Archivos para el tag ‘Suárez’

Gobierno sin galvanizar

Ignacio Martínez | 24 de diciembre de 2011 a las 14:12

Rajoy y sus trece ministros han hecho su primer desafío; al frío invierno matinal de Madrid. Han cogido oxígeno y posado a cuerpo para los fotógrafos. Ayer se estrenó el Gobierno y sigue sin soltar prenda. La estrategia del nuevo presidente debe tener virtudes taumatúrgicas: la Bolsa sube y la prima de riesgo baja. A lo Helenio Herrera, sin bajarse del autobús. Recuerda la llegada de Balladur a Matignon en los 90. Ahora se anuncian las primeras medidas para el 30 de diciembre. Allí habrá prórroga de los presupuestos, con subida para las pensiones y no se sabe qué para los funcionarios. Las apuestas de más riesgo y los disgustos gordos se dejan para finales de marzo, cuando haya terminado el maratón electoral con las elecciones andaluzas. Todo hace pensar que Rajoy hará lo que sea para consolidar la cantada victoria de Javier Arenas.

Como todo lo nuevo, los ministros estaban ayer estupendos en su estreno. Limpios y relucientes. Sonrientes. Y eso que se enfrentan a la situación más difícil de nuestra joven democracia. En la época de Mitterrand, Chirac y Balladur se acuñó en Francia el principio de que no existía el Gobierno inoxidable. Y no se ha inventado desde entonces. De hecho, a Suárez se le oxidó el suyo ya en la primera legislatura. A Aznar y Zapatero, en la segunda. Y a los más duraderos, los de González, la herrumbre les entró en la tercera y los carcomió en la cuarta. Rajoy empieza con un sólido equipo de leales, pero tiene un Gobierno sin galvanizar. La crisis no lo permite. Trabajarán sin red.

Quizá por eso, el presidente ha escogido para la odisea a personas con un currículo y una edad. Seis ministros tienen más de 60 años y la media es de 55,6. Sólo dos tienen menos de 50: la ministra de Empleo, la onubense Fátima Báñez, y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la benjamina del Gabinete, con 40. Cómo cambian los tiempos. Esa era la edad de Felipe González cuando llegó a La Moncloa. Y Suárez, Aznar y Zapatero fueron primeros ministros con 43. Rajoy, con 56. A esa edad, los cuatro citados eran ya veteranos ex presidentes. Incluso el efímero Calvo Sotelo dejó el poder con 56.

Estamos pues ante un Gobierno de seniors, de gente con una o dos carreras universitarias, en el que se da alguna circunstancia curiosa. Hay sólo cuatro ex ministros, entre catorce miembros. Ninguno de ellos, por cierto, tendría la etiqueta de aznarista puro y duro. Hay cuatro de 1950: Arias, Montoro, Fernández Díaz y Wert. Y sólo cuatro mujeres. Se acabó el festival de los jóvenes y las mujeres primero del zapaterismo, que criticó recientemente con ácido sarcasmo Alfonso Guerra. Aunque señoras con capacidad hay suficientes en el PP como para que se corrija este desequilibrio en las remodelaciones que inevitablemente habrá, por el natural efecto de la oxidación.

Obi-Wan Kenobi

Ignacio Martínez | 14 de marzo de 2010 a las 13:02

Como si fuese el maestro jedi Obi-Wan Kenobi, Griñán le dijo ayer a Zapatero que la fuerza estaba con él. La fuerza del sur. Y el presidente se agarró a la idea: en la clausura del congreso regional de los socialistas andaluces dijo que el cariño y la confianza que respira en su partido le dan  fuerza para seguir adelante, y que la fuerza de las convicciones del PSOE le llevan a proclamar su superioridad intelectual, política, de valores y de principios sobre la derecha. Simple. Como su explicación de que la crisis que vive el país es resultado de la crisis financiera internacional. De la que saca tres lecciones: hay que  poner reglas a los mercados financieros, apostar por una economía de la innovación, y evitar que la austeridad perjudique la cohesión social. También sostuvo que si se acierta en las políticas adecuadas, en unos meses, poco a poco, se creará más y mejor empleo que antes. Hizo críticas y chascarrillos sobre Aguirre y Rajoy, le dirigió un par de indirectas a Arenas y terminó con una devolución de la cortesía de la fuerza: “Por el PSOE de Andalucía, siempre”.

Griñán, en su habitual estilo didáctico, explicó los problemas de productividad de Andalucía, y defendió la idea de una economía de la igualdad. Más allá del género o el poder adquisitivo, se extendió en la igualdad de acceso a internet, los idiomas, la formación universitaria o la cercanía a los servicios públicos. La desigualdad genera ineficiencia, según el  patrón del socialismo andaluz.

En su nueva ejecutiva no hay pesos pesados, sino más bien penenes. Jóvenes muy prometedores o a medio hacer, algún discreto funcionario del partido, e incluso dirigentes de segunda fila en su provincia en puestos de suave escaparate regional. No parece mucho, pero el elenco mejora si se compara a los que entran con los que salen. Pensará Griñán que a Suárez los penenes de 1976 le salieron bastante buenos. En todo caso, en un partido tan institucional como el PSOE andaluz, la clave de los cambios la dará el gobierno Griñán II. Si van a aparecer galácticos, será en el inminente nuevo Gabinete, el equipo con el que se jugará las elecciones de 2012. Zapatero prometió ayer nuevas mayorías a los suyos. Al presidente le acompañará la fuerza, pero su solvencia como augur está en entredicho desde que nos arrasó la crisis. Veremos.

Cualquier tiempo futuro será mejor

Ignacio Martínez | 10 de febrero de 2010 a las 13:49

España vive un momento de nostalgia tremendo: el personal piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es todo un síntoma que hayan vuelto Félix Rodríguez de la Fuente a TVE y Farmacia de Guardia a Antena 3. Se repone el programa El hombre y la tierra por el 30 aniversario de la muerte del naturalista que bailó con lobos mucho antes que Kevin Costner. A Hollywood no sólo le gusta hacer películas originales como esa. La industria americana del cine adora el revival. Un buen ejemplo es Psicosis, de Alfred Hitchcock, que cumple este año medio siglo y tuvo hace tiempo una continuación. La música de su banda sonora se escuchó el otro día, como oportuno politono de un móvil, durante unas declaraciones de Zapatero a la prensa. Todo un síntoma. El presidente también cumple este año los 50 años, dicho sea de paso. Pero en su caso, no parece fácil fabricarle una continuación.

La fórmula de hacer secuelas de grandes éxitos cinematográficos es muy del gusto americano: Van a rodar la quinta de la serie Indiana Jones, Terminator ya va por la cuarta parte, Los Cazafantasmas por la tercera y Karate kid por la quinta. En España hacemos TV movies ligeritos para la televisión. Algunos mediocres, como el dedicado recientemente a Suárez. Y otros menos arriesgados como la película que esta noche darán en A3, interpretada por Carlos Larrañaga, Álvaro de Luna, Enma Ozores y Concha Cuetos de guardia en su farmacia quince años después. Sea como fuere, no sólo hay nostalgia de los tiempos en los que vivíamos como nos gustaba, pero sin el dinero para pagarlo. Es que tampoco hay mucha imaginación creativa y se acude a los clásicos. Sin ir mas lejos, Nine, por la que está nominada Penélope Cruz por tercera vez para un Oscar, es una secuela de Fellini 8 y medio.

Lo peor del asunto es su parte menos cultural. En economía también nos gustaría volver atrás, cuando las casas valían el doble cada cuatro o cinco años, nos endeudábamos hasta las cejas alegremente, los empresas se apalancaban, el Estado sólo debía el 30% del PIB y las entidades financieras acudían a los mercados internacionales como los reyes del casino. Tiempos felices que volverán, pero no antes de diez años, según opinión generalizada. Para entonces se supone que habremos aprendido la lección y a lo mejor ya no seremos tan aficionados a comprar casas entrampándonos de por vida, las familias ahorrarán, las empresas harán inversiones menos especulativas, el Gobierno será más juicioso y las entidades financieras más solventes. No es el guión de una película amable para emitir por televisión en Navidades. Es otra verdad de Perogrullo: tal y como están las cosas, cualquier tiempo futuro será mejor. ¡Anímense!

Gases nobles

Ignacio Martínez | 24 de enero de 2010 a las 2:43

Obama3

 

Hace dos semanas la prensa norteamericana informó que el presidente Obama pensaba aplicar un impuesto a los 50 bancos que recibieron ayudas del estado por la crisis. Con esa medida, la Casa Blanca pretende recuperar 90 mil millones de euros de los fondos que el gobierno gastó para salvar el sistema financiero. El anuncio del impuesto a los grandes bancos para reducir el enorme déficit presupuestario, complació a los contribuyentes y disgustó a los banqueros. Pero los mercados financieros recibieron la noticia con relativa calma. Ha bastado con que el martes perdieran los demócratas el escaño que los Kennedy han ocupado durante más de medio siglo en Massachusetts y con él la mayoría cualificada en el Senado, para que Obama cambie de registro. En busca de propaganda, ha escenificado un pulso ante la opinión pública. John Wayne contra los banqueros: “si quieren pelea, la tendrán”.

La intención de recuperar el dinero prestado a la banca es saludable, pero no la demogágica manera de presentarla. Parece una venganza por el fracaso electoral, que le obligará a aparcar su reforma sanitaria. Y recuerda a una campaña que Suárez hizo a pelo con el CDS, sin un duro de préstamos bancarios y con un eslogan ingenioso: “yo también tengo problemas con los bancos”. Y quién no. Ocurrencias aparte, la bravata de Obama ha provocado un bajón generalizado en las bolsas del mundo en los últimos días.

¿Se acaba aquí el buenismo de Obama? No debería. El buenismo es sano. Esta lleno de buenas intenciones. El problema es que no esté acompañado por pragmatismo, realismo, sentido común. Tengo un amigo ocurrente que ha hecho una clasificación original de los políticos. Los divide en sólidos, líquidos y gaseosos. Los sólidos tienen fuertes convicciones, audacia, capacidad de liderazgo. Mi amigo, coloca a Felipe González, de quien es admirador, el primero de esa lista, pero también añade a Aznar: “antipático, pero sólido”. Los líquidos, como Tony Blair, se adaptan a todas las circunstancias, como el agua a cualquier envase. Y los gaseosos son etéreos, idealistas, buenistas. Naturalmente, mi amigo tiene un lugar reservado para Zapatero en este apartado, y también para Obama. Lo cierto es que el político ideal debería cumplir las tres cualidades: tener la proporción justa de capacidad de decisión, adaptabilidad a las circunstancias y nobles ideales. Pero es difícil estar bien todos los días en todos los registros. Por ejemplo, sin perder la compostura y sin caer en la demagogia. Que se lo pregunten a Obama, que ha dejado de ser el líder perfecto.

 

 

Desfile, Gürtel y Barça. Broncas españolas

Ignacio Martínez | 14 de octubre de 2009 a las 10:29

La bronca contra el presidente del Gobierno el lunes en Madrid me suena de demostraciones más antiguas. Recuerda a cuando los mismos, o gente parecida, pedían la dimisión de Suárez o el paredón para el cardenal Tarancón. La extrema derecha es muy del pareado y del exceso; tiene querencia a pasar de la dimisión al paredón con arriesgada rapidez. Es lamentable que un acto de Estado, en el que el protagonista debe ser el Ejército de todos los españoles, sea infelizmente enturbiado por unos fanáticos que en el fondo reivindican que las Fuerzas Armadas les pertenecen y no quieren intrusos.

Y es penoso que este gesto nostálgico no sea censurado desde la derecha política y mediática. Gallardón le dio a Rajoy una lección de liderazgo: criticó sin ambages la pitada a Zapatero en un acto de Estado, mientras el presidente del PP se abstuvo. La prensa de derechas pretende encima que el comentario del presidente de que estos pitidos forman parte de un rito es “un desprecio” a los manifestantes. Lo que supone darles más munición para el año próximo.

Por cierto que Rajoy también se abstuvo de tomar medidas contra los implicados en el caso Gürtel, mientras Esperanza Aguire le daba otra lección de liderazgo cortando las cabezas de los afectados en la rama madrileña; cuestión de carácter. Los lodos del dontancredismo de Rajoy salieron ayer por las rendijas del PP valenciano, con Ricardo Costa amotinado con razón: no fue él quien llevó a El Bigotes a Valencia, ni quien decidió darle negocio en el partido o en la Generalitat, ni quien le mostraba tiernamente su cariño por teléfono. Así es como ha terminado en bronca la calma chicha en el mar de Levante y los argumentos de que el respaldo electoral blanqueaba la situación jurídica de los dirigentes populares. La doctrina Berlusconi no funciona en este costado del Mediterráneo, por fortuna.

La intransigencia no es monopolio de nadie. El presidente del Barcelona, Joan Laporta, borracho con el triplete, sueña con unificar el nacionalismo catalán y ganar unas elecciones. Su soberbia le permite llamar “imbécil” al presidente de Extremadura, que es un apasionado barcelonista. Fernández Vara publicó un artículo en Marca en el que elogiaba la gestión de Laporta, pero le recordaba que no todos los barcelonistas son catalanes: “Visca el Barça y Visca Catalunya. Y viva España también, si me lo permites”. A lo que Laporta le contestó con una bronca telefónica que incluyó el grito de guerra independentista: “¡Visca Catalunya Terra Lliure!“. En el Barça han espiado a cuatro de los cinco vicepresidentes; a todos menos al candidato de Laporta para sustituirle. Cuando se le pregunta por ese turbio asunto, dice que se trata de una campaña de la prensa reaccionaria española. Es curioso, Berlusconi acusa a la prensa extranjera de dañar a Italia con las críticas a su persona. El maestro tiene otro alumno aventajado. Camps tiene competencia en Can Barça.

Las matriuskas de la crisis

Ignacio Martínez | 4 de febrero de 2009 a las 7:46

Hay una imagen plástica para definir la crisis que nos embarga: la matriuska rusa. Ya saben, esa muñeca de madera pintada, hueca en su interior, que alberga otra y otra, hasta cinco. Pues la crisis internacional alberga en su interior a la española, que a su vez comprende a la andaluza. Y así sucesivamente. Uno de los muñecos podría ser la crisis de los medios de comunicación. No la económica ni la tecnológica, sino la ética. Un diario nacional se ha superado a sí mismo participando, por activa o por pasiva, en el robo de un Goya; el que le dieron a la película Bucarest, de Albert Solé. En elmundo.es se mantuvo toda la tarde y la noche del lunes una noticia destacada: “Se busca este Goya”, cuando a esas horas ya lo tenía el periódico en su caja fuerte, porque se lo había entregado quien se lo llevó. Es una buena imitación del secuestro de un fugitivo de la policía en la película Primera plana.

Esta historia ha coincidido con otra similar: el falso vídeo que el Gran Wyoming y su equipo han fabricado en su programa de La Sexta, para mandárselo a su rival Intereconomía como un robado con teléfono móvil. El vídeo simulaba una bronca humillante del director del programa a una supuesta becaria. La idea era que los de Intereconomía se creyeran al denunciante anónimo, colgaran la grabación en YouTube y criticaran a Wyoming. Lo hicieron todo, de carril. Un perfecto despropósito que ha procurado al programa un récord de audiencia. El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, ha criticado con dureza la broma, por lo que supone de trampa y engaño, y la bronca entre los dos medios por el desprestigio que supone para la profesión periodística. Ahí tienen a la cuarta matriuska de la crisis, antes cuarto poder.

Hace 20 años en Moscú vendían unas matriuskas singulares: no eran campesinas sino los jefes del partido comunista. Gorbachov era el primer muñeco, que traía dentro a Breznev, Kruchev, Stalin y Lenin. Aquí en España podríamos hacer una con los cinco presidentes del Gobierno: ZP, Aznar, González, Calvo Sotelo y Suárez. Tendría un efecto terapéutico, para allanar duelos sectarios. Unos dentro de otros, todos con la misma responsabilidad, las mismas debilidades. Zapatero, a quien el semblante se le está oscureciendo, se desayunó ayer con 200.000 parados más que hace un mes. La crisis que nunca llegaría arroja ya 3.327.801 parados en España. De los que 744.956 son andaluces. O sea, que el 22,38% de los españoles sin empleo están aquí. El portavoz de la Junta tuvo que bailar ayer con semejante pareja y dijo que el dato positivo era que el paro crecía en Andalucía menos que en España. Elemental: donde hay más desempleo es más difícil que aumente. Groucho Marx diría que es la parte buena de la parte mala. O una matriuska buena dentro de la mala.

La muerte de un presidente

Ignacio Martínez | 5 de mayo de 2008 a las 0:41

La muerte del presidente Calvo Sotelo nos hace más viejos a algunos. También, en cierta manera, es como si este régimen constitucional, llegara a la mayoría de edad. Es el primer presidente de la democracia que muere y no había protocolos anteriores. El único entierro de Estado que recuerdo fue el del alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Tampoco hay costumbre en la democracia española de un trato oficial y deferente hacia los ex primeros ministros. En Estados Unidos se les llama presidentes durante toda su vida. Y se les tiene un respeto que aquí escasea. También es verdad que intervienen poco o nada en política interna. Al menos hasta que hemos visto a Clinton en ese tándem con su mujer que se ha dado en llamar Billary.

Cuando Calvo Sotelo fue elegido presidente por el Congreso tenía 54 años. Y nos parecía muy mayor. En este capítulo hay una cierta costumbre: los españoles hemos elegido siempre a cuarentones para primeros ministros. Suárez, Aznar y Zapateto llegaron al poder con los mismos años, 43. Y Felipe González no había cumplido aún los 40. En Andalucía la tendencia ha sido similar: Chaves fue presidente a los 45, Borbolla a los 37 y Escuredo, con 38. Así que Calvo Sotelo fue, con diferencia, el más mayor. Aunque cuando uno ve a Hillary con 60 y McCain con 71 presentándose a la presidencia de los Estados Unidos resulta que don Leopoldo era un chiquillo a sus 54. Recuerdo que era un joven periodista cuando cubrí la información para ABC de la visita del presidente Calvo Sotelo a Sevilla en una Semana Santa. Y era ya un veterano cuando un jurado presidido por él me otorgó el Premio Madariaga en 1997. Era un señor tímido, educado y atento. Ha sido definido con acierto como un burgués ilustrado.

Estuvo menos de dos años en el puesto, pero su gestión fue decisiva para abrir la puerta de España hacia Europa. Era ministro para las Relaciones con la Comunidad Económica Europea de Adolfo Suárez, cuando España solicitó oficialmente iniciar las negociaciones para su adhesión a la CEE, en 1979. Y era presidente del Gobierno cuando el 29 de octubre de 1981 España se integró en la OTAN. Calvo Sotelo pertenece a un grupo de personas imprescindible para el tránsito de la dictadura a la democracia. Tuvo distintos cargos en los últimos años del Régimen, pero creyó vivamente en la Monarquía constitucional. Es famosa una frase de Franco, que calificaba a la España forjada por los liberales como “bastarda, afrancesada y europeizante”. Pues bien, un hijo de la burguesía liberal española fue uno de los líderes de la integración de la España moderna en Europa, su territorio natural. Descanse en paz.