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Córdoba, el mejor patrimonio andaluz

Ignacio Martínez | 10 de diciembre de 2012 a las 9:06

Los patios de Córdoba ya eran patrimonio material de la humanidad desde hace siglos. Sin título oficial. Una doble tradición romana y árabe, que Andalucía exportó a Latinoamérica. Pero ha sido ahora cuando la Unesco ha hecho inmaterial esa realidad física. La decisión se entiende que distingue la festividad de los patios, su colorido, su ambiente, tanto de los corrales antiguos, alguno de los cuales sigue existiendo en la Ajerquía, como de las casas señoriales de la villa, en donde el verde predomina sobre las flores.
Los patios son uno de los muchos atractivos turísticos de esta ciudad del interior, que aún no ha sido descubierta por los propios andaluces. Sevilla, Granada o Ronda están por delante en las preferencias de los turistas domésticos. Y Córdoba no desmerece en absoluto, ni su gente, ni su paisaje, ni su gastronomía. Así que estos títulos, que tienen mucha resonancia y escaso rendimiento, bienvenidos sean para poner el foco en una de las más viejas, bellas y cultas ciudades de Europa.
Los patios también han sido escenario festivo de las cruces de mayo, cuya gracia se perdió en algunos lugares apartados de la tradición para convertirse en negocios efímeros, sin las músicas y el empaque de antaño. Pero la modernidad también ha hecho su aportación feliz. En octubre de 2009, dentro de las actividades para la candidatura a la Capitalidad Cultural europea de 2016, se realizó un happening en los patios. Lo más clásico de Córdoba, en el inconsciente colectivo, fue el soporte para las instalaciones para 16 artistas contemporáneos, con el lema de El patio de mi casa.
Tortugas, caracoles, plastilina, pinzas de la ropa con mensajes, maquetas, fuentes, jardines colgantes, y hasta la giganta Alicia de Córdoba dieron un aire completamente nuevo a los patios cordobeses. Una idea que también se exportó: un año más tarde se realizó una acción similar de arte contemporáneo en Quito. Esta decisión de la Unesco representa en cierta manera un desagravio por el desplante que una organización internacional le hizo en junio del año pasado a Córdoba, al preferir la Unión Europea a San Sebastián como capital cultural para 2016. Bueno, la UE es un decir: hay que recordar que el Gobierno socialista español había designado a seis de los trece jurados.
Aquella derrota todavía tiene otras facturas pendientes. El presidente de la Junta mostró entonces su firme voluntad “de hacer de Córdoba la capital andaluza de la cultura, con una oferta competitiva y de calidad que sirva para darle la proyección mundial que se merece”. Asunto del que nunca más se supo. Igual que pasó con Granada, que disputó en los 80 la capitalidad cultural de 1992 a Madrid y tras la derrota recibió por parte del Gobierno de Borbolla el mismo título honorífico de capital cultural de Andalucía. Dejémoslo en empate. Las dos son parte esencial del mejor patrimonio regional.

La patata, comida refugio

Ignacio Martínez | 15 de octubre de 2012 a las 9:48

Leo que el consumo de patata ha aumentado enormemente en España desde que empezó la crisis. Como dice una amiga mía, normal. Sigue siendo un alimento muy completo y barato. Y gusta. Hay que recordar que en los locos años 2000 bajó mucho el consumo. Era esa época en la que nos creíamos ricos y vivíamos muy deprisa. Así que este tradicional alimento de pobres empezó a declinar, víctima de la comida fuera de casa o precocinada. De hecho, la patata cuando la trajeron los españoles de América a mediados del siglo XVI era despreciada por el personal. Fue en Sevilla para atender a los enfermos de un hospital cuando se empezó a cultivar durante las hambrunas del año 1571 y años siguientes. Aunque enseguida se popularizó el tubérculo; antes de final de siglo era conocido en todo el país y en Alemania, Italia, Polonia o Rusia.
En muchos sitios ha sido el centro de la alimentación. Y su falta ha hundido a países. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX en Irlanda, que entonces tenía ocho millones de habitantes, una plaga de la patata provocó una hambruna feroz, con un millón de muertos y oleadas de emigrantes a Estados Unidos o Australia. Su población se redujo a casi la mitad entre 1845 y 1849. Y en la URSS los campesinos tenían minúsculos terrenos adjudicados por el Estado en los que cultivar para su autoconsumo, en los que el producto rey era la patata.
Ahora que se impone el low cost por doquier, la patata ha vuelto a recuperar el consumo de antes de la burbuja inmobiliaria y más. La crisis ha hecho bueno aquel dicho del diseñador de moda Karl Lagerfeld, “me gusta lo barato, me gusta lo caro, lo intermedio no me interesa”. Por el lado de arriba, mientras se despeñaba la venta de automóviles de turismo en España en estos años, la compra de Porsches no ha parado de aumentar. Y en el segmento de la gente corriente y moliente, el auge de Mercadona no se explica sin su combinación de calidad y precio gracias a las marcas blancas, acrecentada por la decisión cuando llegó la crisis de retirar muchas marcas registradas de sus estanterías para abaratar el precio medio de un carro de compra.
Esto ya lo sabíamos, pero ahora resulta que estamos volviendo también a lo tradicional, barato y creativo. Las patatas son muy nutritivas, tienen agua, almidón, fibra, vitaminas, calcio, potasio y no sé cuántas cosas más. Se pueden guisar, asar, freír o saltear. Sirven de acompañamiento o como elemento central de ensaladas, purés, cremas y sopas. Y puestas a tener utilidad para la vida diaria, su almidón es un componente básico para cartones, bolsas de papel y hasta para el papel prensa. Si está usted leyendo este artículo en un periódico, quién sabe si tiene entre sus manos un derivado de patata. La comida refugio da para mucho.

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San Telmo, olla a presión

Ignacio Martínez | 21 de julio de 2012 a las 10:00

El alcalde Sevilla insiste en reclamar un estatuto de capitalidad. Dinero, para explicarlo en lenguaje llano. Piensa que ser capital de Andalucía supone inconvenientes y genera gastos que deberían ser compensados por las arcas regionales. No se le puede negar coherencia. Ahora que es presidente regional del PP podría olvidarse de su reivindicación, como de facto hizo Monteseirín.
El anterior alcalde se lanzó al ruedo en el Club Siglo XXI de Madrid en 2001, ante el presidente Chaves, en un discurso con el listón en récord: reclamó la Carta de Capitalidad, la fusión de las cajas sevillanas, la sede de la caja única y advirtió en la Villa y Corte que no renunciaba a la sede olímpica. De todo aquello sólo salió la fusión de las dos entidades financieras que han acabado en manos de La Caixa. De lo demás no hubo nada.
Y en esto, llega Zoido y repite que a Sevilla le cuesta el dinero la capitalidad y hay que resolverlo. Estamos hablando de un asunto sensible. En Sevilla y en Málaga, también en Granada, se escriben barbaridades en las redes sociales desde la comodidad del anonimato. Como en tantas otras cosas, sería deseable que la idea se debatiese en el Parlamento andaluz. Hasta ahora el PSOE ha evitado esa discusión pública. En su día reprochó a Monteseirín que sacara la reclamación ante el presidente de la Junta sin advertirle previamente. Y eso fue todo.
Es verdad que Sevilla es un manifestódromo, lo que exige más gasto en Policía Local. Y la aglomeración urbana, aumentada por la presencia de funcionarios, sedes profesionales y empresariales, o población flotante necesitada de gestionar asuntos en la capital administrativa, dificulta su tráfico, contamina su atmósfera, complica la vida de los sevillanos. Pero los beneficios de la capitalidad son también evidentes; toda la población extra tiene una renta disponible que produce actividad económica y comercial, e ingresos de impuestos. Desde que se planeó la autonomía, hace más de 30 años, no se ha hecho un estudio sobre coste y beneficio de la capital. Y quizá es la hora de encargarlo.
En este tiempo en Sevilla se ha recuperado patrimonio, consolidado empleo público, aumentado servicios, concentrado congresos y eventos deportivos o políticos, como cumbres europeas o de la OTAN… En definitiva se ha construido una centralidad política, económica, mediática. Fuera de Sevilla esto se considera extraordinario, pero dentro se piensa que no compensa. Urge un debate sosegado en el Parlamento, no a pedradas en las redes sociales.
Por otro lado, la insistencia de Zoido invita a pensar que no será candidato a la Presidencia de la Junta. Resulta gracioso: el jefe de los socialistas andaluces soñando con la Presidencia del Gobierno de la nación y el jefe de los populares concentrado en la Alcaldía de Sevilla. San Telmo, hermoso palacio barroco, es una olla a presión en la que nadie quiere verse atrapado.

El eje Sevilla-Málaga

Ignacio Martínez | 2 de julio de 2012 a las 9:25

Ahora que después de 60 años está a punto de fenecer el eje París-Bonn o más modernamente París-Berlín, el presidente interino del PP regional quiere instaurar un eje Sevilla-Málaga sobre el que construir Andalucía. Ya le digo yo a Zoido que a otros se nos ha ocurrido la brillante idea antes que a él y no funciona. El alcalde de Sevilla ha estrenado su forzado liderazgo del PP andaluz en territorio comanche. Málaga mira con recelo que Sevilla sea la madre de todas las capitales. Y aquí ha dicho que hay que llevarse bien y no perderse en discusiones estériles. Toreo de salón.

Un buen amigo me recuerda que Andalucía no existe porque no existen los andaluces. Existen los granaínos, gaditanos, malagueños, sevillanos, cordobeses, onubenses, jiennenses y almerienses. Cada uno de su padre y de su madre, muy orgulloso de su historia y muy vigilante de lo que se haga en casa del vecino. Zoido pretende que la Junta debió impulsar ese eje Málaga-Sevilla, cuya existencia es fundamental para romper el tópico muro de la rivalidad entre sevillanos y malagueños. Si se ha molestado en leer los comentarios en las páginas web de los diarios del Grupo Joly, habrá visto que de tópico nada.

Me temo que el PP esté cometiendo el mismo error que con Teófila Martínez en 1999. No ya por poner a un alcalde de presidente regional, que Cádiz no levanta suspicacias, sino por urdir el nombramiento en un sanedrín. No se sabe quiénes, ni cuántos, ni dónde han decidido que Zoido sea el heredero del hiperliderazgo de Arenas. Sí se sabe que algunos presidentes provinciales se enteraron por la prensa de que habían hecho un comunicado conjunto incondicional. Desaprovecha la ocasión el PP andaluz de facilitar que surjan candidatos que se expresen y se midan. Conseguiría mucho foco y mucha credibilidad. Es una fórmula que a veces utiliza el PSOE. No siempre; en las municipales la caprichosa ejecutiva regional socialista no quiso convocar primarias.

Pero Zoido tiene otros problemas. La marca del PP se ha oxidado bastante, y no llegará a la próxima convocatoria electoral con tanto brillo como el 25 de marzo. Y luego, es el alcalde de Sevilla y eso no facilitará su tarea en la periferia regional. Llegó a la Alcaldía reclamando un estatuto especial para compensar a Sevilla de los inconvenientes de la capitalidad. Y ahora debe reciclar su discurso. La propuesta de eje Sevilla-Málaga ha levantado críticas en Granada, Sevilla y Málaga. Un triángulo esencial. Como el Huelva-Sevilla-Cadiz. Como el Málaga-Granada-Almería. Como el Córdoba-Sevilla-Málaga. Como el Jaén-Córdoba-Granada. Andalucía es poliédrica, pero se ha hecho muy tribal en 30 años de autonomía. Y esto no es culpa de nadie en concreto y de todos en general.

Zoido está en este campo en primero de básica. Y no debe fiarse del apoyo unánime e incondicional: Teófila también lo tuvo en la teoría y nunca lideró al partido de verdad.

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Testigos culpables

Ignacio Martínez | 31 de octubre de 2011 a las 11:34

Hace dos semanas vimos en la televisión cómo una niña china de dos años era atropellada por una furgoneta en un mercado de Guangdong, al sur del país. Después de detenerse, el vehículo volvió a pasar por encima del cuerpo, que quedó tendido en un charco de sangre. En los siguientes siete minutos cruzaron por allí hasta dieciocho personas y ninguna se paró a socorrerla. Hubo tiempo para otro atropello antes de que una mujer la retirase de la calzada y pidiese ayuda. La niña murió en el hospital a los tres días. Estas cosas, como el linchamiento de Gadafi, nos dan la impresión a primera vista de que sean de ficción, o propias de otras culturas. Ya saben, los estereotipos. Los chinos son fríos, los árabes traicioneros, los anglosajones atacan cobardemente en grupo, como contaba Horton Foote en La jauría humana. Pero no. Aquí también pasa.

Esta semana hemos visto una escena propia, protagonizada por nacionales. En un túnel de Madrid, junto a la Plaza de España, dos coches arrinconan a un tercero y ocho personas le dan una paliza a sus ocupantes. Todo porque le habían reprochado a uno de los agresores una maniobra imprudente tres kilómetros antes. Entonces empezó una persecución con amenazas de muerte. Uno de los agredidos tenía varios dientes rotos y una herida de navaja. Lo que más me llamó la atención no fue la salvaje agresión, sino que ninguno de los cuarenta coches que presencian la paliza se detiene para auxiliar a las víctimas, ni siquiera cuando ya se han marchado los matones.

Nos pasó durante años con las víctimas del terrorismo, hasta que recuperamos la cordura. E incluso con eso que se ha dado en llamar violencia de género, y que bien podría calificarse de terrorismo doméstico. Nadie se metía en la vida privada de los demás. Los gritos y los golpes que se oían no pasaban de ser una molestia.

A veces la cobardía de los testigos es mucho más culpable, porque son protagonistas de estos dramas. España tiene el récord europeo de consumo de prostitución, una forma de esclavitud en la mayor parte de los casos, que afecta a un millón de mujeres en la UE. Somos líderes tan destacados que cuesta creer que cuatro de cada diez adultos hayan sido clientes de prostitutas. Una cifra tan alta, que duplicamos con creces a los siguientes, que son suizos y austríacos. En algunas ciudades, como Sevilla, Málaga o Granada se empieza a multar a los usuarios de la prostitución callejera, pero habría que perseguir con más dureza a los clientes. Este es un mercado que no se ha resentido con la crisis. Se ha adaptado, con precios más bajos y cambio de oferta. La última moda son las jovencitas chinas.

Periferia ferroviaria

Ignacio Martínez | 22 de octubre de 2011 a las 10:50

Andalucía no es más periférica que antes de que se anunciaran el pasado miércoles los corredores ferroviarios prioritarios de la Unión Europea para 2030. Pero tampoco es menos periférica. En Algeciras hay una gran satisfacción por lograr una doble conexión con Francia. Una por Madrid que era la preferida por los operadores del primer puerto español y los empresarios de la zona. Y otra por el litoral, que ofrece dudas. Ambas tienen un tramo común, de Algeciras a Antequera, de una sola vía por un terreno muy inestable.

El recorrido transversal andaluz, desde Algeciras y Sevilla hasta Antequera y desde Granada a Almería necesita un profundo remozado de las líneas existentes, pero además la modificación de las pendientes en muchos tramos, para que puedan circular trenes de mercancías competitivos. Y además de la electrificación y señalización, una doble vía. Sobre cómo afrontar esa modernización, el Ministerio de Fomento no ha dado explicación alguna hasta el momento. La doble salida es una ventaja teórica, que se puede ver en los mapas.

No está nada claro cual de los dos ejes, el Central o el Mediterráneo, va a tener prioridad en la financiación. Hay documentos de la Comisión Europea que se la dan a la línea Algeciras, Madrid, Zaragoza, Tarragona, y a la que va desde frontera francesa por el litoral catalán hasta Valencia, pero no más allá. El Ministerio guarda una calculada ambigüedad al respecto. El martes por la tarde, en Fomento hubo dos charlas explicativas para periodistas, una larga para los de levante, y una posterior para los demás. Si el mensaje era el mismo, ¿por qué dos exposiciones? El jueves en Sevilla el ministro Blanco no despejó esta incógnita, al mezclar los dos ejes, el Central y el Mediterráneo, y contarlos como si fueran uno solo. La versión de la prensa catalana es que la prioridad financiera será para el corredor Mediterráneo.

El ministro empezó el miércoles una esforzada turné por el territorio nacional para explicar, con discursos plagados de millones, los ejes ferroviarios que serán la base de las comunicaciones en España a mitad de siglo. Ataviado con una corbata en tonos azul y blanco, los colores de su Galicia natal, comenzó la jornada en Santiago de Compostela, siguió en Madrid, y después se desplazó a Zaragoza. Terminó la primera etapa en Barcelona, en donde brindó con cava con los jefes políticos de CiU, PP y PSOE, luciendo ya corbata de otro color; blaugrana, por cierto. A medio plazo, la verdadera partida estratégica que se juega en estas redes ferroviarias es qué puertos se convierten en la referencia para los grandes buques portacontenedores que hacen las rutas mundiales, y por dónde se hace la importación o exportación de mercancías para los mercados español y europeo.

A finales de los 60, Cataluña ganó décadas de progreso al resto de España con la construcción de autopistas de peaje con la garantía del Estado. Ahora estos ferrocarriles le dan una centralidad extraordinaria a todo el levante español. Tres de los cinco corredores presentados el miércoles, que costarán al erario público unos 50.000 millones de euros, tienen su origen o pasan por el puerto de Valencia, gran competidor de Algeciras, que ya es el puerto de Madrid y aspira a consolidar a los operadores asiáticos con base en sus instalaciones.

Si a estos operadores les convence más la nueva oferta de Algeciras y siguen los pasos del consorcio liderado por la coreana Hanjin, del que forman parte otras tres compañías china, japonesa y taiwanesa, entonces el anuncio de ayer habrá sido un éxito. En caso contrario, no. Incluso corremos el riesgo de que se repita medio siglo después la misma historia del adelanto estratégico. La idea de un corredor por todo el litoral mediterráneo, desde Cádiz hasta Barcelona, con toda la masa crítica que supone el 40% del PIB español, no es en absoluto mala. El lado peor es a quién beneficia primero y qué ventaja competitiva consigue. Por eso se salieron en abril del lobby Ferrmed, que ha promovido el corredor Mediterráneo, el Puerto de Algeciras, las industrias de la Bahía y la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar.

El jueves en Sevilla, el ministro ya había recuperado su corbata en tonos azul y blanco, cuando intervino en el Fórum Europa. Insistió en que su propuesta exige una inversión anual de 7.000 millones en estos ferrocarriles, de los 13.000 millones disponibles para infraestructuras. Las inversiones en obras públicas han pasado del 1,9% del PIB de la época de la abundancia a un 1,3%.

Es claro que el próximo Gobierno tendrá mucho que decir para consolidar estos mapas que deja en herencia el ministro Blanco o proponer alternativas. De los 50.000 millones que cuesta este plan, en Andalucía se gastarán algo más de 8.000, un 16% del total nacional. La cuota de Andalucía en la población española es del 17,9%, y en el territorio nacional, de 17,3%. Y la participación regional en el PIB españoles es ahora del 13,5% y estuvo en el 13,8% entre 2005 y 2007. El porcentaje de inversión está en un punto intermedio. El riesgo de las inversiones en infraestructuras es que se hacen en donde está la población y el desarrollo. Y acaban generando más desarrollo donde ya lo había.

Sorprende que en el debate previo a esta decisión nadie haya reivindicado el estudio que presentó el presidente Chaves en vísperas de las elecciones de 2000, para una línea nueva entre Algeciras y Puerto Real. El estudio en cuestión tiene unos diez tomos de papel; no se puede decir que esté guardado en un cajón, porque haría falta una biblioteca. Esa línea costaba entre 600 y 630 millones.

Un estudio es lo que han reclamado en las últimas semanas los alcaldes de Almería, El Ejido, Motril, Almuñécar y Málaga, para saber cómo se podría hacer un ferrocarril por el litoral andaluz, de Almería a Algeciras (o hasta Cádiz), y cuánto costaría. En la prensa catalana del jueves, satisfecha por lo conseguido para su territorio, se podía leer que no sería rentable, para dar toda previsión por inútil. Sin embargo, el ministro dijo el 16 de marzo en Barcelona que un Almería-Algeciras por la costa supondría una inversión de 11.700 millones, a razón, según cálculos propios, de 33,5 millones el kilómetro.

El PP está empeñado en este proyecto, así que en pocas semanas su presidente regional, Javier Arenas, tendrá la oportunidad de ofrecer a las localidades concernidas una satisfacción. Blanco aludió ayer de manera inequívoca al cambio de gobierno que se avecina: le recomendó prudencia a sus adversarios para evitar que una tentación demagógica o populista en este momento les obligue en exceso cuando lleguen al poder.

En todo caso, encargar un estudio para saber a qué atenerse no parece una insensatez. El presidente Griñán hizo el jueves en la presentación de Blanco un canto a la Andalucía del interior, que se puede interpretar como un aplauso al trayecto transversal desde Sevilla a Almería por Antequera. Falta por ver si hay planes precisos para que este recorrido sea fiable y competitivo en todos sus tramos.

Hasta entonces cabe pensar que a Andalucía no le ha tocado el premio gordo en el reparto indicativo del miércoles. Con estos planes no será más periférica, pero tampoco menos. En absoluto.

Los nuevos tiempos

Ignacio Martínez | 27 de octubre de 2010 a las 18:41

Si el comportamiento de los canónigos de Córdoba en la liquidación de Cajasur es un ejemplo perfecto de atención desmedida al interés propio, sin cuidar el de los demás; de localismo y perjuicio a la construcción regional, la agrupación de las universidades de Sevilla y Málaga para conseguir un Campus de Excelencia Internacional es todo lo contrario. Afortunadamente, cada vez son más los que piensan que sin especialización, calidad y cooperación no habrá un verdadero progreso regional. Y es una lástima que Granada rechazara la invitación de Málaga para participar en Andalucía Tech.

Hay que felicitar a las dos universidades concernidas, y en particular a sus escuelas o facultades de ingeniería industrial , informática y telecomunicaciones, que serán el eje de esta iniciativa. Y también elogiar a sus rectores, Joaquín Luque, un ingeniero y filósofo que está en su primer mandato, y Adelaida de la Calle, una bióloga que en su segundo mandato tiene a la comunidad universitaria malagueña tan en vilo como Zapatero a las huestes socialistas: no ha anunciado todavía si optará a una tercera elección.

La puesta en práctica de este puente universitario entre Málaga y Sevilla tiene un peculiar sistema de financiación. Inicialmente se trata de un préstamo del Ministerio de Educación de 5,3 millones de euros, que será convertido por la Junta en subvención. Todo esto va a suponer un trasiego de profesores y alumnos entre las dos ciudades de lo más saludable. Viajar enseña mucho y gran parte de los recelos entre las dos principales ciudades de Andalucía se limarán con el uso. La idea de los campus de excelencia es del secretario general de Universidades, Màrius Rubiralta, que ya se ocupaba de la materia en el Ministerio de Innovación con Garmendia y ahora sigue en Educación con Gabilondo. Se trata de alentar la especialización para conseguir que determinados departamentos sean una referencia internacional en 2015.

Entre los peros que se le pueden poner al plan está el nombre. La excelencia, la calidad superior, es elitista por definición. Y si ya hay 22 universidades en España con la etiqueta de excelente, en nada de tiempo será difícil distinguir la paja del trigo. En esta convocatoria se ha calificado de campus de excelencia de ámbito regional el proyecto de Bio Tic de la Universidad de Granada con el Campus de la Salud, y ha sido renovado el agroalimentario que lidera Córdoba, con Cádiz, Huelva, Almería y Jaén. De todas las universidades andaluzas, sólo a la Olavide de Sevilla le falta esta etiqueta. Su proyecto fue considerado magnífico por el comité internacional de evaluación, desde el punto de vista técnico y científico, pero no prosperó por falta de concreción práctica.

Esto nos da la pauta. La innovación debe buscar la aplicación práctica en colaboración con la iniciativa privada. Son los nuevos tiempos.

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Un guión de Woody Allen

Ignacio Martínez | 31 de julio de 2010 a las 8:21

La prohibición de las corridas de toros en Cataluña da para una enciclopedia. A un servidor esta decisión le sugiere muchas cosas, algunas positivas. Lo resumo en diez puntos. 1. Puede ser una buena noticia para la fiesta de los toros en el resto de España. Estamos ante una tradición en franca decadencia, en donde cada vez hay menos bravura en los toros y menos arte en los toreros. La mayoría de las corridas de Sevilla o Madrid de esta temporada no han sido una fiesta precisamente. Así que es posible que haya un renacer del arte de torear si, ante la amenaza, ganaderos, empresarios, toreros, apoderados, críticos y aficionados se lo toman más en serio. 2. Cataluña sigue siendo muy buena vendedora. Si querían llamar la atención y poner su territorio y sus instituciones en el mapa mundi, lo han bordado. En los discursos del miércoles, se repetía “el mundo nos contempla”, “el mundo nos está mirando”.

3. En el resto de España el asunto de las corridas de toros ha sido infinitamente más seguido que el del Estatut en cualquiera de sus formatos. 4. En el procedimiento de esta ley hay dos elementos que deberían ser ejemplo: una iniciativa popular y la libertad de voto a los diputados. 5. Un servidor, que es aficionado, encuentra que los argumentos de los abolicionistas de las corridas en la comisión correspondiente del Parlament, han sido más convincentes que los de los partidarios. Ignoro quién hizo el casting, pero era desigual. 6. Más que identidad catalana o defensa de los animales, los nacionalistas catalanes han subrayado la prohibición como un triunfo de la civilización frente a la barbarie. La superioridad moral de la moderna Cataluña sobre la España castiza y atrasada. Puigcercós se alegró de pertenecer a una sociedad avanzada que rechaza un espectáculo pintoresco basado en la cultura de la muerte. Una sociedad -cito- más tolerante, más compasiva, más humana, más responsable. ¿Más que quién?

7. Cuando ERC propuso una ley similar en 2005, que no prosperó, ya consideraba que los taurinos son capaces de abusar de los más débiles, sean niños, mujeres, mayores o inmigrantes. 8. ¿Y los correbous? Cuando los promotores de la iniciativa popular llevaron sus 180.000 firmas al Parlament, ERC les advirtió que no contaran con ellos si había que prohibir las fiestas de toros ensogados, embolaos o enmaromados. Fiestas muy tradicionales en las tierras del Ebro, con las que Esquerra es tolerante y compasiva. Y en las que el público no se comporta de forma bárbara ni el toro sufre. No es lo mismo lidiar a la manera española que divertirse según la sensibilidad catalana.

9. Esta decisión demuestra la influencia de Cataluña en España. De la prohibición canaria no se enteró nadie. Y 10. Si equiparamos a los animales con los seres humanos, entonces todos vegetarianos y prohibidas corridas y correbous. Es un buen argumento para un guión de Woody Allen, un Vicky Cristina Barcelona II. Nos arrancaría una sonrisa algún comentario entre la hipocresía, el sarcasmo y el cinismo.

Una asignatura pendiente

Ignacio Martínez | 14 de julio de 2010 a las 7:49

La fusión entre las cajas andaluzas, auspiciada por el presidente de la Junta de manera solemne hace tres semanas en el Parlamento andaluz, ha provocado algunas decepciones y anécdotas. Pendientes de que un día de estos se decida la subasta por Cajasur, y santificada por el Banco de España la integración de la caja granadina con la murciana, una balear y otra catalana, quedan sobre el escenario las dos grandes, Unicaja y Cajasol. Es decir, hay un premio en el aire y otro muy repartido por el Mediterráneo, pero queda por salir el gordo. Y sobre el gordo sobrevuelan varias amenazas.

Primer problema: los presidentes de las dos grandes no se entienden. A una colega que escribió un excelente reportaje sobre ellos este fin de semana le dijeron los allegados de Pulido que no es verdad que se lleven mal. Es una jugada inteligente. Pero lo que estamos diciendo algunos es que no se llevan bien, que no es exactamente lo mismo. Alguien que se sienta con los interesados en el consejo de administración del Banco Europeo de Finanzas lo ha definido magistralmente: tienen una sintonía de uno o dos sobre cien.

Segundo problema, el localismo. La sede en mi pueblo, es la proclama inicial de cualquier intento de fusión que se precie. Aunque hay poca discusión si uno de los dos contrayentes es más grande que el otro; motivo por el cual, como a Unicaja le adjudiquen Cajasur, Cajasol tendrá que hablarle de usted en la fusión. Y la hipótesis contraria no imposible. La primera pedrada localista la ha tirado el alcalde de Málaga, ingeniero cartesiano, pero no necesariamente frío: ha dicho que sólo apoyaría la fusión si la sede estaba en Málaga. De la Torre es hombre con fama de dubitativo para según qué cosas. Pero entre sus dudas no tiene cabida cuál es la capital financiera de Andalucía. El alcalde fue reconvenido por propios y extraños, por sacar el asunto antes siquiera de que los pretendientes se mirasen.

Pero, lejos de arredrarse, repitió el argumento reforzado. Más allá de la sede de la gran caja, De la Torre echa de menos que desde el inicio de la autonomía no se haya planteado el papel de cada ciudad en la nueva comunidad política que se creó con la Constitución de 1978 y el Estatuto de 1981. El trasfondo de su pensamiento pone el dedo en la llaga. De haberse producido ese debate, se habría establecido qué instituciones o entidades de carácter regional debían tener sede en un lugar u otro y qué organismos troncales de la autonomía debían estar ineludiblemente en Sevilla. La reacción en Granada del conjunto de fuerzas políticas, sociales y medios de comunicación en contra de toda idea de fusión con otras cajas andaluzas es todo un paradigma; una evidencia más de los recelos latentes que hay entre las distintas provincias. Y esto no es una anécdota, sino una asignatura pendiente de la construcción regional.

Me alegro del Sevilla campeón de Copa

Ignacio Martínez | 20 de mayo de 2010 a las 11:58

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Tres comentarios sobre la final de Copa.

1. Soy bético, como se sabe. Pero ayer me alegré de que el Sevilla ganara la Copa. Mis amigos Antonio y Pedro, de la peña bética de Bruselas, si se enteran de esto se enfadarán conmigo. Pero qué quieren que les diga, este club adversario del mío está bien organizado y liderado, gana campeonatos, termina la Liga entre los primeros, y hace un buen fútbol con jugadores de la cantera. Mientras que el Betis liderado por el señor Lopera es un desastre desde hace muchos años. Aplicando aquí la misma comparación que hacía el otro día entre el Barça y el Madrid, el Sevilla es un equipo dentro y fuera del campo y el Betis ni dentro ni fuera. Otra cosa es la opinión que me merece el presidente del Sevilla en su ejercicio profesional privado y en su comportamiento público. Lo del sombrero de ayer no es sólo una superstición, es una catetería.

2. Hasta en esto le gana Arenas a Griñán. Arenas es sevillista y Griñán del Atlético de Madrid. Sin  comentarios.

3. Me gustó mucho el ribete de las camisetas del Sevilla. Verdiblanco. Muy andaluz. Muy bético.