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Chantaje en Aena

Ignacio Martínez | 13 de marzo de 2011 a las 15:57

Muchos españoles han coincidido esta semana con los llamados sindicatos de clase, en su oposición a la privatización parcial de los aeropuertos españoles. Hemos visto a dirigentes de Comisiones o UGT explicar por qué han señalado 22 días de huelga entre abril y agosto. Quieren que el Estado garantice a los 12.500 empleados sus puestos de trabajo y sus ingresos, antes de vender la mitad de las acciones de Aena, para ingresar en las arcas públicas y mejorar la gestión de los 47 aeropuertos y dos helipuertos. Y avisan de los peligros que acechan si se consuma la privatización: menos seguridad, cierre de aeródromos poco rentables, perjuicio a la cohesión social o territorial, y obstáculo al desarrollo económico.

En su ardor por evitar que se perjudique el desarrollo económico, los esforzados sindicalistas han pasado por alto que el turismo representa el 11% de la economía en regiones como Andalucía. En el Reino Unido la gestión de los aeropuertos es privada y no parece que sean más inseguros. Y en cuanto al cierre de alguno, es bien posible que España no pueda pagarse medio centenar de aeródromos. Córdoba, por ejemplo, perfectamente conectada por AVE con los aeropuertos de Málaga y Sevilla no necesita tener abierto uno con 581 pasajeros el mes de febrero. Esto no es exclusivo del transporte aéreo; probablemente Andalucía no pueda pagarse diez universidades. Y muy posiblemente no podamos financiar televisiones públicas regionales o locales a norte, sur, este y oeste.

Todos estamos de acuerdo en que el país ha vivido por encima de sus posibilidades. Pero a la hora de hacer ajustes, sólo se hacen en el sector privado; lo que supone menos actividad y menos impuestos para sostener lo público. Pero lo público es intocable. Si no, chocamos con el chantaje de los sindicatos de la aristocracia laboral española, el Sepla de pilotos y la Usca de controladores, o la clase media sindical nos amenaza con boicotear los días de mayor entrada y salida de turistas. El chantaje afecta directamente al medio millón de andaluces que trabaja en el turismo. Y no ha sentado bien. Tanto, que mucha gente se opone a la privatización parcial de los aeropuertos. Piensa que se deberían de privatizar del todo.

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Huelgas fuera de cacho

Ignacio Martínez | 9 de octubre de 2009 a las 7:30

Un grupo significativo de jueces españoles se quitó ayer la toga, se puso el mono de obrero e hizo huelga. Aquí hay mucho espíritu de clase, así que sobra materia prima para fundar un poderoso sindicato, aunque ignoro el color que cabría ponerle. El sindicato de pilotos utiliza el azul cielo. En este gremio tendría sentido el negro, por la seriedad del cargo, el color del uniforme de trabajo y porque es lo que se ve con los ojos cerrados: la Justicia es ciega, como saben. Convocó la Asociación Profesional de la Magistratura. Y según el Consejo General del Poder Judicial paró menos de una cuarta parte de los 4.500 jueces españoles, pero los convocantes, como todo sindicato que se precie, elevaron el número de sus seguidores.

A los jueces más conservadores no le han gustado las negociaciones con el Ministerio, ni el plan de modernización del Gobierno, ni el silencio de las comunidades autónomas. La modernización del ministro Caamaño incluye una inversión de 600 millones de euros en tres años y el aumento de la plantilla en 600 jueces. La APM sostiene que desde febrero el colapso de la Justicia en España ha empeorado. Caso aparte es si un poder del Estado puede ir a la huelga. Creo que no debe, pero es evidente que sí puede: ya lo han hecho dos veces. Y tan poder judicial son los jueces en España, como en Portugal, Francia e Italia y en esos Estados tienen reconocido el derecho de huelga.

Otros sindicatos, sin problema de identificación por su color, el rojo, han reventado ayer la entrada a Sevilla por las autovías de Madrid y Málaga, la circunvalación y en varios polígonos industriales. Los obreros del metal se quitaron el mono de trabajo y se pusieron la toga: sentenciaron a decenas de miles de trabajadores a llegar tarde al trabajo, al médico o a sus obligaciones diarias. Esto lo hace el Sepla y enseguida lo tachamos de sindicato amarillo, egoísta, elitista. Con los compañeros del metal la cosa cambia, por la respetable historia que tienen detrás. En los años finales de la dictadura el Sindicato del Metal era una leyenda en Sevilla; montaron huelgas con Franco todavía en El Pardo. Ahí comenzó Comisiones Obreras en Andalucía. Me pregunto si aquellos duros sindicalistas habrían secuestrado a una ciudad como ayer hicieron sus sucesores.

Es curioso cómo los trabajadores de pequeñas empresas se quedan en paro y están en la más absoluta indefensión, pero los sindicatos de grandes compañías como Santana Motor, Delphi, Astilleros o Boliden se enganchan a que el Estado les resuelva con una subvención o cortan el puente sobre la Bahía de Cádiz, las entradas de Sevilla y lo que se tercie. Hay algo de elitista, egoísta y hasta amarillo en el empeño.

Total, que ayer han coincidido unos funcionarios de Justicia y unos obreros del metal en dos protestas fuera de cacho. Con ventaja. Y el perjudicado en ambos casos ha sido el sufrido ciudadano de a pie.

Jueces del Sepla

Ignacio Martínez | 18 de febrero de 2009 a las 11:14

Los jueces han entrado hoy por derecho propio en un club muy exclusivo: el de los pilotos de Iberia, el de los controladores de vuelo. Las asociaciones profesionales, convertidas en comités de huelga, dicen que un tercio de los jueces ha parado esta mañana. Calculan que 1.200 magistrados secundan la jornada de protesta. Son huelguistas de salón. Privilegiados que perjudican al ciudadano para demostrar que tienen la sartén por el mango y el mango también. Uno de los poderes del Estado hace huelga. Sus señorías están muy ofendidos porque a uno de los suyos lo querían empapelar por no haber cumplido con su deber. Los jueces se colocan por encima de la ley y hoy hacen huelga.

Como es un hito histórico, habría que darles una serie de recomendaciones a los primerizos. Por ejemplo, que no hay huelga que se precie que no tenga un buen piquete. Piquete informativo naturalmente, dispuesto a amedrentar a los esquiroles. Esquirol es una palabra de origen catalán. De la localidad barcelonesa de L’Esquirol procedían los obreros que, a fines del siglo XIX, ocuparon el puesto de trabajo de los de Manlleu durante una huelga. Este término define, con desprecio, a las personas que se prestan a ocupar el puesto de los huelguistas. Con los esquiroles, los jueces huelguistas deben emplear mano dura, pincharles las ruedas de los coches, amenazarles con no invitarles jamás a una cacería de postín, que son tan de su agrado. Los esquiroles, por definición, están vendidos a la patronal opresora, con lo que son unos traidores de la clase obrera jurídica.

Otra práctica necesaria para que la huelga parezca una huelga es que sus señorías se afanen en poner silicona en las cerraduras de las audiencias y juzgados diversos. Así el patrón, o sea, el Estado, no podrá sacar las plusvalías al proletariado judicial, ni los esquiroles podrán trabajar. Los huelguistas también podrían poner silicona en sus propios despachos y así mañana pueden ir a trabajar pero ante la imposibilidad de abrir sus talleres de jurisprudencia y acceder a sus bancos de trabajo, podrían cobrar sin pegar golpe y perjudicar aun más la maltrecha economía del Estado opresor.

Incluso, los huelguistas podrían hoy dejar de trabajar pero cobrando. Se trata de llegar tarde al trabajo, no dar un palo al agua e irse repetidamente al bar de la esquina, primero a un café, después a una cervecita y más tarde al aperitivo. Nada nuevo, que no se conozca de otras veces. Total, que los jueces ya pueden entrar en el Sepla y sindicarse. La sindicación ordinaria la prohíbe la Constitución, pero seguro que encuentran una eximente para el Sepla, el sindicato de pilotos, tan cercano.

Como no hay mal que por bien no venga, esta huelga ha sido una llamada de atención oportuna: hay que dotar de más medios a la Justicia, unificar las bases de datos y exigir más a los funcionarios. Pero también hay que cambiar urgentemente el sistema de selección de jueces.