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No es país para boy scouts

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2012 a las 13:45

Este artículo podría llamarse hay que apagar el incendio. Es lo que me dice un importante empresario andaluz, convencido de que antes de ponerse a discutir sobre qué hacer con la España autonómica, la sanidad o la educación, hay que conseguir un cortafuego que impida que los mercados nos abrasen. Donde escribo ‘mercados’, léase ‘acreedores’. A pesar de que eso podría significar que avala las últimas iniciativas del Gobierno, el empresario en cuestión no está nada contento con Rajoy, aunque ha votado al PP en generales y andaluzas. Está mayormente indignado con la amnistía fiscal que prima a competidores granujas, mientras a él le retiran los incentivos fiscales a la I+D y a la inversión. Y aunque no le afecta, me explica que empresas fuertemente inversoras e innovadoras, se ven perjudicadas porque no pueden deducir la totalidad de los gastos financieros. “Al final, los especuladores los más beneficiados, como siempre”. Éste no es país para boy scouts, concluyo.
Este artículo se podría llamar no es lo mismo calar que podar, expresión que escucho en la radio al presidente del colegio de médicos de una provincia castellana. Explica el hombre que seguro que se pueden hacer economías en la sanidad, pero que eso hay que estudiarlo con cuidado. No es lo mismo calar que podar es una frase de puro sentido común. Algo que al parecer escapa a las posibilidades de los Gobiernos del Reino de España, el anterior y el actual. El guión, antes y ahora, es el mismo. El Gobierno y la oposición dicen lo mismito que hace un año. Sólo que han cambiado los papeles. Carlos Floriano, portavoz del PP, que ha usurpado el papel estelar en los medios al ministro Wert, reclama con una desenvoltura fascinante a la oposición que deje de meter palos en la rueda y arrime el hombro. ¿Cuántas veces le hemos oído esas frases a los portavoces del PSOE cuando estaban en el Gobierno? Y ahora los socialistas sostienen que el Gobierno no sabe a dónde va, que improvisa, que incumple con los electores. Ni la más mínima muestra de lealtad. Al enemigo ni agua. Éste no es país para boy scouts.
Y también podría haber titulado el artículo el síndrome del Álamo. Es otra frase oída en la radio. El efecto Álamo entra en funcionamiento cuando escasea la munición. Y al Gobierno después de hacer las mismas tres reformas que Zapatero, pero mucho más profundas, la laboral, la financiera y la presupuestaria, se le ha disparado la prima de riesgo y la desconfianza internacional. Como a Zapatero. Acabada la munición, ¿ahora qué? Rajoy no se acaba de enterar que lo que hacía falta para dar confianza dentro y fuera no era un gestor de la crisis, sino un líder para este  país. Y que los liderazgos se construyen generando consensos mucho más amplios de las mayorías absolutas. Pero nada. La sensación de desgobierno, de estar superado por la situación, es la misma. Y el país, huérfano. Como antes.

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Política de camuflaje

Ignacio Martínez | 9 de abril de 2012 a las 7:31

Ya tenemos otra vez al Gobierno y a la oposición practicando su deporte favorito: el de las medias verdades. Como siempre. Da lo mismo quién ocupe el banco azul y cuál sea su adversario. El problema es que los dos grandes partidos siempre nos relatan una parte de la realidad. Por ejemplo, el PSOE se llevó toda la campaña electoral andaluza insistiendo en que el PP iba a recortar los servicios públicos, sobre todo sanidad y educación. Y acertó doblemente: porque todo indica que era cierto y por el rendimiento que le sacó a su advertencia. Lo que no nos dijo Griñán es de dónde recortaría él a cambio, porque tendrá que reducir el presupuesto andaluz en alrededor de 2.500 millones de euros. Pero de eso, ni una palabra. Ni entonces, ni ahora.

Sobre Arenas ya escribía ayer que se centró en los 30 años de socialismo y la corrupción consiguiente, pero ni una palabra de qué haría él con los mandos del poder. Esas medias verdades han tenido una rentabilidad equiparable; ninguno de los dos consiguió una mayoría de votos. Ambos se quedaron lejos de poder gobernar en solitario, a ocho y a cinco diputados. Pero cumplidas las elecciones regionales no nos libramos del ejercicio de cinismo de la media verdad y de la opacidad de las propuestas. Ahora a cuenta de la sanidad y la educación, en la Liga nacional.

Seguimos jugando al camuflaje. De Guindos aprovecha una entrevista con mi amigo Leo Wieland para decir en el Frankfurter Allgemeine que ahora el Gobierno va a afrontar dos reformas, la de la sanidad y la educación, que depende de las comunidades autónomas, y la del comercio y los servicios profesionales, que incluirá nuevas normas para fomentar el alquiler. Aunque no sale en el texto publicado, el periodista le preguntó al ministro cómo iban a presionar a las autonomías, y De Guindos se remitió a una reunión del consejo interterritorial que hay este mes. Ésta es la técnica informativa.

Aquí faltan varias cosas elementales. Si la soberanía nacional reside en el pueblo español, y las Cortes Generales representan a ese pueblo español soberano (artículos 1 y 66 de la Constitución) lo primero que falta es un debate extraordinario en el Congreso sobre la intensidad y ámbito de las reformas. En definitiva que cada partido nos diga de dónde se corta y cuánto. Es un despropósito empezar a ajustar en sanidad sin que nos expliquen por qué perviven diputaciones, comités económicos y sociales, televisiones locales y regionales, o más de la mitad de los ayuntamientos de España con capacidad de gasto, de menos de 1.000 habitantes.

Hay que hacer reformas, pero no a tontas y a locas. Y para eso hacen falta un debate en condiciones y un liderazgo que no tuvimos con Zapatero y no acaba de aparecer en el caso de Rajoy.

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La última ocurrencia

Ignacio Martínez | 31 de marzo de 2012 a las 9:50

La última ocurrencia del Gobierno ha sido una especie de amnistía fiscal para defraudadores. Un tipo superrebajado para delincuentes de cuello blanco y cara dura. Un 10% para el dinero negro que se aflore. Un insulto. El Gobierno nos viene a decir que todos los que pagamos nuestros impuestos religiosamente somos unos lilas. Rajoy tiene una papeleta muy difícil. Una misión imposible. Con la diferencia de que él no es Tom Cruise, y que esto que tenemos encima es una tragedia real y lo del actor es cine, ficción.
Resulta que el Gobierno de la nación debe rebajar el déficit público en 40.000 millones de euros mal contados. Y que todo el mundo está de acuerdo en que se haga algún recorte, pero nadie quiere que le recorten a él. Así que donde quiera que se toque salta como un resorte un nervio de la sociedad. No es fácil salir de este atolladero, sobre todo si uno ha llegado al Gobierno diciendo que todo lo que hacía falta era dar confianza y seguridad. No. Lo que hacia falta era sangre, sudor y lágrimas.

Ahora estamos en esa fase. De lo dicho, nada. Se suben impuestos, se recortan servicios sociales, se laminan derechos laborales. Se pueden llegar a comprender los argumentos, aunque no se compartan. Aunque para que crezca la economía y se cree empleo lo imprescindible, lo primero según los propios empresarios, es que haya dinero en cantidad suficiente y a precio razonable. Y de eso sigue sin haber. Pero corramos un tupido velo. El Gobierno debe gobernar y tiene que hacer sangre. Y duele. De acuerdo.

Pero ¿una amnistía fiscal es la terapia que este país necesita para salir de la depresión anímica que lo embarga? Eso significa que el PP no se ha enterado de lo que le ha dicho un cuerpo electoral tan numeroso como el andaluz y el asturiano. El 25-M no era un referéndum sobre la reforma laboral, pero sí un test en el que los partidos contrarios a la reforma sacaron 300.000 votos más que los populares. Y un millón de personas se manifestaron en la calle el jueves, que no es moco de pavo. Pues no se han enterado.

Pensándolo bien, Rajoy también es de cine. Como la Andalucía de Juan Lebrón, como Cruise. Veo en Youtube un vídeo de hace un par de años en el que el actual presidente del Gobierno clamaba contra el rumor de una amnistía fiscal que planeaban Zapatero y Salgado. Algo que no pensaba apoyar, porque llevaría a los que ya pagaban a pagar más y a perdonar a los que no han pagado. Asunto muy injusto en una España de cuatro millones y medio de parados, decía. “Lo que España necesita para atraer financiación y capitales no es una amnistía fiscal, sino confianza en la política económica del país y en el Gobierno que la tiene que implementar. Espero que esta sea la última ocurrencia”.
No fue entonces sino ahora. Ésta es la guinda a las reformas que el país necesita según el hombre de la confianza. La última ocurrencia.

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El techo de Arenas

Ignacio Martínez | 26 de marzo de 2012 a las 12:40

Se acabaron las pedradas de la campaña electoral. Ahora tenemos un ganador, Javier Arenas, a quien no se puede felicitar, porque el resultado que obtuvo ayer es un duro fracaso personal. Por cuarta vez no logra su intento de gobernar Andalucía. En esta ocasión siendo el candidato más votado, pero con un exiguo 1% de ventaja sobre su gran rival. El Partido Socialista ha perdido unos 700.000 votos desde 2008. Pero al propio Arenas le han votado 200.000 menos que hace cuatro años. Tiene un techo, igual que se llegó a decir de Fraga. Y su partido haría bien en buscarle un relevo efectivo y no tutelado por él mismo, como hizo durante el ficticio mandato de Teófila Martínez.

Quien quiera que gobierne en la Junta, y lo más probable es que sea Griñán, debería no obstante recordar las palabras del candidato ganador en los últimos días: humildad, diálogo, austeridad y reformas. La última es más interpretable. Bajo el manto de las reformas se han recortado presupuestos públicos por tierra, mar y aire, que le han costado no pocos votos al PP en la jornada de ayer. Pero las tres primeras premisas, debería el presidente Griñán hacerlas grabar en un gran cuadro para que ocupe lugar destacado en su despacho de San Telmo. Le ha sobrado soberbia y ha faltado diálogo al Griñán presidente y secretario general del PSOE andaluz.

Y a Arenas le han sobrado los recortes del Gobierno, los efectuados y los presumidos por el electorado. Estas elecciones se han jugado en clave nacional y Rajoy ha sufrido una seria advertencia del electorado en Andalucía y Asturias. Y a Arenas le ha faltado el debate de Canal Sur que despreció y quizá algún alguno más. Por ejemplo, un cara a cara con Griñán. La humildad no debería ser sólo un eslogan. Cuando se va de sobrado, al final se queda uno corto.

En todo caso, hay que esperar a ver si se ponen de acuerdo PSOE e IU. Entramos en la fase de los papeles. Del programa, programa, programa de los izquierdistas. Que en un momento culminante podría incluir dos pactos para gobiernos de izquierda en Extremadura y Andalucía. Unos gobiernos que tendrán que explicarnos cómo utilizarán la tijera. Está muy bien declarar intocable del Estado de bienestar. Pero los presuntos socios del próximo Gobierno andaluz nos deben decir de dónde cortarán en los presupuestos.

El resultado de ayer supone un gran éxito de IU, que sube más de 100.000 votos; duplica su presencia en la Cámara regional. Y encima se presume que entrará en el Gobierno. La aparición de UPyD en el nuevo Parlamento hay que aplazarla para mejor ocasión. Se ha disputado su segmento del electorado con el PA, con funesto resultado para ambos. En la anterior legislatura todo el mundo echó de menos la desaparición de la voz andalucista. Un partido que fue el gran animador de la autonomía en sus inicios. Y que con su ausencia reiterada del Parlamento casi certifica su final.

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El miedo y el cuerpo

Ignacio Martínez | 25 de marzo de 2012 a las 10:43

Hoy habla el cuerpo electoral. En campaña hablaron los políticos; los últimos días alentando el voto del miedo. La última bala de todos los partidos, que disparan contra el adversario. En este campeonato de tiro al blanco ha destacado el ex presidente Chaves. Si gana el PP peligra la democracia. Titular casi insuperable. En extenso, ha dicho que la salud, calidad e intensidad de la vida democrática española están en peligro si gana el PP, porque la derecha pretende desmantelar el Estado de bienestar y privatizar educación, sanidad y servicios sociales. Miedo en el cuerpo. Chaves ha estado muy acompañado en el deporte de asustar a la parroquia. De hecho, Griñán ha subrayado hasta la extenuación el afán privatizador del PP.
En la acera de enfrente, Arenas ha convertido la corrupción, los eres y el despilfarro como el principal leitmotiv. Y ha aventado el miedo a un posible pacto de izquierdas por el riesgo de radicalización. El propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se acogió a esta invocación para señalar lo dañino que sería ese frente de PSOE e IU, que hiciera pinza a la lista más votada. Sostuvo que eso traería inmovilismo y resignación.
También traería lío, añado de mi cosecha. Griñán ha acabado la campaña poniendo condiciones a ese eventual pacto, que es su única posibilidad de conservar el poder. En el Foro Joly aseguró que no se imaginaba a Sánchez Gordillo de consejero. Como respuesta, Valderas ha dicho que el alcalde de Marinaleda sería un buen consejero de Agricultura. Y el propio Gordillo ha tirado por la calle de en medio: ha advertido que quien pacta con el diablo [y mete en ese perfil a PP y a PSOE] acaba en el infierno. Lío.
Valderas también ha metido miedo con el copago sanitario, que sostiene que trae la derecha debajo del brazo. Pilar González, del PA, ha criticado que Rajoy haya venido a Andalucía a meter miedo con los recortes. Y Martín de la Herrán de UPyD tiene miedo de que el PP se olvide de la cruzada contra la corrupción y tiene amilanados a los funcionarios de diputaciones y pueblos pequeños, instituciones que plantea suprimir.

El miedo es el mensaje. Pero usted, querido lector, vote lo que le pida el cuerpo. Se lo agradecerá.

Arenas se ve ganador

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2012 a las 13:58

No lo dice, pero Arenas se ve ganador. En especial, si la campaña sigue al tran tran, en perfecta sintonía con la del 20-N. El presumible ganador no se compromete a nada, salvo a ser honrado, trabajador, austero, eficiente, bueno con los funcionarios, dispuesto a eliminar consejerías, direcciones generales y coches de respeto. Ofrece la garantía y el crédito de la marca. Como Rajoy en noviembre. Están tan seguros de ganar, que el gurú de la casa, Pedro Arriola, ya está anunciado en un foro el martes 27 para explicar los resultados. Si no estuviese convencido de la victoria, un tipo tan discreto no se expondría. Entre tanto, continúa la batalla electoral con la misma tónica; munición de grueso calibre contra el adversario, que es malísimo por definición. Las dos eres máximas de la política nacional pisan suelo andaluz para seguir con su hispánico duelo a garrotazos. Resumen del fin de semana. R1, o sea Rajoy: Dice que va a seguir con las reformas prudentes. Y que Arenas tiene gente tan buena que no haría un gobierno mejor que el de Griñán, ¡sino trescientos! Será gallego, pero exagera como el andaluz del tópico. Como ven, está lanzado. R2, o sea Rubalcaba: Afirma que el PP viene con más engaños y utiliza Andalucía para vender la misma mercancía conservadora. Cayo Lara no desmerece y pide el voto contra la reforma laboral. Ninguno dice nada sobre cómo conseguir que Andalucía pase del puesto 16 al 15 en el PIB per cápita español, aunque sólo sea eso. Seguimos esperando soluciones, pero la campaña sólo da para eslóganes. Los dos presidentes también siguen en su tónica habitual; toreo de salón. El saliente Griñán dice que no ganaremos el futuro con reforma laboral sino con investigación y conocimiento. Un hallazgo. Y el entrante Arenas ha estado estupendo. Sostiene que cuando gane va a acabar con el rodillo, la soberbia y la arrogancia. Se da por sobreentendido que se refiere a la soberbia y arrogancia socialista, porque él no padece de semejantes defectos. Por eso va al debate de la televisión pública esta noche. ¿O es que no iba? Si no va es que está tan convencido de su victoria que no quiere arriesgarse. Como Rajoy antes del 20-N, desprecia a la televisión pública, con el mismo guión. Prefiere quedar de arrogante, ahora que todo indica que va a ser el ganador, incluido nuestro barómetro.

Huelga, miedo y liderazgo

Ignacio Martínez | 10 de marzo de 2012 a las 19:23

Este país no está para una huelga general. Tampoco está para que una reforma laboral tan profunda se haga por las bravas. El nuevo presidente intenta diseñar su propio estilo de liderazgo, pero no termina de encontrarlo. De los dos últimos primeros ministros, Aznar se pasó de autoritario y Zapatero se pasó de ingenuo. Rajoy ya ha tenido algún gesto audaz que le ha puesto buena nota incluso en un selecto grupo de periódicos británicos y norteamericanos de primer nivel mundial. El anuncio en Bruselas, tras el último Consejo Europeo, de que pondría el déficit español este año en el 5,8% del PIB en vez del 4,4% exigido por la Unión Europea, ha sido tomado como una medida de sentido común y como un desafío al directorio prusiano de la señora Merkel. Pues bien, en la reforma laboral que tanto ha encantado a la patronal y tanto ha indignado a los sindicatos le ha faltado al presidente la misma audacia. El perfil de su liderazgo no está terminado. Y se nota.

Las empresas de este país lo primero que necesitan es dinero en condiciones razonables, a precios asequibles. Es verdad que hay que facilitar la contratación, pero el anuncio gubernamental de que este año rozaremos los seis millones de parados no por sincero deja de inquietar al pueblo llano. Hay miedo en la sociedad española. Mucho miedo, como en la copla. Miedo a perder el trabajo, la casa, el bienestar. Miedo a la ruina. Por eso lo más probable es que fracase la huelga general convocada ayer por los sindicatos. Salvo en las empresas y servicios públicos, que será donde vuelquen su esfuerzo los convocantes. En este capítulo ha faltado diálogo con los sindicatos, cuyos máximos dirigentes han pedido por carta y sin respuesta ver al presidente del Gobierno.

Será porque Rajoy todavía no tiene ultimado su perfil de liderazgo. Como no corre el riesgo se imitar la ingenuidad de Zapatero, a Dios gracias, habría que recordarle en el segundo mandato de Aznar se incubó su derrota de 2004. Un buen líder consigue consensos más allá de su rodillo mayoritario en el Parlamento. Y debe evitar demonizar a quienes le llevan la contraria en la calle.

La tentación de descalificar a los sindicatos es una moda nacional, nada pasajera. Pero las organizaciones sindicales son uno de los pilares de cualquier Estado democrático que se precie. De hecho, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando era portavoz de la oposición en 2000, reprochó duramente al Gobierno de Zapatero que su reforma laboral se hiciese sin diálogo social, sin convencer a los sindicatos y para facilitar el despido, que no era precisamente lo que España necesitaba. Debería aplicarse ahora su propio cuento. Y el presidente debería esmerarse en encontrar pronto su propio perfil de liderazgo. Este país necesita confiar en alguien. Desesperadamente.

Sin complejos

Ignacio Martínez | 20 de febrero de 2012 a las 20:13

El congreso del PP no sólo ha sido una balsa de aceite, en duro contraste con el del PSOE de hace dos semanas. También es una manifestación de cómo el poder es un bálsamo que todo lo templa. Me enternece ver la foto de Esperanza Aguirre en la primera fila de los líderes regionales, con el riojano, gallego, canario, castellano leonés, catalana y valenciano, sonriendo de ficticia satisfacción y aplaudiendo con fuerza. La amplitud de las sonrisas ficticias es inversamente proporcional a su entusiasmo verdadero.

Quienes perdieron el congreso de Valencia de hace cuatro años, después de un acoso y derribo a Rajoy de época, se han pasado con armas y bagaje a las filas del vencedor de las elecciones de noviembre. Lo que incluye a medios de comunicación, que aplauden ahora con el mismo frenesí con el que todos los lunes presentaban un desafecto a la causa de Rajoy, tras su derrota de 2008.

Ayer salieron a la calle varias decenas de miles de manifestantes contra la reforma laboral en toda España. Cientos de miles. Sin complejos, el presidente del Gobierno califica de justa la reforma laboral y sigue pidiendo sacrificios. Sin complejos, también, le ha dado todo el poder en el partido a la secretaria general que lo ha gestionado desde el mencionado congreso de Valencia, con tanto éxito. A un servidor le resulta extraño ver a una presidenta autonómica ejerciendo de máxima jefa de un partido nacional. Aunque en realidad el suyo no es todo el poder, sino un poder delegado por el propio Rajoy y tiene un contrapunto: la presencia de Javier Arenas como primer vicesecretario general. Frente al nombramiento de Griñán, de compromiso, como presidente del PSOE después de perder el congreso de su partido, la presencia del presidente del PP andaluz en la cúpula del suyo es la constatación de que es el único dirigente popular con un poder autónomo en España. Fue clave su papel para que a Rajoy no se lo llevaran por delante los duros de sus partido, alineados en esa época con Aznar. Y además, como en el caso de Griñán, se la juega el 25 de marzo.

Resulta curioso que la nueva dirección máxima del PP sea sureña. De la mitad de España para abajo. Hay una castellano manchega, un andaluz, un extremeño y un valenciano como guardia pretoriana del gallego Rajoy. Nadie del potente triángulo industrial Madrid-Cataluña-País Vasco. Rajoy ha hecho pocas concesiones territoriales o de género en su primer Gobierno y ha vuelto a hacer lo mismo en la primera dirección del PP que compone tras convertirse en un líder social. Se comporta sin complejos, incluso ahora que empieza a sonar el ruido de la calle.

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Falta la reforma esencial

Ignacio Martínez | 12 de febrero de 2012 a las 12:07

Rajoy parece el presidente del Gobierno menos carismático de la democracia española, en dura competencia con Calvo Sotelo. Con dos diferencias a su favor: ha ganado las elecciones y su antecesor no se presentó, y tiene una cómoda mayoría absoluta de la que carecía la UCD del año 81. El discreto encanto del personaje y su condición de gallego imperturbable, no hacen al presidente anodino. No hay que confundirse.

No lleva dos meses en el cargo y ya hay sobre la mesa un ajuste presupuestario de 15.000 millones, la reforma del Bachillerato y la Secundaria, un cambio en la ley del aborto, el copago judicial si se recurre una sentencia, una ley de costas más permisiva, la sustitución de la Educación para la Ciudadanía, un aumento del IRPF para los que ya pagan, una reforma del mercado de trabajo agresiva, el despido más barato, un incremento de provisiones bancarias que retirará de la circulación 50.000 millones, la rebaja de subvenciones a partidos y sindicatos, la cancelación de las primas a las energías renovables, un cambio en la designación de miembros del Poder Judicial y en el estatus de los magistrados del Constitucional, la reforma de la ley del Menor… Leído de corrido, marea. Asusta.

¿Y todo esto, para qué? Depende. Las medidas políticas buscan “poner las cosas en su sitio”, que es lo que hace media España cuando llega al Gobierno, cualquiera que sea esa mediaespaña, de izquierdas o de derechas. Por otro lado, las propuestas económicas persiguen corregir el déficit, según un patrón fatídico: más ajuste, menos actividad, menos impuestos, más déficit, más ajustes, menos actividad… Es evidente que falta algo: las medidas para el crecimiento, de las que no hay noticia, ni en el ámbito nacional ni en el europeo.

Pero faltan más cosas. Andrei Shleifer, catedrático de Economía en Harvard, señala que los países escandinavos apenas tienen regulado su mercado de trabajo, pero protegen muchísimo a sus ciudadanos. Habría que recaudar más impuestos, poner a pagar a los evasores y pedirle mucho más a las rentas del capital. La reforma penal debería incluir un aumento del periodo de prescripción de los delitos fiscales y endurecer las penas. Así se rompería el círculo vicioso de arreglar el déficit sólo a base de recortes, que producen recesión. De momento, falta la reforma esencial. Y sin crecimiento vamos de cabeza a por los seis millones de parados.

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Un éxito de cumbre

Ignacio Martínez | 30 de enero de 2012 a las 13:45

Me apuesto lo que quieran a que el presidente Rajoy llega a la rueda de prensa final del Consejo Europeo de hoy, y dice: “La cumbre ha sido un éxito”. No soy adivino, pero he visto decir lo mismo decenas de veces a González, Aznar y Zapatero. Es un clásico al que no se resiste ningún mandatario. Después de estar debatiendo durante horas con colegas de tanto talento y carisma, salen de las reuniones abducidos y con la sensación de haber salvado el mundo.

Sin ir más lejos, el julio del año pasado, Grecia estaba al borde de la suspensión de pagos y se reunieron en Bruselas los líderes de los 27 para resolver la situación. Inyectaron en las arcas públicas griegas 109.000 millones de euros más, en ayudas públicas y privadas. Rebajaron los intereses; dilataron plazos, multiplicando hasta por cuatro los años de vencimiento, con diez de ejercicios de carencia… Y se fueron convencidos de que habían apuntalado al país heleno. Hoy Grecia necesita otros 130.000 millones y que le hagan una quita de la mitad a la deuda antigua. Pero la cumbre de julio fue un éxito, desde luego.

Ahora los socios comunitarios se enfrentan a un nuevo riesgo de suspensión de pagos de Grecia. Y van tres. Pero además, no han resuelto lo que cursimente se llama gobernanza económica de la zona euro. Y ya se han metido en crear la unión presupuestaria europea… Lo único que ha mejorado en los últimos meses ha sido la famosa prima de riesgo. La prensa nacional más conservadora lo atribuye en España al efecto Rajoy. Pero no, fue la inyección de medio billón de euros del Banco Central Europeo en el sistema financiero continental lo que alivió hace un mes la presión sobre los intereses de la deuda en todas partes. En Francia, por ejemplo, ya no tienen la triple A de solvencia en las agencias de calificación, pero las emisiones de deuda le salen más baratas que nunca.

Hoy sobre la mesa del Consejo vuelve a estar el problema griego, el país que nunca debió entrar en 2002 en la moneda única y que probablemente ya lo hizo falseando las cuentas. Pero además hay otras cuestiones que son imperativas para la buena marcha de nuestro país. Por ejemplo un plan de estímulos para el crecimiento económico. Sólo con recortes en los presupuestos públicos, España no saldrá del agujero. Y ya empiezan a caer como moscas los empleos en el sector público y entre los trabajadores con contratos indefinidos. Vamos lanzados hacia los seis millones de parados. En Huelva y el Cádiz un tercio de la población activa no tiene trabajo.

El ajuste del déficit al 4,4% no se podrá cumplir hasta dentro de dos o tres años. O se prorroga ese plazo y se consigue poner en marcha un plan de crecimiento, o esta cumbre será un fracaso. Diga lo que diga el presidente del Gobierno, para cumplir con el guión tradicional, sobre el inevitable éxito de esta cumbre.