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Lecturas veraniegas

Ignacio Martínez | 31 de agosto de 2010 a las 23:37

En septiembre hablamos del síndrome postvacacional, la vuelta al cole, los kilos de más. También de las lecturas veraniegas. Un servidor les recomienda tres libros publicados este año. En primer lugar La agonía de Francia (Libros del Asteroide), un lúcido y desesperanzado ensayo reeditado de Manuel Chaves Nogales, que analiza el hundimiento de Francia en 1940, cuando él debió abandonar a su familia en París para huir de la Gestapo por Tours y Burdeos, y embarcar en un contratorpedero británico, rumbo a Londres, la última etapa de su corta vida. Chaves consideraba Francia la meca de los hombres libres de Europa después de que se derrumbara el mito de Moscú. Y a la manera de las dos Españas, retrata la lucha entre reaccionarios y revolucionarios franceses, cuya guerra civil no declarada facilitó la derrota ante la Alemania nazi. Una derrota de la civilización frente a la barbarie.

 

Los periódicos son también una excelente lectura veraniega. Y nos han contado tres nuevas muertes de españoles en Afganistán; y van 92. Es la nueva lucha de la democracia contra los bárbaros, que –como puede verse– no siempre han tenido turbante y religión musulmana. El PP está empeñado en que se califique como bélica la misión del ejército español en aquel país. Una petición razonable, porque se trata de una guerra con todas las de la ley. La cara oculta de la pretensión popular es menos noble: se trata de blanquear la guerra de Iraq, por equiparación. Un conflicto en el que se empeñaron Bush y los suyos desde el ataque a las torres gemelas, y que la oposición frontal de Colin Powell retrasó año y medio. La aventura de Iraq debilitó el frente afgano de tal suerte que en ninguna de las dos se puede decir que haya ganado la coalición occidental.

 

Oficios como el beisbol, el boxeo, la canción, el cine o la literatura, y personajes como DiMaggio, Alí, Sinatra, O’Toole o Hemingway aparecen en otro libro muy interesante: una antología de Retratos y encuentros (Editorial Alfaguara) de Gay Talese. Periodismo de acero, vibrante, recio, auténtico, del que ya no se hace. Y en novela, no se pierdan la última de Antonio Soler, Lausana (Mondadori). Una pequeña obra maestra. El virtuoso del lenguaje consigue un relato intenso y tremendamente emocionante.

 

Aunque mi máxima emoción de las lecturas veraniegas ha estado en Chile. El rescate de 33 mineros desde 700 metros de profundidad es épico. Pero la entereza de estos trabajadores no nubla la responsabilidad criminal de los propietarios de una mina insegura. Una desfachatez extensible: las autoridades locales ocultaron que estaban vivos y prolongaron la angustia a las familias para que el presidente de Chile pudiera dar la buena nueva. Grandeza y miseria juntas. Hay trabajos necesarios que deberían tener sueldos muy superiores a los de tierra firme. Los de astronauta, minero y pescador. O soldado en Afganistán.

El alcalde de El Ejido, extraño compañero de cama del PSOE

Ignacio Martínez | 21 de octubre de 2009 a las 9:21

 

Ya tenemos nuevo nombre que añadir a la acreditada lista de escándalos que componen Ballena Blanca, Troya, Malaya, Astapa o Gürtel. Poniente. Simple, en comparación con los anteriores, pero funciona. Funciona también el Estado de Derecho. Un juez, con la ayuda de la Policía, investiga los detalles de otra presunta trama de corrupción municipal, esta vez en el El Ejido (Almería). Hay 20 detenidos, entre ellos el alcalde, Juan Enciso, mundialmente famoso por su dudoso papel en los ataques xenófobos contra inmigrantes en febrero de 2000, cuando era destacado militante del Partido Popular. De aquellos días es una frase que le atribuye SOS Racismo: “A las ocho de la mañana todos los inmigrantes son pocos; a las ocho de la noche, sobran todos”. Enciso se salió del PP por la derecha y montó su propio partido que tuvo un resultado excelente en las municipales del 2007; el Partido de Almería fue la tercera fuerza política de la provincia, con 22.500 votantes (8%), 61 concejales y mayoría absoluta en cinco ayuntamientos. En El Ejido sacó el 52% de los votos.

Lo sorprendente de esta historia es que ese partido formó una coalición con el PSOE para gobernar la Diputación provincial. Los socialistas hicieron numerosas concesiones a los dos diputados del PAL: les dieron rango de vicepresidentes y les encomendaron tareas tan delicadas como Hacienda y Obras Públicas. Claro que para compensar hicieron también vicepresidentes a siete socialistas. Siempre pensé que era exagerado que el Parlamento Europeo tuviese 14 vicepresidentes; pero, en fin, con 736 diputados ya puede, si se piensa que la Diputación de Almería tiene nueve vicepresidentes entre sus 27 diputados. No es la primera vez que muestro aquí mi sorpresa por semejante acuerdo contra natura.

Aquel pacto confirmó el dicho británico de que la política hace extraños compañeros de cama. ¿Quién era el secretario general del PSOE en Almería que fraguó el acuerdo? ¿Quién fue el secretario de Organización regional que le dejó? ¿Qué secretario general del partido lo consintió? No se preocupen, ni Soler, ni Pizarro, ni Chaves darán explicaciones. Y si las dieran serían tan creíbles como las de Rajoy la semana pasada cuando intentó sin éxito convencer al país de que Costa debía abandonar su puesto en el PP valenciano, por los mismos motivos por los que Camps debía sin duda permanecer en sus cargos. Los Hermanos Marx lo dirían mejor que unos u otros: “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Esa sería la respuesta más airosa en ambos casos.

No me explico por qué con reiterada dejadez el Partido Socialista se empareja con personajes tan poco recomendables como dos lugartenientes de Gil en Manilva y Estepona, o Enciso en Almería. Aunque quizá haya una explicación marxista: “No es la política la que hace extraños compañeros de cama, sino el matrimonio”. Lo dijo Groucho.