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Pacto por Andalucía: los mismos de siempre

Ignacio Martínez | 9 de diciembre de 2012 a las 11:14

Con la vista puesta en el 28 de febrero, el presidente de la Junta ha lanzado la idea de un gran pacto por Andalucía, en el que participen todas las fuerzas políticas, empresariales y sindicales. Esta semana se han puesto en marcha los motores de agitación de la opinión pública por parte de los personajes habituales de este tipo de convenios. Gobierno, patronal y sindicatos han aireado sus ventajas, con conocimiento de causa interesado.

En mayo se cumple el 20 aniversario de la firma del primer acuerdo de concertación social entre la Junta y los agentes sociales. Como desde entonces hasta la llegada de la crisis la economía regional no paró de crecer y crecer, se atribuía por las partes contratantes una virtud taumatúrgica a esos pactos. La debacle financiera y la depresión mundial desvelaron la escasa consistencia de una economía andaluza fraguada con ese sistema y esos protagonistas.

El último acuerdo de concertación, que hacía el número siete, lo firmó Griñán al poco de llegar a la Presidencia, en noviembre de 2009. Un paquete de casi 20.000 millones, tres centenares y medio de medidas para reactivar el empleo, que se ha demostrado bien inútil. Así que, ojo, este pacto por Andalucía no puede limitarse a la puesta en escena de lo bien que se lleva el Ejecutivo con unos representantes de empresarios y trabajadores demasiado asimilados por el poder regional. También debería ser, por una vez, transparente sobre las transferencias que CEA, UGT y CCOO consiguen con su firma. Un acuerdo como sus siete precedentes, tendría la misma escasa eficacia.

El bombardeo político a la opinión pública ha empezado. Zoido no quiere ser un convidado de piedra y pretende sumar a ayuntamientos y diputaciones, Griñán habla de movilización social, Valderas de sacar a la gente a la calle y convocar un referéndum, Susana Díaz de conseguir el mayor apoyo posible. Faltan catálogo de temas, procedimiento y calendario. Y faltan actores nuevos en la escena; otros representantes de la sociedad. Este pacto no lo deberían protagonizar los mismos de siempre.

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Mal de muchos

Ignacio Martínez | 23 de septiembre de 2012 a las 13:10

Resulta que el candidato norteamericano a la Presidencia por el Partido Republicano se resiste a publicar sus declaraciones de la renta de los últimos diez años, como es costumbre en su país. Y ha entregado el buen hombre unas cartas certificadas por su asesor fiscal y un notario con algunos datos del último año y otros de ejercicios anteriores espulgados cuidadosamente. En Andalucía tuvimos un precedente no hace mucho. Estamos en la onda.
El popular refrán “dime de qué presumes y te diré de que careces”, habría que hacerle un anexo destinado a los políticos: “dime que quieres que te certifique un notario y te diré en qué tienes poca credibilidad”. En la última campaña andaluza los notarios, profesión cuyos ingresos se han hundido con el sector inmobiliario, tuvieron actividad extra. Diego Valderas, por ejemplo, firmó en Jaén un contrato de IU con el pueblo andaluz. Y desafió al PSOE y al PP a hacer lo mismo. Como si el permanente incumplimiento de las promesas de los dirigentes políticos y la falta de confianza que genera en los ciudadanos lo fuese a remediar un fedatario público. Pilar González no le fue a la zaga y firmó ante notario los compromisos que tendría que asumir quien requiriese la colaboración del PA para gobernar. No hubo caso, como saben, pero el vicio es el mismo. Es un mal de muchos.
Más refinado, Javier Arenas estuvo durante semanas intentando evitar que se hiciera pública su declaración de la renta, como ahora Mitt Romney. Y en julio de 2011 entregó unas actas notariales que daban fe de sus complementos en el Senado y en el partido. Y tardó unas semanas en darse cuenta que más le valía no esconderse detrás de un notario, para ocultar que ganaba mal contados unos 150.000 euros al año.
El caso de Romney tiene agravante. Y no porque gane al año entre 70 y 100 veces más que Arenas. El asunto es que un multimillonario como él paga un 14% de impuestos en un país en donde el tipo máximo es el 35% y el ciudadano medio paga un 25%. El millonario Warren Buffett ya pidió el año pasado más impuestos para los megarricos. Descubrió que liquidaba su contribución a un tipo menor que el de su secretaria. Como ven, es un mal de muchos.

Será verdad que los ricos también lloran. Pero a este dicho popular no le podemos poner el anexo de “también pagan”. Al menos no en todos los casos.

Un árbitro y dos falsos humildes

Ignacio Martínez | 28 de marzo de 2012 a las 12:28

Si las próximas elecciones andaluzas no se adelantan, es posible que dentro de cuatro años no se presente ninguno de los tres actores principales del 25 de marzo. Ni Arenas, si decide no intentar una quinta carrera a la Presidencia de la Junta; ni Griñán, que en 2016 cumplirá 70 años; ni Valderas, que en 2012 termina su mandato como coordinador regional de Izquierda Unida, cargo que no puede renovar según sus estatutos. Y el hecho singular que esta fuese la última legislatura de los tres, añade más incertidumbre a un escenario ya de por sí inestable.

Para entrar en situación, los protagonistas invocan como un mantra la palabra humildad. Lo hace el presidente en ejercicio, a quien le va a hacer más falta que a ningún otro: tiene la difícil papeleta de arreglarse con IU para poder formar gobierno. La distancia entre los planteamientos de Griñán y los de Valderas es enorme, como ha venido repitiendo en los últimos tres años el jefe de los izquierdistas en los debates quincenales de control al Gobierno en el Parlamento andaluz.

También le hará falta humildad a Griñán para que no se le suba a la cabeza el resultado del domingo y la colección de amigos, nuevos y recuperados, que le llueven. Hay overbooking en el coro de aduladores. Total, ha salvado el cuello, pero hay quien le quiere convertir en el preclaro líder de la socialdemocracia europea. El karma de este hombre no tiene límite: pierde el congreso del PSOE y sale presidente, pierde las elecciones autonómicas y sigue de presidente de la Junta. Algunos de sus hombres de confianza ya están sacando pecho, como el secretario provincial de Málaga Miguel Ángel Heredia. El resultado del domingo tiene daños colaterales en el interior de la organización socialista, consolidando débiles liderazgos sociales.

Arenas, el ganador de las elecciones, que no podrá reinar según todos los indicios, también habla de humildad. Una virtud que él no ha practicado durante la campaña. Hace una semana escribía aquí que han faltado debates en esta campaña. Por ejemplo un cara a cara Arenas-Griñán. Otro a tres con Valderas; el de Canal Sur al que se negó a ir el franciscano candidato del PP. Y, por qué no, uno a cinco con UPyD y PA, los dos outsiders. Un líder en condiciones habría planteado, exigido, todos esos encuentros, en vez de huir del único organizado.

Y el tercer protagonista, Diego Valderas, anda tan eufórico que reclama humildad ¡a los dos perdedores!, que han sacado muchos más votos que él. Poco humilde parece su actitud. Será el árbitro de la situación y se dispone a marcarle el paso al PSOE. Tiene una receta que incluye aceite, uno de sus recursos dialécticos estos días. Aceite de ricino, purgante, para la soberbia socialista. Empezando por una comisión de investigación parlamentaria sobre los eres. Pasada la espuma de la euforia del primer momento, la vida institucional del partido gobernante no volverá a la tranquilidad y altivez de los tiempos gloriosos. Seguirá mandando en la Junta tutelado por IU. Veremos si el susanismo compensa esa pérdida efectiva de poder con cuchillos largos en la vida orgánica.

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El miedo y el cuerpo

Ignacio Martínez | 25 de marzo de 2012 a las 10:43

Hoy habla el cuerpo electoral. En campaña hablaron los políticos; los últimos días alentando el voto del miedo. La última bala de todos los partidos, que disparan contra el adversario. En este campeonato de tiro al blanco ha destacado el ex presidente Chaves. Si gana el PP peligra la democracia. Titular casi insuperable. En extenso, ha dicho que la salud, calidad e intensidad de la vida democrática española están en peligro si gana el PP, porque la derecha pretende desmantelar el Estado de bienestar y privatizar educación, sanidad y servicios sociales. Miedo en el cuerpo. Chaves ha estado muy acompañado en el deporte de asustar a la parroquia. De hecho, Griñán ha subrayado hasta la extenuación el afán privatizador del PP.
En la acera de enfrente, Arenas ha convertido la corrupción, los eres y el despilfarro como el principal leitmotiv. Y ha aventado el miedo a un posible pacto de izquierdas por el riesgo de radicalización. El propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se acogió a esta invocación para señalar lo dañino que sería ese frente de PSOE e IU, que hiciera pinza a la lista más votada. Sostuvo que eso traería inmovilismo y resignación.
También traería lío, añado de mi cosecha. Griñán ha acabado la campaña poniendo condiciones a ese eventual pacto, que es su única posibilidad de conservar el poder. En el Foro Joly aseguró que no se imaginaba a Sánchez Gordillo de consejero. Como respuesta, Valderas ha dicho que el alcalde de Marinaleda sería un buen consejero de Agricultura. Y el propio Gordillo ha tirado por la calle de en medio: ha advertido que quien pacta con el diablo [y mete en ese perfil a PP y a PSOE] acaba en el infierno. Lío.
Valderas también ha metido miedo con el copago sanitario, que sostiene que trae la derecha debajo del brazo. Pilar González, del PA, ha criticado que Rajoy haya venido a Andalucía a meter miedo con los recortes. Y Martín de la Herrán de UPyD tiene miedo de que el PP se olvide de la cruzada contra la corrupción y tiene amilanados a los funcionarios de diputaciones y pueblos pequeños, instituciones que plantea suprimir.

El miedo es el mensaje. Pero usted, querido lector, vote lo que le pida el cuerpo. Se lo agradecerá.

¡Menos notario y más debate!

Ignacio Martínez | 20 de marzo de 2012 a las 12:13

La campaña electoral andaluza es decepcionante por muchos motivos. El primero es la ausencia de debate. No sólo del debate andaluz que algunos ilusos veníamos reclamando desde hace muchos años. No. Faltan debates a secas. Aquí han dialogado en Canal Sur los presuntos socios del Frente Popular, PSOE e IU, Griñán y Valderas, Ávila y García, con la ausencia del partido que se ve ganador. Pero debates en condiciones no ha habido. Y podían organizarse muchos. Por ejemplo un cara a cara de Arenas con Griñán. Otro a tres con Valderas. Y, por qué no, uno a cinco con UPyD y PA, los dos outsiders que de entrar en el Parlamento podrían romper muchos equilibrios. Nada de debates. Pero por el contrario mucho notario. Una prueba palmaria de cómo los políticos son conscientes de su falta de credibilidad. Ya estrenó esta moda Artur Mas en 2006, comprometiéndose a no pactar con el PP para llegar a la Presidencia de la Generalitat. Lo han hecho en esta campaña Diego Valderas y Pilar González: han firmado su determinación a cumplir y hacer cumplir su programa. ¿? Valderas ha pedido además a PSOE y PP que prometieran ante notario que no aplicarán el copago. Arenas mandó a Canal Sur un requerimiento notarial para que se leyese la razón de su ausencia del debate televisivo. También utilizó el mismo método en julio pasado para eludir enseñar su declaración de la renta. Y uno de los principales lugartenientes de Griñán, el onubense Mario Jiménez, registró ante notario el estado de las infraestructuras de su provincia en diciembre, para obligar al Gobierno. La credibilidad es escasa, pero la osadía máxima. Van al notario a comprometerse, con la esperanza de que la gente crea que pueden mentir al común de los mortales pero no al fedatario público. Ridículo. Cambian el método de la promesa, cuando lo que tendrían que modificar es su comportamiento. Su seriedad. ¡Menos notario y más debate!

Yo copago, tú copagas, él copaga

Ignacio Martínez | 16 de marzo de 2012 a las 21:02

Es lamentable, pero a los candidatos se les ha olvidado que estamos a nueve días de unas elecciones andaluzas. Si se escucha a los líderes de los tres partidos del Parlamento saliente, sus discursos valen para Andalucía, Asturias, Aragón o cualquiera de las otras 14 autonomías. En el capítulo de ayer tocó el verbo copagar, que conjugaron Griñán y Valderas al ataque y Arenas a la defensiva. El euro farmacéutico establecido en Cataluña para cada receta le parece a los dos socios de una posible coalición de izquierdas un anticipo de lo que hará el PP en los presupuestos de este año. Valderas lo ha calificado de insulto, robo, estafa. Griñán no ha estado tan subido de tono en las descalificaciones. Él lo que sube es el volumen de sus discursos. Lo habitual es que se desgañite en los mítines, aunque ayer en Granada estuvo discreto. Arenas, más reposado, ha declarado que en principio no está de acuerdo con este copago sanitario. El presumible ganador sigue sin bajarse de las declaraciones genéricas. Ni una sola promesa precisa, ni una sola pista de dónde recortaría los mil millones de euros que él dijo en el Foro Joly que hay que eliminar del presupuesto andaluz. Tampoco Griñán o Valderas se mojan en este asunto. Nadie nos dice qué presupuesto haría y de dónde recortaría. Simple y llanamente, estamos en la fase de la pedrada al contrario. Todas las piedras, por cierto, de materia prima nacional. Los andaluces ponemos el territorio, pero esta no es nuestra guerra. Nunca en nueve campañas se habló menos de Andalucía. Una pena.

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Debates electorales en la televisión

Ignacio Martínez | 16 de marzo de 2012 a las 20:40

El debate del lunes en Canal Sur fue aburrido. El candidato que va a ganar las elecciones no acudió. Se equivocó y encima se cargó el espectáculo. Arenas no ha quedado bien. Sugiere con la boca pequeña un debate en Televisión Española, a la que Rajoy no quiso ir en la campaña de las generales por no considerarla imparcial. Sobre la neutralidad de las televisiones públicas en España se podrían escribir tesis doctorales en Derecho, Sociología, Políticas y Periodismo. También en Psicología. Las teles públicas, locales, regionales y nacional, han sido tradicionalmente órganos de propaganda de sus gobiernos respectivos. Todavía hoy lo son en muchos casos. Todos los partidos practican o han practicado este deporte: PP, PSOE, PNV o CiU. Nadie puede tirar la primera piedra. Una de las más valiosas herencias de Zapatero es la mayoría de edad a la televisión nacional. Durante su mandato RTVE ha sido más plural que nunca, aunque el PP no lo reconociera en la campaña del 20-N y Arenas se haya negado a participar en 59 segundos y en Los Desayunos. Aquí se hace necesario el doctorado en Psicología: cuando Arenas aduce la falta neutralidad de Canal Sur y propone TVE a cambio, ya se ha quedado sin red. La RTVA es una plaza donde ha toreado en tiempos peores y él es un avezado dialéctico, con más punch en ese terreno que Griñán. La propuesta de hacer el debate en el Parlamento era contradictoria con su discurso: es más caro y él se dice campeón de la austeridad. Por lo demás, Valderas no hizo sangre y Griñán se despidió deseándole suerte. Quedaron tan amigos. Es poco probable, pero no está descartado que el día 26 se llamen para acordar un Gobierno. Quién sabe, si Arenas comete errores… pero su ventaja es muy notable. Y, dicho sea de paso, cualquier día los partidos españoles se deciden a hacer debates con preguntas de periodistas. Y así, dejamos de aburrirnos.

El debate de los jefes: el paro, en el epicentro

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:52

Unanimidad para reclamar unidad política ante el fin de ETA y honrar a las víctimas. Acuerdo en que el paro es el problema número uno de Andalucía. Y una coincidencia; las decisiones de la última cumbre Unión Europea causaron desazón por igual a izquierda y derecha. Los tres grupos de la Cámara mostraron los mismos puntos de vista sobre esos tres asuntos en la sesión de control al Gobierno andaluz, el jueves en el Parlamento.

Por lo demás, los discursos fueron los habituales. Y en la rutina ganó Griñán, más brillante. Hay mucha fidelidad en estos debates. Arenas, por ejemplo, es un jefe fiel con sus colaboradores más próximos. No está dispuesto a despedir al autor o autora de sus discursos quincenales. Aunque la persona en cuestión hace tiempo que no escribe un texto original. Se limita a copiarse. Hay mucho paro y quizá el jefe de los populares no quiere incrementar la cifra.

Precisamente sobre el paro versa el discurso único del presidente del PP andaluz. Sobre el paro y los cinco millones de desempleados, que salen en sus intervenciones cada quince días, sin faltar uno. Eso sí, el enorme oficio de Arenas consigue adornar su texto de tal manera que pueda parecer distinto. En el capítulo de esta semana, estuvo de invitado especial el dóberman que el PSOE saca a pasear en sus vídeos electorales, para meter miedo al electorado indeciso. Este año el tema es la educación y un alumno muy repeinado al que una criada de uniforme lleva al colegio privado.

Arenas, molesto, espetó a los socialistas que dejen de inventarse dóberman, que lo tenían en casa. Que el único dóberman son el millón doscientos mil parados andaluces y los cinco millones en España -no podían faltar- de los que responsabilizó a Zapatero, Chaves y Griñán, por orden de aparición.

Previamente, había reconocido implícitamente que una parte de este desempleo cabría imputarlo a la crisis, para tirar a continuación una pedrada contra la Junta. Arenas sostuvo que las políticas de empleo del Gobierno andaluz rozan la malversación y la prevaricación. Que el paro es el epicentro de nuestros problemas y la Consejería de Empleo el epicentro de los escándalos. Que la Junta ha dilapidado los fondos para los parados y que de las irregularidades de los eres no tienen la culpa ni el Consejo Europeo, ni los Estados Unidos, ni Lehman Brothers, ni los mercados financieros.

Los discursos previsibles tienen muchos inconvenientes. Entre otros, que el adversario se traiga de casa escrita, una quincena tras otra, respuestas documentadas y oportunas. Ayer volvió Griñán a ser más convincente que su rival en esta materia. Explicó que no hay varitas mágicas para salir de la crisis, que en las épocas de bonanza económica se creó empleo con el PP y más con el PSOE, y que en la época de crisis que atravesamos el paro se ha disparado en todas las comunidades autónomas, aunque puso el ejemplo de tres regiones gestionadas por el PP: el paro ha crecido en Valencia 22 puntos más que en Andalucía, en Galicia, un 18% y en Madrid, un 15.

Griñán se pegó todo un baile con las muletillas de Arenas. Por ejemplo, con el presupuesto, que defendió como un ejercicio para dar seguridad a los ciudadanos por el mantenimiento de las políticas sociales. Y contrapuso el concepto de seguridad al de confianza que está repitiendo tanto el PP en la precampaña electoral. Hablan -dijo- de pedir la confianza a los votantes para regalársela a los mercados, con privatizaciones en educación y sanidad en las comunidades donde gobiernan. Lo que tuvo una continuación muy bien construida, de laboratorio: según él, lo que plantea el PP debilita a la sociedad, empobrece a las clases medias trabajadoras, agranda las desigualdades. “Todo eso haría una Andalucía peor y más pobre”.

El paro juvenil fue el tema que planteó Diego Valderas. El jefe de IU no olvidó su guiño quincenal a los socialistas sobre un posible gobierno de coalición en los próximos cuatro años. Un escenario que se daría si el PP no saca mayoría absoluta, y no hay ninguna otra fuerza política en el Parlamento regional. Le lanzó a Griñán el desafío de una política que reduzca a la mitad el desempleo juvenil en la próxima legislatura. Pero el presidente no compró la oferta. Compartimos el diagnóstico, pero no las soluciones, le contestó. La solución izquierdista le sonó a más empleo público para colocar a los jóvenes en paro, que ya son más del 40% de las personas sin trabajo en la región. Son las empresas privadas las que crean empleo, defendió un Griñán bastante liberal en esta materia.

Valderas aportó un nuevo concepto en el debate. Hay cientos de miles de jóvenes andaluces que son ceroeuristas; que no tienen ingreso alguno. Y, como Arenas, echó una buena parte de la culpa a “la incapacidad y estrepitoso fracaso” de las políticas económica y estatutaria de la Junta. Griñán sacó en esta fase del debate su traza de profesor y volvió a explicar que estamos ante una crisis financiera. Y que por primera vez el Consejo Europeo había tomado medidas al respecto, aunque no todas de su agrado. En particular, porque la recapitalización de la banca y las exigencias de más capital principal van a volver a reducir la liquidez de las entidades.

En este punto, por cierto, fue secundado por Valderas, que aprovechó para sacudir a su posible futuro socio, con un buen argumento. Esto de ayudar a la banca y no a los parados no es de ayer, precisamente. Arenas, cuando le llegó su turno, también se sumó a la preocupación por la falta de liquidez de las entidades financieras. Pero ninguno de los tres dijo cómo resolverlo.

El portavoz del PSOE volvió a intervenir, para invitar al presidente a lucirse, explicando el presupuesto. Jiménez estuvo más comedido que en otras ocasiones, aunque no pudo evitar decirle a su jefe la fidelidad que le tiene: lo ve honesto, claro, transparente, responsable, realista, que dice la verdad, da la cara y cumple con su obligación. Nada más y nada menos. Griñán arrancó su respuesta con un lapsus. Dijo “me alegro que me haga esa pregunta”. No explicó si se refería al presupuesto o al panegírico.

El debate de los jefes: Faroles, faroles, faroles…

Ignacio Martínez | 30 de septiembre de 2011 a las 10:17

Si el debate de ayer fuese una canción, tendría que cantarlo Mina, con la música de Parole, parole, parole, pero con la letra de faroles, faroles, faroles. Los políticos no pueden evitarlo: el envite falso para embaucar, desorientar o atemorizar al ciudadano y al adversario es tarea de todos los días, pero en campaña sus señorías se esmeran. Así llegaron ayer a la sesión de control al Gobierno. Ya se vio en las belicosas interpelaciones a los consejeros. Los alcaldes del PP no estarán la próxima legislatura, así que Arenas no hace rotaciones.

La alcaldesa de Valverde, Dolores López, es todo un descubrimiento parlamentario. Estuvo tremenda. Se comió cruda a la consejera Aguayo a propósito de unos anticipos que López sostuvo que prometió Griñán, asunto que la consejera no fue capaz de desmentir. Empatan. Hace dos semanas Aguayo estuvo mejor. Juan Ignacio Zoido tuvo un encontronazo con Micaela Navarro. Y el alcalde de Córdoba hizo lo mismo con Luciano Alonso.

La Junta no puso dinero para la Copa Davis y Nieto lo considera un agravio a su ciudad. Alonso le buscó las cosquillas y le reprochó su viaje a Nueva York. El alcalde había escrito en su Twitter poco menos que si no va a traerse a Nadal, el campeón español no habría venido. Un farol que le hizo pagar caro el propio tenista en Córdoba, cuando dijo que no necesita que nadie le convenza para defender a su país.

En este ambiente caldeado se produjo un debate cansino entre los jefes. Cansino mayormente por lo repetido de los argumentos. Si el debate fuese la canción de Mina, en este punto no tendría ni que modificar la letra: tú siempre igual, tú siempre igual, tú siempre igual. Tres veces, una para Valderas, otra para Arenas y la última para Griñán. El jefe izquierdista volvió a repetir por enésima vez que el presidente lleva una política equivocada, errática, que anda por ahí dando palos de ciego, que no debería estar orgulloso del millón doscientos mil parados.

Estas admoniciones no son nuevas, pero llevaban adosada una innovación. El farol del día de Valderas: resulta que Izquierda Unida ha hecho un diagnóstico perfecto desde que empezó la crisis, que siempre ha tenido la razón y que no se ha equivocado en ninguno de sus planteamientos. Literal. Otras veces Griñán le explicaba a su posible socio de gobierno dentro de unos meses que con sus propuestas estaríamos como en Grecia, en bancarrota. Pero ayer el presidente estaba por la labor de no incomodarse con su flanco izquierdo.

Eso sí, no pudo evitar un par de puntualizaciones: que en el primer año de la crisis (con Chaves de presidente, sin ánimo de señalar) aumentó el desempleo más del doble de lo que lo ha hecho en los dos años siguientes. Y que cuando en febrero de 2008 la Junta sacó el primer paquete extraordinario de licitación de obra pública, por 1.400 millones, porque se había comprobado la caída de la construcción, todavía Izquierda Unida no había dicho esta boca es mía sobre la crisis. Griñán reconoció que desde una comunidad autónoma poco se puede hacer en una crisis financiera. Y Valderas hizo una clara alusión a hacer una coalición desde 2012: le propuso pactar unas políticas concretas, capaces de crear medio millón de empleos en la próxima legislatura.

Arenas estableció un listón de salida bien alto: Griñán ha incumplido todas y cada una de las promesas de su discurso de investidura. Estamos en campaña y no hay que quedarse cortos. Acusó al Gobierno andaluz de incumplimientos por doquier, en reforma de la Administración, transparencia, empleo… Y se cobró una factura que le dejó Griñán, de manera ventajista, en el anterior debate: cuando el jefe popular ya no podía contestarle le reprochó el magnífico concepto que tiene de sí mismo. (Terreno en el que quien lanzaba el dardo no es precisamente un alevín, dicho sea de paso). Como en un serial de televisión, ayer tuvimos el segundo capítulo de este episodio de confrontación egos subidos: “El último día me pidió en su intervención que defendiera con arrogancia mis ideas. No lo voy a hacer porque con la suya, digo la arrogancia, nos sobra”. Otro empate.

Arenas dijo algo muy sensato cuando recordó que el Estado del bienestar en Europa es fruto de un consenso histórico entre fuerzas políticas diversas y que nadie podía apropiárselo. Se le olvidó añadir que esas fuerzas eran principalmente los democristianos y los socialdemócratas, que están en franca retirada en casi todos los países ante el empuje de modernos partidos populistas, de los que Berlusconi sería el perfecto paradigma.

Griñán parecía ponerse modesto cuando respondió que no quería dar lecciones a nadie. Pero no. Volvió en sí, y soltó uno de sus faroles de la sesión: todas las políticas sociales, todas, que se han implantado en España en sanidad, educación, dependencia y servicios sociales llevaron la firma de un presidente socialista. Se alejó por un momento de la propaganda y el florete, para proponer un debate de balance de legislatura en enero, que Arenas compró con entusiasmo. Es más, prometió si llega a la Presidencia cambiar el discurso de Navidad de Canal Sur por un debate anual de balance del año.

El presidente se pegó dos faroles a los que no entró Arenas. Dijo que las explotaciones olivareras han recibido un apoyo importante para financiar su circulante. (Ese fondo reembolsable, de 40 millones de euros, está casi intacto después de varios meses, según la información de la que dispone este cronista). Y añadió que la sanidad andaluza es la mejor valorada por los ciudadanos en España. Pero según un estudio del Ministerio de Sanidad de 2008, en la pregunta precisa sobre el grado de satisfacción con el sistema público de salud, siete regiones españolas nos superan: por orden alfabético, Aragón, Asturias, Baleares, Castilla y León, La Rioja, Navarra y País Vasco.

Arenas, para no ser menos, después de afear al presidente que haya faltado a su palabra y haya roto las reglas de juego al modificar la ley electoral sin consenso, despidió su parlamento con otro farol: el PP en ocho años creó cinco millones de puestos de trabajo y el PSOE en ocho años ha destruido cinco millones de empleos. Así de simple.

Mina terminaría su canción sobre el debate con su propia letra: no cambiarán, no cambiarán, no cambiarán. Al menos, hasta después de las elecciones.

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Miedo escénico a la televisión

Ignacio Martínez | 16 de septiembre de 2011 a las 10:56

Valdano escribiría mejor que un servidor la crónica de la sesión de control al Gobierno de la Junta, ayer en el Parlamento andaluz: la retransmitía por primera vez Canal Sur y hubo nervios en todas las filas. Algunos brillaron especialmente, como la consejera Martínez Aguayo contestando a los alcaldes populares de Sevilla y Valverde del Camino. Por el contrario, Aguayo naufragó sepultada por un alud de algodón cuando tuvo que responder a las elogiosas y blandas preguntas de los miembros del grupo socialista. Algo que también le pasó a Antonio Ávila, calificado de honesto, realista e inteligente por un miembro de su grupo. A ver qué se dice después de eso. Todas las opciones son un atentado al pudor: tiene usted razón, me alegro que me haga esa pregunta, muy acertado su razonamiento…

No fueron éstas las únicas víctimas del debut televisivo en el que sus señorías quisieron lucirse, con desigual fortuna. Menacho estuvo mal, y hasta a un veterano actor político como el izquierdista Sánchez Gordillo la presencia de las cámaras le provocó inseguridad. Bueno, cámaras hubo las mismas de siempre, lo que hizo Canal Sur fue pinchar la señal institucional del Parlamento, con realización de José Domingo Romero, como hace la edición digital de este diario cada dos jueves desde hace casi dos años. El debut fue por partida doble. Se estrenó un nuevo equipo técnico en alta definición.

Valdano acuñó el principio según el cual el Madrid tenía una ventaja inmaterial por el miedo escénico que provocaba el Bernabéu sobre los adversarios visitantes. El impacto de la televisión provocó sobre la sesión de ayer un efecto parecido. Y tuvo otras consecuencias, además de los nervios. Víctimas de su furor por el lucimiento televisivo, tanto Arenas como Valderas consumieron en sus primeras intervenciones más tiempo del que disponían para sus dos turnos. Eso les dijo con cierta severidad la presidenta del Parlamento, Fuensanta Coves, preocupada quizá por el minutado de la retransmisión.

Cabe pensar que los dos dirigentes de la oposición han perdido práctica durante las vacaciones. O les ha traicionado llevar tantas semanas en el dique seco y han intentado tocar demasiados temas en su primera intervención. Pero también ocurre que la presidenta ha aplicado el reglamento de manera más estricta que otras veces.

La televisión es un magnífico invento y nos facilita la tarea. En la videoteca de la Cámara se puede repasar el tiempo consumido por los oradores en los últimos debates de los jefes. Sumadas sus dos intervenciones, Arenas habló el 9 de junio trece minutos y el 26 de mayo 11′ 36″. Y ayer consumió en total 9′ 50″. Lo que significa que el 9 de junio habló tres minutos nueve segundos más que ayer, sin que entonces la presidenta le pusiera inconveniente alguno.

En todo caso, se atuvo al reglamento de la Cámara que fija en siete minutos y medio, repartidos en dos partes, el tiempo de cada uno de los tres oradores. Tiempo sobrepasado por Arenas y Valderas en su primer turno. Coves les comunicó a ambos que la benevolencia de la Presidencia les facilitaría un minuto extra para que hicieran sus respectivas réplicas a Griñán. Que fue un minuto largo.

Sea como fuere, Griñán, con el reloj a favor, pudo lucirse en el estilo profesoral y didáctico que más le gusta, lejos de los cuerpo a cuerpo a los que son tan aficionados sus dos oponentes. A Valderas le explicó con detalle que el artículo 175. 2. h. del Estatuto andaluz ya recoge el principio de estabilidad presupuestaria que se ha introducido en la Constitución. Y le ha recordado al líder izquierdista que IU votó ese Estatuto.

Valderas había criticado duramente el pacto PP-PSOE para reformar la Constitución, que impone, según él unos límites draconianos al déficit y al endeudamiento, y tiene un enfoque conservador. Así que propuso una reforma del Estatuto para blindar las políticas sociales de eventuales recortes futuros. También se quejó de que el PSOE haya demonizado a IU en Extremadura, mientras que ahora anda a brazo partido firmando acuerdos antisociales con el PP.

El hombre que intenta conseguir mayoría absoluta en el próximo Parlamento regional vino ayer al debate con hambre de balón. Arenas empezó presumiendo. Con los gobiernos de Aznar y su afán por el déficit cero se consiguieron cinco millones de empleos y cuando “se gasta, gasta y gasta, como Zapatero y usted”, cinco millones de parados. En su afán enciclopédico, el jefe popular precisó que ha habido 560.000 parados en Andalucía en esta legislatura, 1.200.000 en total, que el paro afecta a la mitad de los jóvenes y mujeres que quieren trabajar, a los que no les queda más remedio que la emigración. Que ha aumentado el gasto corriente en 3.400 millones, mientras que las inversiones en la región se han recortado en 4.800 millones. Este punto preciso era repetido de otras sesiones. Estaría dedicado mayormente a los televidentes. También la respuesta de Griñán fue la habitual: sanidad, educación y servicios sociales son precisamente gasto corriente. Explicación que servía además para refutar el argumento de Arenas de que la Junta ha recortado en mil millones sus políticas sociales.

En este capítulo concreto hay una puja entre ambos. Arenas propuso a Griñán un pacto presupuestario, priorizando precisamente sanidad, educación y servicios sociales. E ironizó sobre el súbito afán reivindicativo de la Junta, “después de años de sumisión”, que más parece una oposición a los alcaldes del PP, al Gobierno que viene del PP y a un futuro Gobierno del PP en Andalucía.

Cuando Griñán le desafió a apoyar a la Junta en sus reivindicaciones de que el déficit se mida por población y no por PIB, y que la Dependencia se financie por beneficiarios efectivos y no teóricos, se sumó a cualquier demanda que incluya reprobar a Zapatero por incumplir las inversiones en Andalucía exigidas por el Estatuto. Griñán planeó sobre todos los temas con soltura. Explicó que el PP no cumplió nunca con el déficit cero, pero que los primeros gobiernos de Zapatero tuvieron tres años de superávit. Le pidió a Arenas que no se traicione y defienda abiertamente su ideología de derechas, para que los andaluces puedan elegir entre un modelo y otro: puso como ejemplo el trasvase que se produce en Madrid de la enseñanza pública a la privada con recortes por un lado y desgravaciones y subvenciones por otro.

El presidente sólo cometió un desliz: le reprochó a su oponente el magnífico concepto que tiene de sí mismo. Arriesgado sarcasmo sobre un capítulo en el que Griñán es imbatible, sin miedo escénico alguno.