Archivos para el tag ‘Rubalcaba’

Feria política

Ignacio Martínez | 10 de septiembre de 2012 a las 11:10

Fin de semana preelectoral. Feria de políticos, con latiguillos, eslóganes y la inevitable descalificación al adversario. El folklore habitual. Hay elecciones el 21 de octubre en el País Vasco y Galicia. Mañana se celebra la Diada más soberanista en Cataluña desde la llegada de la democracia. La prensa catalana nos recuerda que en este momento un referéndum sobre la independencia tendría un 51% de votos favorables, quince puntos más que hace diez años. Los oportunistas, los egoístas, los extremistas, los populistas, le sacan rendimiento a la crisis.
El descrédito de la política y de los políticos no sólo ocurre en España. Como consuelo repasen las encuestas para las elecciones del miércoles en Holanda. Los dos partidos que han copado las instituciones del país durante décadas, en régimen de alternancia, democristianos y socialdemócratas, apenas aspiran a una cuarta parte de los escaños. La crisis ha reventado el bipartidismo en países pobres del sur de Europa, como Grecia, y también en ricos del norte como Holanda. La consecuencia es más radicalismo.
En particular llama la atención la irrelevancia de la Democracia Cristiana neerlandesa, partido hegemónico durante medio siglo, que puede conseguir 13 de los 150 escaños del parlamento holandés. Este bache de las dos familias que crearon lo que hoy conocemos como Unión Europea tiene una clara consecuencia inmediata en el vacío ideológico en el que se mueve la UE, como pollo sin cabeza.
¿Pasará algo así en España? Puede, aunque todavía no se ha desatado la fuerza centrífuga que lo genere. Pero hay tiempo para que se produzca el fenómeno. El País adelantaba ayer un capítulo del próximo libro de César Molinas en el que comparaba la clase política española con los controladores aéreos, porque piensan más en su interés particular que en el general. La acusaba, entre otras cosas, de haber generado la burbuja inmobiliaria y la de las infraestructuras. Las críticas se multiplican. En fin, faltan más de tres años para las próximas elecciones generales y hay tiempo para que prenda la llama de la desafección política.
Unas elecciones en las que podríamos encontrar a alguno de los protagonistas del 21 de octubre. Se da la circunstancia curiosa de que los dos candidatos a la reelección en las elecciones vascas y gallegas, son los delfines favoritos de sus jefes de fila actuales. Entre los posibles recambios a Rajoy, seguro que el presidente del PP prefiere a Feijóo. Y no es un secreto que Rubalcaba piensa en Patxi López como posible candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, si no hay adelanto electoral. Bueno, se comenta que Griñán piensa en sí mismo para semejante cosa. Pero esa ya es otra historia.

La herencia recibida es larga y ancha

Ignacio Martínez | 25 de abril de 2012 a las 10:18

Somos herederos. Ayer de nuevo el ministro de Hacienda, en el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado, volvió a gastar muchos minutos en explicar la herencia recibida. Es una vieja canción, que ya entonaron los populares en 1996 cuando llegaron al Gobierno. Veía la retransmisión del Canal Parlamento y no daba crédito. Montoro prefería montar una pelea contra el PSOE, a quien culpaba de todos los males del país, que propiciar un verdadero debate. El Gobierno sigue sin mostrar el mapa completo de las reformas y el plano preciso de los ajustes. Ni una palabra sobre la reforma institucional pendiente; se mantienen diputaciones y miles de ayuntamientos inviables, sin la más mínima discusión.

La situación evoca aquella serie que protagonizó Concha Velasco en TVE en 2008. ¿Se acuerdan? Herederos, la familia Orozco y allegados, luchas por el poder, traiciones, odios y rencores. Ambición y desconfianza. La situación política española es un culebrón como aquel. El PP dice lo mismo que el PSOE hace un año y al revés. Sin apuro, sin alternativas, sin cuartel. Lo importante es culpar al adversario, no resolver los problemas. Rubalcaba este fin de semana en una entrevista eludió responder sobre dónde recortar. Sólo señaló a Defensa, como hizo ayer Duran, por cierto. Nada más.

En realidad somos herederos de muchos errores del pasado, no sólo de los últimos ocho años. Por ejemplo, de la negativa de José María Aznar a la propuesta que Romano Prodi de aplazar la entrada de Italia y España en el euro. Los populares hicieron un ajuste fuerte, vendieron casi todo el sector público nacional y consiguieron contra pronóstico que España entrara en el euro. Una machada, de la que ahora somos herederos. Vino entonces una vertiginosa subida de los precios inmobiliarios y el Gobierno se sentía satisfecho. En una clara apología de la especulación, el ministro de Fomento, Álvarez Cascos, dijo que los pisos subían porque los españoles podían pagarlos. De eso también somos herederos.

Y desde luego somos herederos de un Gobierno socialista que fue el último en enterarse de que estábamos en medio de una crisis sin precedentes. Que gastó los 14.000 millones del plan E en obras no programadas, con lo que las presupuestadas pendientes se quedaron sin hacer. Que presumía de tener la más solvente del mundo, mientras en toda la UE los gobiernos ayudaban a su banca sin tasa. Que no gobernó bien este país, una nación en la que familias y empresas se habían endeudado hasta tres veces el PIB nacional. Somos herederos de todo eso. Así que Montoro debería salir de la trinchera y buscar alguna reactivación económica, antes de que el enfermo se muera. Pero este Gobierno prefiere pelearse con el PSOE. Y su adversario le niega el pan y la sal. Somos herederos de esas luchas cainitas. Eso es lo peor.

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Arenas se ve ganador

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2012 a las 13:58

No lo dice, pero Arenas se ve ganador. En especial, si la campaña sigue al tran tran, en perfecta sintonía con la del 20-N. El presumible ganador no se compromete a nada, salvo a ser honrado, trabajador, austero, eficiente, bueno con los funcionarios, dispuesto a eliminar consejerías, direcciones generales y coches de respeto. Ofrece la garantía y el crédito de la marca. Como Rajoy en noviembre. Están tan seguros de ganar, que el gurú de la casa, Pedro Arriola, ya está anunciado en un foro el martes 27 para explicar los resultados. Si no estuviese convencido de la victoria, un tipo tan discreto no se expondría. Entre tanto, continúa la batalla electoral con la misma tónica; munición de grueso calibre contra el adversario, que es malísimo por definición. Las dos eres máximas de la política nacional pisan suelo andaluz para seguir con su hispánico duelo a garrotazos. Resumen del fin de semana. R1, o sea Rajoy: Dice que va a seguir con las reformas prudentes. Y que Arenas tiene gente tan buena que no haría un gobierno mejor que el de Griñán, ¡sino trescientos! Será gallego, pero exagera como el andaluz del tópico. Como ven, está lanzado. R2, o sea Rubalcaba: Afirma que el PP viene con más engaños y utiliza Andalucía para vender la misma mercancía conservadora. Cayo Lara no desmerece y pide el voto contra la reforma laboral. Ninguno dice nada sobre cómo conseguir que Andalucía pase del puesto 16 al 15 en el PIB per cápita español, aunque sólo sea eso. Seguimos esperando soluciones, pero la campaña sólo da para eslóganes. Los dos presidentes también siguen en su tónica habitual; toreo de salón. El saliente Griñán dice que no ganaremos el futuro con reforma laboral sino con investigación y conocimiento. Un hallazgo. Y el entrante Arenas ha estado estupendo. Sostiene que cuando gane va a acabar con el rodillo, la soberbia y la arrogancia. Se da por sobreentendido que se refiere a la soberbia y arrogancia socialista, porque él no padece de semejantes defectos. Por eso va al debate de la televisión pública esta noche. ¿O es que no iba? Si no va es que está tan convencido de su victoria que no quiere arriesgarse. Como Rajoy antes del 20-N, desprecia a la televisión pública, con el mismo guión. Prefiere quedar de arrogante, ahora que todo indica que va a ser el ganador, incluido nuestro barómetro.

Gana España, pierde Griñán

Ignacio Martínez | 5 de febrero de 2012 a las 13:48

Gana España porque el de Rubalcaba es el triunfo de un hombre de Estado, con experiencia, sentido de la responsabilidad y autoridad. El PP tiene un interlocutor que no debe aprender el oficio. En el Canal 24 horas Eduardo Sanmartín dijo ayer que era “la victoria de la política sobre la mercadotecnia”. Comparto el criterio. Asistimos a un discurso del ganador y un mitin de la perdedora. Vimos hablar a Rubalcaba, que argumentó sus ideas sin leer, y oímos gritar a Chacón eslóganes muy bien traídos, sacados de un guión.

Por lo demás, en cuanto al temario, los dos hablaron de las mismas cosas. Pero una se limitaba a enunciarlas desgañitándose, hasta el punto que en su Twitter Juan Manuel Marqués anotó que “parecía Evita Chacón”. Y el otro, las explicaba con pausa y detalle.

Probablemente Chacón entró en la sala ganadora y salió perdedora. Tenía el triunfo en la mano, facilitado por la casi unanimidad de los delegados catalanes y la distorsión del voto andaluz que había provocado la presión del dúo Griñán-Díaz. Una presión calificada de ilícita, inmoral e ilegal por el secretario de Sevilla, pero le faltaba otra i: inútil. El secretario general del PSOE andaluz sale pues derrotado en toda la línea.

Si José Antonio Griñán tenía antes del congreso una escasa autoridad sobre su partido, hoy su liderazgo cotiza bajo mínimos. Sus maniobras a favor de Chacón han sido condenadas en público por destacados dirigentes, pero con palabras mucho más gruesas en privado por los líderes históricos. Apostó por la perdedora, pensando sólo en el cartel electoral. Pero la distancia entre los contendientes era excesiva.

Para definir a Carme Chacón, tomo prestadas unas palabras de Ernest Maragall, que destaca su innegable capacidad de seducción, sin que se sepa qué proyecto político tiene. La define como “una mujer ambiciosa, que compite en el mercado de las ideas sin dejar claro cuáles son propias, y cuántas son adquiridas o alquiladas”. Y sobre sus discursos sostiene Maragall que le pone un aparente entusiasmo, tan visible como artificial. De acuerdo. Pero Griñán y su corte de consejeros pensaban que componía mejor para la foto electoral del 25-M. Simpleza y torpeza se llama eso.

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Griñán-Chacón, la foto electoral

Ignacio Martínez | 4 de febrero de 2012 a las 11:02

Se da la curiosa paradoja de que el congreso socialista lo puede decidir un árbitro que ocupa sus cargos gracias a un sistema de cooptación desde arriba, opuesto a la filosofía de primarias en la que coinciden los dos contendientes. Griñán llegó a la Presidencia de la Junta hace tres años por expreso deseo de su entonces amigo Manuel Chaves, con quien en este momento ha roto todo tipo de relaciones. Chaves lo impuso contra el deseo de Zapatero de que la sustituta fuese Mar Moreno, actual consejera de Presidencia, cuyo entendimiento con su presidente es entre escaso y nulo. Chaves apoya a Rubalcaba y Moreno a Chacón. Ahí termina la neutralidad de Griñán y empieza su lado activo.

Una vez cooptado presidente de la Junta empezó su proceso de blindaje orgánico. Sencillo. El partido no puede llevarle la contraria al presidente regional y futuro candidato, porque erosiona su figura y perjudica a la marca. Así que exigió ser secretario general del PSOE andaluz y se rodeó de jóvenes ambiciosos con escaso bagaje intelectual, académico y profesional, con alguna gloriosa excepción. En el último mes, en el proceso de elección para los congresos provinciales, se han utilizado argucias para disolver agrupaciones y anular delegaciones, cuando no beneficiaban la causa de la dirección regional.

La causa era un secreto a voces; que gane Chacón. El propio Griñán lo insinuó a finales de diciembre; apoyaré al candidato que tenga como meta ganar las andaluzas. Traducido, quería decir: apoyaré al que más me ayude a ganar las elecciones autonómicas. Y ya había decidido que su foto electoral la completaba mejor Chacón que Rubalcaba. Otro sesentón, ministro de Felipe González y con canas, como él, no aportaba. El marketing dice que una mujer, joven y moderna, aporta. Ayer en el discurso inaugural pidió que se hable más de política que de poder, pero en el último mes no ha dedicado a su gente a la ética y la filosofía, sino al mundano ejercicio de controlar el congreso y condicionar quién manda. Y hacerlo, además, por criterios estéticos, pensando en la foto electoral.

En el tramo final, el secretario general de Sevilla acusa a Griñán y los suyos de ejercer presiones ilícitas, inmorales e ilegales. Lo mismo dice el alcalde con mayoría absoluta más importante del partido en toda Andalucía, Francisco Toscano. Guerra le afea haberle vetado como delegado. El aparato regional intenta evitar que Chaves hable en el inicio del congreso. Feo. El afán de hacer carrera profesional de unos cuantos jóvenes, y el interés de Griñán por sacar partido a una posición privilegiada y efímera, utilizando su poder relativo antes de perderlo en las autonómicas, han precipitado el congreso, evitado un tercer candidato e impedido un verdadero debate ideológico y político. Quienes van a condicionar el resultado pueden no tener peso alguno el 26 de marzo. Están apurando su gloria, por una foto.

Chacón, con uñas y dientes

Ignacio Martínez | 28 de enero de 2012 a las 10:31

Se atribuye al secretario general de los socialistas andaluces una estrategia en clave bíblica; hay que terminar con el antiguo testamento y adoptar el nuevo. El antiguo testamento socialista tiene varios referentes andaluces, como Felipe González, Alfonso Guerra o Manuel Chaves. Y el nuevo testamento tiene una profeta inequívoca, Carme Chacón. Griñán ha hecho todo lo posible para facilitar la victoria de Chacón. Tanto, que si Rubalcaba gana dentro de una semana el congreso, arrancará la campaña electoral andaluza con una derrota innecesaria, que lastrará aún más sus escasas posibilidades.

A los dos candidatos les queda una semana para convencer. Pocas diferencias han tenido, salvo su posición sobre la demanda de una parte de la sociedad catalana de un privilegiado sistema fiscal parecido al concierto vasco. En este diario, el 19 de enero, Juan Manuel Marqués reflexionaba sobre los pros y contras de Rubalcaba y Chacón para Griñán de cara a las elecciones. Uno hombre de Estado, pero derrotado en las urnas; la otra joven y renovadora, pero miembro del PSC que hasta las elecciones de 2008 defendió un nuevo pacto fiscal para Cataluña.

El comentario mereció una réplica de la candidata Chacón, en carta publicada el día 20, reproducida en la prensa nacional. La candidata sostuvo que era un error del periodista atribuirle “la defensa del denominado pacto fiscal para Cataluña que reclaman algunas formaciones, como Convergencia i Unió”. Y añadía: “He combatido con uñas y dientes la propuesta de pacto fiscal que defiende CiU. Bajo esa denominación, pretende enmascarar la adopción del concierto económico para Cataluña. Fórmula que siempre he rechazado”.

Falso. Carme Chacón hizo campaña en 2008 reclamando un concierto. Lo dice el programa electoral del PSC, disponible en http://cor.to/6pQ. En su capítulo 1, titulado La Cataluña plena en una España federal, en el epígrafe 3.5, reclamaba un nuevo sistema de financiación “que no penalice a las comunidades más dinámicas y emprendedoras y la equiparación progresiva entre los ingresos de la Generalitat y los que proporciona el sistema de concierto”. Rubalcaba ha puntualizado que “el sistema de financiación que proponen los socialistas catalanes sería ruinoso para otras autonomías”. Como Andalucía, sin ir más lejos, añade un servidor.

Las uñas y dientes, por otro lado, recuerdan más al antiguo testamento que al nuevo. La expresión se parece al ojo por ojo y diente por diente del Levítico. En ese caso Chacón, como en las novelas que escribía el personaje de la Tía Julia y el escribidor, sería una protagonista extraña, en la historia equivocada. El antiguo testamento tiene fama de enseñar la dureza y el nuevo de predicar el amor. A los guerristas les cuadraría la primera comparación, pero Susana Díaz, dura ejecutora de los deseos de Griñán, no encaja en el perfil amoroso, precisamente.

Chacón: decíamos ayer

Ignacio Martínez | 8 de enero de 2012 a las 15:00

Carme Chacón presentó su aspiración a la secretaría general del PSOE con rabia. Renunció forzada hace siete meses a disputar a Rubalcaba la candidatura para la Presidencia del Gobierno. Ganarle ahora a su antiguo amigo íntimo y hoy gran rival es un desafío personal. Su tono mitinero no consiguió, sin embargo, camuflar la imagen artificial que transmite. No es natural en el hablar, no es carismática, la segunda candidata al puesto de Zapatero.

Hubo dos cosas de su discurso particularmente decepcionantes. Una fue la repetición del discurso zapaterista del 2000. Invitó a los militantes socialistas a recorrer un nuevo camino, una nueva etapa. Podría haber redondeado la frase con “una nueva vía”, el nombre del grupo que aupó a Zapatero a la secretaría general hace doce años. Entonces el dirigente leonés prometió un nuevo modelo de partido, la limitación de mandatos, la no acumulación de cargos, las primarias. De todo eso, nunca más se supo.

Todo eso lo vuelve a ofrecer Chacón, como si ella no hubiese formado parte de Nueva Vía, de las ejecutivas y los gobiernos de Zapatero. Como si ignorase que el susanismo reinante en Andalucía prohibió las primarias en vísperas de las elecciones municipales. Episodio que acabó convirtiendo en un guiñol a Ignacio Trillo, uno de los mejores delegados que la Junta ha tenido en Málaga en 30 años, enfrentado a los molinos de viento del aparato. Y después del fiasco de las promesas del 2000, Chacón viene a Olula a proclamar un decíamos ayer, como quien no quiere la cosa.

En segundo lugar, resulta llamativo el peloteo que se trajo con Andalucía. Una federación generadora de buena gente, según frase textual. Resulta que Andalucía es el corazón del PSOE, la guía del socialismo patrio, por lo que conservar aquí el poder es la primera prioridad de todos los militantes, desde el primero hasta el último. Y la productora de una cuarta parte de los votos que decidirán el próximo líder del partido, añade un servidor.

Tenemos en la carrera a un felipista que propone el cambio, como en 1982, y a una zapaterista que propugna una nueva vía, como en 2000. Ya sólo nos falta alguien de ahora, menos inmovilista. El bueno. O la buena.

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Olula, tierra de fuego

Ignacio Martínez | 7 de enero de 2012 a las 11:57

Olula del Río, en la comarca almeriense del mármol, vecina de Macael, tiene su gran
fiesta local dentro de poco, los días 20 y 23 de enero, con motivo de la celebración de
sus patrones, San Sebastián y San Ildefonso. Se trata de unas fiestas del fuego.
Y como es tierra de mineros, los paisanos manejan con destreza la pólvora. El
jolgorio empieza la noche anterior con el encendido de hogueras y el
lanzamiento de miles de carretillas que crean un ambiente fantástico de
pólvora y fuego. Estas carretillas son cohetes a los que se ha retirado
la vara de junco que les sirve de timón. Así, su trayectoria es imprevisible.

Trayectoria imprevisible es la de Carme Chacón, más Carmen de España que nunca
en el día de hoy, que adelanta la festividad pirotécnica y desafía a su viejo
amigo y camarada Alfredo Pérez Rubalcaba por la dirección socialista. Carme
hace la presentación oficial de su candidatura a la secretaría general del PSOE
en esta localidad en la que nació su padre, Baltasar Chacón, que emigró a
Barcelona como tantos almerienses y andaluces en general. El señor Chacón es
bombero, oficio, como se sabe, muy relacionado con el fuego, aunque en su caso
para apagarlos.

Chacón se lanza al ruedo después de haber amagado antes del verano con forzar
unas primarias en su partido. Quería presentarse para optar a la Presidencia
del Gobierno en sustitución de su amigo y mentor Rodríguez Zapatero, pero
renunció con enorme disgusto. Insinuó que forzada. Pero ahora va a por todas.
Ha insistido mucho en las últimas semanas en la importancia de las ideas y no
de las personas, pero ya se acabaron los fingimientos. La presentación en Andalucía,
haciendo gala de sus raíces, busca el favor de los delegados de esta región en
el Congreso de Sevilla, en el que uno de cada cuatro votos será andaluz.

Al margen de la pelea socialista, no hay duda de que para Olula, que tiene
alcalde del PP, esta convocatoria son unas fiestas adelantadas. Va a ponerla en
el mapa español, en la portada de los diarios, en la apertura de los
telediarios. Una magnífica cobertura. Y una advertencia al ex vicepresidente:
su adversaria es una experta en fuegos. Y en esta pelea, uno de los dos se va a
quemar. O los dos.

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El vivo al bollo

Ignacio Martínez | 28 de diciembre de 2011 a las 21:26

Rubalcaba se tira al ruedo mañana. Hasta ahora la que más se ha movido es la facción contraria. Un grupo de dirigentes del PSOE, con ganas de seguir mandando, redactó un texto regeneracionista en el que entonaba un singular mea culpa: tardamos en reconocer que había una crisis y en llamarla por su nombre, aplicamos políticas ajenas a nuestra ideología, no equilibramos los sacrificios de los sectores más débiles con cargas fiscales a los poderosos… Censura directa al fenecido presidente. Chacón, Caamaño, López Aguilar y Narbona, ex ministros de Zapatero, están entre los firmantes del acta fundacional de la candidatura de la ex ministra de Defensa a la secretaría general del PSOE. Después se sumaron Pajín y Moratinos. El zapaterismo quiere seguir vivo, a costa de denigrar la actuación de su jefe. La historia de siempre, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Apuesto que a Zapatero le sentó como un tiro el dichoso manifiesto. Si no, no se explica que 22 secretarios de Estado del Gobierno saliente, entre los que se encuentra algún amigo personal suyo que no es militante socialista, hayan hecho un contramanifiesto. Y tiran a dar: no sería decoroso que quien estuvo allí de manera evidente, y cabe decir entusiasta, aspirase ahora a sugerir lo contrario; por eso, los abajo firmantes manifestamos que sí estuvimos allí.

Rafael Simancas, hombre de Rubalcaba, ha ido más lejos. Ha disparado contra Caamaño y Chacón. Les ha recordado que firmaron la propuesta de indulto al banquero Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander, y el acuerdo antimisiles con Estados Unidos. Chacón, alarmada por la intensidad del fuego enemigo, intenta calmar el juego reivindicando un debate de ideas. Es el momento de la filosofía. Lo dicen todos, menos Griñán, que sólo piensa en conservar el poder y anuncia que apoyará a quien tenga como meta ganar las elecciones andaluzas. Una perogrullada como un piano, marca de la casa.

Desgraciadamente, en un congreso tan precipitado se impondrá la aritmética, que como se sabe es la parte de las matemáticas que se ocupa de los números y las operaciones. La antigua delfina de Zapatero ya está buscando votos. En esta fase, la jefa adjunta del PSOE andaluz no quiere que entre nadie de su Ejecutiva a título particular. Susana Díaz había ordenado a sus cuadros no decantarse por ninguna de las opciones en liza y filtró su malestar con la consejera Mar Moreno por pronunciarse a favor de Chacón. La táctica es intentar una negociación colectiva para decidir el ganador y colocar afines en la próxima dirección.

Rubalcaba mañana y Chacón inmediatamente después van a presentar sus candidaturas a la secretaría general del PSOE. Pero más allá de los camuflajes y zancadillas en el interior de su partido, los socialistas españoles deberían ser conscientes de que la sociedad espera de ellos algo nuevo. No un felipista o una zapaterista como alternativa al frustrado liderazgo del presidente saliente. Zapatero prometió un nuevo modelo de partido. Seguimos esperándolo.

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El debate: mucho ruido y muchas nueces

Ignacio Martínez | 9 de noviembre de 2011 a las 13:30

 

Los dos son madridistas, pero en el arranque del debate sólo lo parecía Rubalcaba, siempre al ataque jugando en campo contrario, por oleadas, con regates y lanzamientos de falta. Rajoy estuvo a la defensiva. Eso sí, con orden y oficio. Parecía del Levante. O del Racing de la época de Maguregui, sustituyendo el autobús por los cinco millones de parados o por lo que el PSOE no ha hecho en estos cuatro años, o por lo que los socialistas hicieron ¡en 1992! Ambos empezaron nerviosos y cometieron errores. El principal desliz de Rubalcaba fue que repetidamente dio por seguro ganador a Rajoy, como cuando aseguró que iba a bajar las prestaciones por desempleo, que ya lo veríamos. La mayor debilidad de Rajoy ha sido leer una y otra vez, a veces descaradamente, el texto que se había traído escrito de casa. Ha mirado mucho más a sus papeles que a Rubalcaba.

Pocas propuestas precisas, de uno u otro. La de Rajoy es que no congelará las pensiones, que garantiza su revalorización. Las dos de Rubalcaba han sido eliminar las diputaciones y reducir el tamaño del Ejército. Rajoy hizo una defensa cerrada de las corporaciones provinciales, con el argumento de que los pequeños pueblos las necesitan, y añadió que sólo tienen 3.000 millones de euros de deuda. Se olvidó, o quizá lo ignora, que cuestan al año 22.000 millones. El argumento de la austeridad a ultranza no llega para el jefe popular a estas instituciones, calificadas por Rubalcaba de preconstitucionales.

Los dos han sido vicepresidentes del Gobierno, pero Rajoy empezó más institucional, más calmado. Se le notaba mucho la ventaja en los sondeos y la lejanía de la cita electoral, dentro dos semanas. También su experiencia en estas lides, proporcionada por los dos debates de hace cuatro años. La compostura no evitó que Rajoy le dijera a su oponente mentiroso e insidioso, o que hiciese como que se equivocaba para bautizar a Rubalcaba como Rodríguez, en sibilina alusión al desaparecido ex presidente Zapatero. Se había dicho que el registrador de la propiedad vendría al debate como el buen opositor que fue, con todas las lecciones aprendidas, pero ese principio quedó en entredicho al necesitar la muletilla permanente de los textos leídos.

Hacia la mitad del debate empezaron a perder los papeles y a interrumpirse uno a otro. Se cortaban e interpelaban sin consideración, pero enseguida recuperaron la calma. En el capítulo de coincidencias, los dos llevaban corbatas celestes; Rubalcaba con lunares, mal pinzada por el micro, y Rajoy lisa, más elegantemente sujeta por el suyo. El jefe del PP, con camisa blanca y el socialista con una de un gris azulado, que hacía juego con el color de fondo del plató. Las dos camisas con botones en las mangas; nadie osó utilizar gemelos.

Los dos han sido ministros de educación, pero Rajoy hizo más hincapié en este capítulo que el jefe socialista, que prefirió gastar su artillería pesada sobre el Estado del bienestar en la sanidad, convencido de que el gobierno que viene privatizará el actual sistema público. Como argumento principal, Rubalcaba culpó a los gobiernos del PP en las autonomías de estar privatizando la educación y la sanidad. Rajoy hizo una apuesta por la enseñanza bilingüe desde la infancia.

Hubo alguna coincidencia más. Ambos estuvieron de acuerdo en que hay que cambiar los horarios en este país, no para trabajar menos, sino para ser más eficaces. Y para conciliar mejor la vida laboral y familiar. Al unísono, Rajoy y Rubalcaba piensan que las mujeres concilian más y mejor que los hombres.

El fin de la banda terrorista ETA los hizo convenir sobre el necesario consenso que el jefe del próximo Gobierno y el de la oposición deben tener después las elecciones. Ambos han sido ministros del Interior, pero fue Rubalcaba el que sacó la seguridad a pasear, para lanzar una pedrada a su adversario: el año récord de inseguridad fue 2002, cuando el candidato popular estaba en el Ministerio. Pedrada por pedrada, Rajoy no se arrugó y dijo que, al contrario, fue el 2009 con el candidato socialista en el cargo el año que la Fiscalía señala como de mayor número de delitos.

Rajoy no paró de recitar los errores de Zapatero en la negación de la crisis y de su alcance. Puso especial énfasis en el descontrol del gasto público. Rubalcaba en el arranque fijó como inicio de la burbuja inmobiliaria la ley del suelo del PP de 1998. Y repitió machaconamente que ese fue el principio del aumento del precio de las vivienda, y de la espiral de hipotecas, muchas de las cuales han acabado impagadas. Rajoy se defendió bien, leyendo las cifras de viviendas visadas en los años 2004, 2005 y 2006.

En general, el jefe popular abusó de las cifras. Lluvia de cifras, leídas a la velocidad del rayo, que resultaba difícil digerir. Rubalcaba repitió sus conocidos propósitos de subir los impuestos a las grandes fortunas, a los bancos y al alcohol y el tabaco, pero siguió sin precisar en cuánto se pondrían. Su acusación de ambigüedad es reversible. Rajoy, haciendo honor a esa misma ambigüedad repitió la letanía de confianza, cambio y creación de empleo. Y lo justificó por la experiencia de su partido.

Nada se dijo de la corrupción por parte de ninguno de los contendientes, ni en el capítulo inmobiliario, ni en ningún otro. Fue Rubalcaba el que sacó el tema del matrimonio homosexual, sin conseguir que Rajoy dijese qué iba a hacer con esta ley cuando llegue al Gobierno. El jefe popular sí dijo que había sido partidario de que se llamase unión en vez de matrimonio, como pasa en países como Alemania, Francia o el Reino Unido.

Tampoco fue posible el acuerdo en materia de reforma de la ley electoral. Y eso que la única oferta que planeó sobre el debate fue una muy suave: poner listas abiertas, para que los ciudadanos pudiesen elegir a las candidatos. Rubalcaba hizo el ofrecimiento, que no mereció respuesta del seguro ganador de las elecciones.

La sensación final es que el candidato socialista ha desaprovechado su única oportunidad de dar un vuelco a la opinión pública sobre el resultado electoral. Arriesgó más, fue más incisivo, pero no ganó el debate a Rajoy, que impuso su experiencia y su apuesta por no perder. Sorprende que no se sintiera cómodo en el papel de retador un orador de la maestría del socialista. Pero sus repetidos intentos de provocar a su antagonista, dieron lucimiento al duelo. Hubo mucho ruido y muchas nueces, sin un vencedor claro.

La estrategia de Rajoy ha resultado rentable. Este combate en tablas deja decidida la carrera electoral en favor de quien lleva una ventaja sideral en las encuestas. Rajoy cometió pocos errores. Pero uno monumental afecta a Andalucía. Para presumir de lo bien que la conoce la región colocó a las localidades sevillanas Cazalla y Constantina en la provincia de Cádiz. Le costará una penitencia. Pero cuando sea presidente será casi un regalo para los ‘ofendidos’.

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