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Se echa de menos al PSA

Ignacio Martínez | 5 de diciembre de 2012 a las 10:27

Se echa de menos a los andalucistas en la política andaluza. En el Parlamento regional, más aburrido que nunca, dedicado en cuerpo y alma a la defensa o ataque al Gobierno central. El cuarto actor de la vida parlamentaria desde 1982 a 2008 parecía destinado a mayores gestas en los 70, cuando marcaba el paso a los demás. Tanto, que Julio Anguita lo reconocía en este diario en marzo: “No tengo empacho en decir que el PSA nos hizo andalucistas”. Pero Escuredo, un presidente carismático, embarcó al PSOE en una empresa de la que recelaba al principio y de la que se benefició electoralmente después. Y los andalucistas se quedaron sin bandera.

En 1977 eran un partido extraparlamentario. Pero fueron los primeros en pedir una manifestación pública pro autonomía, que después fue convocada por la asamblea de parlamentarios. Un año después, el 4 de diciembre de 1978, cuando se firmó el pacto autonómico de Antequera, en el que se pedía “la autonomía más eficaz”, volvieron a reclamar que no fuese la más eficaz sino la máxima que reconocía la Constitución. En fin, como resultado de todo eso, en 1979 sacaron cinco diputados en el Congreso. Los errores en el proceso para desbloquear el resultado del referéndum del 28 de febrero de 1980, con un pacto mal escenificado de Rojas Marcos con Suárez, les dejaron malparados y ya no recuperaron aquella pujanza.

Treinta y cinco años después de la manifestación de 1977, el malagueño Manuel José García Caparrós impunemente asesinado entonces (ya habría cumplido los 54), va a ser reconocido por la Junta como hijo predilecto de Andalucía, y ya casi nadie se acuerda del partido animador de la autonomía andaluza en sus inicios. El más perdurable de los jefes del Partido Comunista en Andalucía, Felipe Alcaraz, lamentaba esto último ayer en un tuit: “Es injusto que no aparezca el PSA a la hora de rememorar el 4D”.
El 4 de diciembre es objeto de nostalgia y de una cierta usurpación. Los socialistas se quedaron con el filón electoral que suponía la nueva administración, que no han compartido nunca, ni en los ocho años de cómoda cohabitación con los andalucistas, ni en el actual bipartito en el que los herederos de Alcaraz tienen poco peso, como ha puesto de manifiesto el resultado de la comisión de investigación de los ERE. Alejandro Rojas Marcos, el líder andalucista, cree que Andalucía está hoy día peor posicionada que en los 70.

Su partido también está peor, a pesar de sus 500 concejales, ausente del Congreso y el Parlamento andaluz. Víctima de sus errores, desde luego, aunque los defectos se suelen perdonar con más facilidad a los partidos grandes. Pero Rojas Marcos, que es un optimista histórico, cree que puede revivir. Sostiene que es el único partido de España que ha continuado tras un desastre electoral. En su caso de varios. No sobrevivieron ni el PSOE de Tierno, ni los doce otros miembros de la Federación de Partidos Socialistas de la transición; ni siquiera el PCE, que se inventó IU…  En cualquier caso, su falta de empuje actual le ha sentado muy mal al conjunto de la región. Sin animador, nos quedamos desanimados.

Modesta España

Ignacio Martínez | 30 de abril de 2012 a las 10:46

Aterrizaje forzoso. Nos aprestábamos a una final de la Champions entre el Madrid y el Barcelona. Y ni uno ni otro. El uno tiene el mejor entrenador del mundo, según su presidente; el otro es el mejor equipo del mundo, según opinión generalizada. En ambos están los dos mejores jugadores del mundo. Pues nada, la final será entre Chelsea y Bayern. Una cura de humildad. Encima la Comisión Europea se interesa por una grave irregularidad: los clubes de fútbol españoles le deben a Hacienda 700 millones de euros, mientras los alemanes tienen sus cuentas con el fisco al día. Competencia desleal. Con el fútbol hemos topado.

Otro un paradigma de la situación de España. Una situación que mi colega Enric Juliana define como de angustia, inquietud y nerviosismo en su ensayo Modesta España, cuya lectura recomiendo con entusiasmo. ¿Adónde vamos?, se pregunta el periodista. Y para responder se vale de El Quijote y propone al Caballero del Verde Gabán como modelo. El hidalgo Diego de Miranda le parece un compendio de modestia, de la España burguesa y prudente que no pudo ser.

¿Cuál es la deriva de España? La modestia, virtud más noble que la humildad en opinión del autor. Apunta a Brasil como referente para la península Ibérica, país con el que sueñan miles de universitarios españoles y portugueses y tabla de salvación de la cuenta de resultados de las grandes compañías nacionales. Y recuerda que el andaluz de Palos Vicente Yáñez Pinzón, el capitán de La Niña, llegó a aquel país en 1500, tres meses antes que el portugués Pedro Álvares Cabral.

Un trabajo provocador desde la portada, un mapa de 1852, que divide al país en tres partes. Herencia recibida. La España unificada o puramente constitucional, formada por las 34 provincias de los antiguos reinos de Castilla y León, que incluye Galicia, Asturias, Extremadura y Andalucía, “iguales en todos los ramos económicos, judiciales, militares y civiles”. La España incorporada o asimilada, de las 11 provincias del antiguo Reino de Aragón, con Cataluña, Valencia y Baleares, “todavía diferentes en el modo de contribuir y en algunas partes del Derecho privado”. Y la España foral, las cuatro provincias exentas de Navarra y Vascongadas “que conservan su régimen, especialmente la administración y derecho común y para la administración pecuniaria y de sangre se valen de los medios que ellas mismas estiman convenientes”.

Aparecen el “listo, astuto, idealista, poco viajado y temerario” presidente Zapatero, la antipatía entre los andaluces González y Rojas Marcos, las desavenencias entre los gallegos Rajoy y Rouco, el lúcido análisis de Borbolla de los años 80; la profecía del desastre que se avecinaba de Miguel Sebastián, en vísperas de la imprevista victoria de 2004… En fin, un retrato de la España previa a la modestia.

Juntos podemos

Ignacio Martínez | 3 de marzo de 2010 a las 12:53

Adelantándose en un cuarto de siglo al Yes, we can de Obama, el Partido Comunista de Andalucía se presentó a las primeras elecciones autonómicas con el lema Juntos podemos. La frase no estaba pensada para movilizar un país sumido en una dura crisis, sino para insinuarse: los jerarcas del PCA pensaban que como nadie iba a sacar mayoría absoluta, gobernarían Andalucía con el PSOE. Cosa que nunca ocurrió, porque los socialistas sacaron mayorías absolutas al principio, se las aviaron solos con la pinza, consiguieron una alianza barata con los andalucistas más tarde y recuperaron la mayoría absoluta finalmente.

En 1982, la CEA estaba lejos de ser el gigante en el que se ha convertido y todavía más lejos de llevarse tan bien como se lleva en la actualidad con el poder socialista: entonces, la patronal hizo una dura campaña netamente política, en la que un gusano comunista se comía la manzana socialista. El tiempo, el sentido común y la caída del Muro de Berlín conjuraron los miedos al peligro rojo, y ahora resulta que los comunistas tienen menos fuerza, menos militantes y menos líderes destacados, pero se relamen los labios ante la posibilidad de que el PSOE tenga que pasar por su fielato para mantener el poder en 2012.

Hoy día, sin embargo, el lema Juntos podemos podría servir para una campaña ciudadana destinada a darle confianza y seguridad a una sociedad angustiada. A Gómez Navarro, ex ministro de Felipe González y mandamás de las cámaras de comercio, se le ha ocurrido esa idea: es la Fundación Confianza de la que es portavoz junto a Antonio Garrigues Walker, Guillermo de la Dehesa y Miquel Roca i Junyent. Patrocinan el proyecto una veintena de grandes empresas nacionales. Y, a título particular, figura una larga nómina de personajes como Romay, los hermanos Gasol, el doctor Rojas Marcos, Juan José Millás o Ferran Adrià. Incluso han hecho un spot que están pasando por televisión con el lema de Esto sólo lo arreglamos entre todos.

Está muy bien que la sociedad civil se movilice contra la depresión colectiva, ante la ausencia de liderazgo. Yo le pondría Invictus a los líderes políticos nacionales, lo mismo que Guardiola hace ver a sus jugadores reportajes épicos. Mandela demuestra que los líderes tienen que movilizar a su gente, pero a veces deben decirle lo que no quiere oír, e incluso llevarle la contraria. En el acto del Día de Andalucía, el presidente Griñán desaprovechó la ocasión de hacer un gran discurso político. Prefirió la lírica del 28-F, el lamento por el alto índice de paro y una reflexión académica sobre la educación. Él maneja sus tiempos: sostiene que no es el momento de movilizar a su partido, cuando faltan dos años para las elecciones de 2012. Pero los ciudadanos no pueden depender de la conveniencia electoral de nadie. Hace falta alguien que entone un Juntos podemos.

El califato andaluz

Ignacio Martínez | 13 de abril de 2009 a las 12:03

Mi colega catalán Enric Juliana acaba de publicar un nuevo retrato de España. Su anterior libro, hace cuatro años, era la foto de un país fascinado, resignado o indignado con el auge de los nacionalismos. Estábamos entre la España plural de Maragall y la España que se rompe de Rajoy. Aquel ensayo se llamaba La España de los pingüinos. El nombre venía de la antigua Yugoslavia; allí los ciudadanos podían elegir entre poner en sus documentos de identidad su nacionalidad serbia, croata, eslovena… o la común yugoslava. Esto último sólo lo hacía un 10% de los habitantes y por su rareza se les puso el nombre de pingüinos. Ahora la crisis económica ha arrasado la preocupación por los nacionalismos. Y La deriva de España, el nuevo ensayo de Juliana, es la foto de otro país: se subtitula Geografía de un país vigoroso y desorientado.
Un ejercicio de geografía fue su artículo del martes en La Vanguardia a propósito del nuevo Gobierno. Sostiene mi colega que es el refuerzo del eje principal de la política española en los últimos 30 años: el que enlaza Bilbao, Madrid y Sevilla. Y en particular que el nombramiento de Manuel Chaves como vicepresidente para asuntos autonómicos consagra el papel tutelar que el califato andaluz viene ejerciendo sobre la política territorial. Esto es lo que hay. Aquí criticamos a Chaves por haberse preocupado más por los equilibrios que por la acción; por hacer poco, para no equivocarse y por ahí fuera lo ven desde hace tiempo tutelando el Estado de las autonomías.
Los mejores articulistas nacionales vaticinan que querrá propiciar elecciones anticipadas en Cataluña o que tiene el reto histórico de que los territorios de España pasen de la reivindicación a la cooperación. Creo, sin embargo, que en ninguno de los dos campos llegará a tanto. A Chaves le ha gustado siempre camuflar las elecciones andaluzas detrás de las generales; y puesto a propiciar, seguro que prefiere una sola convocatoria que agrupe todas las elecciones imaginables. Y en materia de especialización y cooperación, en estos 19 años no ha conseguido buena nota entre las provincias de Andalucía. La región es hoy más tribal que cuando Chaves llegó al poder en 1990. Así que difícilmente conseguirá el nuevo vicepresidente en el conjunto de la nación lo que no ha logrado aquí.     
Y, sin embargo, ahí tienen a la mejor prensa catalana estableciendo una teoría sobre el peso del poder andaluz en España, el viejo sueño de Rojas-Marcos de hace 40 años, ejercido en versión moderna por Manuel Chaves desde un ministerio sin cartera. Sí. Lo que Zapatero le ha dado a Chaves es un ministerio sin cartera, sin la engorrosa función pública que pasa a los dominios de María Teresa Fernández de la Vega. Sin cartera, significa sin presupuesto. Es un ministerio político, con rango de vicepresidencia, para hacer un retrato de España.

Un ministerio sin cartera para Chaves

Ignacio Martínez | 9 de abril de 2009 a las 17:16

Anda mi colega Enric Juliana preocupado con lo que llama el Califato andaluz. El viejo poder andaluz de Rojas-Marcos en versión moderna y ejercido por Manuel Chaves desde un ministerio sin cartera. Sí. Lo que Zapatero le ha dado a Manuel Chaves es un ministerio sin cartera, sin la engorrosa función pública que pasa a los dominios de María Teresa Fernández de la Vega. Sin cartera, significa sin presupuesto. Es un ministerio, con rango de vicepresidencia tercera, político, de los de hablar, negociar, convencer. Al final ZP le ha dado a Chaves algo parecido a lo que le dio Aznar a su gran rival, Javier Arenas, que llegó a vicepresidente ‘segundo’ y ministro de Administraciones Públicas. Es como una historia en estéreo: Chaves fue ministro de Trabajo y años después lo fue Griñán, y más tarde Arenas. Arenas llegó a vicepresidente y años más tarde lo es Chaves. La crisis tiene algunos perdedores. Uno es Zarrías. No ha estado como pretendía para designar al sucesor, eso lo ha hecho Chaves en solitario. No se queda de regente. El hombre más poderoso de Andalucía se va a Madrid de secretario de Estado, en un Gobierno en el que Bibiana Aido es ministra. El mundo al revés. Otro perdedor es Arenas. ¿Ahora quién es el tiranosaurio de la política andaluza? ¿Tiene el PP andaluz un recambio?