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Sopa luxemburguesa

Ignacio Martínez | 23 de noviembre de 2009 a las 11:16

Cubo2

 

El jueves hubo mucha hipocresía en la designación de las personas que van a presidir el Consejo Europeo o dirigir la diplomacia comunitaria durante los próximos años. Comprendo el pasmo de la prensa continental, pero no lo comparto. Así suele suceder casi siempre; los líderes ponen en estos puestos a quienes no les hagan sombra. Merkel y Sarkozy seguirán teniendo su cuota de protagonismo internacional; igual que el primer ministro británico, sea el actual Brown o venidero Cameron. Y poco más. Europa seguirá hablando con muchas voces en los foros globales, donde cada líder quiere lucirse, aunque sea a costa de decir lo mismo que su vecino. Nos pasa en el Consejo de Seguridad de la ONU o en el G-20.

Aunque el resultado de la decisión es muy decepcionante. Si colocamos a Durao Barroso en una foto de familia con Van Rompuy y la baronesa Ashton, nos sale un discreto grupo de pitufos. Actores de reparto elegidos ex profeso, no se engañen. Mi colega Jean Quatremer ha publicado en el diario francés Libération con pelos y señales cómo Sarkozy vetó la elección de Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, como presidente del Consejo. Es una lástima que un político con su experiencia, europeo convencido, carismático, con autoridad natural y buen sentido del humor se quede sin un cargo que le iba a la medida. Ya cuando hubo que seleccionar al sustituto de Delors, Kohl vetó a Lubbers y Major a Dehaene. Y salió Santer, otro pitufo.

Barroso, un discretísimo presidente de la Comisión Europea, apareció la noche del jueves en la sala de prensa del Consejo de Ministros con un cubo que representaba la bandera europea, que el Enro Rubik en persona le regaló hace dos semanas. Era un presente para el primer ministro sueco, que tuvo que componer la elección de estos dos nuevos cargos, creados por el Tratado de Lisboa. Pero Barroso no pudo evitar poner su foto en el centro de una cara azul con las estrellas amarillas, flanqueada por las imágenes de Van Rompuy y Catherine Ashton. Pitufo vanidoso, este Barroso que consiguió el unánime voto de socialistas y populares españoles para seguir en el cargo. De Herman Van Rompuy se dice que es culto, aficionado a la poesía japonesa y muy maquiavélico. Dará que hablar este pitufo filósofo, que va a ganar 30.000 euros al mes, dicho sea de paso. Y con perdón de las feministas, la baronesa de currículum vacío hace aquí de pitufina.

Bromas aparte, a Zapatero una elección de perfil tan bajo le facilita destacar en la presidencia española, que se inicia en enero, con el estreno de los nuevos cargos. Será siempre más atractivo lo que tengan que decir él o Moratinos, que los discursos de sus homólogos Van Rompuy y Ashton. Así, todos contentos, menos Juncker, con el que el malvado Gargamel Sarkozy ha hecho una sopa luxemburguesa.

Se busca un presidente para Europa

Ignacio Martínez | 30 de octubre de 2009 a las 8:52

Hoy hay cumbre de líderes europeos en Bruselas. Asisten pocos líderes de cuerpo entero; pero, en fin, es la época que nos ha tocado vivir. Allí discuten sobre quiénes pueden ser el presidente del Consejo Europeo y el ministro de Exteriores comunitario en los próximos dos años y medio, dos puestos creados por el Tratado de Lisboa, que parece que entrará en vigor el 1 de diciembre. Tony Blair sonaba mucho para presidente, pero sus colegas socialdemócratas lo han dejado caer del cartel. En cambio sube enteros Jean-Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo y decano del Consejo de Europeo en el que lleva 14 años, que se ha mostrado dispuesto para la tarea el martes en una entrevista en Le Monde.

Confieso mi admiración por Juncker, que a sus 54 años tiene una larga experiencia y mucho sentido del humor. Hay una anécdota suya en la cumbre de la UE celebrada en Sevilla en junio de 2002. Aznar, con la ayuda de Blair, llevó a este Consejo Europeo la propuesta de condicionar la cooperación con los países africanos a su colaboración en la lucha contra la inmigración ilegal. No se aprobó ese punto y en su conferencia de prensa final Juncker deslizó un sarcasmo sobre la osadía de la derecha europea: metía en ese saco al laborista Blair y a Aznar, compañero suyo de filas en el Partido Popular Europeo. Preguntado si había sido un desliz, reiteró sus críticas a esa propuesta, que también contó con la oposición de los nórdicos y Francia, entre otros.

Hay más candidatos para ser presidente europeo; la irlandesa Robinson o el holandés Balkenende por ejemplo. Todos tienen buen nivel, dicho sea de paso. No se repite la escena de la cumbre Corfú de 1994, cuando hubo que elegir al sustituto de Delors como presidente de la Comisión Europea. Debía ser uno de los padres del Tratado de Maastricht, democristiano y de país pequeño. Sólo los tres primeros ministros del Benelux cumplían las tres condiciones: el holandés Lubbers, el belga Dehaene y el luxemburgués Santer. Kohl vetó a Lubbers porque no había sido lo bastante entusiasta de la unificación alemana y Major vetó a Dehaene porque era demasiado europeísta. Veinte días después, en una improvisada cumbre en Bruselas, se designó al más mediocre de los tres. La Comisión Santer tuvo el honor cuatro años después de ser la única de la historia derribada por el Parlamento Europeo. El juego de los consensos puede poner en algún sillón al más tonto de los candidatos, simplemente porque no moleste a nadie.

Juncker cree que el presidente de Europa debe conjugar las ambiciones de los grandes y los pequeños países, del Este y del Oeste. Debe ser también un facilitador para la pareja francoalemana, que tutela la Europa unida desde su invención hace casi 60 años. Y piensa que él lo puede hacer bien. Un criterio que comparte un servidor de ustedes.