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Wert, más pío que bravo

Ignacio Martínez | 9 de diciembre de 2012 a las 10:48

Un amigo mío, que conoció a José Ignacio Wert hace más de 20 años, no le reconoce. Entonces le pareció un hombre inteligente y liberal, con sentido del humor. Este ministro de Educación y Cultura tan castizo y duro conservador le parece otra persona. Su última hazaña ha sido compararse con los toros bravos, que se crecen con el castigo. ¿Las personas cambian tanto? Es el ministro peor valorado del Gobierno. Aunque en España, por desgracia, los ministros de Cultura están cerca del farolillo rojo y los del Interior acostumbran a ser de los más valorados, no importa quiénes sean los titulares o su color político. Lo que es un síntoma que retrata a este país.

Ha planteado Wert una reforma educativa en la que hay propuestas audaces y otras de escasa bravura. Entre las primeras está el nuevo sistema de acceso y de carrera para el profesorado. También la nueva Formación Profesional por el modelo alemán, de prácticas en empresas. Aunque para eso tendrá que contar con los empresarios, a ver si ponen el mismo dinero que sus colegas teutones pagan a los aprendices. Ha llamado mucho la atención el blindaje del castellano en las regiones con lengua propia. El pulso que libra desde hace meses con Cataluña es el que anima al ministro a presumir de su bravura taurina.

Y aprovecha la coyuntura para eliminar la Educación para la Ciudadanía, que tanto inquietaba a la Iglesia católica, e imponer la enseñanza de religión con dos alternativas: valores culturales y sociales en primaria y valores éticos en secundaria. El presidente de la Junta ha criticado que se pongan la religión y la Constitución en el mismo nivel. Comparto el criterio. La religión ha sido tradicionalmente una de las asignaturas marías, como la gimnasia, a las que no se concedía valor académico. De hecho, la catequesis debería hacerse en iglesias, mezquitas o sinagogas. Pero la Iglesia no sólo exige religión en las escuelas, sino que además reclama que tenga rango académico. Y una alternativa fuerte, lo más seria posible, para que los alumnos prefieran Religión como opción más amable. Quieren acabar así con la escasa afición de los jóvenes españoles por aprender la religión de sus mayores.

Hace cinco años Nicolas Sarkozy definió la laicidad positiva como aquella que no considera a las religiones un peligro. Francia, el Estado laico por excelencia, tiene una separación radical de la Iglesia y no permite que se enseñe religión en su escuela pública. Esa razonable tolerancia enunciada por el presidente francés no siempre la practica la cúpula eclesiástica española en sentido contrario. Podríamos acuñar un concepto similar, la religiosidad positiva, como aquella que no considera a los Estados democráticos un peligro. No se entiende de otro modo la pretensión de que una asignatura que enseñe valores constitucionales y derechos humanos sea un “adoctrinamiento ideológico intolerable” en las escuelas. Ese planteamiento de la Iglesia católica española es además perfectamente contradictorio con su ambición de tener el monopolio de la educación moral (y religiosa) en el sistema público de enseñanza.

El ministro Wert en este punto se pone más pío que bravo. Y nada positivo.

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Adieu Nicolas!

Ignacio Martínez | 7 de mayo de 2012 a las 15:07

Cambio de rumbo. François Hollande ha ganado en Francia. Una de sus consignas es que la Europa de la austeridad nos lleva a la depresión, y hay que lanzar un plan de crecimiento. Bienvenido sea. Este mensaje no sólo complace a la izquierda española, sino también a la derecha, incluidos miembros del Gobierno. Francia es uno de los dos grandes motores de la Europa que se construye desde que el 9 de mayo de 1950 el entonces ministro de Exteriores galo, Robert Schuman, propuso la creación de la CECA. (Pasado mañana se cumplen 62 años).
La elección de ayer supone el retiro de Nicolas Sarkozy. Derrotado como todos los gobernantes europeos a los que ha cogido la crisis en el poder y han tenido que renovar mandato. He perdido ya la cuenta, pero son más de diez. Portugal, España, Italia, Grecia dos veces, Dinamarca, Finlandia, el Reino Unido, Irlanda… Y ahora Francia. Merkel tiene margen hasta octubre de 2013.
No se puede decir que el presidente saliente sea amigo de España. La ha puesto como ejemplo permanente de lo malo. De manera contradictoria: la ruina española era culpa de Zapatero, pero los problemas de Francia los provocaba la crisis. Y eso que Sarkozy tiene una potente relación indirecta con este país: es nieto de un judío sefardita, estuvo casado con una biznieta de Albéniz y el Rey le concedió el Toisón de Oro, por su lucha contra el terrorismo etarra. Pero ni por esas. Ha sacudido la reputación de España durante toda la campaña electoral.
Se retira después de 35 años de vida política. Hijo de una familia acomodada, venida a menos tras el divorcio de sus padres. Tuvo que superar el trauma el desamor de su padre, que se desentendió de la familia. Desde muy joven se acercó al gaullismo y fue apadrinado por Jacques Chirac. A los 22 años ya era concejal de una de las comunas más ricas de la región de París, de la que cinco años más tarde sería alcalde, durante dos décadas.
Entró en el Gobierno durante la segunda cohabitación de los gaullistas con el presidente Mitterrand en 1992. Fue ministro del Presupuesto con 38 años y poco después portavoz del Ejecutivo de Eduard Balladur. Entonces traicionó a Chirac para apoyar la candidatura del primer ministro a la Presidencia en 1995. Se equivocó. Chirac llegó al Elíseo y eso supuso el destierro de todos los felones.
Nunca más fue amado por su padre político, pero volvió al Gobierno en el segundo mandato de Chirac como ministro de Interior y de Economía. Se hizo con el poder en la UMP y consiguió al primer intento la Presidencia de la República. Algo que a Chirac le había costado cuatro asaltos y tres a Mitterrand. Cuando la crisis se instaló en Europa se alió con Merkel en una radical política de austeridad, olvidando el crecimiento. Y se volvió a equivocar. Ahora se marcha con cierta amargura, y un tercer desamor, el de los franceses.

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Sarkozy muerde el polvo

Ignacio Martínez | 23 de abril de 2012 a las 8:40

Otro gobernante europeo derrotado en las urnas. No se libra nadie. Sarkozy ha perdido la primera vuelta de las presidenciales francesas por un punto y medio y puede perder la segunda dentro de dos semanas por el doble o el triple de distancia. Nicolas ha mordido el polvo. Ha hecho media campaña despreciando a España y se ha labrado una cierta antipatía aquí. Felipe González dijo el otro día que le irritaba la utilización electoral que el candidato a la reelección había hecho de España durante la campaña. Mariano Rajoy hizo su descalificación con otro tono, sin citarlo. Pero reclamó prudencia a los dirigentes europeos, lo que incluye a Monti. Y recordó que él y su Gobierno no hablan de otros países, ni van contra nadie en el seno de la UE. Comparto ambas reflexiones.
En un parte de bajas no habría sitio para sacar los nombres de los gobernantes tumbados por la crisis. Los hay de todos los pelajes políticos. Socialdemócratas como Brown en el Reino Unido, Sócrates en Portugal, Rodríguez Zapatero en España o Papandreu en Grecia. Y en la acera contraria, entre conservadores o liberales no faltan víctimas: Berlusconi en Italia, Karamanlis en Grecia, Rasmussen en Dinamarca, Cowen en Irlanda o Rutte ayer mismo en Holanda…
Todos los sustitutos pueden hablar de herencia recibida con la misma propiedad. Pero para salir de esta crisis no sólo hace falta controlar los gastos y meterle una cura de caballo a la economía europea. También es necesario estimular el crecimiento; pero nadie sabe cómo. El pretencioso inquilino del Elíseo no encaró mal la crisis. Proclamó que había que refundar el capitalismo y siendo presidente de turno de la UE convocó en octubre de 2008 una cumbre extraordinaria del eurogrupo en París, con Brown de invitado especial.
El primer ministro británico explicó a sus colegas que la banca europea estaba quebrada; que el problema de la deuda no sólo afectaba a los países prestatarios del sur, sino también a los acreedores del norte, que el escaso crecimiento de Europa era muy peligroso, y que había que afrontar las tres cosas al mismo tiempo. Pero ni el anfitrión ni el resto le hicieron caso. Y todos han caído como chinches, uno a uno.
La gran depresión económica nos ha dejado otros problemas. Por ejemplo, la confirmación de que un 20% de la población europea es un público susceptible de votar discursos de extrema derecha. Marine Le Pen lo demostró ayer en Francia. Preocupante. González dijo el otro día que para salir de la crisis hace falta que en Francia haya un presidente que le diga a Merkel que no. Puede ser Hollande, si no se malogra. Anoche, consciente de esas expectativas declaró: “Sé que nos miran más allá de las fronteras y es mi responsabilidad reorientar Europa hacia el crecimiento y el empleo”. Ojalá.

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Casa Real: rigor en defensa del sistema

Ignacio Martínez | 21 de abril de 2012 a las 13:08

Hay un antes y un después de Botsuana. Para los grandes partidos y el resto del arco parlamentario, entre las formaciones republicanas y en el inconsciente colectivo. Y en la propia Casa Real. No sólo por el cúmulo de desgraciados ingredientes: la compañía espuria, la excursión de lujo, la caza de elefantes, el secreto del viaje. Estamos en el annus horribilis de la monarquía española, como 1992 lo fue para Isabel II de Inglaterra. La gravísima situación de crisis que vive España y la desesperación generalizada al no ver una salida, han elevado el desafecto ciudadano.

Hay quien aprovecha para señalar el anacronismo que supone hoy la monarquía. Un principio aceptable. Y discutible. Algunos de los países más avanzados del mundo, que son un paradigma del Estado de bienestar, Dinamarca, Suecia, Noruega, son monarquías parlamentarias. También el Reino Unido, Holanda o Bélgica. Y no parece que el régimen haya dado más posibilidades a las repúblicas europeas que a las monarquías. Ni lo contrario. En España, en particular, la hoja de servicios del Rey en estos 36 años ha acumulado un crédito sustancial.

Hemos asistido a la petición de perdón del Rey. Magnífica. Inhabitual aquí y fuera de aquí. Cuando Sarkozy fue elegido presidente de la República hace cinco años anunció que se retiraba unos días a descansar. Se pensó que iba a ir a un monasterio o a una tranquila finca de Córcega, pero se marchó a Malta en un avión privado para pasar unas vacaciones de lujo en un yate de 60 metros, invitado por Vicent Balloré, una de las principales fortunas de Francia. Se formó un escándalo y hasta la prensa conservadora criticó la “escapada dorada del presidente, con sus amigos del CAC 40″, el equivalente nuestro Íbex 35. Pues nada, monsieur le président no se excusó. Se limitó a decir que su excursión de lujo no le había costado un céntimo al contribuyente.
La Casa Real intenta recuperar posiciones y ha ofrecido que en el futuro habrá más transparencia. Un servidor vuelve a discrepar. No se trata de que el monarca de manera voluntarista esté dispuesto a hacer concesiones, sino de defender el modelo de Estado, la monarquía constitucional, con todas las de la ley. Es urgente que los representantes de la soberanía popular se ocupen del artículo 57 de la Constitución. Hay que modificar el apartado 1, porque discrimina a la mujer respecto al hombre. Hay que desarrollar el apartado 5, que preveía en 1978 una ley orgánica sobre abdicaciones y renuncias, ¡que no se ha hecho en 33 años! Y hay que establecer un estatuto del heredero, más allá de lo que dice el apartado 2.
Y ya que estamos, hay que incluir a la Casa Real en la Ley de Transparencia promovida por el Gobierno. Y regular las actividades públicas y privadas del monarca, que tienen una frontera difusa; como las del presidente francés, sin ir más lejos. Nada de concesiones voluntaristas. Rigor en defensa del sistema.

El virus Sarkozy

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2012 a las 12:36

Hay muchas maneras de hacer campaña electoral. Los profesionales de la política, el marketing y las encuestas dirán que la buena es la que gana: todo vale para gobernar. Tengo mis dudas. Veamos un ejemplo de fuera, que nos afecta: en dos semanas, el 22 de abril, se celebra la primera vuelta para elegir al inquilino del Palacio del Elíseo. Y el 6 de mayo es la elección definitiva, previsiblemente entre el actual presidente francés y el candidato socialista François Hollande.

Hasta hace poco, Nicolas Sarkozy, viejo lobo de mar de la política francesa, iba por detrás en las encuestas. Justo hasta los atentados del mes pasado en Toulouse en los que murieron cuatro civiles y tres soldados, además del terrorista. El marketing le funcionó bien al presidente que pasó a encabezar las encuestas para la primera vuelta, gracias a su forzado protagonismo. Buena jugada.

Pero todavía está lejos de poder ganar el 6 de mayo. Así que los aprendices de brujo que le rodean han elegido otro recurso con gancho para animar a los simpatizantes. Y no han encontrado otra cosa que España y su asfixiante situación económica. Y aquí estamos ahora, aguantando un chaparrón de descalificaciones del candidato al que el rey Juan Carlos concedió hace tres meses un Toisón de Oro, la más alta condecoración de la Corona española. El último ataque de Nicolas fue ayer mismo. Es como un virus. Antes dispuesto a infectar la política de inmigración europea y ahora la estabilidad del euro.

Con los recortes en los presupuestos dejando la economía nacional en el hueso y los mercados reticentes a invertir en deuda pública española, lo último que necesitamos es al jefe de Estado de la segunda potencia continental todo el día diciendo lo mal que anda España. Pero lo hace. Sostiene que su rival colocaría a Francia en el nivel de Grecia o España. Somos el paradigma del mal.

Así, con dos ideas negativas, se está haciendo la campaña el buen hombre. Me recuerda a Arenas, empecinado durante meses en el monotema de la corrupción socialista con los eres falsos y el hartazgo de los 30 años. Cierto, pero insuficiente. Hay que poner algo más encima de la mesa para ganar. Algo positivo. Pero ni aquí Arenas, ni Sarkozy en Francia siguen esa receta. Sino la rancia de que lo importante es ganar. Como sea.

Aspiradora electoral europea

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2012 a las 13:19

Sarkozy amenaza con salirse del acuerdo de Schengen, que garantiza la libre circulación de personas dentro de las fronteras interiores de la Unión Europea. Es una secuela de la campaña electoral de las presidenciales. Las campañas, como podemos constatar los andaluces de manera fehaciente, son épocas convulsas en las que los candidatos prometen lo que no están dispuestos a cumplir o se ponen de perfil para no arriesgarse lo más mínimo. De lo último tenemos cumplida cuenta en Andalucía, que ha visto en un año la campaña para las municipales, las generales y las autonómicas, sin muchos compromisos que digamos. En Europa tocan esta primavera las presidenciales francesas. Y quién sea el inquilino del Elíseo, no es irrelevante para los ciudadanos de aquí.

Los franceses están convocados a las urnas el 22 de abril y el 6 de mayo para elegir al nuevo presidente. Y resulta que el actual, Sarkozy, que aspira a la reelección, lleva dos años retrasado en las encuestas. Cuando quedan 40 días para la primera vuelta, Sarkozy ha metido el turbo y está en plena vorágine de promesas, advertencias, amenazas y lo que haga falta para recuperar terreno. Para empezar, intenta distanciarse de su principal rival en el campo de la derecha, Marine Le Pen, la hija del viejo líder ultraderechista, que ha resultado ser un animal político como su padre.

El discurso xenófobo está de moda en Europa. Y Marine lo vende bien. Se vende bien en casi todas partes. En Cataluña, uno de los territorios más modernos de España, en las últimas elecciones autonómicas un nostálgico de Franco montó un partido ultra antiinmigración, Plataforma por Cataluña, que a punto estuvo de entrar en el Parlament. Se quedó fuera por milésimas.

Y como Sarkozy tiene que evitar que Le Pen le quite la cartera, él intenta robarle a ella electores. ¿Cómo? Muy fácil, diciendo las mismas cosas con mejores altavoces. Por ejemplo, que Europa debe reforzar los controles de inmigración en sus fronteras exteriores o Francia en el plazo de un año se saldrá del acuerdo Schengen. Marine inmediatamente ha dicho que dice lo mismo que ella, sin la voluntad de hacerlo.

Ya tenemos a los dos candidatos franceses principales poniendo en jaque a la Unión Europea. El socialista Hollande quiere renegociar el tratado presupuestario reciente y promover políticas de crecimiento. Sarkozy no quiere ni oír hablar de ese asunto, pero pretende renegociar Schengen, y que se establezcan normas que sancionen, suspendan o excluyan del acuerdo a los países que sean un coladero de inmigrantes. La aspiradora electoral no descansará después del 6 de mayo. En Alemania tocan elecciones en octubre de 2013. Hasta entonces, Merkel seguirá haciendo de señorita Rottenmeier en materia presupuestaria. Dios nos coja confesados.

No hay cheques en blanco

Ignacio Martínez | 9 de noviembre de 2011 a las 12:16

Las alegrías duran poco en la política europea. Es una advertencia para el próximo presidente del Gobierno español. El señor Rajoy debe saber que su amplia mayoría absoluta no será un cheque en blanco. Tiene ya algunas referencias. Por ejemplo, Berlusconi. Ignoro si es amigo suyo, pero lo era de Aznar: se partían de la risa en julio de 1999, en un mitin en Málaga tras las elecciones europeas. La crisis se va a llevar por delante a este italiano, campeón de la derecha continental, que se creía por encima de lo divino y de lo humano, con quien no han podido jueces, fiscales o periodistas; que ha conseguido evitar condenas por atropellos y delitos que han pagado alguno de sus colaboradores.

Grecia es otro buen paradigma de lo efímero de la gloria y la desgracia en política. El partido Nueva Democracia, que entró en su día en el Partido Popular Europeo junto al PP español, dejó el país en la ruina hace dos años. Con mentiras tan gordas como decir que el déficit público estaba en el 6%, cuando era del triple. Karamanlis descendió a los infiernos, y el socialista Papandreu ganó por mayoría absoluta. Pero si alguien pensó que esa alternancia duraría mucho tiempo, se equivocaba. Dos años después, Samaras el sustituto de Karamanlis, está destacadísimo en las encuestas. Se diría que los griegos, ya que no pueden arreglar su bancarrota, prefieren al partido que les miente. En todo caso, a Papandreu se lo ha comido la centrifugadora de la crisis, como a su antecesor. Dos lideratos en dos años.

Claro que hay ejemplos para todos los barrios. Irlanda, sin ir más lejos. En febrero de este año, el Fianna Fáil, partido nuclear de la república, que ha estado en el poder 66 de los últimos 79 años, se pegó un batacazo de aúpa. Pasó de 77 a 14 escaños. De golpe: la crisis arrambla con todo. Una advertencia en este caso para el PSOE, el partido que ha ocupado el poder en Andalucía íntegramente, los 30 años de autonomía. La penuria económica invita a los pueblos a sacrificar a sus gobernantes. ¡Y lo hacen con entusiasmo!

Pero esto no ocurre sólo en la casa del pobre. Quien piense que la salud de la pareja franco-alemana sobrevive a este cataclismo, se equivoca. Nunca ha habido tanto desequilibrio en el eje París-Berlín (antes Bonn). Ya cuando se suscitó en los ochenta la idea de la moneda única, Mitterrand convenció a Kohl. El alemán aceptó el euro, pero puso las condiciones. En esta época Sarkozy impuso a Merkel las reuniones del Eurogrupo, y ella consintió pero las aprovecha para dictar la doctrina. El ex presidente de la Comisión Romano Prodi estuvo hace un par de semanas en Barcelona y contó una maldad reciente sobre la pareja que nos ocupa: “Ella toma las decisiones y él las cuenta en ruedas de prensa”. No somos nadie.

Pasar la gorra

Ignacio Martínez | 17 de septiembre de 2011 a las 19:43

Hay cosas en esta vida de una evidencia palmaria. Ejemplo práctico. Si fuera por la radio, pensaríamos que es una broma de un imitador. Le preguntan a Botín qué opina sobre el impuesto a los ricos y dice que no le gusta. Pero no es una broma, porque se le ve al hombre en la televisión, serio y desinhibido. “Lo he dicho una vez y lo repito, me parece que está muy mal que se vuelva a poner”. Respuesta evidente. Tan claro como si fuese de día. Podría sumarse a la moda de millonarios que se ofrecen a pagar más, como algunos franceses y alemanes. O directamente protestan como el americano Warren Buffet, que se escandalizaba este verano de pagar la mitad que sus empleados más distinguidos.

Pero no es el caso. Se sabe que el año pasado las autoridades francesas informaron a las españolas de que había tres mil españoles con cuentas secretas en Suiza, según una lista filtrada por el vengativo ejecutivo de un banco helvético. Entre los nombres estaban los Botín, que saldaron con 200 millones los impuestos de los últimos cinco años y están pendientes de ver qué hace la justicia con esa ocultación del patrimonio familiar, al parecer desde la guerra civil española. Aquí parece que el personal no está por que le pasen la gorra.

Otra evidencia. Todas las comunidades autónomas tienen un sistema para hacer su estadística de listas de espera para intervenciones quirúrgicas. ¿Todas? No, una pequeña comunidad se resiste a que le estropeen un cálculo que le sale monísimo, porque en vez de empezar a contar cuando el especialista decide que hay que operar, calcula desde que el paciente se ve con el anestesista. Madrid consigue así incluir a los beneficiarios de su sistema púbico de salud en las listas entre 20 y 40 días después que el resto de las autonomías. La explicación del consejero de Salud, si fuese en la radio, pensaría uno que es un imitador de broma. Pero es él, quien dice serio y enfadado que “es un nuevo ataque del Partido Socialista a un éxito comprobado de la Administración sanitaria madrileña y un compromiso acreditadamente cumplido por la presidenta Aguirre”. Ahí queda eso. Tan claro como si fuese de noche.

Sarkozy y Cameron se han apresurado a pasar por Trípoli para partirse el pecho en elogios a los rebeldes a los que ayudaron a derrotar a Gadafi. Los dos principales protagonistas de la intervención militar internacional en Libia han expresado su deseo más sincero de paz y prosperidad para este país que sale de una larga dictadura. Sarkozy ha dicho que apoyaron una causa justa, mientras trataba de desmentir que tras la guerra y su rápida visita se escondiese ningún mezquino interés. El presidente francés añadió que no tiene ningún acuerdo sobre las riquezas de Libia. Todavía. Porque ha ido a pasar la gorra. Tan evidente como la noche y el día.

DSK: una historia de Hollywood

Ignacio Martínez | 6 de julio de 2011 a las 18:44

El 18 de mayo escribí en estas páginas que Dominique Strauss-Khan podía haber sido víctima de una conspiración. Tenderle una trampa no era muy difícil, ante su conocida afición por las mujeres ajenas. Y eso que está casado en terceras nupcias, con una prestigiosa periodista, considerada la mujer más atractiva de Francia en los años 90: se preguntaba a los franceses qué cara le pondrían a Juana de Arco y respondían que la de Anne Sinclair. Entonces dirigía y presentaba una emisión dominical en la TF1 con doce millones de espectadores. Inteligente, poderoso y rico, a DSK no le faltaba más que el asalto al Elíseo.

Y aquí es donde entra en acción su mala cabeza, la encerrona, o ambas cosas a la vez. No tiene que ser un complot de Estado, aunque no sería la primera vez que eso pasara en Francia con un candidato al Elíseo. De hecho, DSK ya se vio involucrado junto a Sarkozy en el affaire Clearstream, una rocambolesca historia que empezó en los 90 con la venta a Taiwan de unas fragatas francesas por la que se pagaron centenares de millones de dólares en comisiones. Aquello se consideró un secreto de la Defensa nacional y no se investigó. Pero la falta de transparencia acabó dando dolores de cabeza a mucha gente. En 2002 se denunció que en Luxemburgo operaba una red mundial de blanqueo de dinero en la que estaban metidas personalidades del mundo político y económico francés, DSK y Sarkozy entre ellos.

Era falso y Sarkozy acusó en los tribunales de ser el inductor del complot para desacreditarle a Dominique de Villepin, candidato potencial en las presidenciales de 2007. Con el tiempo, Villepin fue declarado finalmente inocente, pero se quedó fuera de aquella carrera electoral, como ahora DSK de ésta. Al menos hasta ahora: dos de los tres candidatos en las primarias socialistas, Hollande y Royal, han dicho que están dispuestos a aplazar la elección si Strauss-Kahn lo pide. Aubry no ha dicho aun esta boca es mía. Está por ver si hubo complot y si fue doméstico. La prensa neoyorquina no para de sacar trapos sucios de la camarera del hotel. Pero no necesariamente esta suciedad limpiará la imagen de DSK. O sí. Si finalmente puede competir por el Elíseo, esta historia acabará en Hollywood.

Strauss-Kahn: la teoría del complot

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2011 a las 10:45

El affaire Strauss-Kahn parece una película de intriga. Nos enfrentamos a tres posibilidades: o este hombre está muy enfermo, o ha sido víctima de un complot, o es memo y no lo sabíamos. Esta última opción gana enteros. Sus abogados dijeron primero que no hubo nada y ahora pretenden esgrimir unas relaciones consentidas. A la primera posibilidad, la del impulso fatal irreprimible, se suma una joven periodista que le acusó en 2007 de un intento de violación ocurrido cuatro años antes. En su denuncia en una televisión parisina calificó su actitud como la de “un chimpancé en celo”. Como ven la política francesa es más novelesca que la española, dónde va a parar.

Los últimos cuatro inquilinos de El Elíseo han tenido notorias aventuras galantes. Una madrugada de septiembre de 1974 la Policía de París descubrió que el mismísimo presidente de la República, Giscard D’Estaing, era el conductor de un vehículo que se había estrellado contra un camión. Le acompañaba una famosa actriz. Mitterrand, además de dos familias, mantuvo viva la leyenda de seductor incluso dentro de su Gobierno. A Chirac, por poner un ejemplo conocido, no hubo quien le encontrara la noche que Lady Di se mató en Pont de l’Alma, en agosto de 1997. Y Sarkozy, ya elegido presidente, dejó a su segunda mujer, con la que había protagonizado una tormentosa separación y reconciliación, para ennoviarse con una artista famosa, antigua pareja de Eric Clapton o Mick Jagger. Con la que ahora, por cierto, va a tener un  hijo.

No está mal. Esto nos lo ponen en un culebrón venezolano y acusamos a los guionistas de exceso de imaginación. Pero no se acusa de mujeriego a DSK, sino de ser un violador. Y nada en absoluto tiene que ver una cosa con la otra. Sus abogados le podrían explicar la diferencia sustancial que hay entre relaciones consentidas y a la fuerza…

De ser cierta la denuncia, hay que concluir que este hombre se ha jugado en unos minutos su vida personal, familiar, profesional y política. Hay que estar muy enfermo o ser muy tonto. Pero ¿y si es una conspiración? Tenderle una trampa no era muy difícil, ante su conocida afición por las mujeres ajenas. Y eso que está casado en terceras nupcias, con Ann Sinclair, que no es una periodista anónima, sino la mujer más atractiva de Francia en las encuestas de los años 90. Entonces dirigía y presentaba una emisión en la primera cadena de televisión francesa, 7 sur 7, en la tarde noche del domingo, con doce millones de espectadores. Inteligente, poderoso, rico y famoso, a DSK no le faltaba más que el asalto al Elíseo.

Y aquí es donde entra en acción la teoría del complot. De hecho, ya se vio involucrado junto a Sarkozy en el affaire Clearstream, una rocambolesca historia que empezó en 1991 con la venta a Taiwan de seis fragatas francesas por la que se libraron 500 millones de dólares en comisiones. Aquello no se investigó, bajo el pretexto de que era un secreto de la Defensa nacional. Y se completó con la denuncia en 2002 de que en Luxemburgo había cuentas de una red mundial de blanqueo de dinero de personalidades del mundo político y económico francés, entre los que estaban DSK y el actual inquilino de El Elíseo. Era falso y Sarkozy acusó en los tribunales de ser el inductor del complot para desacreditarle a otro Dominique, De Villepin, candidato potencial en las presidenciales de 2007. Villepin fue declarado finalmente inocente, pero se quedó fuera de aquella carrera electoral, como ahora DSK de ésta. Puede ser una casualidad. O no. Menuda película de intriga se hacía con estos mimbres.