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Félix Bayón vuelve a Teherán

Ignacio Martínez | 28 de junio de 2009 a las 10:05

El 24 de marzo de 2004, Félix Bayón escribía en el Diario de Cádiz un artículo sobre los muertos en el atentado del 11-M, ocurrido dos semanas antes. Está en esta selección, pero copio un trozo:

 

Me dice un amigo que llora cuando lee cada mañana las biografías de los muertos del 11-M que publican los periódicos. “Pero, aun así”, me confiesa, “no puedo evitar hacerlo”. A mí, le digo, me pasa igual, pero sé que seguiré leyéndolas, como si fuera una obligación, un rezo laico en memoria de las víctimas. En casi todas las culturas se aviva el recuerdo de los muertos. Pensamos que nadie muere mientras hay una sola persona que mantiene la memoria del fallecido…

 

Pues bien, José Antonio Montano colgó en su blog las crónicas de Bayón, como enviado especial en Irán durante la revolución islámica de 1979 y el viernes leí en La Vanguardia el testimonio de uno de los colegas de Félix en aquella aventura: Tomás Alcoverro. No se la pierda. La tiene en su blog, pero no me resisto a pegarla aquí también:

 

Es un descollante edificio alto y solitario en forma de “I” mayúscula que señorea sobre un paraje despejado del centro de Teherán. Cunado fue construido en 1968 era el hotel Intercontinental, pero después de la república islámica de 1979 se convirtió en el Hotel Laleh , el del tulipán, símbolo floral de la revolución . Como desde hace tres décadas lo frecuento, cada vez que visito la ciudad , soy – como lo reconocen algunos de sus viejos empleados- el cliente más antiguo. Cyrus Mozafarian, con su rotundo nombre persa, es mi amigo. Conversando, degustando con él los terroncitos de azúcar empapados del te , en su tienda de joyas, de samovares de plata, de antigua artesanía , he ido contemplando, a través de los cristales de su escaparate, el fluir del tiempo.

En el otro extremo hay la librería Evin con sus obras reeditadas de antiguos autores persas, con sus guías de Irán en varias lenguas, con algunas traducciones en español. Durante la Revolución , el hotel fue un nido de agitadores subversivos, de propagandistas de hojas impresas de los Mojaedin del pueblo, o de los nacionalistas kurdos, que cada mañana las introducían por debajo de las puertas de las habitaciones, de prestigiosos corresponsales como Enric Rouleau de ‘Le Monde’, que habían llegado para escribir, día a día, su historia. En su kiosko aún se vendía el dario francófono ‘Le journal de Theran’. Era impecable el servicio telefónico.

En aquellos últimos días del gobierno de Capur Baktiar, con el Sha ya exilado , se entraba en Irán sin visado porque después de Israel, era el estado del Oriente Medio con mejores relaciones con los países europeos y occidentales. Con Leguineche, el ‘jefe de la tribu’ , con Bayon, ya fallecido , nos acercábamos a la vecina universidad de Teherán donde proseguían los enfrentamientos sangrientos de universitarios con los brutales policías del Sha , y de sus agentes secretos de la SAVAK. Presenciábamos las inmensas manifestaciones en sus largas avenidas, y salíamos cada mañana hacia el aeropuerto , en espera del triunfal regreso del imán Jomeini de su exilio de Paris.

En medio de aquella excitación revolucionaria, con penurias de alimentos y gasolina, el hotel era un privilegiado refugio donde incluso podíamos saborear cócteles exóticos, después de haber dictado por teléfono nuestras crónicas. Un valenciano ,encargado de la intendencia del hotel, nos explico que la cadena Intercontinental tenia una autonomía alimenticia de varias semanas. Nunca nadie penetró en el hotel, repleto de extranjeros. Una sola pedrada fue lanzada contra los ventanales de su resplandeciente vestíbulo.

Después de la Revolución , el hotel fue nacionalizado y sigue siendo gestionado por la Fundación de Los Mostazafan. En la década de los 80 , bajo el poder radical del imán Jomeini, habían colgado en su vestíbulo una pancarta con grandes letras “Muera América”. Era laborioso obtener un visado. En uno de sus pisos altos, el ‘Ershad’, o Ministerio de Cultura e Información, había instalado en un par de habitaciones , su oficina provisional para dirigir y encauzar a los corresponsales extranjeros de visita, donde ahora hace su agosto una agencia privada de prensa. Era una tortura enviar las crónicas por teléfono, y la sala del telex al fondo del vestíbulo, era sórdida. Las moquetas sucias y desgastadas. El Laleh padecía , como en todos los países y tiempos, los males de la nacionalización . Pero desde hace diez años , ha sido renovado una parte de su personal, se ha esmerado la decoración de los salones con sus grandes arañas de cristal. La novedad son unas gráciles muchachas que sirven en la cafetería, vestidas con gorritos y uniformes granates , como de azafatas de avión.

La decadencia del hotel ha sido frenada. Sus clásicos restaurantes, la ‘ rotisserie’ francesa y el restaurante de especialidades del lejano Oriente , siguen abiertos en el último piso con sus esplendida vista sobre la inmensa capital. Las noches del jueves y del viernes, como en todos los países musulmanes, son alegres con las bodas y banquetes que se celebran en sus locales. He visto alí como bailan las mujeres en una parte de la sala ,separadas con un biombo del lugar ocupado por los hombres. Con Robert Fisk, Georges Malbrunot, Joan Roura, Kim Amor, Eulalia Ferrer hemos vivido en el hotel las peripecias de las últimas elecciones, y pese a todas las restricciones impuestas de transmisióon, la flamante sala de internet para los ordenadores, ha funcionado mejor de lo esperado.

Como el Laleh , cabe al bello y plácido parque de su propio nombre – no hay ciudad en Oriente Medio con tantos parques y jardines municipales como Teherán – está cerca de la universidad, del ministerio del interior, incluso de una oficina del candidato Musaui, pudimos describir desde nuestras propias ventanas, el ambiente de una de sus espectaculares manifestaciones con la carga de la escuadra motorizada de los agentes de oscuros uniformes con cascos y porras de la fuerza antidisturbios, apaleando a los jóvenes en desbandada. El Hotel Laleh, mi casa de tantos años, sigue siendo por antonomasia el hotel de los corresponsales extranjeros de prensa en Teherán.

Irán: revuelta contra el fundamentalismo de los ayatolás

Ignacio Martínez | 17 de junio de 2009 a las 8:13

Una riada humana ha tomado las calles de Teherán y exige que se le devuelvan los votos robados en las elecciones. Piden la victoria del candidato menos conservador a la Presidencia, Hosein Musavi, que podríamos considerar reformista con benevolencia. Lo sería sobre todo en materia de costumbres y en política interior. Es, por ejemplo, partidario como su oponente político de que Irán tenga la bomba atómica. Pero enfrente ha tenido al presidente de la República Islámica desde 2005, Mahmud Ahmadineyad. Un integrista peligroso, que provocó la carcajada general de la prensa neoyorquina cuando dijo muy serio en una conferencia que en Irán no hay homosexuales. No explicó por qué, entonces, castigan la homosexualidad con la pena de muerte. También ha negado el holocausto judío y es partidario de borrar del mapa el Estado de Israel. Ahora ha soltado otra perla: la multitud que protesta en la calle por el posible fraude electoral se comporta como aficionados al fútbol.

Se diría que es un hombre peculiar enfrentado a un problema que le desborda. No hay que olvidar hace treinta años el pueblo de Teherán acabó con medio siglo de dinastía Pahlevi con manifestaciones masivas en la calle. Tiene una cierta experiencia de revueltas populares que acaban con dictaduras. Dictadura era la del sha, aliada de los Estados Unidos, y lo es también esta teocracia dirigida con mano de hierro por unos clérigos iluminados. El problema de los ayatolás es que se han creído que el país es suyo. No saben negociar. De hecho, el presidente de la República no es la primera autoridad del país. Está por debajo del líder supremo, que es un clérigo que ejerce de jefe del Estado y controla el ejército, la diplomacia, la justicia y los medios de comunicación. Jamenei es menos conservador que su antecesor Jomeini, su pelo blanco le da un aspecto bondadoso, y su afición a escribir poesía, tocar el tar (instrumento de cuerda tradicional) e incluso a cantar le ha dado un cierto halo romántico. Falsa impresión.

Si hay trampa, ¿quién la ha hecho, Ahmadineyad? De momento el consejo de la Revolución va a recontar los votos de las urnas que han sido impugnadas por la oposición. Pero los partidarios de Musavi quieren que se repita la votación. Entretanto, la revuelta ha provocado ya varios muertos a manos de los Basiji, una organización armada formada por voluntarios islamistas, fundada por Jomeini tras el triunfo de la revolución islámica en 1979. Durante la guerra contra Iraq, en los años 80, Ahmadineyad fue instructor de los basiji. Reclutaron niños de hasta 12 años que eran utilizados para limpiar los campos minados. Se había intentado con burros, ovejas y perros, pero con las explosiones se asustaban y huían. En cambio los niños llenos de fervor religioso se ofrecían jubilosamente. En la actualidad, en Tehéran hay más de un millón de basiji en una población de unos siete millones de habitantes. Esta revuelta puede terminar bañada de sangre, con estos fundamentalistas hasta el tuétano sueltos por las calles.