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Griñán III, cal y arena

Ignacio Martínez | 7 de mayo de 2012 a las 15:12

Griñán ha hecho varias cosas en su III gobierno. La primera, obligada: una coalición con Izquierda Unida para conservar el sillón. La segunda, rodearse de gente de confianza; lo dijo en Canal Sur, gente solvente, que se compenetre con el presidente. Mantiene su círculo íntimo con Aguayo y Ávila, a los que se suma Luis Planas, uno de los políticos andaluces con mejor currículum internacional. La tercera, hacer un equipo pensando en el congreso regional de su partido, y en los congresos provinciales. El nombramiento de Susana Díaz no sé bien si es el final del susanismo de palo y cachiporra en el PSOE andaluz o el inicio de un delfinato en la Junta. Veremos.
La arena son los ajustes de cuentas. El mantenimiento de Mar Moreno en el Gobierno no se entiende por su hoja de servicios, sino por su coincidencia en dos cosas: el apoyo a Chacón en el congreso federal socialista y su mutua oposición a Gaspar Zarrías, líder del PSOE en Jaén. La salida de Micaela Navarro del Ejecutivo tiene la misma clave orgánica. Apoyó a Rubalcaba y está en el entorno de Zarrías. Pero, sobre todo, era la persona en la que todo el mundo pensaba para sustituir a Griñán en caso de que se cumplieran los pronósticos de un hundimiento socialista el 25 de marzo. Ésta es la razón por la que sacrifica a una de las piezas más sólidas del anterior Gobierno. La recuperación de Justicia como consejería sólo se explica por la misma obsesión. Nombra a un amigo para el cargo a quien Gaspar vetó en el pasado para secretario general de Justicia. Para eso es presidente.
Los consejeros de IU tienen experiencia y seguro que no desentonan en el Gabinete. Tampoco asustan a los empresarios. El presidente del Consejo de Turismo de la CEA ha hecho elogios del nuevo titular de esa cartera. Sólo un matiz. Los tres consejeros son dirigentes del Partido Comunista, organización que no se presenta como tal a las elecciones desde hace 25 años, tres antes de la caída del Muro de Berlín. Están detrás de un conglomerado de organizaciones políticas y sociales, Izquierda Unida, los Verdes, Convocatoria por Andalucía…, pero los tres consejeros son de El Partido por antonomasia. Y de su politburó. Es una habilidad.

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El regente Griñán

Ignacio Martínez | 6 de abril de 2011 a las 10:43

En política, como en la vida, hay instantes que cambian el curso de la historia. La noche del 21 de julio de 2000, la víspera de la inesperada elección de Zapatero como secretario del PSOE, el presidente de la Junta y secretario regional de los socialistas andaluces convocó a los ocho secretarios provinciales para pedirles que sus delegaciones votaran a Bono. Discreparon al menos tres: Moratalla, de Granada; Asenjo, de Málaga, y en menor medida Mellado, de Córdoba. Tres personas tensaron la reunión. Los dos primeros, el secretario de Jaén Zarrías y el portavoz parlamentario Caballos, aspiraban a cargos con Bono. Pero el más molesto con la desobediencia de los cuadros fue Luis Pizarro, convertido con el tiempo en un cuadro desobediente. Aquel plante, contra el liderazgo fuerte de Chaves y Pizarro, permitió el triunfo de Zapatero y cambió la historia.

Griñán ha ejercido hasta ahora un liderazgo débil. El presidente de la Junta tiene un hándicap: no se presentó como candidato y eso merma su legitimidad. Es como un regente hipotecado hasta que las urnas le den más autoridad. Transmite esa impresión en el Gobierno, pero aun más en el partido: le viene más grande el liderazgo del PSOE andaluz que la dirección de la Junta. A estas alturas quizá se haya arrepentido de haber reclamado todo el poder en el partido. Al fin y al cabo lo suyo fue un dedazo. La principal baza para el liderazgo forzado de Griñán fue la voluntad de Chaves, de la que ha prescindido.

Los políticos tienen mucha facilidad para prescindir de sus principios. Por ejemplo, Zapatero llegó al liderazgo del partido porque el PSOE estaba en crisis. No por haber perdido las elecciones, sino al revés: perdió las elecciones porque su modelo estaba agotado. Y la renovación fue el núcleo del discurso del dirigente leonés, que encandiló a los delegados. De aquel discurso nunca más se supo. Con la victoria en la mano, los jóvenes de Nueva Vía olvidaron el cambio de modelo de partido y se ocuparon de ganar las elecciones generales. Pero en diez años de liderazgo negligente de Zapatero el PSOE no ha recuperado ninguno de los grandes feudos electorales en donde gobernó por mayoría absoluta, como Valencia, Madrid o Murcia.

El regente andaluz también ha renunciado a algunos de sus más sólidos principios, como el discurso del mérito y la capacidad. No hay más que darle un repaso a su Gobierno o a su ejecutiva para ver que familia, provincia o género, tres pilares del equilibrio chavista, siguen siendo las pautas de los nombramientos. Con la agravante de que para rejuvenecer los cuadros dirigentes ha entregado el poder en el partido a una generación sin la capacidad ni la autoridad suficiente.

Pero lo grave ahora no es la levedad del liderazgo de Griñán, sino la incapacidad del Partido Socialista para reciclarse o al menos airearse. Demasiada tarea para un regente.

Ataque de rectitud

Ignacio Martínez | 6 de marzo de 2011 a las 13:23

Los dos grandes partidos sufren un peculiar ataque de rectitud. Practican una saludable tolerancia cero con las irregularidades de su rival y una permisiva manga ancha para las propias. Cospedal dice que con un solo ere irregular debería haber dimitido Griñán como presidente de la Junta. Zarrías sostiene que al PP lo corroe la corrupción. Lo de Cospedal no se sabe si es un ejercicio de cinismo o de inocencia. El presidente de Valencia está imputado por corrupción, pero en su partido le perdonan cualquier desliz, total por tres trajes no se habría vendido a la banda de don Vito Correa y El Bigotes.

El problema es que la trama corrupta hizo negocios por miles de millones de pesetas con la Generalitat valenciana y aunque no hubiese ningún delito penal, su responsabilidad política debería haber llevado a Camps a renunciar al cargo. Por decirlo con palabras de Cospedal, con un solo traje debería haber dimitido. Pero es que no son tres trajes. Según el auto de la Fiscalía, entre Camps y tres de sus íntimos colaboradores recibieron 39 trajes, once americanas, diez pares de zapatos, ocho corbatas, siete pantalones y dos abrigos. Ya tendrían que estar requetedimitidos. En Palma de Mallorca el PP ha montado ayer un circo: el amiguito del alma de El Bigotes ha firmado un manifiesto contra la corrupción.

En el otro lado, mientras Zarrías afirma que el PP no puede dar lecciones, Manuel Chaves declara sin apuro que las irregularidades de los eres en la Junta de Andalucía es sólo cosa de cuatro o cinco socialistas, que serán expulsados. Pasamos de los tres trajes a los cuatro granujas, poca cosa. Pero son cinco los imputados del caso Mercasevilla que eran militantes o dirigentes del PSOE, son varios los intrusos en los eres con el carné socialista, y más de cien mil millones, las pesetas gestionadas de manera arbitraria. No es posible que la responsabilidad política de este descontrol se quede en el simple rango de director general. 

Una perpleja opinión pública necesita un aumento sustancial de la rectitud interna en los dos partidos fundamentales de la democracia española. Pero no llega.

Un Wikileaks andaluz

Ignacio Martínez | 12 de diciembre de 2010 a las 13:20

El servicio diplomático de la nación más poderosa de la tierra ha sido pirateado por una arriesgada organización, cuyo líder está encarcelado en el Reino Unido, en oscuras circunstancias. Tan rara es la cosa, que todo el mundo cree ver detrás el enfado de Estados Unidos. Si los diplomáticos americanos intentaron forzar a fiscales y jueces españoles para que no procesaran a los soldados que mataron en Bagdad al cámara español José Couso, no veo por qué no iban a forzar a fiscales suecos y jueces británicos para meter entre rejas a Assange.

El Estado tiene el monopolio de la violencia en una democracia. Pero en ningún caso el de la información. Al contrario, el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Y ese derecho incluye no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Aunque en su libro Comunicación y poder (Alianza Editorial, 2009), el profesor Castells establece la tesis de que el poder es la capacidad de un actor social de influir sobre otros actores sociales de forma que se refuercen la voluntad, los intereses y los valores de quien está en el poder. Ya sabíamos que el poder no es un atributo: es algo que no se exhibe, se ejerce. Pero Castells añade que en el mundo moderno el poder se ejerce mediante el control de la información. Y Assange ha roto esta regla no escrita y, de camino, le ha tocado las narices a quienes mandan.

Ha sido estupendo conocer las opiniones de los diplomáticos americanos de los actores que a lo largo del mundo controlan los medios para mantener el poder. ¿Se imaginan un Wikileaks en Andalucía? Y conocer de manera fehaciente lo que piensan nuestros gobernantes. Saber, por ejemplo la opinión de Griñán sobre Zarrías y viceversa. La de Chaves sobre Griñán. La de Arenas sobre los canónigos de Córdoba. La de los canónigos de Córdoba sobre Medel. La de Medel sobre Pulido. La de Pulido sobre Ávila. La de Ávila sobre Jara. Así no habría manera de ejercer el poder, según las tesis de Castells, pero sería muy entretenido. A que sí.

Griñán, el hombre tranquilo

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2009 a las 16:34

El político más famoso del mundo, el presidente Obama, tiene prestigio de gran orador. Sus discursos se cuelgan en YouTube como si fueran canciones de culto, con millones de visitas. Pero Obama no escribe sus discursos. Se los hace un jovencito de enorme talento, Jon Fravreau. De hecho, pocos políticos escriben sus discursos; el dramaturgo y político checo Václav Havel es una de esas excepciones. Otra es José Antonio Griñán. El vicepresidente económico del Gobierno andaluz y candidato ‘in pectore’ a la Presidencia de la Junta no es economista, sino un hombre de letras. De hecho, quiso estudiar la carrera de Filosofía y Letras en los años 60, pero su tío Rafael Martínez Emperador, hermano menor de su madre, le recomendó que hiciese Derecho y preparase oposiciones a inspector de Trabajo.

Con 23 años sacó esas oposiciones con el número tres de la promoción de 1969. Con su tío trabajó cuando era director general de la Seguridad Social a mediados de los 70. Martínez Emperador fue asesinado por ETA en 1997 cuando era magistrado de la Sala de lo Social del Supremo. Un atentado que ha marcado su vida, como otros hechos menos dramáticos y más antiguos. Por ejemplo, una novela que leyó a finales de los 60, que es la que más le ha impresionado; ‘Guerra y paz’ de Tolstói. Es un dato relevante en una persona que lee cuatro o cinco libros al mes. Griñán es un gran lector y un cinéfilo empedernido. En particular del cine negro de los 50: hay películas que es capaz de explicar plano a plano y recitar todos sus diálogos.

Otra de sus grandes aficiones es la ópera. Se sabe de memoria obras completas, y se atreve a cantar alguna pieza. Ha utilizado con frecuencia este recurso para relajar a su equipo en los duros momentos de preparación de los presupuestos, cuando las cuentas no cuadran y aumenta la presión de las consejerías. Tiene la colección completa de los discos de Alfredo Kraus, con quien tenía una relación de amistad. Por cierto, que la redacción de los presupuestos de este año le ha costado fuertes críticas de la oposición, con razón, por su pretensión de que en 2009 subiría el PIB andaluz un 1%. Él se ha justificado con un dossier lleno de previsiones optimistas de organismos internacionales. Pero lo cierto es que mientras con esos datos Solbes y Griñán aventuraron un crecimiento para España y Andalucía, a su correligionario catalán Antoni Castells le salieron las cuentas de una recesión en Cataluña. Y acertó.

Aunque nacido en Madrid en 1946, José Antonio Griñán está muy vinculado a Andalucía. Es hijo de malagueña, marido de una sevillana, María Teresa Caravaca, y diputado por Córdoba. Dos de sus tres hijos, Ana y Miguel, nacieron en Sevilla, que fue su segundo destino como inspector de Trabajo en 1974, después de Zaragoza, donde nació su primogénito Manuel. Ahora tiene tres nietos y una nieta. Dos de su hijo mayor, residente en Madrid y casado con una gallega, vinculación que ha generado una amistad con sus consuegros, que le lleva a veranear todos los años a la tierra de su nuera. De su hija, que vive en Sevilla, tiene un nieto y una nieta. Sus allegados lo encuentran feliz de ser abuelo, tanto que era su argumento recurrente para negar cualquier posibilidad de aspirar a la Presidencia de la Junta.

Su parentela gallega ha ejercido influencia en su dialéctica. Hace un año, cuando comenzó su andadura el actual gobierno en funciones resolvía de manera galaico-teológica a la posibilidad de que Chaves no terminara la legislatura en el cargo: “Puede ser que sí y puede ser que no. En todo caso, es como Dios; si existe no interviene en la marcha del mundo. La eventualidad de un relevo es igual; no afecta a la marcha del Gobierno”.

En la época en que llegó a Sevilla, al final de la dictadura, fue uno de los firmantes del documento de los 500, un escrito en el que por primera vez un grupo de altos funcionarios del Estado pedían democracia y amnistía. En esos años colaboró, junto a Joaquín Galán y su compañero de promoción Enrique Vila, con los despachos de Capitán Vigueras (Felipe González, Rafael Escuredo, Manuel del Valle, Ana María Ruiz Tagle…) y de José Julio Ruiz, vinculados a los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, entonces ilegales. “Si había un expediente de crisis, los abogados laboralistas nos pedían que explicásemos a los enlaces sindicales los detalles de la tramitación”, explica uno de sus compañeros de entonces.

Es uno de los fundadores de la Junta de Andalucía. Entró en el primer Gobierno de Rafael Escuredo, como viceconsejero de Trabajo con su viejo amigo y colega de la inspección Joaquín Galán. Cuando llegaron, la Consejería tenía 58 funcionarios, y cuando se fueron cuatro años después, había más de 20.000. En aquellos primeros años de la autonomía estaba muy preocupado porque se notase que las políticas tenían una componente social. Suya es la frase de “hacer un nuevo mundo con viejas ideas como el diálogo político y el diálogo social”. En la segunda legislatura pasó a ser viceconsejero de Salud con Eduardo Rejón. Dada su condición de buen componedor, Rejón le encargó arreglar las relaciones entre la Junta y los colegios de médicos, que estaban envenenadas en aquellos tiempos. También puso en marcha el reglamento del SAS, que estaba recién constituido.

Cuando en 1987 nombran ministro de Trabajo a su amigo Manuel Chaves, se va de secretario general técnico del Ministerio a Madrid. En aquel equipo de dirección era famosa su preocupación por el lenguaje de los textos jurídicos, “para que lo entiendan los ciudadanos a los que van dirigidos”. Allí le coge la huelga general de diciembre de 1988. Volvió a Andalucía con Chaves en 1990 para ser consejero de Salud. En esa época se corrigió en parte el problema de la financiación de la sanidad andaluza. Enseguida se fue a Madrid de ministro de Sanidad (92-93) y de ese Ministerio pasó al de Trabajo, en donde dio una vez más muestra de su capacidad de convicción: consiguió con el Pacto de Toledo garantizar el sistema nacional de pensiones. Fue diputado en Cortes entre 1993 y el 2004, cuando de nuevo le reclamó Manuel Chaves para convertirlo en consejero de Economía.

Su fama de negociador ya se la ganó en el consejillo de viceconsejeros de la Junta en 1982. En aquellos tiempos fogosos a veces se generaban tensiones entre departamentos “y él solía sosegar esas situaciones”, cuenta uno de los protagonistas. Le iría bien el eslogan de Mitterrand en 1981: La fuerza tranquila o el título de una película clásica de John Ford: El hombre tranquilo. Su mano izquierda pasó a ser legendaria hace poco, cuando deshizo los entuertos que había entre la Iglesia Católica y La Junta a propósito de CajaSur, heredados de la época de la consejera Magdalena Álvarez. Su entendimiento con el obispo de Córdoba, monseñor Asenjo, desbloqueó la situación. 

Es muy aficionado a las carreras de fondo. Celebró su sesenta cumpleaños, corriendo una media maratón en Sevilla. Es de ejercicio diario, que recomienda como fuente de salud y recurso para rebajar la tensión. Es menos conocida su afición a las carreras de caballos, que le viene de su padre y han continuado sus hijos. Llegó a comprar en los años 70, con otros 36 amigos, la yegua Picarana que ganó dos carreras en Madrid y estuvo a punto de ganar una de vallas en el hipódromo de Sevilla, pero se cayó en el último obstáculo, cuando tenía asegurado el triunfo. Su padre, Octaviano, que fue director del Banco Mercantil e Industrial en Sevilla y consumado periodista hípico, tuvo incluso una revista especializada en la materia, Corta Cabeza, en donde el futuro presidente de la Junta escribió unas celebradas crónicas bajo el seudónimo de Riu Kiu, el nombre de su caballo favorito. Su hijo Manuel tiene ahora un caballo, Mendavia, que el viernes quedó segundo en una carrera en el hipódromo de Mijas.

Es elocuente, seductor y buen conversador, de la escuela de Felipe González, como otro felipista clásico, el ministro Rubalcaba. Hombre culto, de los que pueden regalar un libro del poeta del siglo de oro Garcilaso de la Vega. Es tímido si no tiene confianza, pero le sobra sentido del humor. Se diría que es coqueto, cuida mucho sus corbatas aunque presume de que no las compra. Se entiende que se ocupa de esa tarea su mujer, ‘Mariate’ en el círculo familiar. Algún amigo próximo dice que no lleva bien la edad, que se siente más joven que lo que su físico dice.

Nunca ha tenido cargos orgánicos en el partido, aunque es miembro del comité federal. Los máximos dirigentes del PSOE andaluz hablan de él con gran respeto. “Se ha sabido ganar la confianza del partido”, sostiene Luis Pizarro, vicesecretario regional. En el partido dicen que Andalucía vive un momento histórico, por el relevo y por la crisis. Chaves, que le ha propuesto para el cargo, tutelará su primer mandato presidencial: se quedará como secretario general hasta el próximo congreso del PSOE andaluz, que se celebrará tras las elecciones de 2012. Aunque será una tutela amistosa: ya ha dicho que sólo le dará consejos si se los pide.

El momento es histórico también en materia futbolística: después de un primer presidente de la Junta sevillista, Escuredo, y dos béticos, Borbolla y Chaves, llega el turno a un colchonero. El Atlético de Madrid es el club de los amores de Griñán, Zarrías y el consejero de Deportes Luciano Alonso. Si Galicia le da pie para respuestas evasivas, el Atlético le anima a la épica. A Griñán le gusta contar una anécdota de Harold Macmillan, el primer ministro conservador del Reino Unido entre 1957 y 1963: cuando dimitió, un periodista le preguntó qué había sido lo más complicado y contestó, muy británico, “los acontecimientos, amigo, los acontecimientos”. El candidato a la Presidencia de la Junta añade de su cosecha que “en política hay que saber navegar de bolina, con viento a favor y con viento en contra” . Y en este punto saca a pasear su espíritu colchonero: “Nosotros estamos muy bien dotados, porque los del Atlético estamos acostumbrados a luchar contra las adversidades”. La frase “los del Atlético” es una simplificación. Si no, que le pregunten este año a los seguidores del Cádiz, del Recre, del Córdoba o del Betis.

El próximo gobierno será un gabinete contra la crisis, pero no de tecnócratas. Griñán se muestra muy partidario de los Gobiernos políticos, más que de los técnicos: “Le doy un alto valor a la política; es una ciencia, un arte y una cultura, que va más allá del conocimiento de la materia que se gestione. Se trata de saber hacer, porque en la política, como en la vida, la línea recta no es siempre el camino más corto”. Y será también un gobierno con muchas mujeres, no sólo porque lo exija la ley: “Es más fácil trabajar con mujeres; son más concienzudas, muy trabajadoras y cumplidoras”. Lo que no es óbice para que uno de los pasajes de una de sus óperas favoritas, Rigoletto de Verdi, diga “la dona e mobile qual piuma al vento”. Además, le gusta todo lo de Verdi y todo lo de Mozart, en particular Figaro y Don Giovanni, que curiosamente trascurren en Sevilla. 

En materia musical es más clásico que moderno. Le gusta Moustaki, de sus años mozos, y siempre ha sido seguidor de los Beatles, pero más ahora, que necesita una pequeña ayuda de sus amigos.

Un ministerio sin cartera para Chaves

Ignacio Martínez | 9 de abril de 2009 a las 17:16

Anda mi colega Enric Juliana preocupado con lo que llama el Califato andaluz. El viejo poder andaluz de Rojas-Marcos en versión moderna y ejercido por Manuel Chaves desde un ministerio sin cartera. Sí. Lo que Zapatero le ha dado a Manuel Chaves es un ministerio sin cartera, sin la engorrosa función pública que pasa a los dominios de María Teresa Fernández de la Vega. Sin cartera, significa sin presupuesto. Es un ministerio, con rango de vicepresidencia tercera, político, de los de hablar, negociar, convencer. Al final ZP le ha dado a Chaves algo parecido a lo que le dio Aznar a su gran rival, Javier Arenas, que llegó a vicepresidente ‘segundo’ y ministro de Administraciones Públicas. Es como una historia en estéreo: Chaves fue ministro de Trabajo y años después lo fue Griñán, y más tarde Arenas. Arenas llegó a vicepresidente y años más tarde lo es Chaves. La crisis tiene algunos perdedores. Uno es Zarrías. No ha estado como pretendía para designar al sucesor, eso lo ha hecho Chaves en solitario. No se queda de regente. El hombre más poderoso de Andalucía se va a Madrid de secretario de Estado, en un Gobierno en el que Bibiana Aido es ministra. El mundo al revés. Otro perdedor es Arenas. ¿Ahora quién es el tiranosaurio de la política andaluza? ¿Tiene el PP andaluz un recambio?

Necesitamos otros políticos

Ignacio Martínez | 15 de marzo de 2009 a las 1:07

Necesitamos otros políticos urgentemente. No sólo otros nombres y rostros. Lo que urge es otra clase de políticos. Los discursos de los actuales están llenos de incoherencia y desprecio por los adversarios. Esta semana. La inconsistente ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha presentado las líneas generales de una futura de ley de plazos para abortar en España hasta la decimocuarta o decimasexta semana de gestación. Esta propuesta no formó parte del programa del PSOE en 2008, plantearlo ahora parece que tiene como objetivo que se hable de algo que no sea la crisis.

Personalmente no estoy en contra de una medida así. Hay muchos dramas detrás de cada aborto y nadie aborta por gusto. Pero me preocupa la manera de presentarlo la ministra: las niñas de 16 años podrán abortar sin permiso paterno; si pueden casarse, pueden abortar. La Junta acaba de establecer unas cautelas para que los menores de edad no puedan operarse de cirugía estética, sin un serio estudio psicológico. La consejera María Jesús Montero, ha explicado que a veces las jóvenes de 16 años no cuentan con la edad mental suficiente para asumir un cambio como operarse de las tetas.

Pero su partido no aplica este rigor al aborto. Mi colega José Aguilar abundaba el jueves en esta idea:

“¿Y van a poder someterse a una agresión como el aborto por su sola voluntad inmadura? Este disparate no es más que una variante extrema del sistema de valores que venimos inculcando a la juventud… Se basa en instalarla en el infantilismo, la incapacidad de tolerar la frustración, la inflación de derechos sin deberes y una irresponsabilidad absoluta.”

El presidente de la Junta ha acudido en socorro de la ministra, con el argumento de que la ley quiere acabar con la inseguridad clínica y resolver problemas humanos. Pero no ha evitado pegarle una pedrada al PP, que se opone a la ley de plazos y ha anunciado que la recurrirá ante el Tribunal Constitucional. “Las desigualdades sociales no fueron nunca objetivo de la derecha”. Cuando los socialistas en vez de Partido Popular dicen la deresha, es que quieren mentarle la madre al PP. Y ya que estaba, Chaves ha añadido que la deresha no está arrimando el hombro contra la crisis económica. Seguro que la responsabilidad del PP en  el impacto de la crisis económica internacional en España, es menor que la del PSOE.

Otro lance político de baja categoría es la polémica sobre un apartamento que ha comprado en Arosa el vicepresidente Zarrías. Sale a la palestra el secretario general del PP andaluz, Antonio Sanz, y dice que el piso está en al lado del mar en una zona que incumple la ley de costas, que es producto de un pelotazo urbanístico y que esto es un escándalo mayúsculo. Le compro el discurso. Puede repetirlo con más propiedad contra el ex presidente Aznar que se compró una residencia en Marbella en una zona ilegal, producto sin duda de un pelotazo urbanístico en la era Gil. Piso que la alcaldesa de Marbella no piensa tirar abajo. Ángeles Muñoz (PP) cree que los propietarios de las 35.000 viviendas ilegales iban de buena fe. Lo que ha demolido esta semanas es simbólico. Nada allí es escandaloso.

Por su parte, Zarrías, visiblemente enfadado contesta a la interpelación diciendo que el PP es un partido corrupto de la cabeza a los pies. Que la urbanización de su piso es legal y que va a seguir adelante porque está en su derecho. El problema para él es que ésta no es sólo una cuestión  derechos, es también una cuestión de valores: si su partido opina que no se debe construir al lado del mar y promueve leyes contra ese abuso, es incoherente que un dirigente socialista se compre un piso en construcción justo al lado del mar, por mucho que tenga los permisos.

Lo bueno de las crisis es que limpian. A ver si ésta se lleva por delante esta mezquina manera de hacer política de nuestros dirigentes.

El orgullo no da el poder

Ignacio Martínez | 14 de enero de 2009 a las 12:05

 

El malo de la película Australia, Neil Fletcher, repite varias veces que “el orgullo no da el poder”. Orgullo, entendido por vanidad, arrogancia o exceso de autoestima no es una buena cosa, aunque el amor propio y la determinación de lady Ashley, el personaje que encarna Nicole Kidman, tenga más dignidad que todo eso. Sobre la película opino, como mi admirado Carlos Colón, que Baz Luhrmann ha querido hacer una mezcla de Lo que el viento se llevó, Doctor Zhivago y Memorias de África. Y no. El resultado es entretenido y poco emocionante. Pero a medida que el malo Fletcher repetía “el orgullo no da el poder” me iba haciendo este artículo.

Y en esto sale Magdalena Álvarez a comerse el mundo después del fiasco de Barajas por la nieve. La culpa es de los meteorólogos o de Iberia, y a Rajoy más le valdría callarse, que no hace otra cosa que perder elecciones, el tío. Una amiga mía dice que le gusta mucho la ministra porque es una mujer rajá y despachá, dice siempre lo que piensa y es echá p’alante. Estas cosas gustan, aunque a mí me producen escasa emoción. En alguna de sus polémicas, incluso, creo que Magdalena tenía razón. Por ejemplo, cuando la quisieron linchar los del PP por las filtraciones de la comisión de investigación sobre el accidente de Spanair. En fin, aparece Zapatero y ampara a su jefa de Fomento. O sea, que el malo Fletcher no tenía razón: el orgullo a veces sirve para mantenerse en el poder. A Álvarez, al menos, le funciona la fórmula.

Estos días hemos tenido pruebas de sobra de orgullo y nervios. Nada menos que un vicepresidente de la Junta ocupó la tribuna del Consejo de Gobierno el 30 de diciembre para sacudirle de lo lindo al jefe de la oposición. Gaspar Zarrías dijo que iba a hacer un balance del año y resultaba que Arenas era el 80% del año; era malo, nefasto para Andalucía e iba a seguir perdiendo por los siglos de los siglos. No crean. Gaspar es capaz de ser atento y cordial como ninguno, pero si lo exige el guión es capaz de ponerse muy orgulloso. Menos mal que aquel día el otro vicepresidente estuvo estupendo, con la financiación autonómica. Tanto que Griñán vendió mucho mejor el artículo que el propio Solbes.

En la acera contraria, tampoco estamos faltos de gestos altivos y broncos. Cuando la torpe de Nebrera descarrila en su empeño de descalificar el acento rajao de Magdalena Álvarez, entra al rebote el número 2 del PP andaluz, Antonio Sanz, con la coletilla de que todo es culpa de la chulería, soberbia y torpeza de la ministra. No se había enterado de que en esa coyuntura valía más la humildad de pedir disculpas. Arenas no lo hizo al día siguiente, aunque le pegó un bofetón en la boquita a Nebrera; no en balde esta señora no es de su cuerda dentro del PP catalán. Ahora aprovechan y se la quieren quitar de en medio. El poder, después de todo, tiene mucho que ver con el orgullo.

Montilla se asfixia

Ignacio Martínez | 10 de agosto de 2008 a las 13:44

En la vida particular, como en la pública, hay que huir de las imitaciones. Personalmente, prefiero los originales. En la reivindicación abanderada por el nacionalismo socialista catalán prefería a Maragall. Lanzó su idea de una revisión del Estatut sobre la base de nación y financiación, fue a Euskadi y le reprochó a los empresarios vascos que no contribuyen a las arcas del Estado y calculó la reducción que quería para el déficit fiscal de Cataluña. El ‘cheque catalán’ de Maragall valía un billón de pesetas: 6.000 millones de euros es lo que debe reducirse la contribución de Cataluña al resto de España o aumentar los retornos en forma de inversiones estatales. Todo estaba muy claro.

Ahora, no. Montilla dice que Cataluña se asfixia, Mas dice que hay un expolio fiscal; y ambos reprochan a Solbes que no haya llegado a un acuerdo, sobre la base de sus exigencias, pero no sueltan prenda sobre cuánto quieren. Son buenos comerciantes y buenos negociadores del catalanes. Pero ahora están sobreactuando. Como malos jugadores de fútbol revolcándose por el césped para que el árbitro le saque tarjeta al adversario. Aquí el árbitro es la opinión pública. Espero que el Gobierno de la nación no esté haciendo el paripé, en un sainete previamente pactado. Por eso celebro que la vicepresidenta Fernández de la Vega haya manifestado su malestar por el “excesos verbales” de Montilla, y que el vicepresidente andaluz Zarrías haya calificado de “infantil” la postura de Montilla. Corto se queda. Y también que Luis Pizarro, el vicesecretario del PSOE andaluz, rechace el modelo catalán.

El sábado 9 de agosto, en un artículo en La Vanguardia, Artur Mas decía que hay que evitar que el que recibe la ‘solidaridad’ acabe teniendo más que el que la paga. A este punto hemos llegado, a que se deslice que Extremadura acaba teniendo más PIB per cápita que Cataluña. Cuando Montilla le dice a Zapatero que le quieren [los socialistas catalanes] pero que quieren más a Cataluña, lo que está queriendo decir es que en el PSC quieren a España, pero quieren más a Cataluña. Mas no necesita disimulos: en el artículo de La Vanguardia decía que hay que reducir el déficit fiscal, asegurarse que Cataluña no pierde posiciones en el ranking de riqueza per cápita después de su aportación solidaria, que hay que evitar el ‘café para todos’ y por tanto la negociación debe ser bilateral con el Estado, que Cataluña debe tener autonomía para modificar sus impuestos sin pasar por las Cortes y gestionar lo que ingresa en pie de igualdad con el Gobierno central.

Hay que recordarle a Mas y a Montilla que en los estados de derecho los que más tienen pagan más impuestos y los que más necesitan se benefician. Que son las personas y no los territorios los que pagan impuestos. Y que el déficit fiscal catalán tiene su origen en el enorme superávit comercial de Cataluña respecto al resto de España. Eso significa que una mayoría de su economía regional depende de muy buenos clientes ‘españoles’ que asisten perplejos a este regateo insolidario. Y a toso esto, sobre cuánto vale eso, ni una palabra. Prefería a Maragall, que era más clarito. Y encima tenía el valor de reprochar a los vascos que no contribuían: asunto sobre el que ni el asfixiado Montilla ni el desahogado Mas han dicho esta boca es mía.

La llave del éxito

Ignacio Martínez | 2 de junio de 2008 a las 13:04

Un joven colega me explica una teoría según la cual en el inicio de la Transición pesaron mucho los expertos en leyes, después se pusieron de moda los economistas y ahora los periodistas están rifados. Alcaldes, presidentes de Diputación, consejeros o ministros buscan periodistas para la comunicación. Eso, al principio, porque después ejercen de jefes de gabinete móviles, porque viajan con su jefe y acaban de ayudante universal.

En el primer Parlamento andaluz hubo brillantes licenciados en Derecho. Por ejemplo, los abogados del Estado Hernández Mancha, Arias Cañete o José Ramón del Río, de AP; los notarios Antonio Ojeda (PSOE) y Luis Marín Sicilia (UCD), presidente y vicepresidente en aquella legislatura; o el catedrático de Derecho Civil Ángel López López (PSOE). Ahora no quedan abogados del Estado, notarios o catedráticos en el Parlamento, dicho sea sin ánimo de ofender.

Por entonces debutó un grupo de economistas en torno a Braulio Medel, director general de Planificación en el primer Gobierno Escuredo en 1982. Estos jóvenes que llegaron con el actual presidente de Unicaja han ido creciendo, en el más completo sentido de la palabra: Juan Antonio Cortecero es el número dos del vicepresidente Zarrías, Antonio Ávila es el número tres del vicepresidente Griñán, e Isabel de Haro es secretaria general en la Consejería de Innovación.

El auge administrativo de los periodistas es más reciente. Y también se han dedicado a la política: Juan Ojeda, que fue director del Córdoba, llegó a secretario general del PP andaluz, y uno de los valores emergentes del PSOE es el ya diputado Miguel Ángel Vázquez. No es una originalidad local. En Dinamarca en 1992, en el Gobierno que perdió el referéndum de Maastricht, estaba como ministro de Exteriores el carismático periodista Uffe Ellemann-Jensen. Y en Londres, acaba de ser elegido alcalde mi colega Boris Johnson, corresponsal del Daily Telegraph en Bruselas en los 90, a quien recuerdo tan ocurrente como amante de la juerga.

Los periodistas triunfan en otros cometidos. Acaba de dimitir como director del Teatro Cervantes y del Festival de Cine de Málaga Salomón Castiel, que ha hecho en ambos cometidos una labor destacadísima. Aunque en Málaga lo de profeta en su tierra resulte aún más difícil que en la media española. Castiel es uno de los fundadores de Canal Sur, lo que me trae a la memoria al alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez, que fue corresponsal de TVE en los primeros 80. Aunque la de alcalde es una especialidad muy de médicos: Pedro Aparicio (Málaga), Esperanza Oña (Fuengirola), José Moratalla (Granada), Alfredo Sánchez Monteseirín (Sevilla). Al final va a resultar que ni los reglamentos, ni las cuentas, ni la información, que a los ciudadanos quienes les seducen de verdad son los expertos en salud.