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Así se construye un país

Ignacio Martínez | 14 de enero de 2012 a las 12:34

Hay ministros que lo están haciendo muy bien. Por ejemplo García Margallo, que ha dado una lección de civilidad y política de Estado convocando a todos los ex ministros de Exteriores para pedirles opinión sobre la modernización del servicio diplomático español. Otros se estrenaron, como la onubense Báñez, proclamando a los cuatro vientos la ruina del país y la herencia recibida. Los ministros no deberían dar mítines, pero vienen elecciones en Andalucía y el Gobierno necesita amparar las impopulares medidas de subida de impuestos y reducción del gasto. Como las decisiones contradicen su doctrina y sus promesas, acude a la propaganda. O, mejor dicho, a la demagogia.

Ahora resulta que el traspaso de poderes no fue tan ejemplar como pregonó la vicepresidenta Santamaría y deslizan que se ocultó la cifra de déficit. Penoso. La mayor parte de los 15.000 millones de déficit de las comunidades autónomas se han producido en regiones gobernadas por el PP; no cabe ni ocultación ni sorpresa. El hachazo a las cuentas públicas y el aumento de impuestos me recuerdan la cándida manera que tenían de explicar el futuro Rajoy, Arenas y sus muchachos hace meses. El asunto era que había que dar confianza al país, y bajar impuestos para que circulase más dinero, las empresas pudiesen invertir y se creara empleo. Y que quitando asesores y coches oficiales, para dar una lección de austeridad, la cosa iba a girar como por ensalmo. Pues ya ven.

Margallo, por el contrario, en vez de dedicarse a denigrar al Gobierno saliente o a tomar por tontos a los ciudadanos, ha convocado a todos sus antecesores en el cargo, incluidos los dos ministros que han ocupado su cartera en los ocho años de Zapatero. El miércoles se reunieron Marcelino Oreja, José Pedro Pérez-Llorca, Javier Solana, Abel Matutes, Josep Piqué, Miguel Ángel Moratinos y Trinidad Jiménez. Faltaron cinco jefes de la diplomacia española durante la democracia: Areilza y Fernández Ordóñez han fallecido, Morán está enfermo y Westendorp y Ana de Palacio no pudieron asistir.

Se trata de reformar el servicio exterior español para que funcione de manera eficiente, ayude a las empresas a exportar y mejore la imagen de marca de España en el mundo. Las relaciones exteriores son una política de Estado que necesita consenso. Ya lo hubo en la crisis de Libia el año pasado, sin ir más lejos. Los reunidos hablaron también del futuro de Europa. Y estuvieron de acuerdo en que las carencias de la unión monetaria y económica tienen una solución política. Y que con austeridad fiscal no basta para salir de la crisis económica, que faltan medidas de estímulo para ayudar al crecimiento. Así se construye un país.

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Triste porvenir

Ignacio Martínez | 2 de enero de 2012 a las 19:32

El Partido Popular ha llevado en romería a Huelva a su nueva campeona regional, la neófita ministra de Empleo Fátima Báñez. La segunda ministra más joven del Gabinete gozaba hasta ahora de una sólida reputación. Incluso sus adversarios políticos cotizaban su sentido del humor y ausencia de sectarismo en el consejo de administración de Canal Sur; la brillantez de su discurso en los foros feministas, su capacidad de trabajo, solvencia jurídica y espíritu negociador. Pero hete aquí que la primera visita a Andalucía tras su nombramiento ha interpretado el papel de Cruella de Vil. Y hay que advertir a la ministra que ese papel ni le va ni le conviene.

Báñez ha dicho en la romería onubense algo que un ministro no debería brindarle a los administradores de fondos de inversión de todo el mundo: que España está en la ruina. Todo para meterse con el difunto Gobierno socialista. En resumen, Zapatero mintió sobre el déficit y el pobre de Rajoy no ha tenido más remedio que subir los impuestos. Discurso tan tierno como falso. Era imposible ajustar el déficit sin subir impuestos. Es lo sabía el jefe del PP desde hace meses. Y el desfase de un par de puntos entre la realidad y el tope fijado por el directorio europeo era más que previsible; la mitad de las comunidades autónomas van a cerrar el ejercicio con déficit excesivo.

En dos de las tres peores regiones en la materia, Valencia y Murcia, gobiernan los populares desde tiempo inmemorial, y en casi todas las incumplidoras están desde hace siete meses. Así que el PP debía tener perfecta noticia de la realidad de las cuentas públicas y del desfase antes de las elecciones. Sin embargo, ha sido la Fundación de las Cajas de Ahorro la que ha advertido de la desviación, a la que se han abrazado con fe de conversos Rajoy, Montoro y compañía para subir impuestos. Curiosamente, Funcas está dirigida por Carlos Ocaña, secretario de Estado de Hacienda de Zapatero hasta anteayer, que no es mal sastre porque conoce el paño.

En su pueblo, San Juan del Puerto, Báñez estuvo más Fátima que Cruella y atribuyó la  ruina nacional simplemente a la crisis. Es razonable: aunque Zapatero haya sido un mal gobernante, la misma crisis se ha llevado por delante a gobiernos conservadores en Italia, Irlanda o Dinamarca. Y a ejecutivos de izquierdas en el Reino Unido, Portugal y España. Incluso en Grecia ha engullido a gobiernos de los dos signos en sólo un par de años. Así que se ruega no tomar por tontos a los ciudadanos cuando se dan las explicaciones.

Javier Arenas, bien directamente o por persona interpuesta como en este caso, sigue empeñado en dar patadas a los socialistas. Fía su triunfo en las autonómicas al paro, la crisis, la corrupción en la Junta y a la extrema levedad del liderazgo de Griñán. Quizá a dos meses y medio de la cita con las urnas debería poner algo de su parte. Pero su propio liderazgo sigue sin aparecer por ninguna parte. En eso se parece mucho al actual presidente. Lo que nos augura un triste porvenir.

Cobardes y traidores

Ignacio Martínez | 1 de enero de 2012 a las 13:27

Cuando Ferenc Szusza entrenaba al Betis en los 70, le pedía a Rogelio más entrega en los entrenamientos. Pero el magnífico extremo izquierda coriano no estaba por la labor. Y un día, ante la insistencia del húngaro para que corriera más, le respondió con ingenio y contundencia: “Míster, correr es de cobardes”. No es un chiste, es una historia real. Tampoco parecía una broma ver a Montoro estos años atrás sostener hasta la saciedad que para que creciera la economía había que bajar los impuestos. O, más recientemente, al presidente Griñán decir con solemnidad en el Parlamento andaluz que su partido no se iba a aliar con la crisis contra el Gobierno de Rajoy, a diferencia del acoso que han sufrido los últimos años los gobiernos socialistas español y andaluz a manos del PP.

No parecían bromas, pero lo eran. Ayer, con su característico hablar deslavazado, el ministro de Hacienda explicó que los que ya pagan impuestos, pagarán más. Este Gobierno, como los anteriores cuando han tenido necesidad, acude a la misma teta de la misma vaca. Le piensan sisar a los contribuyentes 6.500 millones de euros en nuevos impuestos sobre la renta, el capital y los bienes inmuebles. De libro. Todos sabíamos que no se ajustaba el déficit público sólo gastando menos; además había que ingresar más. Y todos, incluye a Montoro, aunque el jiennense diputado por Sevilla no lo dijera. Muy listo, el catedrático.

La coartada del Gobierno también es de libro. Hay dos puntos de diferencia entre el déficit comprometido y anunciado por el Gobierno saliente y el real. O sea, 20.000 millones de euros. Así que han procedido al primer ajuste duro de la era Rajoy. No será el último, porque con las medidas de reducción del gasto y de aumento de los impuestos se cubre menos de la mitad de lo que hay que recortar este año. Falta otro ajuste, que vendrá en el paquete que se apruebe, Dios mediante, en el primer Consejo de Ministros tras las elecciones andaluzas.

Una portavoz del PSOE dijo ayer que Rajoy ha engañado a los españoles y ha cometido fraude en las elecciones, violando su programa. No exactamente, porque en la campaña no dijo esta boca es mía. Más transparente ha sido el portavoz del PSOE en el Parlamento andaluz, que hace unos días acusó de traidor al presidente del Gobierno, ante la sospecha de que retrasaría las medidas de ajuste, para no perjudicar las expectativas electorales de Javier Arenas en las autonómicas. Se equivocó Jiménez, como suele. Pero dijo más: lo que haya que hacer, hay que hacerlo ahora, porque ni la economía ni los desempleados españoles pueden esperar. ¡Bravo!, reclama desesperado el ajuste para poder criticar al Gobierno y deja en evidencia una vez más a su jefe Griñán, que prometía no aliarse con la crisis contra el Gobierno. Una broma.

2012 se presenta malo; al menos les deseo una feliz entrada de año

Gobierno sin galvanizar

Ignacio Martínez | 24 de diciembre de 2011 a las 14:12

Rajoy y sus trece ministros han hecho su primer desafío; al frío invierno matinal de Madrid. Han cogido oxígeno y posado a cuerpo para los fotógrafos. Ayer se estrenó el Gobierno y sigue sin soltar prenda. La estrategia del nuevo presidente debe tener virtudes taumatúrgicas: la Bolsa sube y la prima de riesgo baja. A lo Helenio Herrera, sin bajarse del autobús. Recuerda la llegada de Balladur a Matignon en los 90. Ahora se anuncian las primeras medidas para el 30 de diciembre. Allí habrá prórroga de los presupuestos, con subida para las pensiones y no se sabe qué para los funcionarios. Las apuestas de más riesgo y los disgustos gordos se dejan para finales de marzo, cuando haya terminado el maratón electoral con las elecciones andaluzas. Todo hace pensar que Rajoy hará lo que sea para consolidar la cantada victoria de Javier Arenas.

Como todo lo nuevo, los ministros estaban ayer estupendos en su estreno. Limpios y relucientes. Sonrientes. Y eso que se enfrentan a la situación más difícil de nuestra joven democracia. En la época de Mitterrand, Chirac y Balladur se acuñó en Francia el principio de que no existía el Gobierno inoxidable. Y no se ha inventado desde entonces. De hecho, a Suárez se le oxidó el suyo ya en la primera legislatura. A Aznar y Zapatero, en la segunda. Y a los más duraderos, los de González, la herrumbre les entró en la tercera y los carcomió en la cuarta. Rajoy empieza con un sólido equipo de leales, pero tiene un Gobierno sin galvanizar. La crisis no lo permite. Trabajarán sin red.

Quizá por eso, el presidente ha escogido para la odisea a personas con un currículo y una edad. Seis ministros tienen más de 60 años y la media es de 55,6. Sólo dos tienen menos de 50: la ministra de Empleo, la onubense Fátima Báñez, y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la benjamina del Gabinete, con 40. Cómo cambian los tiempos. Esa era la edad de Felipe González cuando llegó a La Moncloa. Y Suárez, Aznar y Zapatero fueron primeros ministros con 43. Rajoy, con 56. A esa edad, los cuatro citados eran ya veteranos ex presidentes. Incluso el efímero Calvo Sotelo dejó el poder con 56.

Estamos pues ante un Gobierno de seniors, de gente con una o dos carreras universitarias, en el que se da alguna circunstancia curiosa. Hay sólo cuatro ex ministros, entre catorce miembros. Ninguno de ellos, por cierto, tendría la etiqueta de aznarista puro y duro. Hay cuatro de 1950: Arias, Montoro, Fernández Díaz y Wert. Y sólo cuatro mujeres. Se acabó el festival de los jóvenes y las mujeres primero del zapaterismo, que criticó recientemente con ácido sarcasmo Alfonso Guerra. Aunque señoras con capacidad hay suficientes en el PP como para que se corrija este desequilibrio en las remodelaciones que inevitablemente habrá, por el natural efecto de la oxidación.

Andalucía, como Teruel

Ignacio Martínez | 24 de diciembre de 2011 a las 14:09

Uno se puede quedar con lo que quiera de estos debates de investidura. Históricos. De hecho, sólo ha habido seis presidentes de Gobierno en España desde las primeras elecciones democráticas de 1977. Si prescindimos del efímero Calvo Sotelo, que no había sido candidato, caben a casi siete años, que no está mal; es un buen signo de estabilidad. Pero me quedo con dos detalles del debate. Que el portavoz de Amaiur se llame Antigüedad es toda una paradoja. El último terrorismo de Europa, aún no disuelto, tiene unos amigos políticos con una fuerte base social. Tanta, que tienen siete diputados en el Congreso, que este cronista vería justo que formasen grupo parlamentario. Celebro que Antigüedad diga que el abandono de la violencia es irreversible y que no han venido al Congreso a pedir la independencia. Pero eso sí, su empecinamiento en el conflicto político se ha quedado un poco antiguo; un par de siglos…

La otra cosa que me llama la atención es que ayer en la Carrera de San Jerónimo se ha levantado un diputado del Bloque para pedir que se aceleren las obras del AVE a Galicia. Un asturiano del Foro describió las reivindicaciones del principado sobre fondos mineros, sector naval o industria siderometalúrgica. Un vasco del PNV demandó una interlocución privilegiada con Euskadi en materia de I+D+i y política industrial. Un navarro de UPN reclamó el mantenimiento del statu quo foral. Un catalán de CiU, que pretendía un pacto fiscal semejante al vasco y al navarro, porque dice que España empobrece a Cataluña. Un valenciano de Compromís que denunció la corrupción de su gobierno autónomo. Una canaria de CC que reclamó la prórroga de la bonificación de las tasas aéreas, la reforma del régimen fiscal de las islas y la anulación  del veto del Parlamento Europeo al acuerdo de Pesca con Marruecos.

Tantos y tan variados portavoces regionales hacen que ya haya tantas regiones con voz en el Congreso como sin ella. Entre otros, ha vuelto la Chunta. Y el aragonés que ocupa el puesto que en su día tuvo Labordeta ¡habló ayer de Teruel!, que hasta ahora era el paradigma del territorio transparente, inexistente. Para demostrarlo, alguien con muy buen tino se inventó el eslogan de Teruel también existe. Bien, pues servidor reclama desde aquí, que Andalucía también existe y nadie la ha mencionado en este debate de investidura. También hay aquí una tasa de paro muy superior a la media nacional, la amenaza de un fuerte retroceso en las ayudas de la PAC, angustia ante la pérdida del caladero marroquí, y mil otros problemas, sin nadie que los airee.

Todo eso estuvo ausente en el debate. Este festival de regiones defendiendo sus intereses produce una España de dos velocidades: con y sin representación en el Congreso, que es un altavoz imprescindible. Y Andalucía está en la misma posición teórica de Teruel. 

Rajoy promete un milagro

Ignacio Martínez | 14 de noviembre de 2011 a las 16:00

Además de tecnócratas, en la periferia europea llegan al poder políticos con experiencia y preparación, pero sin carisma, que en otras circunstancias lo tendrían difícil. Es el caso de Passos Coelho en Portugal o Mariano Rajoy en España. Es también el perfil de Antonis Samaras, candidato predilecto para las elecciones helenas de febrero. Moderados. Por no considerarlo lo bastante duro, bastantes dirigentes de su partido quisieron jubilar a Rajoy en 2008. Y fue sostenido por unos pocos, con Javier Arenas a la cabeza, lo que convierte ahora al presidente del PP andaluz en el hombre fuerte de la galaxia popular, aunque no cuente para la alineación gubernamental por su aspiración a la Junta.

En los tiempos que corren, el público no quiere poetas, ni iluminados. Equivocados o no, los electores se inclinan por tumbar a sus gobiernos, del signo que sean, y poner al frente de los países a gente eficaz. Es un error, sin embargo, pensar que todas las políticas económicas van a ser marcadas por el directorio europeo. Hay muchos modelos a elegir y muchos riesgos que correr. Mercados de trabajo muy regulados y bajos impuestos, como en España, o lo contrario como en los países nórdicos. Reducir la administración, como propone de facto el PSOE con las diputaciones, o dejar en vigor el solapado entramado institucional español, como parece apuntar el PP. Privatizaciones y copago en educación y sanidad, o servicios públicos gratuitos a ultranza…

También sería saludable que se diluyera el exagerado sistema bipartidista actual, con dos grupos parlamentarios muy grandes, ninguno intermedio, uno pequeño (CiU) y varios minúsculos. Se puede ir a un esquema como el alemán con dos grandes y tres medianos. Si se modera el reparto de escaños, se calmaría la fatal tendencia cainita de PP y PSOE. Es sorprendente que en 35 años de democracia no haya habido todavía un solo gobierno de coalición. Todos los gabinetes han sido monocolor, incluidos los de las seis legislaturas sin mayoría parlamentaria.

Y aunque el nuevo Gobierno disponga de margen en economía, en materia de costumbres tendrá más espacio. Hay dudas sobre lo que hará el PP con leyes que no le han gustado, aunque las votara a favor, como la prohibición de fumar en lugares públicos. Rajoy no suelta prenda sobre el futuro del matrimonio homosexual y la ley del aborto, pero sí se ha pronunciado sobre la ley antitabaco. Quiere dejar fumar en algunos bares. La Organización Mundial de la Salud atribuye a la ley antibaco española el descenso de un 5% en el consumo y sostiene que eso evita mil muertos al año. Pero se acaba. Entre lo poco que ha dicho Rajoy destacan dos cosas: se revalorizarán las pensiones y se volverá a fumar en lugares públicos. También sostiene que volverá el milagro español de su mano. Lo malo es que no ha dicho cuándo.

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El debate: mucho ruido y muchas nueces

Ignacio Martínez | 9 de noviembre de 2011 a las 13:30

 

Los dos son madridistas, pero en el arranque del debate sólo lo parecía Rubalcaba, siempre al ataque jugando en campo contrario, por oleadas, con regates y lanzamientos de falta. Rajoy estuvo a la defensiva. Eso sí, con orden y oficio. Parecía del Levante. O del Racing de la época de Maguregui, sustituyendo el autobús por los cinco millones de parados o por lo que el PSOE no ha hecho en estos cuatro años, o por lo que los socialistas hicieron ¡en 1992! Ambos empezaron nerviosos y cometieron errores. El principal desliz de Rubalcaba fue que repetidamente dio por seguro ganador a Rajoy, como cuando aseguró que iba a bajar las prestaciones por desempleo, que ya lo veríamos. La mayor debilidad de Rajoy ha sido leer una y otra vez, a veces descaradamente, el texto que se había traído escrito de casa. Ha mirado mucho más a sus papeles que a Rubalcaba.

Pocas propuestas precisas, de uno u otro. La de Rajoy es que no congelará las pensiones, que garantiza su revalorización. Las dos de Rubalcaba han sido eliminar las diputaciones y reducir el tamaño del Ejército. Rajoy hizo una defensa cerrada de las corporaciones provinciales, con el argumento de que los pequeños pueblos las necesitan, y añadió que sólo tienen 3.000 millones de euros de deuda. Se olvidó, o quizá lo ignora, que cuestan al año 22.000 millones. El argumento de la austeridad a ultranza no llega para el jefe popular a estas instituciones, calificadas por Rubalcaba de preconstitucionales.

Los dos han sido vicepresidentes del Gobierno, pero Rajoy empezó más institucional, más calmado. Se le notaba mucho la ventaja en los sondeos y la lejanía de la cita electoral, dentro dos semanas. También su experiencia en estas lides, proporcionada por los dos debates de hace cuatro años. La compostura no evitó que Rajoy le dijera a su oponente mentiroso e insidioso, o que hiciese como que se equivocaba para bautizar a Rubalcaba como Rodríguez, en sibilina alusión al desaparecido ex presidente Zapatero. Se había dicho que el registrador de la propiedad vendría al debate como el buen opositor que fue, con todas las lecciones aprendidas, pero ese principio quedó en entredicho al necesitar la muletilla permanente de los textos leídos.

Hacia la mitad del debate empezaron a perder los papeles y a interrumpirse uno a otro. Se cortaban e interpelaban sin consideración, pero enseguida recuperaron la calma. En el capítulo de coincidencias, los dos llevaban corbatas celestes; Rubalcaba con lunares, mal pinzada por el micro, y Rajoy lisa, más elegantemente sujeta por el suyo. El jefe del PP, con camisa blanca y el socialista con una de un gris azulado, que hacía juego con el color de fondo del plató. Las dos camisas con botones en las mangas; nadie osó utilizar gemelos.

Los dos han sido ministros de educación, pero Rajoy hizo más hincapié en este capítulo que el jefe socialista, que prefirió gastar su artillería pesada sobre el Estado del bienestar en la sanidad, convencido de que el gobierno que viene privatizará el actual sistema público. Como argumento principal, Rubalcaba culpó a los gobiernos del PP en las autonomías de estar privatizando la educación y la sanidad. Rajoy hizo una apuesta por la enseñanza bilingüe desde la infancia.

Hubo alguna coincidencia más. Ambos estuvieron de acuerdo en que hay que cambiar los horarios en este país, no para trabajar menos, sino para ser más eficaces. Y para conciliar mejor la vida laboral y familiar. Al unísono, Rajoy y Rubalcaba piensan que las mujeres concilian más y mejor que los hombres.

El fin de la banda terrorista ETA los hizo convenir sobre el necesario consenso que el jefe del próximo Gobierno y el de la oposición deben tener después las elecciones. Ambos han sido ministros del Interior, pero fue Rubalcaba el que sacó la seguridad a pasear, para lanzar una pedrada a su adversario: el año récord de inseguridad fue 2002, cuando el candidato popular estaba en el Ministerio. Pedrada por pedrada, Rajoy no se arrugó y dijo que, al contrario, fue el 2009 con el candidato socialista en el cargo el año que la Fiscalía señala como de mayor número de delitos.

Rajoy no paró de recitar los errores de Zapatero en la negación de la crisis y de su alcance. Puso especial énfasis en el descontrol del gasto público. Rubalcaba en el arranque fijó como inicio de la burbuja inmobiliaria la ley del suelo del PP de 1998. Y repitió machaconamente que ese fue el principio del aumento del precio de las vivienda, y de la espiral de hipotecas, muchas de las cuales han acabado impagadas. Rajoy se defendió bien, leyendo las cifras de viviendas visadas en los años 2004, 2005 y 2006.

En general, el jefe popular abusó de las cifras. Lluvia de cifras, leídas a la velocidad del rayo, que resultaba difícil digerir. Rubalcaba repitió sus conocidos propósitos de subir los impuestos a las grandes fortunas, a los bancos y al alcohol y el tabaco, pero siguió sin precisar en cuánto se pondrían. Su acusación de ambigüedad es reversible. Rajoy, haciendo honor a esa misma ambigüedad repitió la letanía de confianza, cambio y creación de empleo. Y lo justificó por la experiencia de su partido.

Nada se dijo de la corrupción por parte de ninguno de los contendientes, ni en el capítulo inmobiliario, ni en ningún otro. Fue Rubalcaba el que sacó el tema del matrimonio homosexual, sin conseguir que Rajoy dijese qué iba a hacer con esta ley cuando llegue al Gobierno. El jefe popular sí dijo que había sido partidario de que se llamase unión en vez de matrimonio, como pasa en países como Alemania, Francia o el Reino Unido.

Tampoco fue posible el acuerdo en materia de reforma de la ley electoral. Y eso que la única oferta que planeó sobre el debate fue una muy suave: poner listas abiertas, para que los ciudadanos pudiesen elegir a las candidatos. Rubalcaba hizo el ofrecimiento, que no mereció respuesta del seguro ganador de las elecciones.

La sensación final es que el candidato socialista ha desaprovechado su única oportunidad de dar un vuelco a la opinión pública sobre el resultado electoral. Arriesgó más, fue más incisivo, pero no ganó el debate a Rajoy, que impuso su experiencia y su apuesta por no perder. Sorprende que no se sintiera cómodo en el papel de retador un orador de la maestría del socialista. Pero sus repetidos intentos de provocar a su antagonista, dieron lucimiento al duelo. Hubo mucho ruido y muchas nueces, sin un vencedor claro.

La estrategia de Rajoy ha resultado rentable. Este combate en tablas deja decidida la carrera electoral en favor de quien lleva una ventaja sideral en las encuestas. Rajoy cometió pocos errores. Pero uno monumental afecta a Andalucía. Para presumir de lo bien que la conoce la región colocó a las localidades sevillanas Cazalla y Constantina en la provincia de Cádiz. Le costará una penitencia. Pero cuando sea presidente será casi un regalo para los ‘ofendidos’.

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No hay cheques en blanco

Ignacio Martínez | 9 de noviembre de 2011 a las 12:16

Las alegrías duran poco en la política europea. Es una advertencia para el próximo presidente del Gobierno español. El señor Rajoy debe saber que su amplia mayoría absoluta no será un cheque en blanco. Tiene ya algunas referencias. Por ejemplo, Berlusconi. Ignoro si es amigo suyo, pero lo era de Aznar: se partían de la risa en julio de 1999, en un mitin en Málaga tras las elecciones europeas. La crisis se va a llevar por delante a este italiano, campeón de la derecha continental, que se creía por encima de lo divino y de lo humano, con quien no han podido jueces, fiscales o periodistas; que ha conseguido evitar condenas por atropellos y delitos que han pagado alguno de sus colaboradores.

Grecia es otro buen paradigma de lo efímero de la gloria y la desgracia en política. El partido Nueva Democracia, que entró en su día en el Partido Popular Europeo junto al PP español, dejó el país en la ruina hace dos años. Con mentiras tan gordas como decir que el déficit público estaba en el 6%, cuando era del triple. Karamanlis descendió a los infiernos, y el socialista Papandreu ganó por mayoría absoluta. Pero si alguien pensó que esa alternancia duraría mucho tiempo, se equivocaba. Dos años después, Samaras el sustituto de Karamanlis, está destacadísimo en las encuestas. Se diría que los griegos, ya que no pueden arreglar su bancarrota, prefieren al partido que les miente. En todo caso, a Papandreu se lo ha comido la centrifugadora de la crisis, como a su antecesor. Dos lideratos en dos años.

Claro que hay ejemplos para todos los barrios. Irlanda, sin ir más lejos. En febrero de este año, el Fianna Fáil, partido nuclear de la república, que ha estado en el poder 66 de los últimos 79 años, se pegó un batacazo de aúpa. Pasó de 77 a 14 escaños. De golpe: la crisis arrambla con todo. Una advertencia en este caso para el PSOE, el partido que ha ocupado el poder en Andalucía íntegramente, los 30 años de autonomía. La penuria económica invita a los pueblos a sacrificar a sus gobernantes. ¡Y lo hacen con entusiasmo!

Pero esto no ocurre sólo en la casa del pobre. Quien piense que la salud de la pareja franco-alemana sobrevive a este cataclismo, se equivoca. Nunca ha habido tanto desequilibrio en el eje París-Berlín (antes Bonn). Ya cuando se suscitó en los ochenta la idea de la moneda única, Mitterrand convenció a Kohl. El alemán aceptó el euro, pero puso las condiciones. En esta época Sarkozy impuso a Merkel las reuniones del Eurogrupo, y ella consintió pero las aprovecha para dictar la doctrina. El ex presidente de la Comisión Romano Prodi estuvo hace un par de semanas en Barcelona y contó una maldad reciente sobre la pareja que nos ocupa: “Ella toma las decisiones y él las cuenta en ruedas de prensa”. No somos nadie.

Debate decepcionante

Ignacio Martínez | 7 de noviembre de 2011 a las 21:33

Esta noche es la fiesta del bipartidismo que controla la política nacional; el debate entre Rajoy y Rubalcaba en televisión. Fiesta cero cero, sin cafeína y desnatada. No habrá más que un solo cara a cara entre los dos principales contendientes en las elecciones, se celebra al principio de la campaña, y no habrá preguntas de periodistas que puedan indagar sobre las verdaderas intenciones de los aspirantes. Es muy triste que en treinta y cinco años de democracia haya habido entre los candidatos a presidente del Gobierno sólo ¡cinco debates! Y encima, con un formato perfectamente encorsetado. Los dos grandes partidos tienen el cotarro electoral bloqueado. Es un mercado cautivo. Es muy difícil superar todas las barreras que se ponen a quien no pertenece a este selecto club de dos.

Barreras que son una especie de muralla china. Primero, una serie de firmas para poder presentar candidatura en una provincia. Después, la indiferencia de los bancos a la solicitud de crédito por parte de las opciones minoritarias. En tercer lugar, la ventaja que aporta la masiva publicidad institucional que se brinda a los que sacaron la mayor parte de los escaños en anteriores comicios. Publicidad a la que se añade, como una avalancha, la promoción del debate de esta noche. Y la información en los medios públicos, la junta electoral obliga a dedicarla sobre todo a PSOE y PP. Es curioso esto; en la encuesta del CIS del viernes un setenta por ciento de los consultados afirma no confiar en Rajoy ni en Rubalcaba, pero más del ochenta por ciento les votará.

Algo falla en el sistema. Es posible que los privilegios de que gozan los dos grandes dejen sin más opción a los ciudadanos. Está también la Ley D’Hondt, un sistema mayoritario de reparto de escaños. Y no se ha establecido un colegio nacional para aprovechar de manera razonable los restos de los votos que no obtienen representación en las circunscripciones provinciales. Además, los partidos que no consiguen escaño no cobran por los votos que reciben, lo que les sumerge aun más en un gueto electoral. La financiación de los partidos con fondos públicos es otro privilegio de los dos grandes. Y si alguien es capaz de evitar todos estos obstáculos y llega a la meta exhausto, le queda todavía superar la barrera del 3% de los votos.

Lo peor de este sistema que favorece sobre todo al PSOE y el PP es que los dos beneficiarios lejos de llevarse bien, están instalados en la confrontación y el desprecio al adversario. Son escasas las iniciativas comunes que tienen en aras al interés general del país. Es más fácil que se pongan de acuerdo para repartirse prebendas y privilegios. Por todo eso, el debate de hoy, sea cual sea su resultado, es decepcionante antes de celebrarse. Veremos si aporta algo al futuro inmediato de España. Falta hace.

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El Titanic

Ignacio Martínez | 5 de noviembre de 2011 a las 10:51

La encuesta de ayer del CIS sobre las elecciones del 20 de noviembre representa un vuelco tan grande de la situación política en Andalucía, que deja pocas dudas sobre la suerte que le espera a Griñán y los suyos en marzo. El Partido Popular va camino de una victoria sin precedentes en España. Rajoy puede superar en doce escaños el récord de Aznar de 1996. En la misma ola, Arenas sigue construyendo la base para una amplia mayoría en el Parlamento andaluz que acabará probablemente con treinta años de hegemonía socialista. Es más, Andalucía es la principal causa de la debacle del PSOE el 20-N: la cuarta parte de su retroceso nacional se producirá en esta región, según la amplia muestra del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Se veía venir. Escribía en febrero de 2010, con motivo de una encuesta muy desfavorable de Cepes, que el Partido Socialista, que había sido el titán de la política andaluza, podía convertirse en el Titanic. A la extraordinaria maquinaria de poder, admirada hasta por sus adversarios del PP, sólo le faltaban dos letras para pasar de una cosa a la otra. Ahora no se trata tanto de Grecia, la crisis de la deuda o los nuevos cien mil parados que se suman a los millones que había. No es una cuestión de coyuntura, sino de desconfianza antigua. Entonces dos de cada tres andaluces pensaban que el PP lo haría igual o mejor que el PSOE. Ese porcentaje era aún mayor en todo el litoral, excepto en Huelva. La tendencia no ha cambiado. En el litoral es justamente donde se materializa el paseo militar del PP en Andalucía. Gana 4 a 2 en Almería, 5 a 2 en Granada, 7 a 3 en Málaga, y 5 a 3 en Cádiz. Y en Huelva, hay dudas sobre quién tendrá más escaños.

La encuesta de Cepes también decía que el principal caladero de votos socialistas en la región eran las personas mayores de 65 años y las que no tenían estudios. Personas mayores o con poca formación han compuesto tradicionalmente el perfil de la audiencia de Canal Sur, dicho sea sin ánimo de señalar. En todo caso, no se trata de las capas más dinámicas de la sociedad, que deben sustentar el futuro de un partido de progreso, como se autocalifica el PSOE. Esa es una de las razones por la que se ha agotado su crédito. Otro motivo esencial de la escora del barco que va camino del hundimiento es el escaso o nulo liderazgo social ejercido desde la dirección del PSOE tanto en el plano regional como en el provincial. Esas carencias se pagan muy caras y mucho más en épocas de crisis.

Cabe la duda sobre si una gestión severa de las cuentas públicas por el gobierno de Rajoy no despertará al habitual votante socialista en los meses que quedan hasta las elecciones autonómicas. Pero expertos solventes sostienen que la desmovilización del partido y el incremento que se producirá tras la derrota del 20-N impedirán recuperarse al antiguo titán. El barco en el que se ha convertido, dice la encuesta del CIS que va a la deriva.