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Falsarios

Ignacio Martínez | 20 de marzo de 2011 a las 23:39

A la vicepresidenta de la Generalitat de Cataluña, Joana Ortega, la han cogido en un renuncio nada más ocupar tan distinguido cargo. En su biografía ponía que era licenciada en Psicología y no lo es. Un diputado de Solidaridat, notario de profesión y antiguo amigo de CiU, ha denunciado la falsedad. Duran Lleida, jefe político de Ortega, ha salido en su defensa y ha atacado a la televisión pública catalana por dar la noticia y al notario por felón. La vicepresidenta, en opinión de Duran, nada malo ha hecho al inventarse una carrera en su currículo. Este político pierde su proverbial ecuanimidad cuando se ocupa de los pecadillos de sus correligionarios democristianos.

Estas cosas no son nuevas. Uno de los personajes más lamentables de la todavía joven democracia española, el recordado Luis Roldán, corrupto director general de la Guardia Civil con el Gobierno de Felipe González, se inventó dos carreras para darle fuste a su biografía: ingeniero y economista. Lo pillaron en la mentira cuando se vino abajo todo su montaje de comisiones y desfalcos, por importe de más de 20 millones de euros.

También Celia Villalobos cuando fue elegida eurodiputada en 1994 deslizó en su currículo oficial una carrera que no tenía, economista. Tan lejos, quién se iba a enterar. Pero los servicios de publicaciones del Parlamento Europeo son de una eficacia implacable: tradujeron el curriculum de la economista malagueña a las nueve lenguas comunitarias de entonces y la cosa no pasó desapercibida. Después de todo, a Joana Ortega le faltan dos asignaturas y Villalobos ni siquiera empezó Económicas.

Este riesgo nunca lo corrió Javier Arenas, que retrasó durante años el final de su carrera de Derecho, por su temprana dedicación a la política, pero jamás presumió de licenciado antes de tiempo. Después, sí. Un día, siendo concejal del Ayuntamiento de Sevilla, un socialista que después llegaría a consejero, Guillermo Gutiérrez, hizo un sarcasmo en un pleno sobre la condición de estudiante de su oponente. Y en cuanto aprobó la última asignatura, en el mismo escenario, Arenas se vengó de su rival con una punzante ironía.

La moraleja es que con estas cosas no se juega. Queman.

2016, odisea andaluza

Ignacio Martínez | 3 de octubre de 2010 a las 14:03

Córdoba pasó el corte en la carrera de la capitalidad cultural europea de 2016. Málaga no. La rivalidad entre estas ciudades y las reacciones tras el resultado son un valioso material para el laboratorio de la cohesión regional. En Málaga, en donde la capitalidad no ha movido ni multitudes ni entusiasmos, y en donde sólo en el último año ha habido un impulso claro a la candidatura, la tentación es ahora echar las culpas a terceros, con insinuaciones de injusticias y agravios.

Pero Málaga perdió su oportunidad en 1999. El Ayuntamiento aprobó una propuesta socialista para solicitar la capitalidad con motivo del 125 aniversario del nacimiento de Picasso, en 2006. Ese año lo tenía adjudicado Holanda y el trueque de fechas necesitaba una gestión de Estado. Pero la alcaldesa Villalobos, amiga personal del presidente Aznar, nada hizo. Entre tanto, Grecia cambió la fecha de 2006 a Holanda, para que Patras fuese la capital europea de la cultura. Y Málaga se olvidó de la idea, retomada por Córdoba para 2016, sin que nadie, ninguno de los que ahora buscan culpables fuera o dentro de la ciudad, dijese esta boca es mía.

Málaga, incluso, se adhirió a la candidatura cordobesa, antes de decidir hacerle la competencia. Hay algo de incoherente en este paso. El alcalde De la Torre reivindica, con razón, que Málaga es la capital económica y financiera de Andalucía. Incluso ha anticipado que una eventual fusión de Unicaja con Cajasol debe tener su sede en Málaga. Y cuando se le ha reprochado el comentario por precipitado, ha tenido una respuesta adecuada: éste es un debate que tiene 30 años de retraso, desde el principio de la autonomía hubo que hacer un reparto de papeles entre los distintos territorios de la región. De acuerdo. Pero en coherencia con este principio, al mismo tiempo que Málaga reivindica su papel económico, financiero y tecnológico, debía haber apoyado a Córdoba en este envite.

En Córdoba ha habido más movilización y más entusiasmo por la capitalidad, aunque todavía tiene rivales de peso como San Sebastián. A ver si ahora, aplicando la mejor doctrina De la Torre, somos capaces de convertir en una odisea regional la propuesta cordobesa, con el apoyo decidido de todos los andaluces.