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Husos y costumbres

Ignacio Martínez | 7 de diciembre de 2011 a las 13:03

Hay que evitar los puentes y racionalizar los horarios de este país. Y el puente por antonomasia, con caracteres de acueducto, es este de la Constitución y la Inmaculada. Fecha en la que surge recurrente la polémica sobre poner en marcha y parar las cadenas de montaje en la industria, un día sí y otro no. No es asunto baladí: la fábrica de Seat en Martorell dejará de producir 6.500 coches esta semana. En España hay más de un festivo por mes y se sugiere llevarlos a los lunes cuando caigan a mitad de semana. Una idea sensata. Pero mucho más complicado e importante resulta racionalizar los horarios laborales diarios, uno de los pocos temas en los que Rajoy y Rubalcaba estuvieron de acuerdo en su debate televisado.

España tiene una de las jornadas de trabajo anuales más altas de Europa, aunque superada por Grecia. Pero uno de los índices de productividad más bajos. Tenemos una mala planificación horaria, no sólo para trabajar. Por ejemplo, nos acostamos muy tarde. El prime time de la televisión nacional, pública y privada, empieza tras los telediarios de las nueve de la noche. Unos informativos que en Francia empiezan a las ocho, en Bélgica a las 19:30 y en el Reino Unido a las siete (18:00 en su huso horario). La adicción televisiva retrasa el sueño, y ese modo de vida provoca que los españoles durmamos entre una y dos horas menos que el resto de los europeos, lo que altera el grado de concentración y el humor patrio.

Es, por cierto, una modernidad, porque hasta la Guerra Civil aquí se almorzaba y se cenaba mucho antes. Y hay quien cree que la cosa tiene arreglo. Verbigracia, existe una Comisión nacional para la racionalización de los horarios en España, que tiene un plan. La forman 116 instituciones, entre ministerios, empresas, sindicatos,  comunidades autónomas, universidades y entidades de la sociedad civil. Y propone que el trabajo se inicie entre las 7:30 y las 9:00 y termine entre cuatro y las seis de la tarde, con una pausa de 45 minutos para almorzar. También propugna, entre otras cosas, que se adelanten los programas de televisión.

La filosofía es conseguir horarios que concilien la vida personal, familiar y laboral, que permitan coincidir más tiempo con los hijos y apoyar su rendimiento escolar; que aumenten la productividad, favorezcan la igualdad y disminuyan la siniestralidad. Que contribuyan a hábitos más saludables y nos ayuden a darle mayor valor al tiempo, que es un recurso perecedero, que no se recupera. Conseguir una armonización fiscal en Europa está resultando muy difícil. Es una operación muy costosa para los países más divergentes. Pero la armonización de los husos horarios y las costumbres no va a ser tarea más fácil. Hay más resistencia a cambiar de hábitos que a rascarse el bolsillo.

Fábulas y fantasías

Ignacio Martínez | 6 de noviembre de 2011 a las 11:40

Zapatero hace mutis por el foro, ante la indiferencia colectiva. Fue uno de los dos clamorosos ausentes ayer en el supermitin de los socialistas, en Dos Hermanas. El otro ignorado es Chaves, despojado por Griñán de todas sus prerrogativas de antaño. De ésta también. Al menos le queda el consuelo de que se fue porque quiso y que colocó en su cargo a quien le dio la gana. Aunque después su sustituto, como suele pasar en la vida con todos los sustitutos a los que uno deja en su lugar, se considere con el derecho y hasta en la obligación de matar a su antecesor. La condición humana es así.

Este presidente se va a la fuerza. Pero busca consuelos, como salir indemne de la cumbre de Cannes, sin que le intervengan, como a Irlanda, Portugal y Grecia, o lo supervisen como a Italia. Y saca pecho. También podría consolarse mirando al otro lado del Atlántico, al otro líder progresista, de aquella fábula infantil de Leire Pajín, sobre el acontecimiento planetario. La figura de Obama se empequeñece con el uso. Su última peripecia es la salida de Estados Unidos de la Unesco, porque se ha admitido a Palestina como miembro de la agencia de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Esta represalia de Gulliver contra los liliputienses imita la de Reagan en 1985. El argumento de que entorpece el proceso de paz en Oriente Medio, o sea que dificulta la presión de Israel sobre los palestinos, es impropio de un Premio Nobel de la Paz. Es lo que pasa cuando se le regala a alguien una distinción que no merece. La condición humana es así.

Europa, por cierto, ha hecho ahí un papelón: Francia, España y otros nueve países, a favor; Alemania y otros cuatro, en contra, y el Reino Unido, Italia y otros ocho, neutrales. La Babel diplomática europea ha quedado en evidencia. La fantasía de una sola voz es falsa; hay 27. En Cannes se ha decidido una estrategia global para el crecimiento. Suena bien, pero es poco más que un eslogan. En la UE, sería suficiente con aumentar el presupuesto, que está en un exiguo 1% del PIB, 143.000 millones de euros. Ya verán como no lo suben. Nadie está pensando en el futuro a medio plazo, sino en salvar el pellejo ahora. La condición humana es así.

Lobbies en Andalucía

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:27

El hombre que imagina abarrotados los bares de la Andalucía rural por haraganes gastándose el dinero del PER, a costa del ahorro catalán; el hombre que piensa que la homosexualidad la puede curar un psicólogo, no abandona los titulares. Duran, líder electoral de los nacionalistas de Convergencia y Unión, ha dicho a un grupo de empresarios que CiU será el único lobby que en la próxima legislatura defienda el corredor mediterráneo, esencial para el desarrollo del litoral levantino español. Los lobbies en España no están bien vistos. Su actuación como conseguidores y comisionistas les ha desacreditado ante el mundo de los negocios y ante la sociedad.

En España, estamos muy lejos del modelo anglosajón, perfectamente admitido y reglado. Pero cuando alguien se salta las normas, le puede costar el puesto. El ministro de Defensa del Reino Unido, Liam Fox, ha tenido que dimitir por llevarse a dieciocho viajes oficiales por todo el mundo a un amigo lobbista, antiguo compañero de piso y padrino de su boda. Los gastos del intruso los pagaban patrocinadores de Estados Unidos o Israel, interesados en estrechar relaciones con generales del Pentágono, líderes de Oriente Medio o del Golfo, y dictadores de antiguas repúblicas soviéticas. Estas cosas por ahí no se toleran.

Pero los lobbies que actúan dentro de las normas están bien considerados. También en la Comisión Europea, que cada vez que tiene que elaborar un reglamento tiene por costumbre consultar a todos los grupos que representen los más variados intereses en ese sector. El equilibrio se consigue llamando a todos; patronal y sindicatos, industrias y ecologistas, científicos y juristas…

Uno no imaginaba a los políticos en esta misión, mayormente porque se deben al interés general. Pero claro, los nacionalistas se concretan en lo particular. Y ciertamente el lobby Ferrmed, que surgió en Cataluña liderado por un ingeniero que ha hecho muy bien su trabajo, a la inglesa, ha conseguido poner al corredor mediterráneo en los mapas. Lástima que no esté nada clara la continuidad de esa línea más allá de Almería.

Aquí, en Andalucía, carecemos de la necesaria iniciativa. Nos faltan grupos que representen intereses concretos con eficacia. No hemos superado la fase del conseguidor y la comisión. Tampoco nuestros políticos se distinguen por una defensa a ultranza de intereses territoriales. Funcionan mejor en la confrontación contra sus adversarios. Duran presume que en la próxima legislatura Arenas va a mandar mucho y tirará para Andalucía. Y así, se ofrece a los empresarios catalanes como un contrapeso al hombre fuerte del PP.

No vendría mal la influencia que se le presume a Arenas sobre Rajoy. Pero la sociedad civil andaluza necesita organizase para defender mejor sus intereses, más allá de la coyuntura política.

Freno a las novedades

Ignacio Martínez | 3 de octubre de 2011 a las 10:40

La producción española se desinfla. El Banco de España ha dibujado una curva descendente en su último informe de coyuntura. El crecimiento económico en el primer trimestre no iba mal, con un 0,4%. Se quedó en la mitad entre abril y junio y ahora estamos en una atonía; cabe interpretar que este tercer trimestre no crecerá la producción nacional. Con ese trazo, los últimos meses del año iniciaríamos una recesión, que puede durar un año. Hemos hecho tantos recortes y vienen tantos nuevos ajustes, que el consumidor tiene metido el miedo en el cuerpo y no gasta ni en productos de primera necesidad. Las familias españolas han reducido su gasto en la cesta de la compra por tercer año consecutivo. El nuevo ahorro ha sido de seis de cada cien euros. De coches y de pisos, ni hablamos…

Entre tanto, los jefes de las instituciones que gobiernan la nave de la economía mundial siguen perdidos y ofrecen pocas ideas. Y demuestran poca personalidad. Se sale de esa atonía el primer ministro de Luxemburgo y presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, que ha tenido la única respuesta oportuna a los reproches norteamericanos hacia Europa. Los parados griegos o los trabajadores irlandeses no provocaron la caída de Lehman Brothers, ha subrayado Juncker, que fue en su día candidato a la presidencia del Consejo Europeo, pero Francia y Alemania prefirieron al gris Van Rompuy.

Estamos cortos de líderes de valía y encima falla el departamento de recursos humanos. Juncker ha pedido no dejarse impresionar por el reciente plan de estímulo de Obama para crear empleo: el 90% de sus medidas existen ya en los estados miembros de la UE. Más voluntarioso que Van Rompuy, aunque igualmente gris, es el presidente de la Comisión. España tiene poco que lamentar, porque el portugués fue candidato tanto del PSOE como del PP para seguir en el puesto. Barroso ha propuesto una novedad para generar ingresos: dos tasas para las transacciones bancarias. Un uno por mil para acciones y bonos y un uno por diez mil para operaciones de derivados. Razonable, pero hace falta unanimidad de los 27 y el Reino Unido no quiere.

La Comisión también está preparando una propuesta revolucionaria para emitir obligaciones con cargo al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Le Monde avanzaba el miércoles que de su dotación inicial de 440.000 millones de euros, el Fondo dispone de 250.000 millones después de atender a Portugal, Irlanda y Grecia. Poniéndolos como garantía, los técnicos que estudian el nuevo instrumento creen que podrían movilizar una cantidad entre 10 y 20 veces mayor. Eso sí que sería liquidez. Más necesaria si cabe en un nuevo lunes negro, en el que bajan las Bolsas en toda Europa. (Grecia ha reconocido que no cumplirá el déficit comprometido ni este año ni el que viene). Pero Alemania es reticente a esta fórmula de eurobono. Aporta el 27% del Fondo, y Francia un 20. Por eso forman el departamento de recursos. Humanos y financieros. Es el directorio europeo.

Mantras de verano

Ignacio Martínez | 4 de septiembre de 2011 a las 22:00

El hinduismo y el budismo utilizan los mantras como pensamientos para apoyar la meditación. Aquí, el ocio veraniego es propenso a la elaboración de ideas ocurrentes. Sin ir más lejos, hace cuatro años el presidente del Gobierno reunió a su grupo parlamentario, recién vuelto de las vacaciones de agosto, para pavonearse de lo bien que lo había hecho en su primera legislatura. Dijo que exceptuando el crecimiento de China, que era el motor de la economía mundial, España superaba a todas y cada una de las principales potencias mundiales. Que en aquellos cuatro años el PIB nacional había crecido el doble que Alemania, el triple que Italia, un 50% más que el Reino Unido y un 25% por encima del de Estados Unidos. Que se habían creado más empleos que en Alemania, Francia y el Reino Unido juntos.Y ya lanzado, añadió un mantra de campeonato: que España jugaba “la Champions League de la economía mundial”; era la que más partidos ganaba, la que más goles metía y la menos goleada. Se atrevió a decir que este país estaba más preparado que nunca ante una posible recesión, “por la fortaleza de su economía, el dinamismo de la inversión, la solvencia de las empresas, la eficiencia de su sistema financiero y la acumulación de disponibilidades de las familias”. Suena a perfecto disparate cuatro años después, leído en esta España que cambia la Constitución para que no la intervengan.

Hace tiempo que el PP acuñó otro mantra: que la austeridad es la panacea universal. Lo ha repetido como una letanía, sin concretar. Hasta el miércoles: a la vuelta de sus vacaciones Dolores Cospedal ha anunciado una dieta de caballo del 20% en las cuentas públicas de Castilla-La Mancha como “ejemplo para España”. Unos 1.800 millones de recortes en personal, subvenciones, infraestructuras e instalaciones sanitarias. Menos liberados sindicales, menos interinos en la enseñanza, adelgazamiento de la radiotelevisión autonómica, eliminación de la oficina de Bruselas o el Defensor del Pueblo.

Los sindicatos y el PSOE han advertido que está en riesgo el Estado de bienestar. Es una manera de hablar. El bienestar que nos proporcionaban los estados en Europa hasta las vacaciones de 2007 no volverá. Lo que toca es discutir dónde se recorta. No se debería hacer sin un debate previo sobre prioridades. Por ejemplo, a Cospedal le parece demagógico que se reclame que los ricos paguen más impuestos. Un mantra clásico de la derecha internacional dice que bajar impuestos crea puestos de trabajo. Sin embargo, un multimillonario con escrúpulos, el norteamericano Warren Buffet, ha proclamado avergonzado este agosto que él paga un 17% y sus empleados un 36%. Y una colección de ricos franceses y alemanes han solicitado un aumento de su contribución. Hay mantras, como los de la Champions y los impuestos, que la crisis ha dejado en ridículo.

Gadafi nos confunde

Ignacio Martínez | 23 de marzo de 2011 a las 11:35

Gadafi nos confunde. La duda es una de las compañeras más fieles en la existencia del ser humano. Siempre dudamos de lo que hacemos, al menos en nuestro fuero interno, por mucha seguridad que aparentemos. Y más todavía, si encima no somos capaces de simular que confiamos en nuestra decisión. A veces, la duda es colectiva y se nota más. Hay quien duda de esta guerra contra Gadafi. Obama, sin ir más lejos. No quiere liderar, pero lidera la coalición internacional de voluntarios que se ha juntado para pararle los pues al dictador libio. Y pide a Gadafi que se marche, pero resulta que no es el objetivo de la misión militar puesta en marcha.

Por el contrario, no tiene duda alguna Llamazares. He aquí a un hombre de certezas: para él ni los derechos humanos, ni la democracia se imponen mediante la guerra. Bonito, romántico. Y poco práctico. Este curioso argumento, aplicado al pie de la letra, exonera de toda responsabilidad a Chamberlain y a Blum por no haber auxiliado a la República española en 1936.

Libia ofrece dudas de más grueso calibre que las de Obama. Quiénes son los rebeldes, quién los ha armado, cómo pudieron tomar casi toda la costa. ¿Son de fiar? Ha cuajado una guerra civil y la comunidad internacional está de una parte, de la que no sabemos gran cosa. La adhesión de ayer a la propuesta de Zapatero en el Congreso fue tan unánime que deja lugar a pocas dudas sobre el consenso social en España a favor de bombardear los sistemas antiaéreos de esa extraña pareja que forman el ejército convencional libio y los mercenarios extranjeros, cuyo número también se desconoce. Hemos pasado de tres millones de manifestantes en la calle contra la guerra de Iraq a unos cientos o unos miles de personas que piensan como Llamazares.

Otro lío en el que andan metidos los voluntarios es decidir quién manda en la coalición que se ha erigido en cuerpo de policía para la ocasión. Francia quiere una dirección ajena a la OTAN. De hecho, un neogaullista como Sarkozy no debe ser devoto de la Alianza. El general De Gaulle forzó en 1965 el cambio de sede de París a Bruselas cuando anunció la retirada de Francia de la estructura militar integrada de la OTAN.

Pero tanto Estados Unidos como el Reino Unido y España, entre otros, son partidarios de que la Alianza lidere la guerra contra Gadafi y el bloqueo naval decidido ayer. Digo yo que para eso está. Para eso decidió dejar de ser una organización defensiva regional, que sólo operaría en su territorio como escudo ante un eventual ataque contra uno de sus socios, para convertirse en una especie de gendarme global. Este es un encargo para la OTAN. Y bien hecho: eso de que el objetivo no es derrocar a Gadafi es una broma. Hay que ponerlo ante el Tribunal Penal Internacional. Sin duda. Y crear el precedente.

Voluntarios

Ignacio Martínez | 2 de marzo de 2011 a las 13:55

La generación norteamericana de los 60 vivió años muy estimulantes. Fue una de las décadas más luminosas del siglo XX, de gran creatividad artística y crecimiento económico sostenido, ensombrecida por la guerra del Vietnam. Uno de los himnos favoritos en aquellos años fue la canción Volunteers de Jefferson Airplane, que este grupo californiano tocó en el festival de Woodstock en 1969. Esta generación no tiene destino al que agarrarse, decían. Sesenta mil muertos y 150.000 heridos en el bando estadounidense justificaban su desesperanza.

Tenían muy identificada su generación. Así se llamaba una canción de los británicos The Who, My generation. También la tocaron en Woodstock. Espero morir antes de envejecer, afirmaban, con la osadía propia de la juventud. Cosa, dicho sea de paso, que cumplió a rajatabla su batería, Keith Moon, muerto a los 32 años de sobredosis. ¡Qué recuerdos! No sería muy exagerado decir que los jóvenes en edad de empezar a labrarse un futuro profesional tienen hoy más motivos para el desengaño que la generación de sus padres. Eso es así en todo el mundo occidental, Europa incluida. No tienen un destino que celebrar, aunque dudo mucho que se les ocurra pensar en morir antes de envejecer. Algo hemos mejorado.

El voluntariado es una tradición norteamericana entre los jóvenes, no desde luego para ir a la guerra, sino para el servicio público. Una tradición que el nuevo primer ministro británico David Cameron quiere imitar. No es que pretenda utilizar de modelo para la clasista sociedad de las islas una más igualitaria, como la americana. Es una cuestión de necesidad. A pesar de que la economía del Reino Unido crecerá un 2% este año, por un 0,8% de la española, Cameron quiere hacer un ajuste de caballo en las cuentas públicas. Reducirá el déficit en 100.000 millones de euros y eliminará medio millón de puestos de trabajo en la administración pública. Y parte de la asistencia social para atender a ancianos, enfermos o niños cuyos padres no tengan guarderías, pretende el Gobierno de Londres suplirla con un sistema de voluntariado.

Quizá contagiada de este espíritu de austeridad, combinado con el servicio social voluntario, una directora general del Ministerio de Educación ha animado a las universidades españolas para que den créditos académicos por acciones de voluntariado. En Andalucía, en universidades como la de Sevilla, a partir de este curso se darán seis créditos europeos por este tipo de actividades. El crédito equivale a 25 horas de servicio a la comunidad. Hasta ahora sólo se daba un crédito por la formación para estas acciones. No estaría mal ampliar la iniciativa más allá de la universidad. Mezclar a jóvenes de distintas procedencias, clases sociales o religión sería una buena experiencia. Hay que buscar estímulos para un futuro más optimista. Y para que nuestros jóvenes no se vayan voluntarios a trabajar al extranjero.

Pig is beautiful

Ignacio Martínez | 11 de diciembre de 2010 a las 12:33

Casi sin darnos cuenta, se ha establecido una división maniquea entre los funcionarios y los trabajadores de las empresas públicas en Andalucía. Los primeros son todos estupendos profesionales y han logrado su puesto por méritos incontestables en estrictas oposiciones. Los segundos son todos unos enchufados, que forman una administración paralela que es el oprobio de esta sociedad. Unos apestados. Todos malos en este lado y todos buenos en el otro. Injusto, porque la realidad no suele ser tan simple. Esta distorsión acaba generando violencia. Y no sólo la del sindicato de funcionarios que se opone a la reordenación del sector público. En las paredes de las delegaciones de las empresas públicas Egmasa, Tragsa y DAP en Almería han pintado enchufados como un insulto. Hace tres semanas hubo un cruce de insultos allí entre el personal de Egmasa y funcionarios de la Delegación de Medio Ambiente. Y trabajadores de Tragsa hicieron algo parecido en la puerta de la Delegación de Agricultura.

Los trabajadores púbicos se reivindican, como los negros del black power en los 60. Entonces se puso de moda el grito black is beautiful. Lo negro es hermoso. Aquellos fueron años de protesta contra la guerra del Vietnam, de duros enfrentamientos con la policía. En argot la definición de policía era pig, cerdo. Un ingenioso caricaturista de la época pintó una manifestación de policías, que imitaba el grito de guerra del orgullo negro: ¡pig is beautiful!, cerdo es hermoso.

Cuando en 1991 se introdujo en el Tratado de Maastricht, a propuesta española, un fondo de convergencia para ayudar a entrar en la moneda única a los países menos desarrollados, se reinventó el término pigs, como acrónimo de Portugal, Irlanda, Grecia y España (Spain), los países de la cohesión. La broma se olvidó hasta que en septiembre de 2008 la recuperó el diario económico de referencia en Europa, el Financial Times. Con trampa, porque cambiaba a Irlanda por Italia y dirigía sus dardos a los países del sur. Pero con el estado de depresión en el que nos encontramos, nadie se atrevió a entonar eso de “cerdo es maravilloso”.

Ahora ha tenido éxito el intento de considerar apestado a todo un colectivo. La inquina se concentra en las empresas públicas de la Junta. Nada se dice de las de ayuntamientos, diputaciones o mancomunidades. Sin embargo, el problema de fondo es otro. Hay 600.000 servidores públicos en Andalucía, todas las administraciones confundidas. Y son demasiados; es posible que no estemos en condiciones de seguir pagando el sueldo a todos. Si adaptásemos a la población andaluza la reducción de 25.000 civil servants de Irlanda o los 500.000 del Reino Unido, nos saldrían unos 60.000. Un recorte del diez por ciento, más de 3.000 millones de euros al año de coste salarial. Y a nadie se le ocurriría decir que es maravillosa esa espada de Damocles que genera tanta división en ese sector.

Hartos de los políticos

Ignacio Martínez | 10 de mayo de 2010 a las 10:32

Leo en La Vanguardia una entrevista con Artur Mas, en la que el líder de CiU dice que Zapatero está acabado. Como suena, acabado. Es una opinión interesada; se van a enfrentar en la campaña electoral catalana dentro de seis meses. Pero aunque sea un punto de vista interesado, coincide con el de muchas personas, incluidos votantes y militantes del PSOE. En este momento, la credibilidad del presidente está bajo mínimos. Eso no significa que Zapatero no vaya a ser el candidato socialista, ni que no pueda ganarle a Rajoy. El inglés Cameron se ha llevado dos años con la mayoría absoluta virtual en el bolsillo y cuando ha llegado la semana pasada la hora de la verdad, no la ha conseguido. Rajoy debería tomar nota: no sólo Zapatero peca por inacción.

Veo una crónica de Bruselas, sobre las elecciones generales anticipadas que hay en Bélgica el jueves próximo, y resulta que hay una auténtica rebelión contra la ley que castiga con multa a quien no acuda a las urnas. En Europa es obligatorio el voto en Bélgica, Luxemburgo, Grecia, Italia y Chipre. En Luxemburgo, a los reincidentes les puede caer una multa de 1.000 euros. En Italia y Grecia no hay sanción, y se nota en la alta abstención. Pero en Bélgica son muy rigurosos; pueden sacar del censo a alguien, si se abstiene cuatro veces. Eso, y el sentido cívico de los ciudadanos, lleva a porcentajes de participación superiores al 90%. Pero en esta ocasión, flamencos y valones están hartos de tanta estulticia de sus dirigentes, tantas peleas por la lengua, tanto nacionalismo excluyente que ha bloqueado el gobierno del país en los últimos tres años. Y hay un movimiento popular que reclama la abstención.

Hacer el voto obligatorio siempre me ha parecido mal, pero mis amigos belgas lo encientraban normal. Lo que hace la costumbre. Votar es un derecho y como todos los derechos su ejercicio debería ser voluntario. Si se convierte en obligatorio, pasamos de un derecho a un deber. Y acabamos con uno de los termómetros para medir el grado de satisfacción de los ciudadanos con la democracia de la que disfrutan. Los trucos para camuflar el desinterés del público con los procesos políticos son muy variados. En Andalucía, sin ir más lejos, conocemos muy bien uno patentado por Manuel Chaves: evitar toda convocatoria por separado de elecciones autonómicas, para conseguir una mayor participación, al hacerlas coincidir con las generales. Pero las protestas por este abuso reiterado de los gobernantes socialistas no encuentran eco en el público. Nuestros políticos han pasado a ser la tercera preocupación de los españoles en las encuestas, tras el paro y la crisis económica. O sea, que empezamos a estar tan hartos de ellos, como los belgas.

Cualquier motivo es bueno para un escandalito. Arenas, como Cameron y Rajoy, lleva tiempo por delante en los sondeos de opinión. Pero se recrea demasiado en el regate corto. Queda la duda sobre si cambiará de registro tras las elecciones municipales y nos mostrará un perfil de estadista. Su último empeño es que no hubo que restaurar el palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta, uno de los más importantes edificios del barroco andaluz. El presidente del PP andaluz considera su rehabilitación un despilfarro. Y ha construido un titular destructivo que repite sin cesar: Griñán se ha construido su Versalles. Pero ofrece una solución; si gana lo dedicará a Museo. Supongo que con el consiguiente despilfarro en la adaptación del edificio para su nuevo destino. A veces es para estar más que hartos.

Aire fresco anglosajón

Ignacio Martínez | 8 de mayo de 2010 a las 9:18

Las elecciones británicas son un soplo de aire fresco para el continente. Los modos son más corteses y la fórmula de elección, con su lado injusto, también tiene una vertiente de democracia directa, que tanto complace a los ciudadanos de los Islas y a algunos que no lo somos. Un sistema uninominal a una sola vuelta. Son distritos de 70.000 habitantes, con lo que un candidato independiente tiene posibilidad de hacer su campaña y darse a conocer a sus convecinos. Quien más votos saca se queda el escaño, lo que significa que todos los electores saben quién es su representante en los Comunes, no como en España que el candidato número 17 por Madrid de uno de los dos grandes partidos no sabe nadie ni cómo se llama ni qué cara tiene. Si los ciudadanos de un distrito tienen un problema, buscan a su diputado, quien por la cuenta que le trae se ocupará de encontrar una solución.

Si los diputados de un partido son díscolos con la dirección, pero tienen la consideración de sus votantes, difícilmente el aparato de la organización podrá desprenderse de ellos, porque ponen en riesgo la pérdida del escaño. E incluso si le expulsan lo pueden ver presentándose por su cuenta y conservando el acta de diputado. Y los diputados de un partido en el Gobierno pueden rebelarse contra su jefe, el primer ministro, y votar su sustitución. Ése es el poder que tiene un diputado en el Reino Unido y no tiene en absoluto en España.

El resultado electoral ha sido decepcionante o estimulante, según se mire. Cameron deberá gobernar con Clegg, un joven a quien recuerdo en los 90 en su despacho de la planta 10 del edificio Breydel de la Comisión Europea, en Bruselas, cuando estaba en el gabinete del muy listo, conspicuo y thatcheriano Leon Brittan. Sir Leon no pudo ganarlo para la causa conservadora y ahí lo tienen, de tercero en discordia. Clegg es nieto de una baronesa rusa, hijo de una holandesa, marido de una española. Y es moderadamente europeísta. Estaría estupendo de ministro de Exteriores en un Gobierno de coalición de conservadores y liberal-demócratas, con Cameron. Es un buen augurio en vísperas del día de Europa, que se celebra mañana, en conmemoración del 60 aniversario del discurso en el que Robert Schuman propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.

Desde luego que el sistema británico también es injusto. Que los laboristas de Brown con el 29% de los votos saquen 258 escaños y los liberales de Clegg con el 23% tengan 57 diputados es para estar molesto. Para quitarle ese dolor de cabeza a los liberal-demócratas, el conservador Cameron deberá pagar un alto precio: una modificación del sistema que aumente la proporcionalidad sin perder la representación directa. Si lo logran nos darán ejemplo de buenas prácticas una vez más. Celebro que los británicos, por muy euroescépticos que sean, formen parte del club europeo. Nos aportan sentido práctico anglosajón en buenas dosis.

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