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Chaves debe convocar a los alcaldes de las grandes ciudades

Ignacio Martínez | 7 de diciembre de 2008 a las 11:04

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Zapatero debe convocar una reunión de presidentes autonómicos para hablar de la crisis y cómo enfrentarla. Chaves debería hacer lo mismo con los alcaldes de las capitales y grandes ciudades andaluzas. Y quizá también a los presidentes de las diputaciones. Si un lego en la materia se pone a sumar todos los planes rescate, avales, compra de activos, programas de grandes o pequeñas obras públicas, ayudas a empresas, etcétera, etcétera, puestos en marcha en España contra la crisis, la cosa se pone en 320.000 millones de euros, una sexta parte del producto bruto nacional. Eso es la mitad de la deuda anterior acumulada históricamente por el conjunto de las administraciones públicas. Un amigo economista me dice que no se pueden mezclar churras con merinas, que no todo ese dinero lo está poniendo el estado, porque hay capital privado, ni todo está encima de la mesa. Desembolsado o no, lo cierto es que estamos ante la operación financiera pública más importante de la historia de este país.

Esta no es una cuestión particular española. Lo mismo está ocurriendo en la Unión Europea y en el conjunto del mundo. Y se pone en marcha con reuniones constantes de los jefes de estado o de gobierno de la Unión Europea, los siete grandes, el G-20, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se trata de coordinar las políticas, las ayudas, intercambiar ideas, sugerir procedimientos. Este modelo de gestión mancomunada de la crisis brilla por su ausencia en España. El presidente Rodríguez Zapatero, ausente de la primera cumbre de los cuatro grandes europeos en París, consiguió convencer a Sarkozy para que convocara a los primeros ministros de los países del euro. Y sólo después de volver con ese triunfo en la mano y un plan de la UE preciso, inspirado por el británico Gordon Brown, convocó a Rajoy en la Moncloa.

Con la crisis, cada dirigente ha elegido un papel, que cree que le va a salvar ante la opinión pública. Es decir, que tienen una doble obsesión: hacer que las cosas mejoren o al menos que parezca que hacen todo lo posible para que mejoren. Sarkozy en Francia ha adoptado una actitud tan hiperactiva, que parece el conejito de Duracell. Gordon Brown ha interpretado un papel de experto profesor, que le va: él sabe de esto. Y Zapatero encarna hasta la presente el rol de Juan Palomo; ya saben, “yo me lo guiso, yo me lo como”. Hizo mal en dejar a Rajoy en el ostracismo durante semanas, para que no cobrara protagonismo alguno.

Y sigue equivocándose. Dentro de España debería aplicarse el mismo modelo europeo. Ya está inventada la fórmula: una conferencia de presidentes. Todos los presidentes de comunidades autónomas tendrían que reunirse con el primer ministro para analizar la situación y evitar 17 planes contra la crisis, riesgo que ya ha apuntado el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Hay subvenciones complementarias al desempleo en algunas regiones, con diferentes fórmulas entre sí; en otras comunidades autónomas se estudian facilidades añadidas para el pago de hipotecas o se atienden las facturas de bienes de primera necesidad para familias sin ingresos; también hay quien encarga planes de salvación para su industria automovilística. En fin, en plena ola de pesimismo, afloran 17 maneras de combatir la depresión. Bueno sería, como se ha hecho en el ámbito europeo y mundial, ponerlo todo en común, aunque después las nueve regiones con fábrica de automóviles o las diez con flota pesquera tengan realidades específicas que atender.

Lo mismo ocurre en el universo andaluz. El alcalde de Málaga acusa al Gobierno de la Junta de centralismo y anuncia que será beligerante para reclamar la sede de la caja única. Incluso lanza la idea de una gran exposición internacional tecnológica, acogida con recelo por la Administración regional. Otros recelos, proyectos e ideas podrían examinarse en común, en una conferencia de alcaldes de grandes ciudades. (Personalmente creo que las diputaciones no tienen mucho sentido la actual estructura institucional. Las autonomías han solapado su misión. Pero, mientras existan, sus presidentes deberían sumarse a esta conferencia). De hecho, el artículo 95 del nuevo Estatuto de autonomía establece que se debe crear un órgano mixto de representación de la Junta y los ayuntamientos para facilitar el diálogo y la colaboración institucional; que debería ser consultado sobre los planes que afecten de forma específica a las corporaciones locales. La crisis invita al presidente a adelantar esta iniciativa.

Gandhi dentro de un triángulo español

Ignacio Martínez | 26 de noviembre de 2008 a las 9:57

Antonio Hernández Mancha compara a Rajoy con Gandhi. El que fuera presidente de Alianza Popular en Andalucía durante la Transición ya acostumbraba a sorprendernos en la primera legislatura del Parlamento regional con sus sentencias senequistas. No en balde este extremeño ejerció de abogado del Estado en Córdoba y se casó con una cordobesa. Era un orador brillante. En el debate de investidura de Escuredo, en 1982, reprochó al candidato socialista que su programa de gobierno se parecía poco al aprobado por el PSOE andaluz en su último congreso. Hernández Mancha resaltó las contradicciones entre lo prometido por el partido y lo ofrecido por el ganador de las elecciones. Como el interpelado ponía cara de póquer le añadía: “Sí, señor Escuredo, página cinco, párrafo cuatro”. Se lo sabía de memoria, mientras Escuredo buscaba sin éxito en la bancada socialista a alguien que tuviera el dichoso programa o se lo supiera por encima.

En aquel debate, H. Mancha llegó a decir que la revolución rusa del 17 había sido un avance en la historia de la humanidad, lo que en boca del jefe regional de un partido fundado por varios ex ministros de Franco sonó a herejía en los oídos de la derecha y dejó atónita a la izquierda. Así se presentó en sociedad Hernández Mancha. Cinco años después se convirtió contra pronóstico en presidente nacional de su partido. Y nada más ganar el congreso de AP a Herrero de Miñón y Aznar, se lanzó también a por Felipe González, que disfrutaba de una cómoda mayoría en el Congreso. Nunca pudo superar el fiasco de su precipitada moción de censura de 1987. Salió a deslumbrar a la afición como había hecho en 1982 en el Parlamento andaluz, pero se ganó palos de toda la oposición y del Gobierno.

Ahora reaparece para apoyar a Rajoy frente a la ofensiva de Aznar&Aguirre. El ex presidente dijo este fin de semana que en política no se está para heredar, se está para ganar. La entrada en escena de Hernández Mancha establece un curioso triángulo con los tres presidentes que han sucedido a Fraga en AP/PP. El dirigente andaluz no se ha cortado un pelo. Considera que Rajoy “preside una derecha asequible y actual; no aquella que se parece a la beata de pueblo, vestida siempre con la falda negra de luto y ropa talar parecida a la eclesiástica”. H. Mancha añade que “el espíritu que prevalece de la mano de Rajoy vuelve a ser abierto, condescendiente y moderno”. Y entonces lo compara con Gandhi: “Acabará ganando”. Las coincidencias posibles son escasas. En todo caso, un ex presidente de AP, que salió a ganar alegremente su partido al PSOE y le rompieron la cara, recomienda otros modos de actuar. Pero no veo yo ayunando a Rajoy durante semanas, ni declarándose vegetariano. Él que es hombre de tan buena mesa, copa y puro.

Es una crisis, estúpido

Ignacio Martínez | 4 de julio de 2008 a las 23:21

Tontamente, Zapatero ha encontrado su particular guerra de Iraq, aquella por la que se le acusa de engaños y disimulos. Es la crisis, palabra maldita en el vocabulario del presidente, como si de un conjuro se tratase. Crisis dice la Real Academia que es una mutación importante en el desarrollo de un proceso, ya sea de orden físico, histórico o espiritual. Podríamos añadir o económico, y tendríamos encima una crisis con todos sus avíos. Con un agravante: no sólo está en crisis la economía española, sino que también el modelo de crecimiento, basado en la especulación inmobiliaria y en un consumo interno desbocado. Un empresario amigo me dice que estamos ante la peor crisis económica desde el crack de 1929.

Tras hacer un esfuerzo, el presidente es capaz de reconocer que hay una coyuntura internacional difícil y complicada, que se une a un ajuste en la construcción típicamente español. Pero evita la palabra tabú como a una vara verde. Si tuviera de asesor a James Carville, el estratega de la campaña de Bill Clinton en 1992 que inventó el eslogan que derrotó a George Bush padre, es la economía, estúpido, fabricaría un cartelito para su despacho de Moncloa con algún antídoto.

Zapatero está dividido ante la crisis. Su parte buenista nos dice que hará recuperar la economía. Pero su parte sensata reconoce que este deseo no está en sus manos, porque hay factores que no están bajo su control. Y tanto. Ni los gobiernos son muy responsables de las crisis, ni tienen demasiado mérito cuando llega una expansión. Se queja el lado ingenuo del presidente de lo mucho que ha subido el petróleo, pero sigue empeñado en que de nucleares, ni hablar.

Y en la subida del petróleo hay mucho cuento. Un amable lector me envía un cuadro que compara el año 2000 con el 2008. Se ha pasado del dólar a 1,2 euros, a un dólar que vale 0,64 euros. Lo que significa que la mayor parte de la subida del petróleo la ha amortizado el descenso de la divisa americana. El barril de petróleo se ha puesto a más del doble en dólares, de 60 a 125,7. Pero en euros no ha subido más que el 11%: de 72 a 80,7. Y, sin embargo, el precio del gasóleo ha subido en euros un 100%: de 0,65 el litro a 1,3. Alguien nos debe una explicación.

Mientras el presidente no sale de su sorpresa porque hemos pasado en un semestre de crecer más del cuatro por ciento a menos del dos, su oponente Rajoy ha cogido carrerilla. El miércoles le dijo que había ido al Congreso a rastras y le acusó de mentiroso. Esta es una espina clavada en el corazón popular desde la guerra de Bush/Aznar. Otra espina popular es que perdieron unas elecciones porque no convencieron a los españoles de que venía una crisis de no te menees. Los votantes creyeron más Zapatero que llamó antipatriota al PP. Necesitaban a un Carville inventado el eslogan “es una crisis, estúpido”.

Versos sueltos

Ignacio Martínez | 23 de junio de 2008 a las 7:41

Aznar

 Entre España e Italia se ventilaba ayer una partida de héroes y villanos. Afortunadamente, esta vez ni hubo juego sucio, ni mala suerte. Pero los futbolistas, seleccionadores y aficionados de ambos países no fueron los únicos que se jugaron su prestigio o su honra deportiva. Anoche, toda España había ganado y toda Italia había perdido. Tras el Congreso del PP también hay quien se siente ganador y perdedor. La primera damnificada es Esperanza Aguirre, que ha visto frustrada su ambición de suceder a Rajoy. Ayer sacó su mala uva a pasear y parafraseó a Gallardón, que hace unos meses se quejó de no ir de candidato en las listas: “Soy un verso suelto que siempre ha formado parte del poema”.

Aguirre sostiene que ahora es ella la que se siente “el verso suelto dentro del poema” y añade que no ha sido muy escuchada para formar el nuevo equipo de dirección del PP. Los suyos no están, aunque ayer se hiciera unas fotos con la nueva secretaria general de los populares, Dolores de Cospedal, que fue durante dos años consejera de su Gobierno regional en Madrid.

Cospedal hace la cuadratura del círculo: ha sido consejera de Aguirre, subsecretaria de Interior con Acebes, y se estrenó en el Gobierno como miembro del Gabinete del ministro Javier Arenas. De hecho, el presidente del PP andaluz la envió a Washington como consejera laboral y de asuntos sociales en 1998, tras su divorcio. Así que casi todas las fuerzas en conflicto en el PP pueden reclamar un cierto magisterio sobre la carrera de esta abogada del Estado, joven y brillante.

El ganador es Rajoy. Ha aguantado carros y carretas y ha salido fortalecido del acoso mediático de la derecha pura y dura. Y entre los perdedores del congreso está el ex presidente Aznar. Su desprecio evidente a Rajoy en la tarde del viernes y su propia intervención ante los compromisarios, en la que se dedicó a reñir a su sucesor, son una muestra de que le habría encantado un relevo. Enric Juliana lo define como El Caballero con la mano en el pecho. Los suyos fueron versos satánicos, como los que Salman Rushdie dedicó al ayatolá Jomeini. Llama la atención, sin embargo, que la derecha pura y dura reivindique que es de centro. Pura y dura, o sea, exenta de toda mezcla de otra cosa y rigurosa, sin concesiones.

Pero Aznar pretende ser de centro. En su saludo del sábado a Rajoy, tras el desplante del viernes, hubo mucho de sobreactuación. En las fotos publicadas se le ve con la boca exageradamente abierta, imitando una supersonrisa, con el pelo largo teñido de negro caoba, se parecía más a Raphael que a un personaje del Greco. Aunque con quien va a emparentar el cantante es con el presidente del Congreso, José Bono, que también se tiñe, por cierto.

Y entre los ganadores, hay que colocar al presidente del PP andaluz Javier Arenas. Y al conjunto de la nación, necesitada de un partido de centro derecha suave en las formas y fuerte en el fondo. Eso es lo que aparentemente ha armado Rajoy. Y eso no son versos sueltos.

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Pellizcos de monja

Ignacio Martínez | 26 de mayo de 2008 a las 11:44

Rajoy

Un amigo mío, que sabe de estas cosas, me explica lo que pasa en el Partido Popular de manera tan gráfica que no me resisto a compartir el descubrimiento: “Están matando a Rajoy a pellizcos”. Buena definición. Y más, si se añade que los pellizcos más famosos del refranero español son los de monja, tan agudos y pequeños que producen mucho dolor y no dejan señal. Aunque el diccionario evita estas miserias y dice que un pellizco de monja es un bocadito de masa con azúcar. Total, un dulce: que se lo digan a Rajoy.

Lo más sorprendente del acoso que está sufriendo el presidente del partido cristiano por excelencia en España es la participación como brazo armado de la artillería mediática de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana. En la Cope, Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez han calificado a Rajoy como tiranuelo, tonto contemporáneo, infecto y repugnante. ¡Loado sea Cristo! Y estos campeones de la nueva cruzada de la Iglesia han llamado a las huestes populares a la sublevación. Ojo con los términos, con sus destinatarios y las víctimas. En la pasada legislatura la emisora católica utilizó su táctica inquisitorial contra el presidente del Gobierno y contra el Rey. En ésta se renueva y le toca el turno a Rajoy: ya queda menos para que se vuelvan contra la propia jerarquía eclesiástica que los ha lanzado a la arena. Cuando ocurra y a los obispos no les llegue la sotana al cuerpo, que no se quejen.

Como si fuese Indiana Jones en su última película, El reino de la calavera de cristal, Rajoy ha caído en un banco de arenas movedizas. Y si sigue las instrucciones del famoso arqueólogo, mientras menos se mueva, menos se hundirá. En su ayuda acudieron el pasado viernes un grupo de notables del PP. Mientras doscientos fans de la Cope y Esperanza Aguirre bramaban en la calle contra el todavía líder de su partido, en el interior de la sede central de los populares se escenificó un acto de adhesión, con cámaras de televisión en directo. Parecía un exorcismo: tres círculos mágicos en torno a un cubo azul celeste, de medio metro de lado, que tenía dibujada en blanco, en cada cara, una gaviota encima de las siglas del PP. Y en el primer círculo virtuoso, de 10 personas, Rajoy estaba flanqueado a derecha por los alcaldes de Cádiz y Huelva, Teófila Martínez y Pedro Rodríguez, y a izquierda por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón; la portavoz parlamentaria Soraya Saenz de Santamaría y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. Tres dirigentes andaluces entre los cinco más próximos al líder.

Los reunidos no vieron motivos para la sublevación reclamada desde fuera del partido, y propugnaron cohesión nacional y moderación. Uno de los asistentes me dice que Rajoy saldrá reforzado de este acoso. Que Dios le coja confesado.

[La foto de Kote Rodrigo (Efe) fue tomada el domingo 25 de mayo en Madrid, en una reunión de Nuevas Generaciones con el presidente del PP]

Besos y juegos de palabras

Ignacio Martínez | 7 de mayo de 2008 a las 14:49

Desde ayer hay oficialmente 2.338.517 parados en España. Muchos. Tantos, que Miki&Duarte han introducido la palabra crisis en el lenguaje oficial: ¿Recuerdan el chiste? Zapatero, en la cama, le cuenta a Sonsoles que Solbes tiene un plan estupendo contra la crisis; ella le hace ver que ha dicho crisis, y él tan campante le responde que ya se puede decir crisis, que ahora lo que no se puede decir es trasvase. Durante la campaña electoral los dirigentes socialistas insistieron machaconamente en que no había crisis sino desaceleración de la economía. Un juego de palabras. Ahora, el vicepresidente Solbes afirma que el deterioro del empleo “se está acelerando”. Otro juego malabar, que significa que lo que viene es peor de lo que tenemos. En el último año, el paro ha crecido un 15% en total; un 30 entre los hombres y un 60 entre los inmigrantes. Abróchense los cinturones.

Los eufemismos para nombrar las cosas son universales: Esteban González Pons, la estrella en alza del PP, dijo el otro día que en su partido “no hay crisis, sino una desaceleración”. Ingenioso. Pons está destinado quizá a sustituir como secretario general a Ángel Acebes. Se marcha a segunda fila el último ministro del Interior de Aznar, el hombre que dirigía los servicios de seguridad del Estado el día que unos canallas, fanáticos islamistas, pusieron 10 bombas en cuatro trenes de cercanías de Madrid, y mataron a 192 personas e hirieron a 1.427. Nadie culpa a Acebes de negligencia por no haber evitado el atentado, pero son muchos los españoles que piensan que el ministro les intentó tomar el pelo entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, con la pretensión de que pensaran que los autores del atentado eran etarras y no yihadistas. Ese es su estigma.

Acebes es una persona querida por los militantes del PP, pero quien más le ha llorado en público ha sido Esperanza Aguirre, uno de los dos ministros de Aznar con poder institucional, el otro es el alcalde de Burgos, Juan Carlos Aparicio. Con mando en plaza quedan otros dos: los presidentes nacional y andaluz del PP, Mariano Rajoy y Javier Arenas. Aguirre también hizo mejor que nadie el duelo por la marcha de Zaplana. Y me encantó su beso a Rajoy en los actos del 2 de mayo, con toda la prensa pendiente. En ese beso no hubo ni física ni química, pero sí mucho arte. No fue un beso de esos que se daban en la boca, con la labios apretados, los camaradas comunistas, como aquel de Gorbachov y Honecker en octubre de 1989 poco antes de que cayera el muro de Berlín. El de Rajoy y Aguirre fue un beso de los que no tienen lugar, en el que los interesados juntan los pómulos, pero dejan su boca al aire. No fue, sin duda, un beso de Hollywood, de esos en los que se inclina al otro hacia atrás, como invitándolo a estar más cómodo. Pero fue un beso cinematográfico, de ficción. Un juego.

Esperanza tira la toalla

Ignacio Martínez | 21 de abril de 2008 a las 18:04

Esperanza Aguirre y Camps

Esperanza Aguirre ha dicho que no tiene intención de presentarse a la presidencia del PP, después de que en los últimos días barones de todos los territorios hayan advertido a los suyos contra toda tentación de apoyar las aspiraciones de la presidenta de Madrid. Es una pena que el margen para la democracia interna en los partidos sea tan estrecho.

El sábado, en Elche, los presidentes del PP en Cataluña, Valencia, Murcia y Andalucía escenificaron su apoyo incondicional a Rajoy. Allí, Javier Arenas dijo que él no necesita decir si es liberal, demócratacristiano o socialdemócrata, que le basta con decir “soy del PP”. En el mismo mitin, Rajoy abandonó el modo gallego de contestar con desdén y sarcasmo a Esperanza Aguirre y empleó un tono más siciliano: “Si alguien quiere irse al partido liberal o al conservador, que se vaya”. Mariano le señaló una puerta a Esperanza que hoy ha cerrado ella misma. Pero no se confundan, esta pelea no es sólo una lucha por el poder: en el PP hay una crisis de identidad.

Resulta interesante este debate sobre su ideología, que se ha solapado a la pugna por el liderazgo del PP que se libra desde que se produjo el 9 de marzo la segunda victoria de Zapatero. Para esta Legislatura, Rajoy y Arenas quieren moderar su estrategia tanto en la política nacional como en la andaluza, mientras la presidenta de Madrid y los grandes tenores mediáticos de la derecha prefieren una oposición más dura que la de los últimos cuatro años. Aquí no sólo se posicionan periodistas: la cúpula empresarial española, en donde Aguirre goza de buenas simpatías, prefiere en este momento la prudencia de Rajoy, porque entienden que al Gobierno hay que ayudarle a gestionar la crisis económica.

La coyuntura pone de manifiesto que el PP es el partido con la ideología más ancha de Europa. Hay países con cinco grupos en su parlamento, que ocupan el espacio que en España se definiría con un “soy del PP”. A los conservadores, liberales, democratacristianos y socialdemócratas, citados por Rajoy, hay que añadir la extrema derecha y hasta los neocon ultraliberales. Todas esas familias conviven en el Partido Popular. Socialdemócratas ya hubo en UCD y en el PP habrá pocos, pero los hay: por poner un ejemplo cercano, me parece que Amalia Gómez está a la izquierda de José Bono. O, dicho de otro modo, que Bono está a la derecha de Manuel Pimentel o Amalia Gómez. En todo caso, cinco familias tan diversas, son muchas para mantener la cohesión de una maquinaria de poder y de empleo.

Liberal es un término difícil de explicar. En la Francia del XVIII, los enciclopedistas que defendían al individuo, la razón y la ciencia, fueron un modelo para la burguesía liberal. En España, los liberales del XIX eran revolucionarios que propugnaban libertad e igualdad. En Estados Unidos en el XX, liberal ha sido sinónimo de peligroso izquierdista. En fin, hoy día las democracias europeas son liberales: todos los partidos respetan la iniciativa privada y la libertad individual y social. En vez de indicar a Aguirre dónde está la salida, Rajoy podría haber rebajado las firmas de compromisarios, para facilitar su candidatura. Habríamos visto un partido apasionante y competido. Habría sido un gesto muy liberal. Hoy, tras su encuentro con el presidente valenciano Francisco Camps, Esperanza ha tirado la toalla.

(En la imagen de Chema Moya/Efe, Esperanza Aguire y Francisco Camps ensayan unas sonrisas forzadas monísimas)

Juntos contra el terrorismo

Ignacio Martínez | 8 de marzo de 2008 a las 10:19

  El asesinato del concejal socialista ha provocado un gesto que reconforta a la ciudadanía; un comunicado conjunto contra los terroristas.  “Todos estamos dispuestos a responder a esta agresión de forma firme y unitaria, a defender la libertad y a derrotar a ETA”. La nota añade que a los terroristas “sólo les espera la aplicación de la ley, la acción de la policía y el ejercicio de la justicia”, y concluye diciendo que “al terrorismo sólo se le puede combatir y derrotar con la unidad de los demócratas y con la fuerza del Estado de derecho”. ¿Todos de acuerdo? No. En las ruedas de prensa posteriores, el PP subrayó dos discrepancias: habían intentado, sin éxito, incluir en el texto el compromiso de que “nunca se negociará con ETA para pagarle un precio político” y derogar la resolución parlamentaria que autorizó en 2005 el diálogo con la banda. Esta legítima discrepancia, no impidió que firmaran el comunicado conjunto.Mikel Buen, secretario general del Partido Socialista en Guipúzcoa, no pudo terminar el viernes de explicar su deseo de que los españoles vayan a votar masivamente. Votar contra ETA, que pide la abstención. Votar lo que quieran, a partidos democráticos. “A mi el resultado…” Me da igual, iba a decir, pero rompió a llorar. Tienen que matar a uno de los nuestros, para que todos los partidos estén en su sitio. Nadie desentonó anteayer en el campo de los demócratas, ni Rajoy, ni Rubalcaba, ni Ibarretxe, ni Zapatero.  Esta es la lección para la próxima Legislatura, sin necesidad de que haya sangre en la calzada, unas gafas por el suelo, cinco impactos de bala sobre un parabrisas, una familia rota y una vida menos, los partidos tienen la obligación de no utilizar el terrorismo como arma política, como chantaje, como coartada. Todavía la semana pasada el presidente de la Asociación de Victimas del Terrorismo, decía que votar al PSOE era votar al terror, y un ex presidente aseguraba que el Gobierno seguía negociando con los terroristas. Esto ya no es una legítima discrepancia. En fin, que vayan a Mondragón y se lo expliquen a la familia del socialista Isaías Carrasco.  El lehendakari estuvo bien: “esto es una salvajada, una barbarie inhumana”. Pero puede estar mucho mejor retirando su amenaza de referéndum sobre el derecho a decidir de los vascos mientras siga activa esta banda de criminales. La determinación del presidente y el ministro del Interior contrasta con ingenuidades pasadas. Bienvenido todo el mundo a la cordura y al consenso antiterrorista. Ojalá nadie diga nunca que si no hay bombas es porque se ha cedido. Ojalá se mantenga este espíritu y todos los demócratas estén unidos sin necesidad de que haya sangre en alguna calle de España.  

Esperanza o Gallardón

Ignacio Martínez | 4 de marzo de 2008 a las 21:38

Zapatero ganó el último debate. Se llevó de calle el bloque sobre política exterior y de seguridad. Ahí Rajoy se metió en un fangal, al pretender que el socialista había apoyado la guerra de Iraq. Con lo fácil que sería admitir que fue un error que Aznar apoyara aquella guerra de Bush. ZP superó a su adversario en economía y temas sociales, estuvo peor en política territorial y quedaron igualados en el último bloque, sobre el futuro. En las formas, la distancia fue notable. Zapatero hablaba pausado; Rajoy acelerado. Pero el presidente interrumpió en exceso al jefe de la oposición y, desgraciadamente, Olga Viza se lo permitió.

La puesta en escena del socialista fue más eficiente. El truco del libro funcionó. Se inventa un libro “con todos los datos” y empieza a citarlo, como fuente de autoridad, ante la perplejidad de su oponente. Buen gol de estrategia. Rajoy tocó fondo cuando reprochó a Zapatero retirar las tropas de Iraq “para quedar bien”, y el otro le contestó “o sea, que cumplir la palabra dada, es quedar bien”. El jefe de los populares fue consciente de que estaba en un apuro. No sé si sudaba, pero un grueso hilo de saliva se quedaba entre sus labios al hablar. El peor momento de Zapatero fue cuando por tres veces hizo el don Tancredo ante la afirmación de Rajoy de que en Cataluña se multa a los comerciantes que ponen letreros en castellano. Y el presidente del PP repetía: queda claro que al señor Zapatero eso le parece bien.

En el capítulo de la credibilidad, Zapatero tuvo la ayuda involuntaria de Rajoy, quien en el debate anterior sostuvo que su primera pregunta en el Congreso al nuevo jefe del Gobierno fue sobre economía. No era cierto y el lunes quedó claro: la pregunta, el 12 de mayo de 2004, fue ¿cómo valora los primeros días de su Gobierno? Tras la respuesta de Zapatero, en su réplica, de 20 líneas de texto, Rajoy cita una batería de temas importantes y dedica ¡una línea! a mencionar el IVA, la financiación autonómica y el cálculo de las pensiones. Interpretar con esos mimbres que su primera pregunta al neófito presidente había versado sobre economía fue una licencia poética del jefe de la oposición.

Personalmente eché de menos varias cosas en el temario de los cara a cara. Todos hablan de ahorrar ante los tiempos de dificultad que se avecinan y nadie plantea disolver las diputaciones, instituciones que han sido solapadas en medios y competencias por las autonomías. Tampoco se habló, más que Rajoy de pasada, de un pacto local que resuelva la maltrecha financiación municipal. Los ayuntamientos son los parientes pobres de la democracia española. En todo caso, lo mejor de estos debates es que se hayan celebrado. Esperemos que se conviertan en una cita ineludible para los candidatos futuros. ¿Quién debatirá con Zapatero en 2012? Con cabeza y corazón rima con Esperanza o Gallardón.

La niña de Rajoy

Ignacio Martínez | 2 de marzo de 2008 a las 15:16

Si alguien hubiese el domingo pasado registrado como marca los derechos de la frase La niña de Rajoy se habría puesto rico en una semana. Ríos de tinta han corrido a cuenta de la alocución final del presidente del PP en su primer debate cara a cara con Zapatero. El texto literal de la niña está muy bien. Rajoy dice que quiere que una niña que nazca en España tenga una familia con una vivienda y unos padres con trabajo, que nazca donde nazca tenga una educación tan buena como la mejor; que se pasee por todo el mundo sin complejos, porque sabrá idiomas y tendrá un título profesional que se cotice; que será un heraldo de la libertad, la tolerancia y los derechos humanos; no tendrá miedo a las ideas de los demás y habrá aprendido a respetar los derechos de todos los que respetan la Ley; que sienta un hondo orgullo por ser española, por pertenecer a esa nación tan vieja y tan admirable, que le habrá ofrecido las mejores oportunidades y que habrá sido exigente con ella para que llegara a ser una mujer madura y responsable… El texto es impecable. ¿Por qué se lo ha tomado todo el mundo a rechifla y en el PP nadie se hace cargo de la paternidad de la idea? ¿Por qué en directo resultó chocante? La respuesta está implícita en la intención de esta composición poética: se la preparan a Rajoy para dulcificar la imagen de una derecha que ha mostrado durante cuatro años su lado más duro, y también para que el dirigente popular terminara con un detalle humano un debate en el que había estado áspero. Pero el discurso en directo pareció fingido, completamente falto de convicción, leído por un candidato que posaba los ojos alternativamente en el papel, en la cámara y en el marcador del tiempo que había a su izquierda. El resultado fue decepcionante. Si lo hubiese dicho Omaba, de corrido mirando a la cámara, habría salido a hombros.

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