y es verdad que el pueblo ha hablado, pero hay muy diversas maneras de escucharlo: por un sistema mayoritario injusto o por un sistema proporcional.

Resulta que a IU le sale el diputado a casi 500.000 votos y al PNV a 50.000. Esto no parece que sea “un hombre (o una mujer), un voto”.

A UPyD le ha salido el diputado a más de 300.000 votos y a PSOE o PP por 65.000. Feo.

En la proporcional de El País:

  • el PSOE pierde 9 escaños sobre los que ha sacado realmente con el sistema vigente y se queda en 160;
  • el PP pierde seis y logra 147;
  • IU sube a 14, CiU se queda con 11;
  • el PNV, 4 (bajaría 2);
  • ERC, 4 (sube 1);
  • UPyD, 4;
  • BNG, 3 (uno más), y
  • CC, dos (los mismos).

Con esta manera de escuchar lo que el pueblo ha hablado habría 18 diputados de dos partidos nacionales (IU y UPD) para garantizar la gobernabilidad del país sin necesidad de que los nacionalistas chantajeen al Gobierno.

Urge cambiar el sistema electoral. Se podría crear un colegio nacional para los restos de votos e incluso se podría ir a un modelo como el británico, en el que el diputado tiene que trabajar en su distrito y si es válido no lo puede quitar el aparato de su partido.

¿Qué fórmulas se les ocurren a ustedes? ¿Les gusta el sistema vigente?