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El síndrome de Asterix

Ignacio Martínez | 10 de marzo de 2012 a las 19:56

La segunda reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera de la era Rajoy ha sido menos de guante blanco que la primera. De aquella salió Aguayo encantada con el trato de Montoro, exquisito en comparación con la eléctrica vicepresidenta Salgado, y el propio ministro tan contento de haberse conocido que una periodista le dijo que lo veía eufórico. El martes día 6 no fue una reunión de amigos. Y los que no son de obediencia debida, o sea muy poquitos, mostraron su desacuerdo profundo con la pretensión del Gobierno de que sean las autonomías las que hagan el ajuste duro en sus cuentas. Por ejemplo, el catalán Mas-Colell calificó la propuesta gubernamental de caricatura. Los que son de obediencia debida callaron, como es natural, pero la procesión se la llevaron por dentro a casa.

Es curioso que a todos los gobiernos centrales les dé por lo mismo. A éste y al anterior, de signo contrario, se les ha ocurrido la brillante idea de que el ajuste de las autonomías sea el triple que el de la Administración General del Estado. De tal manera que aunque el déficit sea menor en las autonomías que en Gobierno central, son las regiones las que están hundiendo el país. Esto lo explica muy bien Griñán. Y estoy de acuerdo con él, pero no le oí el mismo argumento cuando aun estaban vivitos y coleando Zapatero, Salgado y demás compañeros mártires.

Es verdad que tres cuartas partes del presupuesto de una comunidad autónoma va a sanidad, educación y servicios sociales. Pero queda un cuarto de donde reducir. Y esto no debería ser un juego de la gallinita ciega. Estamos en vísperas de un recorte brutal del gasto público y no nos hemos puesto de acuerdo sobre qué parte del Estado de bienestar es inviolable. Se supone que sanidad, educación, pensiones y desempleo son intocables, pero nadie lo dice. Pero de algún lado habrá que recortar. Tanto el Gobierno como el PSOE harían bien en decirnos de dónde recortarían y qué preservarían. ¿Mantendrían el coste de diputaciones, televisiones locales y regionales, universidad en cada provincia, ayuntamientos con plantillas infladas, administración paralela en todas las autonomías, etcétera, etcétera? En vez de la demagogia de que unos quieren privatizar y que los otros son unos corruptos, los atribulados ciudadanos andaluces merecen alguna explicación precisa sobre los planes propios de cada uno.

Por lo demás, Aguayo se quedó sola esta semana contra el recorte a las autonomías, porque Cataluña y Canarias, los otros disidentes, optaron por una prudente abstención. Es un anticipo de lo que nos espera si, contra pronóstico, el PSOE se mantiene en el poder después del 25 de marzo con la ayuda de IU. El síndrome de Asterix. Sólo que en vez de por romanos, Aguayo estaba rodeada de consejeros azules. Calladitos, pero sufriendo en silencio lo que les espera. A ellos también.

El síndrome del Osasuna

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:39

A finales de los años 80 los clubes de fútbol estaban endeudados hasta las cejas, entre otras cosas por haberse gastado un dineral que no tenían en los estadios para el Mundial del 82, con créditos del Banco Hipotecario que no pensaron nunca pagar. El Gobierno tuvo que hacer un plan de saneamiento para salvar a los morosos de la desaparición, cosa que en algún caso como el Club Deportivo Málaga no se evitó. Morosos eran prácticamente todos, salvo el Osasuna, que había llevado una austera política financiera. Y que a la larga resultó perjudicado, porque no se pudo beneficiar de la quita que se hizo con el dinero de las quinielas a las cuantiosas deudas de los demás. El mismo efecto tiene sobre el contribuyente alemán tener que contribuir a salvar la enorme deuda que Grecia no puede devolver.

La consejera Aguayo tiene el síndrome del Osasuna. No quiere ser la primera de la clase en austeridad y ha decidido, se entiende que cumpliendo instrucciones de su amigo el presidente de la Junta, que en términos de déficit y endeudamiento con estar mejor que la media ya es una buena alumna. Ayer aludió al déficit de manera elíptica. Dijo que va a ser difícil que las comunidades autónomas, en plural, cumplan con el objetivo de este año, que es el 1,3% del PIB. Andalucía lo tiene imposible, porque en el primer semestre ya consumió todo el margen del año y más, con un -1,49%, la sexta del pelotón de los incumplidores, detrás de tres comunidades autónomas gobernadas hasta este año por los socialistas, en Castilla-La Mancha, Extremadura y Baleares, y dos que llevan muchos años gestionadas por los populares, Valencia y Murcia.

Griñán y Aguayo presumen, con razón, cuando tienen oportunidad, de que Andalucía entre 2003 y 2007 fue la campeona del superávit entre las regiones españolas, con +3.539 millones por un déficit conjunto del resto de comunidades autónomas de -8.700 millones. El Osasuna. Entonces. Porque en los últimos ejercicios, y en el presupuesto que se presentó ayer, se practica la regla de ir al máximo déficit permitido, el 1,3% del PIB. También al máximo endeudamiento posible. La deuda nueva prevista, de casi 5.000 millones. Aun así el endeudamiento público regional está un par de puntos por debajo de la media española y, si se calcula respecto al PIB, en la mitad de autonomías ricas como Cataluña y Valencia.

Este ir al máximo de lo que se permita o lo que se pueda, llega después de haber fracasado Aguayo en su intento de convencer a la vicepresidenta Salgado de que se estableciera un déficit individualizado para cada comunidad autónoma, en función de la situación general de sus cuentas públicas. Elementos como el punto de partida, el endeudamiento diferencial o el grado de aplicación de la Ley de Dependencia, deberían tomarse en cuenta, según el criterio de la consejera. Pero Salgado no le ha hecho ningún caso; no se reúne con ella, ni se le pone al teléfono. No se entienden. Aguayo se refirió a su compañera de partido como la señora ministra. Con el mismo cariño podría haber dicho la señorita Rottenmeier. Salgado pretende tratar igual a todas las comunidades autónomas. Tengan mucha o poca deuda acumulada, tengan o no déficit excesivos que tripliquen el objetivo nacional. Y a Aguayo se le activa el síndrome del Osasuna.

A esta idea, de no ser el mejor de la clase, porque no se obtienen compensaciones, se une que hay unas elecciones en cuatro semanas y otras en poco más de cuatro meses. Las vísperas electorales son gastosas por definición, y el próximo ejercicio no va a ser una excepción. Las estrellas del presupuesto de 2012 son las tres grandes políticas sociales: educación, que sube un 2,5%; salud, que se mantiene, y dependencia, servicios y prestaciones sociales, que sube un 3,6%. La frase de Aguayo de que estas cuentas contrastan con la tendencia de apelar a los recortes sociales como única solución es una bofetada sin manos al PP. No todas han sido para la compañera Salgado.

La pregunta es si podemos seguir endeudándonos al frenético ritmo de los últimos años, pagando más de un 7% de interés, con gastos de amortización que ya rondan los 1.500 millones al año. La respuesta es que hasta marzo no es que podamos, sino que lo vamos a hacer. Pero tanto si el PP logra la mayoría absoluta, como si el PSOE conserva la Presidencia con un pacto con IU, habrá que cambiar de estrategia presupuestaria en los próximos ejercicios. De aquí a las elecciones hay otro síndrome, que afecta por igual a populares y socialistas. Como en el lema olímpico, citius, altius, fortius, ambos pretenden reaccionar más rápido, llegar más alto y ser más fuertes que su adversario a la hora de resolver los problemas. Pero con crecimientos anuales del PIB menores del 1%, una vez que las urnas hablen, quien quiera que gane tendrá el año que viene un escenario mucho peor para los siguientes presupuestos de la comunidad autónoma.

El bueno, el feo y el malo

Ignacio Martínez | 20 de febrero de 2010 a las 10:47

Hay una nueva estrella en el firmamento político español. Casi sin darnos cuenta José Blanco, vicesecretario del PSOE, antiguo martillo de herejes populares, vilipendiado con el despectivo mote de Pepiño, se ha convertido en el hombre fuerte del Gobierno. Y está, como Tom Cruise, al frente de una misión imposible: conseguir un pacto estratégico sobre política económica que dé oxígeno a un presidente al borde de la asfixia y confianza a un país víctima de la ansiedad. En realidad, hasta su nombramiento como ministro de Fomento, Blanco era el tonton macut de Zapatero. Golpeaba con duras palabras a todo bicho viviente en la acera del PP, con frases leídas no siempre con acierto, destinadas al bombardeo televisivo. Su sustitución por Leire Pajín ha agigantado su figura, por simple comparación. Y su reciclaje institucional le ha procurado elogios de propios y extraños. Sin ir más lejos, Esperanza Aguirre o Francisco Camps han agradecido su buena disposición para el entendimiento y la colaboración. Cosa que, de camino, ha puesto en evidencia a Magdalena Álvarez.

Quizá la cuestión que más desairada ha dejado a la ex ministra andaluza ha sido cómo Fomento, con Concha Gutiérrez como secretaria de Estado de la cosa, le ha metido mano al escandaloso estatus laboral y salarial de los controladores aéreos. Aquí Blanco ha salido a hombros por la puerta grande. De momento. Los controladores no han dicho la última palabra. Pero la nueva estrella política ha cogido mucho lustre con el decreto en el que liberaliza el control del tráfico aéreo e intenta poner orden en un colectivo de 2.300 controladores, de los que unos pocos ganan más de 900.000 euros; 28, más de 700.000; 135, más de 600.000, y 713 tienen un sueldo entre los 360.000 y los 540.000 euros.

Con Blanco se ha producido el mismo efecto que con los chistes de Morán, el primer ministro de Exteriores de Felipe González, a quien se atribuía en todos los chascarrillos el papel de memo. Como el aludido era de categoría, salió reforzado del envite. Aunque, eso sí, Morán no congenió con Felipe y duró sólo dos años y medio en el cargo. Por cierto, fue sustituido por Fernández Ordóñez, que ha sido el mejor ministro de Exteriores de la democracia desde 1977 hasta ahora.

Queda establecido que el feo de la política española ha sido Blanco, convertido en guapo como el sapo en príncipe, hasta el punto de que hay quien le ve posibilidades de sustituir a Zapatero. Ahora, queda lo más fácil: el bueno no ofrece duda. El buenismo inspira toda la filosofía de Zapatero. Y el malo es, por definición, su antagonista. Rajoy lleva dos años pidiendo reformas y austeridad. Por eso Zapatero corteja personalmente a nacionalistas catalanes y vascos y manda a Blanco, Salgado y Sebastián a lidiar con los malos. Lo feo que lo haga otro…

Se prohibe hablar de política

Ignacio Martínez | 1 de febrero de 2010 a las 13:48

SeProhibe

 

Guardo la foto de un cartel del Centro Asturiano en Puerto Rico. Tiene más de un siglo y dice Se prohibe hablar de política. Al público en general no hace falta anunciárselo en los tiempos modernos. Hay un cierto desdén por la política y un claro desapego de los políticos. La gente habla de fútbol y de sus cosas, sus males, sus ilusiones. Pero el Gobierno con el retraso de la edad para cobrar la pensión ha conseguido que todo el mundo hable de política. Y de camino también ha logrado bajar al PSOE algunos puntos en el aprecio ciudadano, por lo que uno detecta en su entorno.

La vicepresidenta Salgado y su secretario de Estado de Economía van dosificando las malas noticias, pero otras instituciones sacan sus datos. La foto es muy fea. España no crecerá bastante como para crear empleo neto de manera sostenida hasta 2013. Santiago Herrero tenía razón cuando en el Foro Joly de octubre apuntó que la recuperación de la crisis podía durar diez años. El índice general de paro superará este año el 20% y el andaluz se acercará al 30. El producto nacional bruto bajará en 2010 un 1%; estuvo hace tres años en 1,4 billones de euros y ya ha bajado a 1,1 billones.

Salgado y su equipo andan haciendo cuentas y más cuentas para reducir en 2013 el déficit público al 3% que exigen las normas de convergencia de la unión monetaria europea. El año pasado, el déficit se ha disparado hasta el 11,4% del PIB. Las cuentas son sencillas, las administraciones públicas han gastado más de 400.000 millones de euros en 2009 y sus ingresos no han llegado a los 300.000 millones, generando un déficit de 125.000 millones, mal contados. La vicepresidenta dice que hay que ahorrar 50.000 millones en tres años. A mí no me salen las cuentas. No será fácil que los ingresos aumenten en cien mil millones de euros. ¿Cómo se arregla esto? Mediante una ducha fría de austeridad a los gastos públicos. Operación que no podrá hacer el Gobierno en solitario y en la que el PP no parece dispuesto a colaborar.

La reforma del mercado de trabajo y el retraso de la edad de jubilación son las primeras medidas realistas del Gobierno desde que empezó la crisis. La devolución a los contribuyentes de 400 euros en 2008, vista dos años después parece una broma. El Plan E ha sido una inyección de dinero para mantener la actividad en la construcción, pero en cuanto se acabó el dinero se ha vuelto a desbocar el paro. Las ayudas a la compra de automóviles tampoco han estado mal. Pero el margen para estrategias de parcheo se ha terminado.

¿Se atreverá la clase política a plantear una reducción drástica del aparato burocrático de la Administración? Seguro que no. Un ejemplo, las diputaciones españolas han costado el año pasado 12.000 millones de euros, con un papel institucional claramente solapado por las autonomías. Eso sí, sirven para sindicar intereses en torno al partido que las controla o simplemente en favor de su presidente, como ha demostrado Baltar en Orense este fin de semana. Pero ahí seguirán, mientras los españoles hablan de política y maldicen al Gobierno.

La cometa española

Ignacio Martínez | 15 de enero de 2010 a las 8:28

La prensa andaluza comenta con profusión la cumbre de la Unión Europea de este fin de semana en Sevilla. Me sorprende. Se trata de unas reuniones informales de ministros de Energía y Medio Ambiente, con los comisarios correspondientes, en la que no se toman decisiones. Estos encuentros sirven para conocer a los colegas y charlar de asuntos importantes, que la urgencia diaria suele postergar. Es costumbre que ministros y ministras acudan acompañados de sus parejas y que haya un programa lúdico potente; el ambiente relajado fomenta la relación. Ignoro de dónde ha salido llamar a esto de Sevilla una cumbre, que es el término empleado para las reuniones de los jefes de Estado y de Gobierno. Pero quizá venga de la pretensión de darle mucho ringorrango a la presidencia española de la UE.

Es evidente que el Gobierno español quiere llamar la atención. Y lo está consiguiendo. Zapatero lanzó la idea de adoptar medidas correctoras, con sanciones a los países que no cumplan los objetivos de crecimiento y empleo. Le han llovido las críticas. La pretensión de ejercer un liderazgo europeo es arriesgada: el miércoles por la tarde acudió la vicepresidenta Salgado a Berlín para dar explicaciones a su colega alemán sobre el asunto de las sanciones, pero no quiso saber nada de la prensa. Los periodistas de la capital alemana esperan ahora a Moratinos, que hablará en la Universidad de Humboldt el lunes; a ver si huye o no de ellos como Salgado. Quien no huye es el ministro de Fomento, encantado de decir aquí que los escáneres corporales no se implantarán en los aeropuertos sin un acuerdo previo de la Unión Europea y dispuesto a afirmar en Washington tras reunirse ayer con su homólogo norteamericano y la secretaria de Seguridad Interior que “es inevitable” su instalación.

La idea de las sanciones ha sido aparcada, pero Zapatero tiene otra propuesta, según cuenta Tony Barber, corresponsal del Financial Times (FT) en Madrid: que el país que ostente la presidencia semestral se convierta en una factoría de ideas, en expresión textual del presidente, y sea la fuerza intelectual que impulse las políticas de la UE. Pero ZP no se conforma sólo con eso: según la prensa británica y alemana, Van Rompuy prefiere recibir al presidente Obama en mayo en Bruselas, como anfitrión de la cumbre de Europa con Estados Unidos. Sin embargo, para Zapatero es una cuestión innegociable que el encuentro y la foto sean en Madrid.

El FT se pregunta cuántos días se puede mantener en el aire una cometa española. Y responde que unos cuatro, a juzgar por la rapidez con la que Alemania y el Reino Unido echaron abajo la propuesta de sanciones. Ayer Sarkozy ejerció de líder europeo con la audacia que le caracteriza, al proponer la celebración de una conferencia internacional para la reconstrucción y el desarrollo de Haití. Zapatero ya debe haberse dado cuenta de que en el escenario europeo hay mucha competencia.

Espías autonómicos

Ignacio Martínez | 29 de junio de 2009 a las 8:14

”Conrado

Un amigo mío sostiene que la Unión Europea no se consolidará hasta que no tenga servicios secretos, medallas y guardia de honores. En Andalucía ya tenemos las medallas hace tiempo. Nos falta la guardia de honores. Sobre los espías hay división de opiniones: hay quien piensa que hubo seguimiento a los presidentes de las cajas sevillanas Beneroso&Benjumea, en tiempos de Chaves. Pero si lo hubo, fue obra de aficionados. Más profesional fue la labor de la unidad de seguridad de la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid. Era gente curiosa, que tenía fotos, itinerarios y relaciones de consejeros de la presidenta Esperanza Aguirre, e incluso de algún enemigo mortal, como el número dos de Gallardón. Pero al final no pillaron al padrino o madrina de la banda.

Estas cosas habría que regularlas: los servicios secretos son legales, aunque su actividad no lo sea. Si trasladamos a las autonomías los pilares necesarios para consolidar la UE, deberíamos crear los servicios secretos regionales. Sería empleo de calidad, relacionado con la innovación y las nuevas tecnologías, que entraría de lleno en la economía sostenible que propugna el presidente Zapatero. Y nos sacaría de apuros institucionales. Por ejemplo, el Gobierno andaluz no sabe lo que le ofrece la vicepresidenta Salgado a Cataluña para que acepte el nuevo sistema de financiación autonómica. Elena Salgado no se le pone al teléfono a la nueva consejera de Economía, Carmen Martínez Aguayo.

Este desaire exige una misión de buena voluntad, que quizá ejerza hoy el ex presidente Chaves en visita oficial a su sucesor, o una misión imposible, para saber lo que se traen los compañeros del partido Castells y Salgado. Los catalanes reclaman el 25% del dinero extra que se ponga encima de la mesa, pero, aunque se lo den, también andan mosqueados, porque el Gobierno está construyendo el modelo a partir de la cifra final, por lo que será difícil descifrar la letra pequeña del nuevo sistema.

El Gobierno vasco se había adelantado a todos: tenía en Cuba un representante económico, Conrado Hernández, que ha sido detenido por espiar para los servicios secretos españoles. Quizá era agente doble y también espiaba para los cubanos. O triple, y atendía a los vascos también. En todo caso, sus relaciones con la cúpula del poder comunista en la isla provocaron la caída de un vicepresidente, el ministro de Exteriores y el secretario personal de Fidel. Esto ni es broma, ni es nuevo. En los años 40, el Gobierno vasco en el exilio acordó con el FBI montar una red de espionaje en una docena de países de América Latina, financiada por Estados Unidos. La novela Galíndez, de Vázquez Montalbán, relata un caso real. Como ven, hay diversos precedentes; en esta materia vamos por el buen camino. Ya queda menos para la consolidación autonómica: sólo nos falta la nueva financiación y la guardia de honores.

Perogrullo en La Moncloa

Ignacio Martínez | 18 de junio de 2009 a las 9:05

Ha estado el presidente Griñán en La Moncloa. Y a la salida ha dicho muchas cosas. Algunas novedades, como que el Fondo para la Reestructuración y Ordenación de la Banca no va a condicionar la competencia exclusiva que el Estatuto andaluz concede a la Junta para autorizar una fusión de cajas. Era una aspiración de la vicepresidenta Salgado que el Banco de España pudiera ejercer la tutela en este campo si ayudaba a una caja (o a un banco). Algo así como investirse de la condición de Celestina bancaria para mover las fusiones en un mapa: estos tres juntos, este con este, aquel con este otro… Pues no. Griñán dice que Zapatero no va a mover este asunto. Se metería en un lío: el Estatuto es una ley orgánica y no puede ser derogado por un decreto ley. Sería anticonstitucional.

Junto a estas consideraciones interesantes, las declaraciones del presidente andaluz a la salida de La Moncloa han tenido su lado perogrullesco. Ha dicho que Andalucía seguirá siendo la región que más inversiones públicas del Estado recibirá en los próximos años. Estaría bueno: es la comunidad autónoma más poblada y la segunda en extesión territorial tras Castilla León y es la segunda o tercera en PIB per cápita por la cola. Así que como no podría ser de otra manera es la que más inversiones debe recibir del Estado.

Un tercio de la financiación autonómica extra será para Cataluña y Andalucía

Ignacio Martínez | 13 de junio de 2009 a las 8:35

 

El Gobierno se plantea poner encima de la mesa 9.000 millones de euros adicionales a los 110.000 que las regiones españolas recibieron (en 2006) como financiación autonómica. Esto en el contexto de un déficit público que este año rozará el 10% del PIB: más del triple de lo permitido por el Tratado de Maastricht. Además el Gobierno admite que la recuperación no se producirá antes de 2011. Lo que es lo mismo que decir que el paro seguirá creciendo hasta entonces y algo más, quizá hasta las próximas elecciones generales y autonómicas: en 2012 los desempleados serán todavía el 17% de la población activa, según los datos aportados por la propia vicepresidenta económica, Elena Salgado.

De los 9.000 millones adicionales de financiación autonómica, la tercera parte será para Cataluña y Andalucía, con 2.000  y 1.000 millones respectivamente. A la Generalitat le parece poco por un lado y no le gusta que le troceen la cifra y la reduzcan los primeros años. Zapatero necesita cerrar este capítulo y le ha puesto fecha a su ministra. El 15 de julio es la fecha. Veremos

Chaves ha sabido irse

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2009 a las 9:01

Zapatero anuncia un cambio de ritmo, pero hay razones para pensar que este Gabinete no es el más idóneo para salir de la crisis. El presidente ha enmendado errores anteriores, pero sigue manteniendo una estructura innecesaria de cara a la galería. Hay dos nuevos vicepresidentes, Elena Salgado y Manuel Chaves; y cuatro nuevos ministros, José Blanco, Ángel Gabilondo, Trinidad Jiménez y Ángeles González Sinde. Desigual elección, entre los seis hay algunos buenos y otros muy corrientes.

Esta remodelación del Gobierno de la nación no es para tanto. Al contrario que en Andalucía. Aquí va a ocurrir un terremoto; está ocurriendo ya con el cambio en la dirección de la Junta. Hay jóvenes que votaron el año pasado que cuando nacieron ya gobernaba Chaves. Y la alternancia, aunque sea dentro del mismo partido, es siempre buena. Con Griñán al frente debe correr el aire en el Gobierno andaluz.

Zapatero ha arreglado alguna de sus torpezas de hace un año. Por ejemplo, vuelve a unir en un solo departamento toda la educación, desde la primaria a la superior. Había inventado un ministerio al estilo del andaluz de Innovación, Ciencia y Empresa, en el que prima el negocio sobre las humanidades. Pero la consejería no solapa su competencia en I+D con otra, mientras el ministerio de Garmendia tiene zonas de conflicto con el de Industria de Sebastián y agujeros de los que ninguno se ocupa. La eficacia en este campo vital queda sin resolver.

Acierta al eliminar Sanidad como un departamento independiente, dado que sus competencias están transferidas a las comunidades autónomas. Pero no es coherente; podía haber hecho lo mismo con Vivienda, Cultura o Igualdad. Tiene sentido colocar asuntos sociales junto a sanidad y consumo. Podría haber añadido Igualdad al paquete, pero el presidente insiste en su apuesta por el récord, más que por la eficiencia. Sobre su promesa de crear un Ministerio de Deportes, hecha cuando el equipo español ganó la Copa Davis, nunca más se supo. Ya conocen el dicho: las promesas sólo comprometen a quien se les cree.

Blanco es un hombre que tendrá su mérito al frente del partido, pero ni su preparación ni su experiencia prometen que vaya a mejorar la gestión de Magdalena Álvarez al frente de Fomento. La actividad pública de Trinidad Jiménez hasta ahora nos ha aportado frecuentes banalidades y escasa profundidad. Salgado en Economía es una sorpresa y una incógnita. Tanto Gabilondo como González Sinde son profesionales de primer nivel en sus respectivos campos. Y Chaves tiene la oportunidad de aplicar su experiencia y sentido común a la política territorial, uno de los asuntos capitales en la España de hoy.

Hay que celebrar que deje el puesto, que ponga en su lugar al mejor de su equipo, y que le despeje el campo. Al final, ha sabido irse.

ZP ha parido un ratón

Ignacio Martínez | 7 de abril de 2009 a las 19:44

En fin, el presidente del Gobierno ha puesto a un peso pesado de su partido, como Manuel Chaves, de vicepresidente tercero, lo que tiene un cierto punto de humillación. Vicepresidente tercero. En todo caso, junto a Ángel Gabilondo en Educación es lo mejor de los nombramientos. Salgado está por ver que lo haga bien en Econonía. Pepiño Blanco será peor ministro de Fomento que Magdalena Álvarez y la actividad pública de Trinidad Jiménez es abundante en banalidades y escasa de profundidad. Conozco a Ángeles González Sinde desde que tenía 25 años; tuve la oportunidad de trabajar con su padre, José María González Sinde en Telemadrid. Ya en el año 90 era brillante. Puede ser mejor que sus antecesores. Ángel Gabilondo tiene muy buenos antecedentes y recupera un ministerio completo.

Lo que le ha faltado a ZP es arreglar algunos ministerios que son poco más que faroles. No tiene sentido que haya todo un departamento para Sanidad y está bien que lo haya unido a Asuntos Sociales. Pero lo mismo le pasa a Vivienda, Cultura o Igualdad. Son mini ministerios sin competencias. En un gabinete austero para luchar contra la crisis se debería haber notado. Tampoco resuelve el presidente el solapamiento entre Innovación e Industria, que provoca fricciones entre los dos, y también lagunas de las que nadie se ocupa. Vamos, que Zapatero ha parido un ratón.