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Miguel Ángel Losada: “La Tierra se seguirá calentando hasta un máximo en el siglo XXIV”

Ignacio Martínez | 23 de abril de 2010 a las 7:11

Foto: Joaquín PinoFoto: Joaquín Pino
 

Esta entrevista con Miguel Ángel Losada, catedrático en la Universidad de Granada, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y desde hace un año director del Centro Andaluz de Medio Ambiente, se publicó el 17 de abril en los nueve periódicos del Grupo Joly. Losada ha sido guionista de una serie sobre el litoral español para TVE, en la que el Ministerio de Medio Ambiente pretendió eliminar la vinculación entre corrupción y masificación urbanística. Esta no es la versión íntegra, pero es bastante más larga que la publicada en papel.

 

 

-¿Existe el cambio climático?

-En los últimos 500.000 años la Tierra ha experimentado unas variaciones cíclicas de temperatura, con una duración aproximada de cien mil años. En el inicio de estos ciclos hay un periodo de enfriamiento, que conduce a un periodo glacial, seguido de un calentamiento paulatino hasta alcanzar una estabilización. Y empieza el ciclo siguiente.

 

-¿Cuándo fue la última glaciación?

-Hace unos 30.000 años y duró hasta hace 13.000. Después, durante unos cuatro mil años, la temperatura de la Tierra ascendió hasta estabilizarse hace unos 9.000 años. Desde entonces el clima no ha cambiado esencialmente.

 

-Entre tanto, ¿qué ha pasado?

-En estos 9.000 años, poco más de doscientas generaciones de seres humanos hemos transitado por el Neolítico, las edades del bronce y del hierro, crecieron y desaparecieron los imperios de Cartago y Roma, cruzamos la Edad Media, brilló el Renacimiento… hasta llegar hasta nuestros días.

 

-¿Las culturas crecieron y desaparecieron con distintos climas?

-El Imperio Romano se desarrolló durante un ciclo cálido, mientras que la llegada de los árabes a España ocurrió con una fase fría. La Reconquista española y la salida de la oscura Edad Media pudo realizarse debido a la bonanza del clima en el norte de España y Centro Europa. Tras aquel óptimo climático del siglo XII, llegó la llamada ‘pequeña edad de hielo’ en los siglos XVII y XVIII.

 

-¿Y qué pasará en el futuro próximo?

-Desde comienzos del siglo XX, la Tierra se está calentando camino de otro óptimo climático que deberá de presentarse hacia el siglo XXIV.

 

-O sea, que las cuantiosas lluvias de este invierno no son una novedad.

-El clima tiene fluctuaciones cada cien años, aproximadamente. Durante ellos, en la zona templada de la Tierra, donde se encuentra España, a periodos fríos y húmedos les siguen otros cálidos y secos cada 11 a 13 años. En Andalucía en 1992 y los años siguientes se vivió un periodo cálido y seco. En 1997 comenzaron las lluvias y la nieve volvió a Sierra Nevada. En 2002 empezó otra sequía hasta 2008. Desde entonces parece que ha venido el diluvio universal…

 

-Hemos tenido este año un invierno muy frío, pero el planeta seguía calentándose.

-No son sucesos incompatibles. Este año pertenece a un periodo húmedo de los ciclos de 11 a 13 años que ocurren en Andalucía. Que forma parte a su vez del ciclo milenario que está produciendo el calentamiento de la Tierra y alcanzará su máximo en el siglo XXIV. Y finalmente, ese ciclo pertenece al periodo de estabilización que nos llevará a otra glaciación dentro de cincuenta mil años.

 

-¿Es posible que se repita un terremoto como el famoso de Lisboa de 1755?

-Es posible y la probabilidad de que ocurra no es despreciable.

 

-Y podría seguirlo un maremoto como entonces.

-Si el epicentro del terremoto, al igual que ocurrió con el llamado de Lisboa, está en el mar, la generación del maremoto y su propagación a las costas andaluzas es altamente probable.

 

-¿Hay precedentes?

-Los estudios realizados por los investigadores y arqueólogos que trabajan en la ciudad romana de Baelo Claudia aclaran que dos maremotos, uno en el siglo I y otro en el siglo III barrieron la ciudad. Este último favoreció el abandono de Bolonia [Tarifa] y con él el cese de la actividad comercial.

 

-¿Qué puede hacer un ciudadano particular para evitar el calentamiento de la Tierra.

-Muchas cosas, pero le diré dos: consumir la energía imprescindible y exigir a las administraciones que el desarrollo socioeconómico no se haga a costa del ambiental. Si seguimos empecinados en la economía del ladrillo y la ocupación de las riberas del mar y los ríos dejaremos a nuestros hijos una carga imposible de sostener.

 

-¿Se fundirán los casquetes polares y subirá el nivel del mar en el Mediterráneo?

-Si la variabilidad climática se produce de forma análoga a como ocurrió en la época del imperio romano y en la del óptimo medieval, para finales de este siglo no quedarán hielos en el Ártico, ni nieve en Sierra Nevada, los Pirineos y los Alpes. Eso vendrá acompañado con un ascenso del nivel del mar que, en las costas españolas, será próximo a un metro. No podemos seguir ordenado el territorio litoral sin incorporar esta previsión.

 

-El clima no ha cambiado, pero el hombre sí que lo ha hecho en este tiempo.

-El hombre ha realizado transformaciones para garantizar su sustento, bienestar y la calidad de vida, pero en ese empeño estábamos matando nuestro hábitat. Ahora hay que revisar el número de habitantes que un territorio puede soportar, y el desarrollo socioeconómico basado en el consumo descontrolado de suelo, agua y energía. Si no somos inteligentes difícilmente llegaremos al siguiente óptimo climático.

 

-Los últimos pobladores han cegado ríos y arroyos, y construido en el litoral como ninguna otra generación en la historia.

-Especialmente en los últimos 60 años, coincidiendo con el desarrollo turístico y el de industrias anejas como la construcción.

 

-¿Qué porcentaje del litoral andaluz queda libre de construcciones?

-Si hablamos de franja costera como la zona alrededor de la línea de costa, quizás se supere el 60%.

 

-Con las presas y embovedamientos llega menos arena a las playas.

-No sólo arenas. También llegan menos bolos, gravas y limos. Es decir faltan todos los tamaños. Cuando el mar necesita estos materiales, los toma de los acantilados o de la línea de costa, con las consecuencias ya conocidas.

 

-¿Hemos hecho un urbanismo salvaje?

-Ha habido y sigue habiendo urbanismo salvaje. Y su coste será una carga insostenible para las siguientes generaciones. Un ejemplo, el tramo de costa en el que se asienta el paseo marítimo de Matalascañas seguirá teniendo alta probabilidad de ser destruido de nuevo por los temporales.

 

-Usted establece una relación directa entre corrupción y masificación urbanística.

-Con la masificación se ignoran intencionadamente los procesos naturales, el paisaje y una ordenación del territorio que ayude al desarrollo integral de la persona. Masificación y corrupción están muy unidas. Desgraciadamente, tenemos muchísimos ejemplos en el litoral español. Lo peor es que los abanderados de esas conductas corruptas se pavonean en público e incluso salen elegidos repetidas veces como representantes de la voluntad popular.

 

-¿Cuándo se emite la serie de televisión en la que el Ministerio de Medio Ambiente quería quitar esta afirmación?

-Lo decidirá Televisión Española. La serie describe el estado de las costas, cómo se ha llegado hasta aquí, y qué queremos como ciudadanos legar a nuestros hijos. Es un debate que una televisión pública debe favorecer y facilitar.

Guadalquivir

Ignacio Martínez | 18 de octubre de 2009 a las 14:31

Cuando se puso en marcha la autonomía andaluza en 1982 había muchas ambiciones. De todas ellas quizá la que menos ha avanzado es la articulación regional. Fue una preocupación en los discursos del presidente Rodríguez de la Borbolla, que insistía en la necesidad de vertebrar Andalucía. Una preocupación orteguiana que vista en la distancia permite la división de opiniones: ha resultado fracasada o aparcada, según se quiera ser más o menos indulgente. Andalucía está desestructurada y es más tribal que hace un cuarto de siglo. Por eso son muy de agradecer iniciativas como la lanzada por el presidente Griñán esta semana con el lema Guadalquivir.

Se pretende crear una gran ruta turística, medioambiental, monumental, gastronómica que vincule el interior de Andalucía, en los márgenes de la Y griega que forman los 720 kilómetros del Guadalquivir y los 360 del Genil hasta su unión con el gran río en la provincia de Córdoba. Desde Cazorla y Sierra Nevada hasta Doñana. Si la idea prospera, con suficiente iniciativa privada y apoyo público, en ese espacio que afecta a todas las provincias andaluzas menos Málaga y Almería se crearán 700 kilómetros de senderos para recorridos a pie, a caballo o en bicicleta; se remodelarán 33 estaciones de tren, para hacer un Guadalrail; se establecerán 42 estaciones fluviales. Claro que convertir el Guadalquivir en el Danubio o el Loira no es fácil, ni tarea para unos pocos años.

El Guadalquivir transcurre por llanuras en la casi totalidad de su trayecto, así que hacerlo navegable y convertirlo en un nuevo atractivo turístico es un desafío realizable. Hay mercado: de los 25 millones de turistas que vienen todos los años a Andalucía, quince millones sólo buscan sol y playa. Esta propuesta no merece quedarse en humo como tantas otras de integración regional que fracasaron. El tribalismo no es sólo el síntoma de las tensiones interprovinciales, funciona incluso dentro de cada municipio. Sin ir más lejos, en Andalucía hay 600 cooperativas agroalimentarias, cuando no debería haber más de diez; pero en algunos pueblos no hay manera de convencer siquiera a las diversas cooperativas locales para que se fusionen. En esta Andalucía inacabada, el Guadalquivir puede ser un ejemplo de vertebración. Es difícil, pero no imposible.

Mala sombra

Ignacio Martínez | 10 de diciembre de 2008 a las 11:42

 

”Pechón

 

En Pechón (Cantabria), de donde son oriundos muchos andaluces de Sevilla y Cádiz, hay un paisano que le tiene puesta a sus vacas la radio todo el día. Rodrigo, el ganadero, piensa que así se sienten acompañadas y dan mejor leche. Pasa uno por la vaquería y escucha siempre Radio Nacional. Un día le pregunté por qué no les cambiaba de emisora, y les ofrecía variedad con al Ser o la Cope. “La Cope, no, que me darán mala leche”, contestó.

Hay otras teorías al respecto, que no son autodidactas, sino perfectamente científicas. El lunes, en La Vanguardia, un investigador de la Ramón Llull hablaba sobre efectos y aplicaciones científicas del sonido. Jordi Jauset explicaba que está comprobado que las vacas de vaquerías próximas a aeropuertos, sometidas a niveles elevados de ruido, dan menos leche, y que las vacas de establecimientos amenizados con una selección de música clásica incrementan su producción. Por lo visto este no es el descubrimiento de la pólvora, sino que ya se sabía hace tiempo.

La música tiene también efectos beneficiosos sobre los seres humanos. Algunos inducidos. Estos días nos acompaña de manera permanente en las tiendas, durante la temporada previa a las Navidades. Tiendas que están llenas a rebosar. En las ciudades hay colas enormes para encontrar aparcamiento en el centro o en las zonas comerciales. Es como si todo el mundo hubiese oído el llamamiento al consumo que hizo hace una semana el vicepresidente Griñán en el Foro Joly. En los comercios piensan que con música agradable compramos más y mejor. Es una terapia magnífica. Una amiga mía, en los locos años de inicio de esta década, cuando nadábamos en la abundancia, cada vez que se deprimía cogía su tarjeta de crédito y se ponía a comprar hasta que se le pasaba la ansiedad. Ahora se mira más el dinero, pero se compra, se gasta y se consume como siempre en estas fechas. En el puente de la Constitución las pistas de Sierra Nevada estaban llenas de esquiadores.

Hay más dinero en circulación del que se piensa. El Instituto de la Juventud, que ahora depende del Ministerio de Igualdad, hizo pública ayer una encuesta que hace cada cuatro años con españoles de 15 a 29 años. Un 60% vive tan ricamente en casa de sus padres y no tiene pensamiento de irse. Pero resulta que entre el 86 y el 89% de los varones y entre el 70 y el 85% de las mujeres puede vivir de sus ingresos, de manera exclusiva o principal. O sea, que tienen una buena capacidad de consumir. Sus gastos no parecen orientarse hacia la cultura: un 40% no leyó el año pasado ni un libro. Pero para la música están más dispuestos. Un 87,5% dispone de equipo de sonido. Lo más relevante de la encuesta, sin embargo, no tiene buena melodía; uno de cada tres jóvenes apoya la pena de muerte. Mala sombra.