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Laporta y el complot judeo masónico nacional

Ignacio Martínez | 2 de febrero de 2010 a las 10:27

Me gusta el Barça de Guardiola. Me encanta. No sólo porque juega mejor al fútbol que nadie en el mundo. También porque prefiero el espíritu de equipo, el esfuerzo colectivo, la ausencia de divismo como valores esenciales para un equipo de fútbol y para cualquier tarea de la vida. Desde luego lo prefiero a la cultura especulativa, la estrategia del pelotazo con la chequera en la mano que significa Florentino Pérez y sus estrellas del Real Madrid. Aunque también me gusta el Madrid cuando juega como el sábado y disfruté con el taconazo de Guti. Yo, como se sabe, soy bético; así que lo mío tiene poco remedio. Tan poco remedio, que también me gustó el taconazo de Navas y el gol de Negredo…

Hecha esta introducción, insisto en que me gusta el Barça de Guardiola. O sea, que no me gusta el Barcelona de Laporta. Y tipo chocante. Si los árbitros le benefician, como pasó el sábado, denunciarlo es una especie complot judeomasónico nacional. Los árbitros casi siempre que tienen dudas pitan a favor del equipo fuerte. Tanto que una vez que le pitaron injustamente a favor una jugada de estas al Sevilla, hace unos años, creo que contra el Recre, un jugador sevillista resolvió la polémica con bastante arte: “hasta en eso se nota que ya somos un equipo grande”.  Lo de Laporta no tiene nombre. Siempre empeñado en que la caverna nacional está intrigando contra él, pobrecito mío. Y todo por el 2 a 6 del Bernabeu. Supongo que incluso gente como yo, que tanto celebramos ese resultado.

Por cierto. Ya que estoy con el fútbol, añadiré que me pareció que Cristiano Ronaldo soltó el brazo contra el jugador del Málaga de manera instintiva, para zafarse del placaje que le estaba haciendo. No sé si es para roja, pero creo que no es para dos partidos. Los árbitros deberían proteger a los Messis y a los Ronaldos de tanto jugador de rugby.  Eso estaría bien.

Y a ver si Laporta se marcha de una vez, se dedica a la política que es lo suyo y nos deja disfrutar del fútbol sin invocar tensiones territoriales. El diputado Laporta no se entera de que el Barça de Guardiola tiene muchos cientos de miles de seguidores en toda España.

El Real Madrid pierde

Ignacio Martínez | 11 de noviembre de 2009 a las 12:10

Y al final, eliminado por un equipo de la tercera división española.  No puedo evitar alegrarme: desde la vuelta de Florentino Pérez estoy utilizando el Real Madrid como laboratorio para la salida de España de la crisis. No saldremos bien de la recesión con más economía especulativa. Ni con fantasías sobre energías limpias, más allá de lo importante que son para el futuro y el espacio que deben tener. Pero todo no van a ser pelotazos, ni economía sostenible. Y Florentino Pérez es un genuino representante de la cultura del pelotazo española, aplicada al fútbol. Él sostiene que ha hecho las inversiones multimillonarias porque puede permitírselo y que eso tiene una rentabilidad inmediata. Ya saben, las camisetas y el caché del club, que se dispara. Y vemos a las primeras de cambio que el dinero no lo puede todo. Ni el talento natural. Que el esfuerzo una vez más es decisivo. Y to que me alegro.

Huelga de balón

Ignacio Martínez | 6 de noviembre de 2009 a las 2:00

Seguro que no saben quién es José Luis Astiazarán. Resulta ser un abogado donostierra de 46 años, que fue presidente de la Real Sociedad cuatro temporadas y dejó su club en la ruina. No obstante lo cual, 39 de los 42 clubes de Primera y Segunda lo promovieron a presidente de la Liga de Fútbol profesional en 2005; puesto en el que ha sido reelegido una vez. El buen hombre ha amenazado a este país con una huelga del fútbol, si se pone en marcha la nueva ley fiscal que obligará a los futbolistas extranjeros a pagar impuestos como todo hijo de vecino. Resulta que los Cristiano Ronaldo, Kaká o Ibrahimovic pagan como tope un 24% de impuesto de la renta, mientras los Raúl, Casillas o Villa tributan con un IRPF del 43%.

Con cara de póquer, Astiazarán dejó caer ante las cámaras de televisión que si esto no se arreglaba se podía parar el fútbol, porque la broma le iba a costar a los clubes unos 100 millones de euros. Es curioso el lenguaje de los abogados: en realidad a quien le costaba 16.638,6 millones de pesetas al año era a la Hacienda pública. Resulta increíble que no paguen impuestos como los demás unos multimillonarios privilegiados, que trabajan algunos días a la semana y sólo un par de horas. En estas situaciones, la gente se retrata. El demagogo presidente del Barcelona, Laporta, ha dicho que si se aplica esta medida el fútbol español perderá competitividad. Falso. El fútbol inglés de clubes está en la cúspide continental y sus estrellas pagan un 40% de IRPF, aunque el gobierno británico está pensando subirlo al 50%. En Alemania la cuota es del 45% y en Italia, del 43%. Raúl, el sensato jugador del Real Madrid, ha dicho que todos los jugadores deberían pagar lo mismo.

La ley por la que los futbolistas mejor pagados del mundo tenían privilegios fiscales en España fue promovida en tiempos del Gobierno Aznar y puesta en marcha por el Gobierno Zapatero. Su intención era servir de reclamo para que profesionales y científicos de primer nivel mundial vinieran a trabajar a este país, pero en realidad ha ayudado a los clubes españoles a fichar más barato que sus competidores. Los jugadores hacen contratos con cifras en neto y son los clubes los que tienen que pagar sus impuestos. Por cierto, que es una clara competencia desleal dentro del mercado único europeo, que extrañamente no ha sido recurrida por ningún otro socio comunitario.

En su reunión de hoy, los presidentes de la Liga no se atreverán a parar el balón. En los tiempos que corren no son de recibo este tipo de privilegios y la huelga no sería popular. Pero no hay mal que por bien no venga: aquí tenemos otra prueba de que es falso el aserto del presidente del Real Madrid de que él contrata jugadores tan caros, porque puede pagarlos. En realidad no puede sin leyes-trampa como ésta, con la que le metía la mano en la cartera a los españoles.

Brotes negros

Ignacio Martínez | 1 de noviembre de 2009 a las 18:22

El fracaso inicial del proyecto especulativo del Real Madrid es un mal augurio para la recuperación española: la vuelta de Florentino Pérez con su grueso talonario entusiasmó al respetable. Como si la crisis no existiera, iba a formar la plantilla más cara de la historia. Pero es difícil hacer un equipo con un grupo de multimillonarios. Esta semana, una cuadrilla de obreros mileuristas de Alcorcón ha humillado a la tropa de don Florentino, experta en publicidad y marketing.

Si el naufragio de la economía especulativa nacional nos ha enseñado lo mismo que al Real Madrid, mal vamos. Estados Unidos, la mayor economía del mundo, epicentro del terremoto financiero que ha hecho temblar al mundo en los dos últimos años, ha crecido casi un 1% en el tercer trimestre del año. Pero España no está en esa senda; durante el verano su PIB se redujo en un 0,4%. El consuelo es que se trata del menor descenso trimestral desde que empezó la crisis; aunque la realidad es que mientras peor estemos, la capacidad de empeorar será más pequeña.

En tres foros distintos, los presidentes del Gobierno, de la Junta y de la patronal andaluza han advertido de brotes negros en el horizonte. Zapatero, campeón mundial del optimismo histórico, dijo la semana pasada ante un foro empresarial que vienen tiempos peores. Santiago Herrero, en el Foro Joly del martes, citó con profusión un artículo de César Molinas, publicado en mayo en La Vanguardia. El ex director general de Planificación del Ministerio de Economía y Hacienda con el Gobierno de Felipe González vaticina en ese artículo que a España le espera una década perdida como la de Alemania entre 1994 y 2004 o como la que está atravesando Portugal. Y por la misma razón que llevó a la ruina a alemanes y portugueses: la pérdida de competitividad.

Y el presidente Griñán en Málaga el jueves confesó su desánimo porque todavía no se haya adoptado ningún nuevo mecanismo de regulación de los mercados financieros. En España seguimos prefiriendo los remedios del doctor Pérez: pero un equipo no se hace con un talonario, ni una economía se arregla sólo con ayudas públicas. Vienen días negros, como los del Real Madrid.

Los mitos del fútbol

Ignacio Martínez | 30 de agosto de 2009 a las 12:57

Con la victoria de ayer del Real Madrid ha empezado la Liga de fútbol en España y vuelven los mitos. Algunos son nuevos en el campeonato, gracias al presidente del Real Madrid, cuya gestión desmiente que este país se encamine hacia una nueva economía, más sostenible. Las masas populares han llenado el Bernabeu en la presentación de las nuevas estrellas merengues, fruto de una estrategia especulativa, que ya puso en práctica Florentino Pérez durante su primer reinado. A nadie le inquieta quién paga la factura. Con el entusiasmo que la fórmula genera en la afición, todo vale.

No es sólo un mal español. La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, acaba de hacer honor a otro mito: habría sido una magnífica alcaldesa de Marbella en la era gilista, por su desahogo verbal, su escasa formación y su silicona carnal. Se va a gastar 600 millones de pesos anuales, casi 110 millones de euros, unos 18.150 millones de pesetas, para que los partidos de la liga argentina se televisen en abierto. Su argumento es que la democracia está incompleta si no se garantiza a los ciudadanos el acceso a los bienes fundamentales. ¿La buena mujer equipara el fútbol con el empleo, la sanidad o la educación? No. Va más lejos; lo compara con la libertad y con la vida: “Ahora se secuestran los goles como la dictadura militar de 1976 a 1983 secuestró a 30.000 argentinos; no quiero más secuestros, quiero una sociedad libre”. Ahí queda eso. Aunque Maradona no le ha ido a la zaga a la doña: ha dicho que Argentina es una sociedad más democrática después del acuerdo gubernamental.

Con la Liga vuelven otros mitos. Aquellos que relacionan el fútbol con la política. Una encuesta del CIS de 2007 establecía que el Real Madrid era el equipo con mayor número de seguidores en toda España, con un 32,8% de los aficionados, seguido por el Barcelona (25,7), Valencia (5,3), Bilbao (5,1), Atlético de Madrid (4,3), Betis (3,3), Zaragoza (2,7) y Sevilla (2,3). Lejos quedaban Málaga (0,7), Cádiz (0,6), Huelva (0,4), Almería (0,3) y Jerez (0,1). Ese barómetro revelaba que la izquierda es claramente culé y la derecha, merengue. Parece un tópico: Zapatero es del Barça y Aznar del Madrid, pero dice el estudio que el margen de error es del 2%. Y, por otro lado, los mitos no se discuten. Ha empezado la Liga, que los dioses repartan suerte.

Pida dos deseos

Ignacio Martínez | 7 de agosto de 2009 a las 15:15

Si en Soria lo que desean es el mar y el Orfeón donostierra, ¿qué es lo que usted desea para su tierra, su pueblo, su equipo de fútbol, su partido político, su familia, su vida en general? Que necesitan Andalucía, Cataluña, Málaga, Sevilla, Cádiz, Granada, Ronda, Algeciras, el Betis, el Real Madrid, la sanidad o la educación. Se abre la sesión de comentarios.

La vida no es como el fútbol

Ignacio Martínez | 26 de junio de 2009 a las 6:55

Estos días son de catarsis nacional. La selección era invencible; el Barça, campeón de Europa, y el Madrid está comprando a los jugadores más caros del mundo, que luego se pagarán vendiendo camisetas, alentando leyes fiscales que beneficen a sus estrellas y recalificando terrenos. Total, que éramos los amos del planeta futbolístico y un primo de Javier Arenas y 10 yanquis más nos dieron el miércoles un repaso. El tal Bocanegra parecía Beckenbauer, siempre salía con el balón jugado. Los americanos se encomendaron a la doctrina Obama, yes we can, nos advirtieron que podían y no nos los creímos.

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, lleva tiempo advirtiendo para qué quiere la bomba atómica. Ayer pidió a Obama que se disculpe por haberse inmiscuido en los asuntos internos de Irán, por su timidísimo apoyo a los manifestantes. Un amigo mío sostiene que el problema no es que alguien tenga armamento nuclear, sino si es de los buenos o de los malos. Asunto en el que mi amigo y yo no nos ponemos de acuerdo: a mí me parece muy mal que Israel tenga un arsenal con 200 cabezas nucleares y que nadie se lo reproche.

En lo que mi amigo y yo estamos de acuerdo, sin embargo, es que Ahmadineyad es de los malos. Se le han echado a la calle miles de personas para protestar por el pucherazo en las elecciones del 12 de junio y sus esbirros han matado a varias decenas. Al principio sostuvo que los manifestantes eran como hinchas del fútbol que desfogaban su pasión. Una universidad británica ha comparado las elecciones de 2005 y las de 2009 en Irán y ha llegado a la conclusión de que hubo tongo: Ahmadineyad sacó 13 millones de votos más que todos los conservadores juntos en 2005. Seis futbolistas de la selección de Irán en la Copa Confederaciones lucieron brazaletes verdes, como los manifestantes. Ahmadineyad es aficionado y se llevó un disgusto tremendo al verlo: a cuatro los han echado del equipo nacional.

Berlusconi también es aficionado. De hecho, es el dueño y presidente del Milan, uno de los clubes más grandes del mundo, que ha vendido a Kaká al Real Madrid. El primer ministro italiano reconoció esa venta tras las elecciones europeas, para evitar que los tifosi le castigaran en las urnas. Juego defensivo, como el de Rajoy con Bárcenas. El presidente del PP, que es seguidor del Madrid, está retrasando apartar a su tesorero, por si el Supremo lo exonera después de investigarle. A los aforados como este senador los juzga el Supremo. Hay quien piensa que es una ventaja, porque son jueces más malos. Por impericia: no están acostumbrados a instruir causas. Pero hay quien opina lo contrario, que pueden resultar demasiado buenos. El que instruirá el caso Gürtel estuvo en el Consejo el Poder Judicial a propuesta del PP. ¿Se habría aceptado en la Copa Confederaciones que a España la arbitrase un referee español? La vida, después de todo, no es como el fútbol.

El fútbol sigue en la cultura del ‘pelotazo’

Ignacio Martínez | 15 de junio de 2009 a las 11:00

La ministra de Vivienda considera que los 997.000 pisos en stock que había en España a finales de 2008 son “la mejor fotografía de lo que hemos sido y de lo que no queremos volver a ser”. Es un bonito pensamiento, pero desgraciadamente el afán derrochador del pueblo español sigue vivo. Seco, por la falta de créditos, pero latiendo. En cuanto que volvamos a tener la oportunidad de endeudarnos hasta las cejas para vivir por encima de nuestras posibilidades, lo haremos con entusiasmo. Vean, si no, el segundo gobierno de Florentino Pérez en el Real Madrid. Viene el hombre con 50.000 millones de pesetas, dispuesto a comprar a los mejores jugadores del mundo. Éste es el paradigma nacional, todo se compra con dinero. Así se puede tener, por ejemplo, el mejor equipo del mundo.

No aparece por ninguna parte la austeridad que debería regir los destinos de la nueva sociedad: más formación, más esfuerzo, más eficiencia, más ahorro, más innovación. No. Aquí todo el mundo aplaude a don Florentino, todo el mundo le envidia. Y los ultraliberales más todavía; si él puede permitírselo, ¿dónde está el problema? Alguno hay. Por ejemplo, que no es del todo cierto que los Figo, Zidane o Beckham ingresaran su precio multiplicado por varios enteros con la publicidad, las camisetas y el aumento del caché del club. El dueño de la constructora ACS se movió y consiguió una recalificación multimillonaria de la ciudad deportiva del Real Madrid para hacer cuatro torres. Es, con perdón, la cultura del pelotazo en su estado puro. Prefiero el modelo del Barcelona, invertir en la cantera, en la formación de jugadores, que no sólo serán más baratos, sino que sentirán más los colores. Lo de que “Florentino se lo puede permitir”, me recuerda la impagable frase de Álvarez Cascos, a la sazón ministro de Fomento, cuando se empezaron a disparar los precios de las viviendas a finales de los 90: “Los pisos suben porque los españoles los pueden pagar”. Ya ven, hay un millón sin vender.

Medir todo en términos de dinero es un error. El dueño del Betis, que va a provocar hoy una manifestación de rechazo en Sevilla, explica desconcertado lo mucho que le debe la afición: “Yo compré, yo traje, yo pagué”. El valor de las personas no se mide por su dinero, ni siquiera por lo bien o lo mal que lo gastan. En un club de fútbol, como en una empresa o en un país, de los líderes se espera que aporten estabilidad y confianza a sus organizaciones, que mejoren la autoestima de su cuerpo social, que contribuyan a aumentar el prestigio de su entidad. O sea, nada de lo que ha hecho el buen hombre que compra, trae y paga en el Betis.

El Gobierno dice ahora que saldremos de la crisis en 2012. Ya va entrando en razón. Pero necesitaremos bastante más para salir de la cultura de la pillería y el pelotazo. Forma parte del ADN nacional.

Griñán sentencia al Betis

Ignacio Martínez | 10 de junio de 2009 a las 9:48

Sin encomendarse a nadie, el presidente de la Junta entró ayer en terrenos pantanosos: se atrevió a decir que el Betis se merecía bajar a Segunda, porque lo hizo mal durante la temporada. Griñán criticó que se destituyera al entrenador Paco Chaparro en abril; en su opinión, esas cosas no dan nunca resultado. Aunque al Español quitar a Mané para poner a Pochettino le haya ido de cine, con perdón. Tampoco los fichajes del Betis este año le han gustado al presidente, porque en su opinión no se han hecho en función de un proyecto determinado. Sospecho que Griñán se apunta, sin decirlo, a la manifestación convocada el lunes para pedirle a Lopera que se marche. Y el dueño del Betis, consciente de que le van a criticar por tierra, mar y aire, acaba de anunciar el fichaje como entrenador del cordobés Antonio Tapia, que tan excelente campaña ha hecho con el Málaga.

A Griñán le gusta el fútbol, aunque él respira por la causa colchonera. En el pecado lleva la penitencia, porque el Atlético de Madrid tuvo de presidente a un sujeto de la laya de Lopera, Jesús Gil, que por cierto se dedicó a la política con éxito. El problema de estos personajes es que se cargan el prestigio de los clubes y luego cuesta la misma vida recuperarlo. Gil fue alcalde de Marbella por mayoría absoluta desde 1991 hasta que tuvo que dimitir en 2002, condenado por corrupción, al desviar dinero del Ayuntamiento al Atlético. Sostenía que era víctima de un complot del Estado. Hasta que un tribunal le inhabilitó por delincuente.

También se dedicó a la política Augusto César Lendoiro, el presidente del Deportivo de La Coruña. Fue concejal, diputado, senador y presidente de la Diputación por el PP. También secretario general de Deportes de la Xunta. Al final se profesionalizó y gana el 1% del presupuesto del club. Lendoiro fue el hacedor del Superdepor que ganó una Liga y dos Copas del Rey. Pero el más famoso político convertido en dirigente futbolístico es Florentino Pérez, que volvió hace semana y media a la presidencia del Real Madrid y ya ha fichado a Kaká por 65 millones y apalabrado a Villa por 37. Y cuentan que tiene otros 200 millones dispuestos. Florentino fue concejal de la UCD en Madrid, director general del Ministerio de Transportes y subsecretario de Agricultura. Tras la desaparición de la UCD, todavía le quedaron ganas de ser secretario general del Partido Reformista que lanzó la fracasada Operación Roca en 1986. Fue un perdedor en política, pero ganador de dos Ligas y una Copa de Europa en su anterior mandato presidencial.

Pero Griñán tiene otro modelo futbolístico, el del Sevilla, con un director deportivo “fuera de serie”, y un proyecto que incluye mantener al entrenador de la cantera, que tiene sentimientos sevillistas. Eso es lo que el presidente dice que quiere para el Betis. Lo que no dice es lo que no quiere para el club verdiblanco, pero se le nota todo.

Un árbitro incontestable

Ignacio Martínez | 16 de marzo de 2009 a las 8:40

”Paul

 

Después de ver al Real Madrid en Anfield y en San Mamés durante la misma semana, en partidos similares, hay que convenir que no le arbitran igual en España que en el extranjero. Hay quien sostiene que si en España los árbitros fuesen más imparciales, a lo mejor el Real pasaba de los octavos en la Champions. Pero en la Liga española casi siempre se equivocan a su favor. El sábado fue desagradable ver a un héroe nacional como Casillas hacer teatro tocándose la cara en el suelo, para que expulsaran a un jugador del Athletic. Feo. Después reconoció que Yeste no le había tocado la cara.

En fin, los árbitros españoles también se equivocan a favor del Barça y de cualquier otro grande. Hace unos años, uno favoreció al Sevilla, creo que contra el Recre, y un jugador sevillista se disculpó presumiendo: “Hasta en eso se nota que ya somos un equipo grande”. Casillas pudo decir eso mismo en lugar de su disculpa de tramposo: “No me tocó la cara pero era de roja”.

Los árbitros son malos, y sin embargo los necesitamos. Aunque dice el diccionario que árbitro es la persona que puede hacer algo por sí sola sin dependencia de otro. Y eso le va que ni pintado al juez Baltasar Garzón, la última bestia negra de la derecha española. El tipo que persiguió a Pinochet antes de que se muriera para procesarlo por crímenes contra la humanidad. El que quiso repetir la operación contra Franco, treinta y tantos años después su muerte. El mismo que mandó a la cárcel a medio Ministerio del Interior del felipismo. Y los que entonces lo jalearon como a un campeón ahora lo tachan de juez socialista. Cuando el árbitro no pita lo que queremos es un manta o un tramposo. Aunque en las tramas de espías, pícaros y sastres en el entorno del PP hay algo más que indicios de culpabilidad por la meseta y levante.

Un verdadero árbitro imparcial, persona cuyo criterio tiene una autoridad incontestable, ha visitado Andalucía por cortesía de la Confederación de Empresarios, y entiendo que con el patrocinio de Unicaja. El premio Nobel de Economía Paul Krugman estuvo el sábado en Sevilla y nos dijo que hay crisis en España para cinco o siete años. Hoy se lo repetirá a Zapatero en La Moncloa. Según él, a nuestro país sólo le queda esperar que se produzca una recuperación europea. Vivíamos del auge inmobiliario y se ha pinchado la burbuja. Total, va a resultar que tenía razón Solbes, cuando dijo que no se podía hacer nada más. Krugman no se ha estudiado bien el caso español, con lo que sobre la suerte de Andalucía nada dijo. Pero apuntó otras cosas: que viene una era menos derrochona, en la que demostrar la honestidad será una exigencia. Y con otra estética, la ropa será menos colorida.

El Madrid, de blanco, ya está a tono.