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No es país para boy scouts

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2012 a las 13:45

Este artículo podría llamarse hay que apagar el incendio. Es lo que me dice un importante empresario andaluz, convencido de que antes de ponerse a discutir sobre qué hacer con la España autonómica, la sanidad o la educación, hay que conseguir un cortafuego que impida que los mercados nos abrasen. Donde escribo ‘mercados’, léase ‘acreedores’. A pesar de que eso podría significar que avala las últimas iniciativas del Gobierno, el empresario en cuestión no está nada contento con Rajoy, aunque ha votado al PP en generales y andaluzas. Está mayormente indignado con la amnistía fiscal que prima a competidores granujas, mientras a él le retiran los incentivos fiscales a la I+D y a la inversión. Y aunque no le afecta, me explica que empresas fuertemente inversoras e innovadoras, se ven perjudicadas porque no pueden deducir la totalidad de los gastos financieros. “Al final, los especuladores los más beneficiados, como siempre”. Éste no es país para boy scouts, concluyo.
Este artículo se podría llamar no es lo mismo calar que podar, expresión que escucho en la radio al presidente del colegio de médicos de una provincia castellana. Explica el hombre que seguro que se pueden hacer economías en la sanidad, pero que eso hay que estudiarlo con cuidado. No es lo mismo calar que podar es una frase de puro sentido común. Algo que al parecer escapa a las posibilidades de los Gobiernos del Reino de España, el anterior y el actual. El guión, antes y ahora, es el mismo. El Gobierno y la oposición dicen lo mismito que hace un año. Sólo que han cambiado los papeles. Carlos Floriano, portavoz del PP, que ha usurpado el papel estelar en los medios al ministro Wert, reclama con una desenvoltura fascinante a la oposición que deje de meter palos en la rueda y arrime el hombro. ¿Cuántas veces le hemos oído esas frases a los portavoces del PSOE cuando estaban en el Gobierno? Y ahora los socialistas sostienen que el Gobierno no sabe a dónde va, que improvisa, que incumple con los electores. Ni la más mínima muestra de lealtad. Al enemigo ni agua. Éste no es país para boy scouts.
Y también podría haber titulado el artículo el síndrome del Álamo. Es otra frase oída en la radio. El efecto Álamo entra en funcionamiento cuando escasea la munición. Y al Gobierno después de hacer las mismas tres reformas que Zapatero, pero mucho más profundas, la laboral, la financiera y la presupuestaria, se le ha disparado la prima de riesgo y la desconfianza internacional. Como a Zapatero. Acabada la munición, ¿ahora qué? Rajoy no se acaba de enterar que lo que hacía falta para dar confianza dentro y fuera no era un gestor de la crisis, sino un líder para este  país. Y que los liderazgos se construyen generando consensos mucho más amplios de las mayorías absolutas. Pero nada. La sensación de desgobierno, de estar superado por la situación, es la misma. Y el país, huérfano. Como antes.

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Política de camuflaje

Ignacio Martínez | 9 de abril de 2012 a las 7:31

Ya tenemos otra vez al Gobierno y a la oposición practicando su deporte favorito: el de las medias verdades. Como siempre. Da lo mismo quién ocupe el banco azul y cuál sea su adversario. El problema es que los dos grandes partidos siempre nos relatan una parte de la realidad. Por ejemplo, el PSOE se llevó toda la campaña electoral andaluza insistiendo en que el PP iba a recortar los servicios públicos, sobre todo sanidad y educación. Y acertó doblemente: porque todo indica que era cierto y por el rendimiento que le sacó a su advertencia. Lo que no nos dijo Griñán es de dónde recortaría él a cambio, porque tendrá que reducir el presupuesto andaluz en alrededor de 2.500 millones de euros. Pero de eso, ni una palabra. Ni entonces, ni ahora.

Sobre Arenas ya escribía ayer que se centró en los 30 años de socialismo y la corrupción consiguiente, pero ni una palabra de qué haría él con los mandos del poder. Esas medias verdades han tenido una rentabilidad equiparable; ninguno de los dos consiguió una mayoría de votos. Ambos se quedaron lejos de poder gobernar en solitario, a ocho y a cinco diputados. Pero cumplidas las elecciones regionales no nos libramos del ejercicio de cinismo de la media verdad y de la opacidad de las propuestas. Ahora a cuenta de la sanidad y la educación, en la Liga nacional.

Seguimos jugando al camuflaje. De Guindos aprovecha una entrevista con mi amigo Leo Wieland para decir en el Frankfurter Allgemeine que ahora el Gobierno va a afrontar dos reformas, la de la sanidad y la educación, que depende de las comunidades autónomas, y la del comercio y los servicios profesionales, que incluirá nuevas normas para fomentar el alquiler. Aunque no sale en el texto publicado, el periodista le preguntó al ministro cómo iban a presionar a las autonomías, y De Guindos se remitió a una reunión del consejo interterritorial que hay este mes. Ésta es la técnica informativa.

Aquí faltan varias cosas elementales. Si la soberanía nacional reside en el pueblo español, y las Cortes Generales representan a ese pueblo español soberano (artículos 1 y 66 de la Constitución) lo primero que falta es un debate extraordinario en el Congreso sobre la intensidad y ámbito de las reformas. En definitiva que cada partido nos diga de dónde se corta y cuánto. Es un despropósito empezar a ajustar en sanidad sin que nos expliquen por qué perviven diputaciones, comités económicos y sociales, televisiones locales y regionales, o más de la mitad de los ayuntamientos de España con capacidad de gasto, de menos de 1.000 habitantes.

Hay que hacer reformas, pero no a tontas y a locas. Y para eso hacen falta un debate en condiciones y un liderazgo que no tuvimos con Zapatero y no acaba de aparecer en el caso de Rajoy.

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El síndrome de Asterix

Ignacio Martínez | 10 de marzo de 2012 a las 19:56

La segunda reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera de la era Rajoy ha sido menos de guante blanco que la primera. De aquella salió Aguayo encantada con el trato de Montoro, exquisito en comparación con la eléctrica vicepresidenta Salgado, y el propio ministro tan contento de haberse conocido que una periodista le dijo que lo veía eufórico. El martes día 6 no fue una reunión de amigos. Y los que no son de obediencia debida, o sea muy poquitos, mostraron su desacuerdo profundo con la pretensión del Gobierno de que sean las autonomías las que hagan el ajuste duro en sus cuentas. Por ejemplo, el catalán Mas-Colell calificó la propuesta gubernamental de caricatura. Los que son de obediencia debida callaron, como es natural, pero la procesión se la llevaron por dentro a casa.

Es curioso que a todos los gobiernos centrales les dé por lo mismo. A éste y al anterior, de signo contrario, se les ha ocurrido la brillante idea de que el ajuste de las autonomías sea el triple que el de la Administración General del Estado. De tal manera que aunque el déficit sea menor en las autonomías que en Gobierno central, son las regiones las que están hundiendo el país. Esto lo explica muy bien Griñán. Y estoy de acuerdo con él, pero no le oí el mismo argumento cuando aun estaban vivitos y coleando Zapatero, Salgado y demás compañeros mártires.

Es verdad que tres cuartas partes del presupuesto de una comunidad autónoma va a sanidad, educación y servicios sociales. Pero queda un cuarto de donde reducir. Y esto no debería ser un juego de la gallinita ciega. Estamos en vísperas de un recorte brutal del gasto público y no nos hemos puesto de acuerdo sobre qué parte del Estado de bienestar es inviolable. Se supone que sanidad, educación, pensiones y desempleo son intocables, pero nadie lo dice. Pero de algún lado habrá que recortar. Tanto el Gobierno como el PSOE harían bien en decirnos de dónde recortarían y qué preservarían. ¿Mantendrían el coste de diputaciones, televisiones locales y regionales, universidad en cada provincia, ayuntamientos con plantillas infladas, administración paralela en todas las autonomías, etcétera, etcétera? En vez de la demagogia de que unos quieren privatizar y que los otros son unos corruptos, los atribulados ciudadanos andaluces merecen alguna explicación precisa sobre los planes propios de cada uno.

Por lo demás, Aguayo se quedó sola esta semana contra el recorte a las autonomías, porque Cataluña y Canarias, los otros disidentes, optaron por una prudente abstención. Es un anticipo de lo que nos espera si, contra pronóstico, el PSOE se mantiene en el poder después del 25 de marzo con la ayuda de IU. El síndrome de Asterix. Sólo que en vez de por romanos, Aguayo estaba rodeada de consejeros azules. Calladitos, pero sufriendo en silencio lo que les espera. A ellos también.

Huelga, miedo y liderazgo

Ignacio Martínez | 10 de marzo de 2012 a las 19:23

Este país no está para una huelga general. Tampoco está para que una reforma laboral tan profunda se haga por las bravas. El nuevo presidente intenta diseñar su propio estilo de liderazgo, pero no termina de encontrarlo. De los dos últimos primeros ministros, Aznar se pasó de autoritario y Zapatero se pasó de ingenuo. Rajoy ya ha tenido algún gesto audaz que le ha puesto buena nota incluso en un selecto grupo de periódicos británicos y norteamericanos de primer nivel mundial. El anuncio en Bruselas, tras el último Consejo Europeo, de que pondría el déficit español este año en el 5,8% del PIB en vez del 4,4% exigido por la Unión Europea, ha sido tomado como una medida de sentido común y como un desafío al directorio prusiano de la señora Merkel. Pues bien, en la reforma laboral que tanto ha encantado a la patronal y tanto ha indignado a los sindicatos le ha faltado al presidente la misma audacia. El perfil de su liderazgo no está terminado. Y se nota.

Las empresas de este país lo primero que necesitan es dinero en condiciones razonables, a precios asequibles. Es verdad que hay que facilitar la contratación, pero el anuncio gubernamental de que este año rozaremos los seis millones de parados no por sincero deja de inquietar al pueblo llano. Hay miedo en la sociedad española. Mucho miedo, como en la copla. Miedo a perder el trabajo, la casa, el bienestar. Miedo a la ruina. Por eso lo más probable es que fracase la huelga general convocada ayer por los sindicatos. Salvo en las empresas y servicios públicos, que será donde vuelquen su esfuerzo los convocantes. En este capítulo ha faltado diálogo con los sindicatos, cuyos máximos dirigentes han pedido por carta y sin respuesta ver al presidente del Gobierno.

Será porque Rajoy todavía no tiene ultimado su perfil de liderazgo. Como no corre el riesgo se imitar la ingenuidad de Zapatero, a Dios gracias, habría que recordarle en el segundo mandato de Aznar se incubó su derrota de 2004. Un buen líder consigue consensos más allá de su rodillo mayoritario en el Parlamento. Y debe evitar demonizar a quienes le llevan la contraria en la calle.

La tentación de descalificar a los sindicatos es una moda nacional, nada pasajera. Pero las organizaciones sindicales son uno de los pilares de cualquier Estado democrático que se precie. De hecho, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando era portavoz de la oposición en 2000, reprochó duramente al Gobierno de Zapatero que su reforma laboral se hiciese sin diálogo social, sin convencer a los sindicatos y para facilitar el despido, que no era precisamente lo que España necesitaba. Debería aplicarse ahora su propio cuento. Y el presidente debería esmerarse en encontrar pronto su propio perfil de liderazgo. Este país necesita confiar en alguien. Desesperadamente.

El encanto de los ‘ex’

Ignacio Martínez | 5 de febrero de 2012 a las 11:40

El encanto de los ex es extraordinario. Después de años atrapados en una institución, rodeados de problemas y aduladores, la presión de los disgustos y la enajenación de los piropos les instala en una burbuja, fuera de la realidad. Cuando se retiran, se relajan, les da el aire y cogen mejor color. Y es una delicia oírles, porque unen a tanta información adquirida en el ejercicio del cargo un sentido común recién recuperado. Algo así ha mostrado Zapatero en el Congreso del PSOE. Más que en el cónclave oficial, en su intervención la noche del viernes en la Ser. Habló de la crisis y los errores que cometió; de ETA y su final, que le hizo llorar; de los dos candidatos a sustituirle, sobre los que ha sido neutral de verdad, no como otros; de su vida de ex yendo al supermercado o a un restaurante con su familia. Estupendo.

Tengo un amigo muy cercano, votante socialista a pesar de que es muy crítico con el Gobierno andaluz, que me repite insistentemente desde hace meses que nos vamos a acordar de Zapatero. Es posible que la historia indulte a este ex presidente, como mejoró a Suárez, pero todavía está muy reciente su catastrófica gestión de la crisis. Sobre todo por negarla. Cuando ya había estallado la burbuja inmobiliaria americana, en septiembre de 2007, hizo un balance de su primera legislatura ante el Grupo Parlamentario Socialista que es de libro. Ya me lo han leído alguna vez. España ganaba la Champions League de la economía mundial. Decía el presidente que el país estaba más preparado que nunca ante una posible recesión, por la fortaleza de su economía, el dinamismo de la inversión, la solvencia de las empresas, la eficiencia de su sistema financiero y la acumulación de disponibilidades de las familias. Perfecto disparate en el análisis de la situación, que lo ha matado.

Todavía un año después, Solbes y Griñán prepararon unos Presupuestos para 2009 sobre el supuesto de un crecimiento del 1% del PIB. No vale decir que todo el mundo se estaba equivocando. En el mismo partido, el mismo país y el mismo tiempo, Castells previó recesión para Cataluña en 2009. Y acertó. Un respeto para los catalanes. Sobre todo para los Pujol, Roca, Maragall o Castells, que tienen el indudable encanto de todos los ex.

Un éxito de cumbre

Ignacio Martínez | 30 de enero de 2012 a las 13:45

Me apuesto lo que quieran a que el presidente Rajoy llega a la rueda de prensa final del Consejo Europeo de hoy, y dice: “La cumbre ha sido un éxito”. No soy adivino, pero he visto decir lo mismo decenas de veces a González, Aznar y Zapatero. Es un clásico al que no se resiste ningún mandatario. Después de estar debatiendo durante horas con colegas de tanto talento y carisma, salen de las reuniones abducidos y con la sensación de haber salvado el mundo.

Sin ir más lejos, el julio del año pasado, Grecia estaba al borde de la suspensión de pagos y se reunieron en Bruselas los líderes de los 27 para resolver la situación. Inyectaron en las arcas públicas griegas 109.000 millones de euros más, en ayudas públicas y privadas. Rebajaron los intereses; dilataron plazos, multiplicando hasta por cuatro los años de vencimiento, con diez de ejercicios de carencia… Y se fueron convencidos de que habían apuntalado al país heleno. Hoy Grecia necesita otros 130.000 millones y que le hagan una quita de la mitad a la deuda antigua. Pero la cumbre de julio fue un éxito, desde luego.

Ahora los socios comunitarios se enfrentan a un nuevo riesgo de suspensión de pagos de Grecia. Y van tres. Pero además, no han resuelto lo que cursimente se llama gobernanza económica de la zona euro. Y ya se han metido en crear la unión presupuestaria europea… Lo único que ha mejorado en los últimos meses ha sido la famosa prima de riesgo. La prensa nacional más conservadora lo atribuye en España al efecto Rajoy. Pero no, fue la inyección de medio billón de euros del Banco Central Europeo en el sistema financiero continental lo que alivió hace un mes la presión sobre los intereses de la deuda en todas partes. En Francia, por ejemplo, ya no tienen la triple A de solvencia en las agencias de calificación, pero las emisiones de deuda le salen más baratas que nunca.

Hoy sobre la mesa del Consejo vuelve a estar el problema griego, el país que nunca debió entrar en 2002 en la moneda única y que probablemente ya lo hizo falseando las cuentas. Pero además hay otras cuestiones que son imperativas para la buena marcha de nuestro país. Por ejemplo un plan de estímulos para el crecimiento económico. Sólo con recortes en los presupuestos públicos, España no saldrá del agujero. Y ya empiezan a caer como moscas los empleos en el sector público y entre los trabajadores con contratos indefinidos. Vamos lanzados hacia los seis millones de parados. En Huelva y el Cádiz un tercio de la población activa no tiene trabajo.

El ajuste del déficit al 4,4% no se podrá cumplir hasta dentro de dos o tres años. O se prorroga ese plazo y se consigue poner en marcha un plan de crecimiento, o esta cumbre será un fracaso. Diga lo que diga el presidente del Gobierno, para cumplir con el guión tradicional, sobre el inevitable éxito de esta cumbre.

Chacón: decíamos ayer

Ignacio Martínez | 8 de enero de 2012 a las 15:00

Carme Chacón presentó su aspiración a la secretaría general del PSOE con rabia. Renunció forzada hace siete meses a disputar a Rubalcaba la candidatura para la Presidencia del Gobierno. Ganarle ahora a su antiguo amigo íntimo y hoy gran rival es un desafío personal. Su tono mitinero no consiguió, sin embargo, camuflar la imagen artificial que transmite. No es natural en el hablar, no es carismática, la segunda candidata al puesto de Zapatero.

Hubo dos cosas de su discurso particularmente decepcionantes. Una fue la repetición del discurso zapaterista del 2000. Invitó a los militantes socialistas a recorrer un nuevo camino, una nueva etapa. Podría haber redondeado la frase con “una nueva vía”, el nombre del grupo que aupó a Zapatero a la secretaría general hace doce años. Entonces el dirigente leonés prometió un nuevo modelo de partido, la limitación de mandatos, la no acumulación de cargos, las primarias. De todo eso, nunca más se supo.

Todo eso lo vuelve a ofrecer Chacón, como si ella no hubiese formado parte de Nueva Vía, de las ejecutivas y los gobiernos de Zapatero. Como si ignorase que el susanismo reinante en Andalucía prohibió las primarias en vísperas de las elecciones municipales. Episodio que acabó convirtiendo en un guiñol a Ignacio Trillo, uno de los mejores delegados que la Junta ha tenido en Málaga en 30 años, enfrentado a los molinos de viento del aparato. Y después del fiasco de las promesas del 2000, Chacón viene a Olula a proclamar un decíamos ayer, como quien no quiere la cosa.

En segundo lugar, resulta llamativo el peloteo que se trajo con Andalucía. Una federación generadora de buena gente, según frase textual. Resulta que Andalucía es el corazón del PSOE, la guía del socialismo patrio, por lo que conservar aquí el poder es la primera prioridad de todos los militantes, desde el primero hasta el último. Y la productora de una cuarta parte de los votos que decidirán el próximo líder del partido, añade un servidor.

Tenemos en la carrera a un felipista que propone el cambio, como en 1982, y a una zapaterista que propugna una nueva vía, como en 2000. Ya sólo nos falta alguien de ahora, menos inmovilista. El bueno. O la buena.

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Triste porvenir

Ignacio Martínez | 2 de enero de 2012 a las 19:32

El Partido Popular ha llevado en romería a Huelva a su nueva campeona regional, la neófita ministra de Empleo Fátima Báñez. La segunda ministra más joven del Gabinete gozaba hasta ahora de una sólida reputación. Incluso sus adversarios políticos cotizaban su sentido del humor y ausencia de sectarismo en el consejo de administración de Canal Sur; la brillantez de su discurso en los foros feministas, su capacidad de trabajo, solvencia jurídica y espíritu negociador. Pero hete aquí que la primera visita a Andalucía tras su nombramiento ha interpretado el papel de Cruella de Vil. Y hay que advertir a la ministra que ese papel ni le va ni le conviene.

Báñez ha dicho en la romería onubense algo que un ministro no debería brindarle a los administradores de fondos de inversión de todo el mundo: que España está en la ruina. Todo para meterse con el difunto Gobierno socialista. En resumen, Zapatero mintió sobre el déficit y el pobre de Rajoy no ha tenido más remedio que subir los impuestos. Discurso tan tierno como falso. Era imposible ajustar el déficit sin subir impuestos. Es lo sabía el jefe del PP desde hace meses. Y el desfase de un par de puntos entre la realidad y el tope fijado por el directorio europeo era más que previsible; la mitad de las comunidades autónomas van a cerrar el ejercicio con déficit excesivo.

En dos de las tres peores regiones en la materia, Valencia y Murcia, gobiernan los populares desde tiempo inmemorial, y en casi todas las incumplidoras están desde hace siete meses. Así que el PP debía tener perfecta noticia de la realidad de las cuentas públicas y del desfase antes de las elecciones. Sin embargo, ha sido la Fundación de las Cajas de Ahorro la que ha advertido de la desviación, a la que se han abrazado con fe de conversos Rajoy, Montoro y compañía para subir impuestos. Curiosamente, Funcas está dirigida por Carlos Ocaña, secretario de Estado de Hacienda de Zapatero hasta anteayer, que no es mal sastre porque conoce el paño.

En su pueblo, San Juan del Puerto, Báñez estuvo más Fátima que Cruella y atribuyó la  ruina nacional simplemente a la crisis. Es razonable: aunque Zapatero haya sido un mal gobernante, la misma crisis se ha llevado por delante a gobiernos conservadores en Italia, Irlanda o Dinamarca. Y a ejecutivos de izquierdas en el Reino Unido, Portugal y España. Incluso en Grecia ha engullido a gobiernos de los dos signos en sólo un par de años. Así que se ruega no tomar por tontos a los ciudadanos cuando se dan las explicaciones.

Javier Arenas, bien directamente o por persona interpuesta como en este caso, sigue empeñado en dar patadas a los socialistas. Fía su triunfo en las autonómicas al paro, la crisis, la corrupción en la Junta y a la extrema levedad del liderazgo de Griñán. Quizá a dos meses y medio de la cita con las urnas debería poner algo de su parte. Pero su propio liderazgo sigue sin aparecer por ninguna parte. En eso se parece mucho al actual presidente. Lo que nos augura un triste porvenir.

El vivo al bollo

Ignacio Martínez | 28 de diciembre de 2011 a las 21:26

Rubalcaba se tira al ruedo mañana. Hasta ahora la que más se ha movido es la facción contraria. Un grupo de dirigentes del PSOE, con ganas de seguir mandando, redactó un texto regeneracionista en el que entonaba un singular mea culpa: tardamos en reconocer que había una crisis y en llamarla por su nombre, aplicamos políticas ajenas a nuestra ideología, no equilibramos los sacrificios de los sectores más débiles con cargas fiscales a los poderosos… Censura directa al fenecido presidente. Chacón, Caamaño, López Aguilar y Narbona, ex ministros de Zapatero, están entre los firmantes del acta fundacional de la candidatura de la ex ministra de Defensa a la secretaría general del PSOE. Después se sumaron Pajín y Moratinos. El zapaterismo quiere seguir vivo, a costa de denigrar la actuación de su jefe. La historia de siempre, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Apuesto que a Zapatero le sentó como un tiro el dichoso manifiesto. Si no, no se explica que 22 secretarios de Estado del Gobierno saliente, entre los que se encuentra algún amigo personal suyo que no es militante socialista, hayan hecho un contramanifiesto. Y tiran a dar: no sería decoroso que quien estuvo allí de manera evidente, y cabe decir entusiasta, aspirase ahora a sugerir lo contrario; por eso, los abajo firmantes manifestamos que sí estuvimos allí.

Rafael Simancas, hombre de Rubalcaba, ha ido más lejos. Ha disparado contra Caamaño y Chacón. Les ha recordado que firmaron la propuesta de indulto al banquero Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander, y el acuerdo antimisiles con Estados Unidos. Chacón, alarmada por la intensidad del fuego enemigo, intenta calmar el juego reivindicando un debate de ideas. Es el momento de la filosofía. Lo dicen todos, menos Griñán, que sólo piensa en conservar el poder y anuncia que apoyará a quien tenga como meta ganar las elecciones andaluzas. Una perogrullada como un piano, marca de la casa.

Desgraciadamente, en un congreso tan precipitado se impondrá la aritmética, que como se sabe es la parte de las matemáticas que se ocupa de los números y las operaciones. La antigua delfina de Zapatero ya está buscando votos. En esta fase, la jefa adjunta del PSOE andaluz no quiere que entre nadie de su Ejecutiva a título particular. Susana Díaz había ordenado a sus cuadros no decantarse por ninguna de las opciones en liza y filtró su malestar con la consejera Mar Moreno por pronunciarse a favor de Chacón. La táctica es intentar una negociación colectiva para decidir el ganador y colocar afines en la próxima dirección.

Rubalcaba mañana y Chacón inmediatamente después van a presentar sus candidaturas a la secretaría general del PSOE. Pero más allá de los camuflajes y zancadillas en el interior de su partido, los socialistas españoles deberían ser conscientes de que la sociedad espera de ellos algo nuevo. No un felipista o una zapaterista como alternativa al frustrado liderazgo del presidente saliente. Zapatero prometió un nuevo modelo de partido. Seguimos esperándolo.

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Gobierno sin galvanizar

Ignacio Martínez | 24 de diciembre de 2011 a las 14:12

Rajoy y sus trece ministros han hecho su primer desafío; al frío invierno matinal de Madrid. Han cogido oxígeno y posado a cuerpo para los fotógrafos. Ayer se estrenó el Gobierno y sigue sin soltar prenda. La estrategia del nuevo presidente debe tener virtudes taumatúrgicas: la Bolsa sube y la prima de riesgo baja. A lo Helenio Herrera, sin bajarse del autobús. Recuerda la llegada de Balladur a Matignon en los 90. Ahora se anuncian las primeras medidas para el 30 de diciembre. Allí habrá prórroga de los presupuestos, con subida para las pensiones y no se sabe qué para los funcionarios. Las apuestas de más riesgo y los disgustos gordos se dejan para finales de marzo, cuando haya terminado el maratón electoral con las elecciones andaluzas. Todo hace pensar que Rajoy hará lo que sea para consolidar la cantada victoria de Javier Arenas.

Como todo lo nuevo, los ministros estaban ayer estupendos en su estreno. Limpios y relucientes. Sonrientes. Y eso que se enfrentan a la situación más difícil de nuestra joven democracia. En la época de Mitterrand, Chirac y Balladur se acuñó en Francia el principio de que no existía el Gobierno inoxidable. Y no se ha inventado desde entonces. De hecho, a Suárez se le oxidó el suyo ya en la primera legislatura. A Aznar y Zapatero, en la segunda. Y a los más duraderos, los de González, la herrumbre les entró en la tercera y los carcomió en la cuarta. Rajoy empieza con un sólido equipo de leales, pero tiene un Gobierno sin galvanizar. La crisis no lo permite. Trabajarán sin red.

Quizá por eso, el presidente ha escogido para la odisea a personas con un currículo y una edad. Seis ministros tienen más de 60 años y la media es de 55,6. Sólo dos tienen menos de 50: la ministra de Empleo, la onubense Fátima Báñez, y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la benjamina del Gabinete, con 40. Cómo cambian los tiempos. Esa era la edad de Felipe González cuando llegó a La Moncloa. Y Suárez, Aznar y Zapatero fueron primeros ministros con 43. Rajoy, con 56. A esa edad, los cuatro citados eran ya veteranos ex presidentes. Incluso el efímero Calvo Sotelo dejó el poder con 56.

Estamos pues ante un Gobierno de seniors, de gente con una o dos carreras universitarias, en el que se da alguna circunstancia curiosa. Hay sólo cuatro ex ministros, entre catorce miembros. Ninguno de ellos, por cierto, tendría la etiqueta de aznarista puro y duro. Hay cuatro de 1950: Arias, Montoro, Fernández Díaz y Wert. Y sólo cuatro mujeres. Se acabó el festival de los jóvenes y las mujeres primero del zapaterismo, que criticó recientemente con ácido sarcasmo Alfonso Guerra. Aunque señoras con capacidad hay suficientes en el PP como para que se corrija este desequilibrio en las remodelaciones que inevitablemente habrá, por el natural efecto de la oxidación.