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RTVE: España es duda

Ignacio Martínez | 22 de abril de 2012 a las 11:50

Esperanza Aguirre consideraba que los informativos de Telemadrid durante el Gobierno de Gallardón estaban en manos de ¡Sendero Luminoso! Como suena. Por eso ella los equilibró, con un desplazamiento hacia la derecha, buscando moderación. No es el único gobernante español que ha arrimado el ascua a su sardina; es lo habitual. Cuando los gobiernos no tienen una política que contar a los ciudadanos o no la saben comunicar, acuden a la propaganda. Es tal la debilidad crónica en este campo, que se utiliza la propaganda directamente, sin paso intermedio. Por eso las televisiones públicas, locales, regionales y nacional, se han convertido en la España democrática en órganos oficiales de propaganda gubernamental. Y sálvese quien pueda.

Radio Televisión Española ha sido una excepción durante el Gobierno Zapatero, que cometió el error de dejar en precario su financiación. Ahora asistimos al recorte drástico de su presupuesto, mientras el país se gasta alegremente 3.000 millones de euros en televisiones locales y regionales. Y también estamos en vísperas de que se nombre en el Congreso un presidente de la empresa pública por mayoría absoluta, no cualificada como estaba establecido. Este aspecto ha sido criticado con vehemencia por el PSOE. Pero en 2008, cuando los socialistas tenían mayoría absoluta en Andalucía, nombraron al actual director general de la RTVA sin mayoría cualificada. Cada uno reprocha al adversario lo que él está dispuesto a hacer sin apuro. Así nos va.

Ahora PP y PSOE no se ponen de acuerdo para nombrar al presidente de RTVE. Algunas fuentes han señalado a Luis Blasco como candidato popular. Pero la clave está en quién dirigirá los informativos y en qué haga. Sería deseable que las dificultades de comunicación del Gobierno no las pague la independencia de la televisión pública; pero así suele ocurrir. No es nuevo ni exclusivo. Alain Peyreffite cuenta en sus memorias cómo él mismo escribió más de una vez los telediarios en la ORTF francesa en los años 60, cuando era ministro de Información de De Gaulle. Las televisiones públicas francesa, británica y alemana salieron de la tutela gubernamental hace tiempo. España es duda, como en tantos otros campos.

Canal Sur, a negro

Ignacio Martínez | 30 de mayo de 2010 a las 10:43

Leo con perplejidad que el comité de empresa de Canal Sur ha decidido convocar una huelga el próximo 8 de junio martes. Se niegan a los recortes salariales, porque son un atentado a las relaciones laborales y a los trabajadores. Como suena. El país en la ruina, las empresas privadas echando gente, el empleo nuevo es escaso y mal remunerado, y los trabajadores con el mejor convenio del sector se niegan a admitir que les rebajen un salario que se paga con los impuestos de todos los contribuyentes. El presidente del comité ha justificado la medida con un argumento irrefutable, llevan cinco años de restricciones, especialmente los dos últimos y el servicio público se está resintiendo. O sea, que protestan por el bien común.

La nómina anual de Canal Sur es de 100 millones de euros, que al cambio son 16.638 millones de pesetas. El presupuesto total es de 240 millones. Dejémonos de gaitas, con los 100 millones se podría hacer una excelente televisión pública en Andalucía y sobrarían 140. Canal Sur tiene unos 1.700 trabajadores; una barbaridad, más que los de Antena 3 y Telecinco juntas. Y el comité de empresa pretende que les sigamos pagando las nóminas tal cual, aunque se esté hundiendo el país. La culpa, desde luego, no es del comité, sino de los políticos que durante años han ido colocando gente y permitiendo convenios desmesurados en esta empresa pública. En el turno de mañana de Informativos sobra tanta gente que hay redactores a los que con frecuencia no hay trabajo que darles. Pero el comité quiere lanzar un desafío al Gobierno andaluz y a quienes les pagamos las nóminas. Amenazan con “ir a negro” el día 8. Ir a negro significa no emitir.

Es una oportunidad. Rajoy ha dicho que habría que privatizar las empresas públicas de televisión. Lo mismo le oí sobre la RTVA a Felipe González en un almuerzo en Málaga hace diez años. Y a Chaves, gran responsable del desaguisado, le escuché algo mejor: que él no le gustaba Canal Sur, ni la veía. Total que hay que cogerle la palabra al comité y pedirle que se vaya a negro hasta que llegue un comprador particular con el que pueda de tú a tú ejercer sus derechos laborales sin atentados. Por el bien común.

Oxímoron audiovisual

Ignacio Martínez | 22 de diciembre de 2008 a las 0:06

El nuevo director ha hecho dos movimientos arriesgados en el tablero de la RTVA. Ha comparecido ante una Comisión del Parlamento andaluz hace un par de semanas y ha dicho que quiere hacer una televisión pública de calidad y con público. Lo mismo decía su antecesor y el resultado fue una primera cadena bastante ordinaria, que tenía poco servicio público, escasa calidad y mucha propaganda gubernamental, pero cumplía con creces el último postulado: tenía audiencia. Calidad y público. Las privadas ya han descubierto hace tiempo que con basura rosa y culebrones se disparan las audiencias. Así que dejemos claro que la calidad de la cadena PBS norteamericana da para poco público.

Estamos ante un oxímoron: calidad y público son dos expresiones con significado opuesto para los programadores de televisión. Y tarde o temprano termina por dejarles en evidencia. El francés Hervé Bourges prefería hablar de la televisión del público. No se regodeaba diciendo que quería una televisión pública de calidad. La hacía; incluidos unos informativos neutrales, rigurosos, críticos, veraces. Y no despreciaba las audiencias, pero no eran su obsesión. Bourges fue presidente de la televisión pública francesa y más tarde del Consejo Superior del Audiovisual, el órgano supervisor, del que teóricamente se ha copiado nuestro Consejo Audiovisual de Andalucía.

El CAA reclamó a Canal Sur Televisión que quitase del horario infantil un culebrón latinoamericano, Ángel rebelde, que en cinco capítulos analizados tenía 19 escenas de violencia, de las que catorce eran violencia de género. El culebrón en cuestión, es una estrella de la programación de CST, con más del 30% de audiencia y 26.000 espectadores menores de 13 años. Pablo Carrasco ha decidido retirarlo del horario infantil y programarlo después de las 22:00. Me pregunto si a esa hora no habrá posibles maltratadores viendo la televisión, aprendiendo modelos de comportamiento. En fin, este es un caso de clara incompatibilidad entre televisión de calidad y audiencia. Y la RTVA apuesta por la audiencia.

Andalucía no ha sabido dotarse en 20 años de una moderna televisión que aporte ventajas a quienes la vean, mejore las expectativas y ambiciones de los ciudadanos, convoque a un máximo de gente joven, preparada, comunicada. Y sea un motor de cambio social. Canal Sur 2 ha sido la excepción que confirmaba la regla. A su directora, Marisa Doctor, la han premiado con el cese. El nuevo equipo directivo está desmontando la estructura de la segunda cadena. Otro movimiento arriesgado. Los mismos programadores llevarán las dos cadenas: así que podemos ver cómo mejora la primera o como la segunda se vuelve ordinaria. Sobre todo si sigue primando la audiencia sobre la calidad y la propaganda sobre el servicio público.

No es poesía

Ignacio Martínez | 25 de abril de 2008 a las 0:31

Una bronca sobre la televisión pública andaluza ha puesto de manifiesto una de las anemias de nuestra autonomía. Andalucía no ha sabido dotarse en 20 años de un moderno servicio público de televisión independiente, plural y objetivo, que informe de manera neutral y veraz. En definitiva, que cumpla con lo que manda el Estatuto. La televisión pública debe aportar ventajas a quienes la vean, mejorar las expectativas y ambiciones de los ciudadanos, convocar a un máximo de gente joven, preparada, comunicada. Ser un motor de cambio social. En caso contrario, dejaría de tener sentido su existencia. Y debe desempeñar otra función: ofrecer de la realidad andaluza mucho más que su lado más ordinario.  

La última evidencia de la distancia entre los grandes deseos y la cruda realidad es la pelea entablada por el director general de la Radio Televisión de Andalucía contra el presidente de una de las nueve instituciones  troncales recogidas en el Título IV del Estatuto: el Consejo Audiovisual de Andalucía. El jefe de la RTVA se queja de que el CAA le critique por vulnerar la neutralidad informativa y el pluralismo durante la pasada campaña electoral, en un informe basado en ocho resoluciones de la Junta Electoral. Los consejeros socialistas se han sumado a estas críticas, dirigidas a su presidente, propuesto también por el PSOE: Manuel Ángel Vázquez Medel ha votado esta resolución con los consejeros del PP, IU y PA.  

En un durísimo comunicado, la RTVA ha acusado al CAA de no haber recabado su versión de los hechos y de haber actuado con falta de rigor y ligereza. Esta reacción supone una deliberada ignorancia del papel de control del Consejo Audiovisual sobre la empresa pública. El diablo está en los detalles: incluso la llama “alta autoridad reguladora”, cuando desgraciadamente, con la ley en la mano, este Consejo nada regula; es un mero órgano consultivo. Pero más allá de esta polémica, que distorsiona los planos jerárquicos, hay que subrayar que la era de las televisiones públicas fundadas sobre la idea de la información institucional o la propaganda gubernamental se ha terminado. En Televisión Española ya ocurrió en la pasada Legislatura: ahora toca a las televisiones autonómicas.    

La televisión representa un fenómeno social y cultural de primer orden; vital para la modernización de Andalucía. Hay un desfase institucional y es urgente que cada cual encuentre su papel: el CAA, vigilar el cumplimiento de las normas; el Consejo de Administración, dejar de ser un destino bien remunerado con escasa dedicación, para políticos con tareas orgánicas en sus partidos. Y la RTVA, orientar su actividad a la promoción de los valores educativos y culturales andaluces. No es poesía. Es el texto literal de la ley fundamental de la Comunidad Autónoma. El Estatuto se aprobó para cumplirlo.

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