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Griñán, como Sarkozy

Ignacio Martínez | 24 de abril de 2009 a las 9:19

Comparto el asombro de la afición por el fichaje de Rosa Aguilar como consejera del Gobierno andaluz. De hecho, fue la gran protagonista ayer en la toma de posesión del nuevo presidente de la Junta. Asombro, para orientarnos, significa susto o espanto, pero también gran admiración. Me quedo con esto último. En una conversación telefónica hace dos semanas pregunté al todavía candidato Griñán si se planteaba alguna operación transversal, similar a las que hizo hace dos años Sarkozy, cuando llegó a la Presidencia de la República Francesa y sumó a su primer gobierno de centro derecha personas procedentes del campo socialista. ¡Y me dijo que no, el muy pillo!

Les recuerdo que el presidente galo tiró tanto del fondo de armario del Partido Socialista francés que se echó una novia que había apoyado a Ségolène Royal, Carla Bruni. Y entretanto nombró ministro de Exteriores a Bernard Kouchner, fundador de Médicos sin fronteras en 1971 y uno de los ciudadanos más admirados de Francia; por cierto, antiguo militante del Partido Comunista y por aquel entonces en las filas del Partido Socialista. Del PS echaron a Kouchner en el acto, igual que ha hecho ahora Izquierda Unida con Rosa Aguilar, por entrar en un gobierno socialista. Y, dicho sea de paso, no creo que Kouchner o Aguilar sean tránsfugas: no se han quedado con el escaño de nadie.

Para IU ya nada volverá a ser lo mismo. El aparato del PCA apartó a la brillante Concha Caballero y ahora ve como se aleja su dirigente más popular y prestigiosa. Con Aguilar se van muchos votos. Es una pena que Andalucía camine hacia el bipartidismo. El Parlamento estaba más completo con cuatro partidos. Pero en fin, las minorías comenten sus errores y la simultaneidad de las elecciones generales y autonómicas hace el resto. Ya que estamos con este asunto, no me gustó que en el debate del miércoles Griñán ignorara el reto de Arenas de que no volvieran a coincidir las elecciones nacionales y regionales. Y eso que el PP ofreció la abstención a cambio de ese compromiso. Mala señal.

En el futuro, hay aspectos de la vida pública que no deberían repetirse: por ejemplo, el truco del antiguo presidente de abolir las elecciones autonómicas al convocarlas siempre en simultáneo con las generales. Si es verdad lo que dijo Griñán en su discurso de investidura de que quiere un nuevo impulso en la región; fomentar la convivencia, el desarrollo, la competitividad y el dinamismo, o que pretende una Andalucía exigente consigo misma, entonces deberá atreverse a convocar en 2012 elecciones en solitario para que por primera vez en más de 20 años haya un debate profundo sobre la realidad de esta tierra y su porvenir.

Y, de camino, si el nuevo presidente quiere de verdad una Andalucía alejada del tópico, ciudadanos inteligentes y críticos, y atender las demandas de las clases profesionales urbanas, entonces no le vale la televisión pública regional que se ha hecho hasta ahora. Ahí si que hay terreno para la transversalidad.