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Modesta España

Ignacio Martínez | 30 de abril de 2012 a las 10:46

Aterrizaje forzoso. Nos aprestábamos a una final de la Champions entre el Madrid y el Barcelona. Y ni uno ni otro. El uno tiene el mejor entrenador del mundo, según su presidente; el otro es el mejor equipo del mundo, según opinión generalizada. En ambos están los dos mejores jugadores del mundo. Pues nada, la final será entre Chelsea y Bayern. Una cura de humildad. Encima la Comisión Europea se interesa por una grave irregularidad: los clubes de fútbol españoles le deben a Hacienda 700 millones de euros, mientras los alemanes tienen sus cuentas con el fisco al día. Competencia desleal. Con el fútbol hemos topado.

Otro un paradigma de la situación de España. Una situación que mi colega Enric Juliana define como de angustia, inquietud y nerviosismo en su ensayo Modesta España, cuya lectura recomiendo con entusiasmo. ¿Adónde vamos?, se pregunta el periodista. Y para responder se vale de El Quijote y propone al Caballero del Verde Gabán como modelo. El hidalgo Diego de Miranda le parece un compendio de modestia, de la España burguesa y prudente que no pudo ser.

¿Cuál es la deriva de España? La modestia, virtud más noble que la humildad en opinión del autor. Apunta a Brasil como referente para la península Ibérica, país con el que sueñan miles de universitarios españoles y portugueses y tabla de salvación de la cuenta de resultados de las grandes compañías nacionales. Y recuerda que el andaluz de Palos Vicente Yáñez Pinzón, el capitán de La Niña, llegó a aquel país en 1500, tres meses antes que el portugués Pedro Álvares Cabral.

Un trabajo provocador desde la portada, un mapa de 1852, que divide al país en tres partes. Herencia recibida. La España unificada o puramente constitucional, formada por las 34 provincias de los antiguos reinos de Castilla y León, que incluye Galicia, Asturias, Extremadura y Andalucía, “iguales en todos los ramos económicos, judiciales, militares y civiles”. La España incorporada o asimilada, de las 11 provincias del antiguo Reino de Aragón, con Cataluña, Valencia y Baleares, “todavía diferentes en el modo de contribuir y en algunas partes del Derecho privado”. Y la España foral, las cuatro provincias exentas de Navarra y Vascongadas “que conservan su régimen, especialmente la administración y derecho común y para la administración pecuniaria y de sangre se valen de los medios que ellas mismas estiman convenientes”.

Aparecen el “listo, astuto, idealista, poco viajado y temerario” presidente Zapatero, la antipatía entre los andaluces González y Rojas Marcos, las desavenencias entre los gallegos Rajoy y Rouco, el lúcido análisis de Borbolla de los años 80; la profecía del desastre que se avecinaba de Miguel Sebastián, en vísperas de la imprevista victoria de 2004… En fin, un retrato de la España previa a la modestia.

Espada de fuego contra el aborto

Ignacio Martínez | 19 de junio de 2009 a las 6:35

Dos de los mejores colaboradores de monseñor Rouco Varela han sido noticia en los últimos días. Primero Federico Jiménez Losantos ha anunciado que va a crear una nueva cadena de radio, que se llamará esRadio, en la que trabajará con César Vidal y Luis Herrero. Tienen algunas concesiones hechas por los gobiernos de Aguirre y Camps. Alguna más que caerá y van a trasmitir por internet. Un palo para la Cope. Rouco pierde al campeón de la última cruzada de su Iglesia contra los infieles, aunque el propio Losantos presumiera de no ser creyente. Pecata minuta.

Pero al jefe de la Conferencia Episcopal española siempre le quedará su fiel auxiliar monseñor Martínez Camino, figura estelar del catolicismo intransigente, a pesar de su condición de jesuita: Ayer hizo una nueva aparición para fulminar la ley del aborto, después de meses de silencio en la precampaña y la campaña. La experiencia es un grado y la Iglesia española no cayó en la trampa que ladinamente le tendió el Gobierno, lanzando la reforma de la ley de despenalización del aborto justo antes de la cita con las urnas. Fue una provocación fallida. No le costaba nada al Gobierno haber propuesto la iniciativa ahora y evitar la contaminación de la campaña, que alguna hubo. En sentido contrario, si Martínez Camino hubiese dado la conferencia de prensa de ayer hace un mes, el PSOE habría sacado más votos.

Personalmente tengo un problema con esta reforma legal. Hay argumentos razonables por parte de quienes la apoyan y quienes la rechazan. Y al revés: hay puntos de vista de partidarios y oponentes con los que estoy en desacuerdo. Por ejemplo, cuando veo a Martínez Camino en la televisión rasgarse las vestiduras por el drama del aborto, pienso automáticamente en los ocho años en los que el PP estuvo en el Gobierno y ni derogó la ley aprobada durante el Gobierno de Felipe González ni se escuchó la protesta de la Iglesia. Y cuando contemplo a Bibiana Aido en la televisión balbuceando su parecer sobre los seres vivos y el derecho de las niñas de 16 años a ocultar a sus padres su embarazo y un posible aborto, me viene a la memoria el empeño de Zapatero por entrar en el libro Guiness de los récords con la ministra más joven de la historia.

Lo que todos tenemos claro es que hay que reducir los embarazos no deseados y evitar que 115.000 españolas aborten cada año; y más de 20.000 andaluzas, el 43% de ellas reincidentes. Eso sólo se consigue con formación, información y ayuda. Educación sexual en la escuela, más transparencia en la familia sobre estos asuntos, mayor complicidad de los medios de comunicación… La lista de factores que podrían ayudar es larga. Pero desde luego no incluye las amenazas de excomunión y la espada de fuego de Martínez Camino. Eso sólo sirve para marcar territorio. Y esto no es una cruzada, sino un drama.