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Debate taurino en Andalucía

Ignacio Martínez | 8 de septiembre de 2010 a las 9:43

La Mesa del Parlamento regional debe admitir hoy a trámite una iniciativa ciudadana para prohibir las corridas de toros en Andalucía. La propuesta cumple los requisitos, así que a sus autores les darán cuatro meses para recabar 75.000 firmas para que el asunto se debata en la Cámara. El debate tiene un resultado conocido de antemano. Pero aunque no prospere, es interesante que el segundo asalto de los abolicionistas se haga en el territorio español más genuinamente taurino. La identificación de lo andaluz con lo español en la imagen internacional del país, en el inconsciente colectivo nacional y en la propia mentalidad de los ciudadanos de la región es una oportunidad para que se ponga en evidencia la realidad de la fiesta.

También, por qué no, pondrá en evidencia a algunos abolicionistas. Llama la atención que contrarios a las corridas abominen de la bandera de España con el toro de Osborne. ¿En qué quedamos? Se supone que la campaña contra las corridas se hace para evitar que sufra el animal y en defensa del toro. Y el ejemplar de Osborne es un toro en libertad, en el campo, que contempla el horizonte. No está banderilleado, ni picado, ni estoqueado. Pero molesta a ciertos activistas, que acaban siendo antitaurinos. O sea, contrarios a los animales.

Y si hay mucha hipocresía en el bando contrario, un servidor, que es aficionado, no se encuentra más cómodo con los del bando propio. Un ejemplo. La corrida Goyesca de Ronda es un acontecimiento social de primer orden para una buena parte de Andalucía, especialmente de Jerez, Sevilla y Málaga. Es una cita que marca el inicio oficioso del curso. Este año, unos amigos de Fran Rivera Ordóñez, como apoyo a la fiesta, quisieron hacer el paseíllo, como areneros. La idea no era mala. Tampoco lo era llevar un virtuoso del clarín desde Sevilla. Pero entre los areneros estaba el escritor Sánchez Dragó, que se preocupó bastante más de lucirse para la galería que de hacer seriamente su labor. Vengan sonrisitas para los tendidos y vengan saludos mientras amontonaba arena aquí y allá, en vez de esparcirla… Se lo pasó en grande el hombre. Lo mismo cabe decir de los alardes solistas del clarín. El empresario Rivera Ordóñez en vez de adornar la pasarela local en la feria de septiembre haría mejor en traer a Ronda toros con más trapío y más bravura. Una corrida de toros es una cosa muy seria, no es una charlotada.

(Lo más seriamente taurino de este año en Ronda ha sido la excelente exposición que con motivo del 225 aniversario de la plaza ha preparado la Real Maestranza. Documentos, escritos, grabados, fotos y carteles ilustran la construcción de la plaza y sus dos siglos largos de existencia. Un grupo escultórico de 27 figuras del Museo de Arte Taurino de Valladolid y una recreación aérea de cómo sería Ronda en 1785 son dos de las joyas que encontrarán. No se la pierdan).

Medalla polémica

Ignacio Martínez | 9 de marzo de 2009 a las 11:17

 

Se habrán enterado de que le han dado la Medalla de oro al mérito en las Bellas Artes al torero Francisco Rivera Ordóñez y se ha armado un revuelo monumental. Lo siento por él. Ya es difícil que a uno lo distingan con una medalla. Pero ésta tiene para Rivera el valor sentimental de que el primer torero que la recibió fue su abuelo Antonio Ordóñez, en 1996. Después se la han dado a otros grandes maestros, como Curro Romero, El Viti, Pepe Luis Vázquez, El Litri, Álvaro Domecq, Antoñete, Rafael de Paula, Manolo Vázquez, Ángel Luis Bienvenida, Espartaco, Paco Camino, Manzanares padre, Ponce y José Tomás. No es mal elenco. Camino y Tomás han devuelto sus medallas. Morante ha dicho que es una vergüenza. Cayetano apoya a su hermano y no quiere torear con Morante. Lo dicho, un revuelo.

El mundo del toro está desorientado. Rivera Ordóñez es biznieto, nieto, hijo y hermano de toreros, pero no ha conseguido grandes éxitos en su carrera y, desde luego, no está considerado un artista. Hago una ronda por mis amigos taurinos. Uno sevillano me pregunta quién asesora al ministro en la materia. (Me cuentan que el presidente del Congreso José Bono es amigo de Francisco. Y que su hermano Cayetano le hablaba en tiempos a una hija de Bono). A otro, rondeño, le sorprende que la faena del año pasado en la Goyesca sea argumento de la distinción. Un tercero pone el dedo en la llaga: “Que la gestión del Gobierno con la crisis o el terrorismo genere protestas, vale, son temas difíciles; pero que se columpie con las medallas de Bellas Artes, ya tiene delito”. El cuarto amigo consultado se limita a preguntarme cómo se llama el ministro de Cultura.

Estas medallas al principio se daban de higos a brevas, hasta que con la democracia, en época de UCD, se empezaron a conceder anualmente, aunque los medallistas se podían contar siempre con los dedos de una mano. Es con el Gobierno de Aznar cuando se socializa el medallero y se empieza a distinguir a oficios ajenos a la bellas artes clásicas. Lo tradicional era ver a cantantes, pintores, escultores, arquitectos, músicos, actores, directores de cine, coreógrafos… Y en esto, aparecieron los toreros. Mientras que se trataba de ponerse al día y reconocer una carrera, la cosa fue bien. Pero este año con uno en activo se han encontrado con el purismo de la afición. No ha gustado, por decirlo en términos sencillos y correctos. Tampoco hay que escandalizarse. Ya levantó reticencias la primera incursión de las medallas en el mundo de la gastronomía, cuando se la dieron en 2006 a Ferran Adrià.

La lista completa de premiados de todos estos años está bien. Siempre se le puede poner un pero a un actor, pintor o cineasta. Pero esta distinción, como las de otros países, tiene mucho de protocolaria y diplomática. Por ejemplo, se ha premiado a cronistas taurinos a los que servidor no considera artistas. Rivera ha dicho que este es un premio a su vida, a su esfuerzo. Mi colega Antonio Lorca ha escrito con acierto que como Francisco ha sido tan trabajador, que le hubieran dado la Medalla al Trabajo. Otros sugieren que las medallas las estrenó el abuelo y las va a liquidar el nieto. No será para tanto. Pero este episodio refleja que el mundo del toro sigue siendo muy purista. Y eso es estupendo. El espíritu crítico tiene mucho que ver con el arte. Una cosa está clara: el ministro César Antonio Molina afinará más la próxima vez. Seguro.