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Los huevos fritos del Rey

Ignacio Martínez | 1 de diciembre de 2012 a las 9:23

San José de Madrid. Domingo 25, 14:30. El presidente del Gobierno pide a los periodistas que no le hablen de política el día en que se juega una de las partidas más difíciles de la joven democracia española; las elecciones catalanas. Rajoy había estado una hora con el Rey al que 48 horas antes habían realizado en esa clínica privada una complicada intervención de cadera. Tuvo un argumento para demostrar la buena salud del Monarca y, de camino, ofrecer un titular goloso a la prensa: el Rey había desayunado dos huevos fritos. Bingo. Media hora después, todos los telediarios adornaban sus crónicas con los huevos.

El Monarca hizo honor aquel día a las castizas aficiones de los borbones y pidió de desayuno la que podríamos considerar la comida nacional. Nos flagelamos constantemente con la idea de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pero seamos sinceros, si se hace una encuesta entre el conjunto de la ciudadanía española sobre cuál es su plato favorito, los dos huevos con patatas ganan por goleada. Y habrá que convenir que se trata de una comida sencilla, adecuada para la humilde España de antaño y a la modesta España que propone para el futuro mi colega Enric Juliana.

Este ensayo, publicado por la editorial RBA, establece que la actual crisis económica no será un paréntesis en la historia de España, a pesar de que el discurso de los políticos juega con la metáfora tranquilizante de ese paréntesis. Juliana sostiene que España no regresará a las altas cotas de consumo, especulación y hedonismo de las últimas dos décadas. Y que en la nueva era este será definitivamente un país modesto.

La modestia que no siempre ha tenido buena acogida en el alma popular, pero ya ven que en materia gastronómica este pueblo no ha descarrilado. Lo que no indica que no haya habido burbuja en la materia: hemos visto surgir la tortilla de patatas líquida y las aceitunas líquidas, sin que se decretase que era alta traición. Pero las masas populares y la alta aristocracia han seguido fieles a los valores eternos, como la tortilla de patatas de toda la vida de dios. Afortunadamente el más moderno de nuestros chef andaluces, Dani García, que se encuentra estos días en Nueva York abriendo un restaurante con el genuino nombre de Manzanilla, ha adaptado con más estilo platos tradicionales como la papada de cerdo o el rabo de toro.

Rajoy dijo también a la salida del hospital que había hablado con el Rey de la vida misma. Ahora que preocupa tanto la marca España, los huevos fritos no son mala guarnición. Añadió el presidente que con don Juan Carlos no había hablado nada de política. ¿Semejante día y nada de política? No hay quien se crea esa cortina de humo. Si el infierno existe hay quien hace méritos. Con el estómago lleno.

Primer año de Gobierno, la gran decepción

Ignacio Martínez | 20 de noviembre de 2012 a las 12:22

Hoy hace un año que Mariano Rajoy recibió el encargo de los españoles de formar un Gobierno de mayoría. Mayoría que más que absoluta ha resultado aplastante. Y un Gobierno, por cierto, que hasta la presente no ha hecho honor a su promesa de sacar al país de la crisis en un plis plas. Como ha contado la diputada canaria Ana Oramas, el ministro andaluz y diputado por Sevilla Cristóbal Montoro cuando estaba en la oposición iba por ahí chafardeando de que esto era pan comido. “¡Dejen que España se hunda, ya la levantará el PP!”.

Después nos metemos con Zapatero y la tontería de la Champions de la economía mundial, pero este Cristóbal tremendista cuando estaba en la oposición o el de la risita sardónica ahora que está en el poder no desentonan nada; están a la altura del leonés. La risa de Montoro ha provocado no poco disgusto a la parroquia nacional. Semejante actitud, tan altanera, recuerda al poema de Benedetti: “Vi en pleno gozo y en plena euforia y en plena risa su rostro simple; seré curioso, señor ministro ¿de qué se ríe?”.

La prueba es que en la última encuesta de popularidad de los ministros del Gobierno, publicada hace dos semanas, Montoro era el tercero por la cola, seguido de cerca por la también andaluza Báñez y por José Ignacio Wert como farolillo rojo. Menos mal para la autoestima regional que el otro ministro con divisa andaluza, Miguel Arias Cañete, ocupa el segundo lugar de la clasificación general, tras Gallardón. Pero el año de Gobierno no ha sido una pasarela de la moda, precisamente: todos los ministros suspenden y su presidente tiene una nota ridícula de 2,78 sobre 10.

Esto es lo que hay. No se ha cumplido casi nada del programa electoral. Ha aumentado espectacularmente el paro, que va camino de superar la barrera de los seis millones de personas. Se ha abaratado el despido y las grandes empresas se apuntan con entusiasmo a la tarea: Telefónica quiere echar a más de 7.000, Iberia tiene en su lista a 4.500. El Estado no se queda atrás y pretende despedir a 1.500 trabajadores de Aena, incluidos 16 a 18 de los 28 del aeropuerto de Córdoba. También aumenta la deuda pública y su precio. Suben los impuestos y se reducen las prestaciones de sanidad, educación y servicios sociales. Y después están las ocurrencias: en la última, el Gobierno parece dispuesto a dar la residencia a los inmigrantes que puedan comprarse un piso de 160.000 euros. Que adquirirán quiénes tengan hipoteca. Total, que serán los bancos los que den indirectamente los permisos de residencia.

El Gobierno piensa que el tren no ha descarrilado, porque el BCE, la Comisión y el FMI no han intervenido la economía nacional. Pero el primer año de Rajoy ha sido la gran decepción, para propios y extraños

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Monotema catalán

Ignacio Martínez | 14 de octubre de 2012 a las 12:00

Cataluña es el monotema. Ayer Rajoy, de turné electoral por el País Vasco, dijo finamente que fuera de España hace mucho frío. Lo explicó en dos tiempos. Uno. Fuera de España y de Europa se está en ninguna parte y condenados a la nada. Y dos. Apartarse de la Constitución es apartarse de la prosperidad y del empleo. Para lo que dice en privado es bastante. Recuerda a una frase envenenada que Paco Ordóñez le dirigió a Pujol tras una salida de tono, poco habitual por cierto en aquel president: “Salirse de España es salirse de la UE y de la OTAN”. Era finales de los 80 o principios de los 90.

En 2012, en la recepción del viernes en el Palacio Real, en los corrillos con los periodistas el presidente del Gobierno repetía sobre el asunto catalán que hay que calmar el juego y no hacer provocaciones. Preguntado por la frase de Wert, en la que sostenía que hay que españolizar Cataluña, tiró balones fuera. Pero es evidente que no le ha complacido. Como tampoco al Rey. Ha trascendido un comentario al presidente del Gobierno sobre la frase del ministro, a quien habría reprochado el desafortunado comentario. La Casa Real ha desmentido el contenido literal de la frase, pero es evidente que no ha gustado la ocurrencia tampoco en este ámbito. Para corroborarlo, basta oír al Príncipe Felipe hablar de rebajar la tensión.
Lo de prosperidad y empleo es de cajón. Si Cataluña es más del 20% del PIB nacional, su separación empobrecería al resto de España. Pero también a la liberada Cataluña. Y su entrada en la UE no tendría que ser vetada por el Gobierno español. Francia o el Reino se apresurarían a cortar de raíz cualquier intento de balcanizar a los grandes países de la Unión, por la cuenta que les trae.

Por cierto, Mas no fue a Madrid a la Fiesta Nacional. Ya estuvo ausente el año pasado. En esta ocasión tiene una excusa estupenda: tiene convocadas elecciones en noviembre y está de precampaña. Es el caso de Feijóo o López, que las tienen en sólo unos días. Pero los que no tienen excusa son Griñán o Fabra, que también faltaron, como los presidentes balear, cántabro o riojano. Habría que decirles que este tipo de actos no son opcionales, aunque sea puente. Y menos en estos tiempos que corren, en los que dentro de España hace demasiado calor.

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Poder blando

Ignacio Martínez | 8 de octubre de 2012 a las 19:07

El prestigioso semanario The Economist dedica un artículo esta semana al presidente del Gobierno español. Considera a Rajoy misterioso y ambiguo. No se refiere sólo al asunto del rescate, con el que ha surfeado el presidente en las últimas semanas. Un eslalon en el que mira de reojo a Alemania. El asunto está hecho, pero en Berlín quieren un paquete conjunto con todos los países necesitados de financiación. Ese paquete berlinés incluye las nuevas necesidades de rescatados como portugueses y griegos, algún menesteroso menor, como chipriotas o eslovenos, y los dos grandes en precario, italianos y españoles.

Las condiciones se empiezan a conocer y no suenan bonitas. Pagarán el pato jubilaciones y pensiones, con lo que Rajoy puede conseguir la indignación de los mayores con su política. ¿Qué política? The Economist se pregunta si el presidente español tiene un plan. Si lo tiene, se desconoce. Surfea, pero se le nota a leguas su falta de liderazgo. Qué mala suerte la de este país; en el peor momento, los dos peores líderes de la joven democracia española, uno detrás del otro, haciendo gala de su escasa destreza en el manejo del timón. Perfectos ejemplos de poder blando. Debo este título al anterior inquilino de La Moncloa, que escribió una alusión al respecto hace unos días en un artículo escolar sobre Obama. Escolar, aunque no habría conseguido jamás un premio del concurso de Coca Cola.

La idílica redacción de Zapatero sobre Obama además de liviana, era torpe. Por ejemplo, atribuye a los padres fundadores norteamericanos buena parte del ideario de Montesquieu. Y se adentra en una justificación en la que más bien parece hablar de sí mismo: “Se ha dicho que ha transitado desde las grandes palabras a la dura realidad. Pero nadie cuestiona que sus profundas convicciones democráticas han proporcionado la extensión de las libertades individuales, al reconocer los derechos de los homosexuales o proponer un amplio proceso de regularización de inmigrantes”. La lectura de este párrafo nos acerca emotivamente a aquella sublime frase de la dirigente junior Leire Pajín sobre el aconteciendo planetario.

Sea cual sea el resultado de las elecciones americanas, Zapatero coloca a Obama en la historia: “Su huella se proyectará durante mucho tiempo, sus ideales democráticos son los que a la larga permanecerán”. Da la impresión que querer decirnos algo sobre sí mismo, ahora que ha desaparecido por completo del mapa emocional de los españoles.

El encadenamiento de estas dos presidencias seguidas ha sido fatal para este país. Zapatero rechaza que Obama ejerza un poder blando. A un servidor le parece que esa es justamente la senda que él recorrió y por la que sigue su sucesor. Más que blando, sin norte.

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Cumbre de presidentes autonómicos a puerta cerrada

Ignacio Martínez | 4 de octubre de 2012 a las 11:20

La España oficial reunida a puerta cerrada. La crisis devorando las economías domésticas y las arcas públicas, alterando la armonía constitucional, y el jefe del Gobierno de la nación y los de las 17 comunidades autonómicas se reúnen sin luz ni taquígrafos. Es verdad que si lo hacen en una sesión extraordinaria del Senado, como si esta Cámara inútil tuviese alguna función, habría salido a relucir nuestra castiza afición a la retórica, pero la primera decepción de este cronista en la cita del martes fue que la televisión no ofrecía ayer más que la foto de familia y el saludo protocolario del anfitrión.
No hay que mortificarse en exceso. Esa afición por la retórica no es exclusiva de los españoles, ni siquiera es un mal latino, es un defecto que compartimos con el resto de los europeos en general, con excepción de los anglosajones. Por eso Obama lleva cuatro años evitando las cumbres con sus colegas de este lado del Atlántico, a los que encanta hablar y hablar sin decidir y cuando acuerdan algo le dan largas a la aplicación durante semestres.
En 1993 los daneses tuvieron a bien rechazar el Tratado de Maastricht en referéndum, por tres motivos esenciales. Les daba miedo el centralismo de Bruselas, no querían entrar en la moneda única y detestaban la idea de una identidad europea de defensa. Esto último, en particular, era consecuencia de la memoria histórica local: los tanques alemanes circulando por las principales avenidas de Copenhague durante la ocupación en la Segunda Guerra Mundial. Así que el danés quería que Europa siguiera siendo un protectorado militar norteamericano, antes de volver a ver un tanque alemán por sus calles, por muy amigo que fuese.

Entre los retoques que se hicieron al Tratado se incluyó que DK se quedara fuera del euro, la OTAN volvió a ser el eje de la defensa europea y se hicieron algunos gestos de transparencia en las instituciones. Uno de los más llamativos fue que los consejos de ministros de la UE fueran de puertas abiertas. Una pantomima. Había una primera hora emitida por televisión, con discursos retóricos, y después los ministros se decían sus cosas en familia a puerta cerrada. Lo único que sacamos en claro de aquellas sesiones, que se terminaron pronto, es que los daneses fuman como carreteros, en contra del tópico. Le cogió una retransmisión al representante permanente danés al lado de una cámara, y estuvimos viendo humo todo el consejo televisado.

Ayer, cuando al término de la reunión apareció Rajoy el micro estaba mal ecualizado y su voz sonaba metálica, como retransmitida desde otro mundo. Los políticos en su mundo, se comprometieron a cumplir el déficit, pero no dicen cómo. Mas enseguida ha dicho que no hay manera de cumplirlo, y tiene toda la razón del mundo. A la urgente reforma la administraciones públicas se le da una patada a seguir con un grupo de trabajo. Y otro grupo de reflexión estudiará el reparto del déficit para 2014. Todo muy europeo, a puerta cerrada.

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La conferencia de presidentes, en la piel de Rajoy

Ignacio Martínez | 2 de octubre de 2012 a las 11:23

¿Daría la conferencia de presidentes para un documental crítico lleno de humor? Seguro que sí. Hay una divertida película de 2006, En la piel de Jacques Chirac, de Karl Zéro y Michel Royer, que consiguió el César (el equivalente al Goya español o el Oscar americano) al mejor documental del cine francés un año después. Es una parodia, narrada en primera persona, con pensamientos ficticios y las frases reales del protagonista: el mismo Chirac de los años 70 u 80, que dice exactamente lo contrario en los 90 o 2000. Sólo que, gracias al montaje, dice una cosa y lo opuesto en el lapso de 30 segundos. Demoledor. El auténtico presidente incluso se permite despreciar ácidamente a quienes, como él, han dicho lo contrario en el pasado sobre no importa qué tema trascendente, Europa o la inmigración por ejemplo. Queda en evidencia. A España todavía no ha llegado este género al cine y sólo se practica en algún programa de televisión, tipo El Intermedio. Pero Rajoy está pidiendo a gritos su versión.

Zéro y Royer practican el mismo estilo desenvuelto y partidista que Michael Moore. Aunque su colega americano fue mucho más tremendista en su reportaje sobre George W. Bush, Fahrenheit 9/11, con el que consiguió la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2004 ¡y 120 millones de dólares de recaudación! Fahrenheit no sólo es el documental de mayor taquilla de la historia, sino que ha creado escuela. Ahí Moore habla de los vínculos económicos de décadas entre la familia del presidente Bush, la familia real saudí y la familia Ben Laden, apunta motivaciones financieras ocultas de la invasión de Iraq en 2003 y la ausencia de sentido crítico del ciudadano estadounidense medio.

Los franceses epígonos de Moore también triunfaron con su piel de Chirac e hicieron varias secuelas en los años siguientes. No han dejado títere con cabeza a diestra y siniestra: la socialista Ségolène Royal, el gaullista Sarkozy, el dictador Fidel Castro y el propio W. Bush han sido sus víctimas en los años siguientes. En la piel de toro urge una terapia parecida con quienes hoy dicen una cosa sobre el IVA, la amnistía fiscal, la subida del impuesto sobre la renta, la prima de riesgo y sus causas, y mañana tienen que comerse con mucho cuidado sus palabras. Urge un poco de humor en medio de la tragedia de la crisis y la ausencia total de liderazgo en este país.

Debe haber muy pocos políticos en la historia nacional más esponjosos que Rajoy, el estereotipo del gallego tópico, que cuando lo encuentras a mitad de la escalera no sabes si sube o baja. Debe haber pocos políticos en la historia nacional con menos cintura y menos sentido del humor que Artur Mas. Y son los principales actores de la conferencia de presidentes de hoy, en uno de los momentos más difíciles de la política española en el último medio siglo. Así que como terapia, reclamemos un poco de humor, en la piel de Rajoy. Las penas con humor, son menos.

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España está triste

Ignacio Martínez | 16 de septiembre de 2012 a las 17:43

Cristiano Ronaldo dice que está triste. Lo decía ya antes de perder con el Sevilla anoche. El presidente catalán Artur Mas sostiene que hay cansancio en la relación entre Cataluña y España, y prepara el escenario para un divorcio por mutuo acuerdo. Pacífico. Pero más allá de declaraciones grandilocuentes, el que está cansado y triste es el pueblo español. Desorientado por completo. Ayer la manifestación que los sindicatos y otros dos centenares de organizaciones habían convocado en Madrid reunió a varias decenas de miles de personas. Después de la Diada en Barcelona, con centenares de miles de participantes, las mareas de Madrid no resultan un clamor, sin ser un fracaso. La gente está tan harta y cansada que no acude en masa a una manifestación contra los recortes.
Lo cierto es que no hay noticia de cómo salir de este atolladero. Hay que hacer políticas de crecimiento, pero nadie dice cómo. ¿De dónde se saca el dinero y a qué precio? Los manifestantes protestaban por cosas muy diversas: unos querían menos políticos, en lo que coincidirían con el Gobierno; otros están indignados con las ayudas a la banca, pero sin sistema financiero se hundiría la economía nacional; otros insisten en que no se pueden reducir los presupuestos de sanidad, o servicios sociales, o educación. ¿Hay dinero para todo y a qué precio?

El PP pide a la oposición que colabore, arrime el hombro y reme en la misma dirección. Todo lo que no hicieron Rajoy y los suyos cuando Zapatero estaba en el Gobierno. Cospedal acusó ayer al PSOE, sin mencionarlo, de poner piedras en el camino. Hay gente que no tiene memoria. Ni pudor. Los socialistas hablan de recaudar más impuestos, pero cuando estaban en el poder no redujeron el fraude fiscal. Y los sindicatos piden un referéndum sobre los recortes y amenazan con una huelga general. El Gobierno ha emprendido un viaje a ninguna parte y ni Rajoy ni sus opositores tienen ni idea de cómo salir del agujero. Entre tanto, ya son dos millones los españoles entre 15 y 30 años que ni estudian ni trabajan. Mas también quiere un referéndum; sobre la independencia de Cataluña. Ignoro por qué está triste Ronaldo. Pero al pueblo español, en su desamparo, le sobran argumentos. España está triste y angustiada.

Feria política

Ignacio Martínez | 10 de septiembre de 2012 a las 11:10

Fin de semana preelectoral. Feria de políticos, con latiguillos, eslóganes y la inevitable descalificación al adversario. El folklore habitual. Hay elecciones el 21 de octubre en el País Vasco y Galicia. Mañana se celebra la Diada más soberanista en Cataluña desde la llegada de la democracia. La prensa catalana nos recuerda que en este momento un referéndum sobre la independencia tendría un 51% de votos favorables, quince puntos más que hace diez años. Los oportunistas, los egoístas, los extremistas, los populistas, le sacan rendimiento a la crisis.
El descrédito de la política y de los políticos no sólo ocurre en España. Como consuelo repasen las encuestas para las elecciones del miércoles en Holanda. Los dos partidos que han copado las instituciones del país durante décadas, en régimen de alternancia, democristianos y socialdemócratas, apenas aspiran a una cuarta parte de los escaños. La crisis ha reventado el bipartidismo en países pobres del sur de Europa, como Grecia, y también en ricos del norte como Holanda. La consecuencia es más radicalismo.
En particular llama la atención la irrelevancia de la Democracia Cristiana neerlandesa, partido hegemónico durante medio siglo, que puede conseguir 13 de los 150 escaños del parlamento holandés. Este bache de las dos familias que crearon lo que hoy conocemos como Unión Europea tiene una clara consecuencia inmediata en el vacío ideológico en el que se mueve la UE, como pollo sin cabeza.
¿Pasará algo así en España? Puede, aunque todavía no se ha desatado la fuerza centrífuga que lo genere. Pero hay tiempo para que se produzca el fenómeno. El País adelantaba ayer un capítulo del próximo libro de César Molinas en el que comparaba la clase política española con los controladores aéreos, porque piensan más en su interés particular que en el general. La acusaba, entre otras cosas, de haber generado la burbuja inmobiliaria y la de las infraestructuras. Las críticas se multiplican. En fin, faltan más de tres años para las próximas elecciones generales y hay tiempo para que prenda la llama de la desafección política.
Unas elecciones en las que podríamos encontrar a alguno de los protagonistas del 21 de octubre. Se da la circunstancia curiosa de que los dos candidatos a la reelección en las elecciones vascas y gallegas, son los delfines favoritos de sus jefes de fila actuales. Entre los posibles recambios a Rajoy, seguro que el presidente del PP prefiere a Feijóo. Y no es un secreto que Rubalcaba piensa en Patxi López como posible candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, si no hay adelanto electoral. Bueno, se comenta que Griñán piensa en sí mismo para semejante cosa. Pero esa ya es otra historia.

Operaciones a corto

Ignacio Martínez | 30 de julio de 2012 a las 10:45

Como los matones de barrio, y me excuso por la comparación, el jefe del Banco Central Europeo amaga con comprar deuda española e italiana sin límite y se calman inmediatamente los excitados mercados. Los matones las más de las veces no tienen que amenazar siquiera, su sola presencia hercúlea disuade a los rivales si son inferiores en número o en fuerza. Los ciudadanos corrientes estamos siempre a merced de fuerzas financieras mucho mayores en potencia. El que tiene un euro no sabe dónde ponerlo. Y al que no lo tiene, no se lo prestan. La Bolsa andaba a la deriva y la deuda pública pagando intereses disparatados. Y se han tomado algunas medidas razonables, como prohibir las operaciones a corto.

Bajo este nombre se esconde una práctica netamente especulativa: uno toma prestada durante un plazo una acción, paga una comisión por el alquiler y puede apostar a la baja, vendiéndola, para comprarla a un precio inferior y devolverla al arrendatario inicial. El año pasado en agosto varios países europeos prohibieron estas operaciones para valores financieros. España mantuvo el veto a las apuestas bajistas durante seis meses y lo levantó en febrero. Ahora lo decreta para todo valor bursátil. Es una práctica que debería estar prohibida siempre.

Lo cierto es que en el estado de depresión en el que se encuentra este país deberían estar prohibidas todas las operaciones a corto. Pensar en el corto plazo en la España de hoy conduce a la melancolía. Me gustaba aquella frase del Griñán de antes de la Presidencia, tan imaginativo: hay que utilizar las luces largas. Aunque un empresario amigo, muy sabio, me hace siempre la cautela de que para conducir de noche hacen falta las dos.

El ejemplo vale para todo. En política, Rajoy hizo una operación a corto, retrasando temerariamente los presupuestos de 2012, para intentar ganar en el Gobierno andaluz sin descubrir sus recortes. Griñán ha hecho una similar operación de luces cortas: el nombramiento de centenares de delegados de la Junta en las provincias ha esperado cuatro meses a que los jefes locales y regionales socialistas comprobasen su grado de adhesión inquebrantable en los congresos del PSOE.

Estas operaciones especulativas se hacen para el futuro, pero también sobre el pasado. Hace unos días la consejera de Fomento Elena Cortés anunció en Málaga que se reanuda la obra del metro, pero no se remata en el Perchel. Los vecinos y comerciantes de la zona protestaron por los 34 meses que llevan estas obras sin fin. Y Cortés respondió que Izquierda Unida no podía responder de lo que se había hecho antes, que ella lleva desde el 7 de mayo. O sea, que ejerce más de militante de IU que de consejera del Gobierno andaluz. Así, nuestros políticos se mueven entre la fidelidad incondicional al jefe y las próximas elecciones. Luces de posición; cortísimas. Deberían prohibirlas.

Mayoría insuficiente

Ignacio Martínez | 22 de julio de 2012 a las 9:45

De manera fatalista el presidente Rajoy, convertido en una esfinge que emite escasas señales, se limita a balbucear que no hay alternativa a su política de recortes indiscriminados. “¿Qué quieren que haga?, no hay más remedio”, dice el hombre que ganó las elecciones en noviembre porque tenía un plan y prometía confianza, estabilidad. Cuando tomó posesión, la prima de riesgo del país estaba 200 puntos por debajo de la italiana. Hoy está 100 puntos por encima: al borde de la intervención por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea. Los servicios de Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, han calculado lo que vale el rescate; 300.000 millones de euros desde ahora a finales de 2014.

 
Pero hay alternativas. En el fondo, persiguiendo con energía el fraude fiscal que desangra las arcas públicas. El ministro de Hacienda, con su habitual risa sardónica, se mofa de la oposición: “¿Dónde están los defraudadores fiscales? Díganmelo”. Que es como si el ministro del Interior fuese al Congreso a preguntar dónde están los delincuentes. Y además de ingresar mucho más, hay alternativa en la forma, haciendo el ajuste del déficit más lento y suave.

Hay otros procedimientos posibles. En vez de huir del Congreso porque le aburre o suspender el Debate sobre el estado de la Nación, porque le teme, Rajoy debería haber planteado en los siete meses que lleva en la Moncloa el conjunto de reformas que hay que abordar, principalmente en la administración pública, para que todos los grupos se retraten. E intentar consensuar los recortes. Porque la mayoría absoluta, como se ha podido ver, no es un bálsamo de Fierabrás con el cual no hay que temer nada.

Hay alternativa a la puesta en escena del Gobierno, empeñado en ocultar al presidente y en sobreexponer a un ministro de Hacienda que da muestras de agotamiento físico y emocional. Y también hay otro estilo posible. La quiebra de Bankia y de Valencia, ambas gestionadas por el PP, invitaría a un sensato abandono de la cantinela sobre la herencia recibida. La necedad de Zapatero no es una coartada inagotable. El Gobierno debe explicar, dialogar, debatir, consensuar. Unir a este país detrás de un liderazgo del que está huérfano. Y ni la mayoría absoluta del PP ni su jefe dan para tanto.