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La escopeta nacional

Ignacio Martínez | 15 de febrero de 2009 a las 11:30

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Amenazada como está la economía nacional, lo único que nos faltaba a los españoles es que se pusiera en cuestión el estado de derecho. Es verdad que estamos en plena campaña electoral para los comicios vascos y gallegos y eso condiciona mucho los modos políticos. Y que el PP está pasando un verdadero mal rato a causa de las intrigas en su seno por el poder y los negocios. No es normal que se viva un clima político tan enrarecido, cuando lo importante es dar estabilidad al país y salir de la crisis. Pero no es lo que hacen los grandes partidos, aunque las culpas no estén divididas a partes iguales.Me sentía muy ufano de ver cómo este sainete de comisiones, dossiers y espías no se producía en Andalucía. Lo normal es que estas cosas ocurran aquí, en Marbella o donde toque. Pero esta vez era en la villa y corte y pueblos de su entorno. Y mira por dónde se organiza una cacería en un pueblo de Jaén que irrumpe con éxito en medio de la película. Berlanga. La escopeta nacional. Me sumo al punto de vista del ex ministro Saavedra: Bermejo debe dimitir. La mujer del César tiene que ser honrada y parecerlo y coincidir en una cacería con un juez que ha encarcelado a unos señores e investiga una trama de corrupción en los aledaños y en el interior del principal partido de la oposición es una torpeza que bien merece su cese. Llueve sobre mojado. Bermejo es el más imprudente de los miembros del Gabinete, superando con creces a la andaluza Magdalena Álvarez. Pero resulta que el ministro de Justicia, como notario mayor del Reino, debería ser todo lo contrario, el más discreto del Gobierno.

Dicho esto, no me creo que haya una conspiración del Estado contra el PP. No se lo creen ni en el PP. Lo que pasa es que hay que conseguir el voto de vascos y gallegos y la consigna de que los derechos del partido están siendo atropellados por un juez socialista, puede aguantar las dos semanas que faltan para las autonómicas. Cuando el juez Garzón procesó a ministros y altos cargos del Gobierno de Felipe González ¿era un juez del Partido Popular? Evidentemente no. Así que ahora no es lo contrario. Por cierto, que confieso mi sana envidia hacia las comunidades autónomas que pueden celebrar elecciones sin coincidir con las legislativas: o sea, todas menos Andalucía, por obra y gracia del presidente Chaves.

Y volviendo al PP: La foto de Rajoy con dos docenas de sus dirigentes máximos detrás me suena. Se la vimos a Ramón Calderón con toda la directiva del Real Madrid, para decir que no pensaba dimitir como presidente y dimitió. Y se la vimos al alcalde de Boadilla con todos sus concejales para anunciar que no se iría, y se fue. Así que ojo con la suerte de Rajoy. Pero la peor comparación que cabe con la coyuntura que pasa el Partido Popular es la de Jesús Gil. Cuando se le empezaron a acumular demandas penales por todo tipo de delitos, prevaricación, tráfico de influencias, cohecho… Gil empezó a despotricar contra los jueces, la policía, el Gobierno y todos los partidos democráticos. El siguiente paso fue decir que eso con Franco no pasaba y el siguiente las condenas y el descrédito.

Ojo con poner en cuestión el estado de derecho con excusas como la escopeta nacional. El estado de derecho es sagrado y el PP deberá demostrar que hay un complot o retirar esta presión antisistema en cuanto terminen las elecciones vascas y gallegas. Lo contrario es de una irresponsabilidad suicida. No sólo para Rajoy, a quien ya preparan de sustituto a Rodrigo Rato o a Gallardón, achicharrada Aguirre. También con esta frivolidad se pone en cuestión el propio PP y se arriesga la estabilidad del país, en una coyuntura que necesita líderes serenos y firmes. Que se echan de menos.

Un andaluz, nuevo hombre fuerte de la ‘Casa Blanca’

Ignacio Martínez | 25 de enero de 2009 a las 15:34

 

Amador Suárez, vicepresidente del Real Madrid, es un importante empresario andaluz

Preside la multinacional onubense de la pesca Amasua y es cuñado de la ministra Garmendia

 

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Si ser presidente del Real Madrid es más que ser ministro, habrá que convenir que la dimisión la semana pasada de Ramón Calderón ha sido una crisis nacional. Y en esa historia han tenido un protagonismo especial tres directivos del Real Madrid, de los que dos son andaluces: Amador Suárez, de Huelva; Antonio Medina, de Jaén, y Enrique Riquelme, de Alicante. Se dice que fueron precisamente ellos quienes forzaron la dimisión de Calderón, después de que se supiera que unos falsos compromisarios votaron en la asamblea del club y que el presidente culpara del desaguisado a unos empleados.

El personaje clave de la operación, y hombre fuerte de la nueva ‘Casa Blanca’, es el vicepresidente primero Amador Suárez, uno de los más importantes empresarios andaluces; presidente de Amasua una empresa familiar con sede en Huelva, que es de hecho una multinacional de la pesca que comercializa unas 60.000 toneladas de pescado y factura alrededor de 300 millones de euros todos los años. Y da empleo a 1.800 trabajadores.

La actitud de Amador Suárez fue decisiva para que Calderón tomara la decisión y no se volviera atrás el viernes de la semana pasada, como le aconsejaba Mijatovic. Y para que finalmente anunciara su dimisión el 16 de enero. Y fue él quien propuso al empresario valenciano Vicente Boluda como presidente; aunque es un socio mucho más antiguo: Boluda tiene el carné número 47.936 y él tiene el 10.319. Es curioso, pero entre los once miembros de la actual junta directiva del Real Madrid, sólo hay cuatro madrileños. Y tres andaluces, dos valencianos y dos castellanos. El jiennense Antonio Medina es un joven abogado de 32 años, director del despacho Medina Cuadros, y el tercer andaluz es el empresario algecireño Pascual Cervera.

En sus primeras declaraciones a ‘Marca’, el domingo pasado, el nuevo presidente anunció que lo primero que iba a hacer era reunirse con Amador Suárez para analizar, departamento por departamento, toda la organización del Real Madrid. Esta semana, Suárez ha estado de misión diplomática con Platini en la sede de la Uefa en Suiza, para intentar convencerle de que sean dos los nuevos jugadores del Real que puedan jugar la ‘Champions’.

Además de presidir Amasua, Amador Suárez tiene una gran experiencia como dirigente empresarial: preside la Confederación Española de Pesca, que agrupa a las tres grandes patronales pesqueras españolas, con 1.400 grandes buques, que representan el 75% de la flota española. El año pasado lideró la protesta del sector cuando se disparó el precio del gasóleo, reclamando a las autoridades el aplazamiento de las cotizaciones a la seguridad social y la reducción de las tarifas portuarias.

Su padre nació en Galicia y después de la guerra emigró a Huelva. Allí conoció a su madre, que venía de una familia armadora onubense. Cuando todavía no existían los muelles definitivos, su abuelo materno llevaba agua en buques aljibe a los mercantes con calderas, que venían a cargar mineral de Ríotinto. El padre fue marino, maquinista y fogonero en una época en la que la pesca andaluza contaba con muy pocos medios. Ahí comenzó su vida en el mar y de ahí nació la empresa pesquera que ahora preside.

Como le gustan las aventuras, se enroló en la candidatura de Ramón Calderón para la presidencia del Real Madrid. En la primera junta directiva de la Casa Blanca fue responsable de compras, internacionalización y control del gasto. Se lo podría imaginar marcando un techo de ingresos a los Rolando y compañía. Pero en el fútbol, como en los negocios, es partidario de que todo el mundo gane el máximo; siempre que se lo merezca. Cree que hay que poner al futbolista una parte fija y otra variable. Y que la variable sea muy alta; así mientras más éxito tenga, más gana él y mejor para la afición.

Sus pinitos como directivo los hizo en el Recreativo de Huelva, como vicepresidente de Martínez Oliva, en el equipo el primer ascenso a Primera en 1978. Sigue siendo un hincha del Recre; aunque ahora lo sigue por televisión. Por cierto, que considera muy injustos algunos arbitrajes que ha padecido el decano del fútbol español. Los árbitros no son lo mismo para los grandes que para los modestos. Es tan forofo del Madrid que hasta grita en el palco, como cualquier aficionado. Y como cualquier aficionado, también tiene sus jugadores preferidos: Raúl y el andaluz Sergio Ramos.

Además de su empresa pesquera, tiene una yeguada importante en una finca de 500 hectáreas, en Toledo, que es una explotación agraria, mitad de secano, mitad de regadío, con 300 cabezas de ganado, no sólo equino, que dirige su hija María. Su otro hijo, Elías, licenciado en Derecho, es ya el director general de Amasua. Su esposa, María Dolores Garmendia, no trabaja en la sociedad, pero ha dejado su traza en la decoración de su despacho, con elegantes muebles art déco. Se puede discutir si ser presidente del Real Madrid es más que ser ministro; pero en la familia de Amador Suárez hay una ministra del Gobierno de Rodríguez Zapatero: Cristina Garmendia, la titular de Ciencia e Innovación, es su cuñada. Y el marido de la ministra, el ingeniero Rubén Celaya, es vicepresidente del Grupo Amasua. La ministra donostierra, por cierto, estudió Ciencias Biológicas en Sevilla.

Amador Suárez (Huelva, 1944) hizo perito mercantil, que era la única formación económica y empresarial que podía estudiarse en Huelva en su época. Se puso al frente del negocio familiar con 20 años. Fue un joven innovador, que viajó para buscar caladeros internacionales, entró en la industria de los congelados y fue pionero en la comercialización por todo el mundo de pescado de terceros. Sus barcos operan en Argentina, Chile, Mozambique, Marruecos y Rusia. Su afición por el deporte no es sólo como directivo: no perdona el ejercicio físico. Puede no desayunar, pero jamás elude correr un mínimo de una hora y 10 kilómetros diarios, por la mañana o por la tarde. Ahora su objetivo es dar estabilidad al Real Madrid en la transición hasta las elecciones presidenciales de junio. Aunque no las tiene todas consigo: algún miembro de la directiva le ha reprochado su responsabilidad en la asamblea, cuya organización dependía de su vicepresidencia. Él, de momento, prefiere mantener la discreción y el buen ánimo en la nueva ‘Casa Blanca’.