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Se prohibe hablar de política

Ignacio Martínez | 1 de febrero de 2010 a las 13:48

SeProhibe

 

Guardo la foto de un cartel del Centro Asturiano en Puerto Rico. Tiene más de un siglo y dice Se prohibe hablar de política. Al público en general no hace falta anunciárselo en los tiempos modernos. Hay un cierto desdén por la política y un claro desapego de los políticos. La gente habla de fútbol y de sus cosas, sus males, sus ilusiones. Pero el Gobierno con el retraso de la edad para cobrar la pensión ha conseguido que todo el mundo hable de política. Y de camino también ha logrado bajar al PSOE algunos puntos en el aprecio ciudadano, por lo que uno detecta en su entorno.

La vicepresidenta Salgado y su secretario de Estado de Economía van dosificando las malas noticias, pero otras instituciones sacan sus datos. La foto es muy fea. España no crecerá bastante como para crear empleo neto de manera sostenida hasta 2013. Santiago Herrero tenía razón cuando en el Foro Joly de octubre apuntó que la recuperación de la crisis podía durar diez años. El índice general de paro superará este año el 20% y el andaluz se acercará al 30. El producto nacional bruto bajará en 2010 un 1%; estuvo hace tres años en 1,4 billones de euros y ya ha bajado a 1,1 billones.

Salgado y su equipo andan haciendo cuentas y más cuentas para reducir en 2013 el déficit público al 3% que exigen las normas de convergencia de la unión monetaria europea. El año pasado, el déficit se ha disparado hasta el 11,4% del PIB. Las cuentas son sencillas, las administraciones públicas han gastado más de 400.000 millones de euros en 2009 y sus ingresos no han llegado a los 300.000 millones, generando un déficit de 125.000 millones, mal contados. La vicepresidenta dice que hay que ahorrar 50.000 millones en tres años. A mí no me salen las cuentas. No será fácil que los ingresos aumenten en cien mil millones de euros. ¿Cómo se arregla esto? Mediante una ducha fría de austeridad a los gastos públicos. Operación que no podrá hacer el Gobierno en solitario y en la que el PP no parece dispuesto a colaborar.

La reforma del mercado de trabajo y el retraso de la edad de jubilación son las primeras medidas realistas del Gobierno desde que empezó la crisis. La devolución a los contribuyentes de 400 euros en 2008, vista dos años después parece una broma. El Plan E ha sido una inyección de dinero para mantener la actividad en la construcción, pero en cuanto se acabó el dinero se ha vuelto a desbocar el paro. Las ayudas a la compra de automóviles tampoco han estado mal. Pero el margen para estrategias de parcheo se ha terminado.

¿Se atreverá la clase política a plantear una reducción drástica del aparato burocrático de la Administración? Seguro que no. Un ejemplo, las diputaciones españolas han costado el año pasado 12.000 millones de euros, con un papel institucional claramente solapado por las autonomías. Eso sí, sirven para sindicar intereses en torno al partido que las controla o simplemente en favor de su presidente, como ha demostrado Baltar en Orense este fin de semana. Pero ahí seguirán, mientras los españoles hablan de política y maldicen al Gobierno.

Brotes negros

Ignacio Martínez | 1 de noviembre de 2009 a las 18:22

El fracaso inicial del proyecto especulativo del Real Madrid es un mal augurio para la recuperación española: la vuelta de Florentino Pérez con su grueso talonario entusiasmó al respetable. Como si la crisis no existiera, iba a formar la plantilla más cara de la historia. Pero es difícil hacer un equipo con un grupo de multimillonarios. Esta semana, una cuadrilla de obreros mileuristas de Alcorcón ha humillado a la tropa de don Florentino, experta en publicidad y marketing.

Si el naufragio de la economía especulativa nacional nos ha enseñado lo mismo que al Real Madrid, mal vamos. Estados Unidos, la mayor economía del mundo, epicentro del terremoto financiero que ha hecho temblar al mundo en los dos últimos años, ha crecido casi un 1% en el tercer trimestre del año. Pero España no está en esa senda; durante el verano su PIB se redujo en un 0,4%. El consuelo es que se trata del menor descenso trimestral desde que empezó la crisis; aunque la realidad es que mientras peor estemos, la capacidad de empeorar será más pequeña.

En tres foros distintos, los presidentes del Gobierno, de la Junta y de la patronal andaluza han advertido de brotes negros en el horizonte. Zapatero, campeón mundial del optimismo histórico, dijo la semana pasada ante un foro empresarial que vienen tiempos peores. Santiago Herrero, en el Foro Joly del martes, citó con profusión un artículo de César Molinas, publicado en mayo en La Vanguardia. El ex director general de Planificación del Ministerio de Economía y Hacienda con el Gobierno de Felipe González vaticina en ese artículo que a España le espera una década perdida como la de Alemania entre 1994 y 2004 o como la que está atravesando Portugal. Y por la misma razón que llevó a la ruina a alemanes y portugueses: la pérdida de competitividad.

Y el presidente Griñán en Málaga el jueves confesó su desánimo porque todavía no se haya adoptado ningún nuevo mecanismo de regulación de los mercados financieros. En España seguimos prefiriendo los remedios del doctor Pérez: pero un equipo no se hace con un talonario, ni una economía se arregla sólo con ayudas públicas. Vienen días negros, como los del Real Madrid.

El berrinche de Zapatero y Díaz Ferrán

Ignacio Martínez | 31 de julio de 2009 a las 6:44

Resulta curiosa la relación de patio de vecinos en la que se han metido Zapatero y Díaz Ferrán, los presidentes del Gobierno y la patronal española. Parece que es por la reforma del mercado laboral, pero hay asuntos laterales que envenenan la relación. La cosa empezó bien, cuando en febrero de 2007 el propietario de Marsans sustituyó a José María Cuevas al frente de la CEOE, mediante un dedazo del que había sido jefe de los empresarios españoles durante 23 años. Con la crisis, la relación se ha ido deteriorando. En un acto público en mayo, Díaz Ferrán cometió el desliz de decir ante un micrófono, que suponía cerrado, que la culpa de la situación económica en España no era de la crisis internacional, sino de los años de Zapatero. También prodiga elogios a su amiga Esperanza Aguire, con la que comparte ideas neo liberales.

Pero la mala relación con Zapatero no la produce el fracaso en la negociación entre patronal y sindicatos, con el Ministerio de Trabajo de testigo. Esa negociación la ha llevado a cabo el presidente de la patronal andaluza, Santiago Herrero, que sabe ser duro en el fondo y suave en las formas y ha mantenido una cordial relación tanto con la administración central, como con la autonómica. Así que, aquí hay algo más. ¿Esperaba Díaz Ferrán que el Gobierno mediara con Argentina para recuperar los avales que había puesto en la compra de aviones a Airbus para la compañía Aerolíneas Argentinas, una empresa que ya vendió? Si el Gobierno no lo ha hecho, puede que esté molesto por eso. Y si lo ha hecho y los argentinos se han quedado con el dinero, entonces es Zapatero el que cree que el otro le debe algo y no lo está agradeciendo como debería.

Para evitar estas contradicciones entre el interés particular y el general, el presidente de la CEA Santiago Herrero se opuso al cambio de modelo en la cúpula de la patronal española cuando se fue Cuevas: mejor un gestor con experiencia sin grandes intereses en grandes empresas, como patrón de la CEOE. Pero Cuevas se encomendó a Díaz Ferrán, que en su toma de posesión hizo un canto al liberalismo y a las excelencias del mercado. Esto no le impidió, cuando llegó la crisis, reclamar un paréntesis en la economía de mercado, para que las ayudas públicas llegaran a bancos y empresas en apuros. Y ahora, sobre la marcha, suspender el paréntesis para proponer una reforma en profundidad de las relaciones laborales.

En fin, en el radar del Gobierno, Díaz Ferrán viene y va. Esto es lo que puede haber provocado lo que él mismo califica como “berrinche” del presidente del Gobierno. Él cree tener más controlada la ruta de Zapatero, en su opinión discurre en la estela de los sindicatos, no en balde el presidente y el secretario del sindicato UGT Cándido Méndez son íntimos.

Y así, pasito a paso, han llegado ambos al desencuentro actual.