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Pacto por Andalucía: los mismos de siempre

Ignacio Martínez | 9 de diciembre de 2012 a las 11:14

Con la vista puesta en el 28 de febrero, el presidente de la Junta ha lanzado la idea de un gran pacto por Andalucía, en el que participen todas las fuerzas políticas, empresariales y sindicales. Esta semana se han puesto en marcha los motores de agitación de la opinión pública por parte de los personajes habituales de este tipo de convenios. Gobierno, patronal y sindicatos han aireado sus ventajas, con conocimiento de causa interesado.

En mayo se cumple el 20 aniversario de la firma del primer acuerdo de concertación social entre la Junta y los agentes sociales. Como desde entonces hasta la llegada de la crisis la economía regional no paró de crecer y crecer, se atribuía por las partes contratantes una virtud taumatúrgica a esos pactos. La debacle financiera y la depresión mundial desvelaron la escasa consistencia de una economía andaluza fraguada con ese sistema y esos protagonistas.

El último acuerdo de concertación, que hacía el número siete, lo firmó Griñán al poco de llegar a la Presidencia, en noviembre de 2009. Un paquete de casi 20.000 millones, tres centenares y medio de medidas para reactivar el empleo, que se ha demostrado bien inútil. Así que, ojo, este pacto por Andalucía no puede limitarse a la puesta en escena de lo bien que se lleva el Ejecutivo con unos representantes de empresarios y trabajadores demasiado asimilados por el poder regional. También debería ser, por una vez, transparente sobre las transferencias que CEA, UGT y CCOO consiguen con su firma. Un acuerdo como sus siete precedentes, tendría la misma escasa eficacia.

El bombardeo político a la opinión pública ha empezado. Zoido no quiere ser un convidado de piedra y pretende sumar a ayuntamientos y diputaciones, Griñán habla de movilización social, Valderas de sacar a la gente a la calle y convocar un referéndum, Susana Díaz de conseguir el mayor apoyo posible. Faltan catálogo de temas, procedimiento y calendario. Y faltan actores nuevos en la escena; otros representantes de la sociedad. Este pacto no lo deberían protagonizar los mismos de siempre.

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Andalucía: ni gobierno ni oposición

Ignacio Martínez | 11 de noviembre de 2012 a las 13:46

Esta semana el número dos del PSOE andaluz ha dicho que no hay oposición en Andalucía. Estoy de acuerdo. El PP padece de síndrome de abstinencia, tras el hiperliderazgo, la hiperpresencia y la hipervoluntad de Arenas en las decisiones. Sufre de orfandad. Mario Jiménez se preguntaba el lunes si había alguien en la calle San Fernando de Sevilla, sede regional del PP. Una maldad. Los habitantes de la casa andan ocupados en la difícil transición presidencial entre el hombre providencial y el hombre normal. Zoido es de la traza de Hollande. El tipo corriente, cercano, que ni deslumbra ni desentona. Pero debajo de la lenta ceremonia de traspaso de poderes y de adhesiones hay un lío de la tropa, por decirlo con palabras del léxico de Rajoy.
Jiménez mete el puñal en esa herida. Sostiene que no es que eche en falta una oposición más contundente en Andalucía, sino que simplemente echa en falta una oposición. Y pone un ejemplo bien traído. Zoido tardó tres días en valorar el proyecto regional de Presupuestos y lo hizo después del propio Arenas o de Esperanza Oña, una de las aspirantes a la candidatura popular en las próximas autonómicas. Aunque fuentes muy bien informadas señalan que en la calle Génova de Madrid piensan en serio en Zoido como el candidato regional, de Despeñaperros para abajo se barajan alternativas. El alcalde de Sevilla proyecta dudas, por su discurso, tan abrazado al ayuntamiento que preside, y por su baja nota en los debates quincenales con el presidente de la Junta. Así que florecen los alfileres en el mapa de eventuales candidaturas: en Adra (Crespo), Motril (Rojas), Fuengirola (Oña) o Córdoba (Nieto). Y atención a Tomares, cuyo alcalde y secretario general del PP andaluz, José Luis Sanz, tiene buen cartel.
Quizá el vicesecretario socialista no ha reparado en la otra cara de la moneda; tampoco hay Gobierno en Andalucía. El PSOE quiere marcar el paso a Rubalcaba. Y la actuación de consejeros o diputados que apoyan al bipartito se concentra en hacer oposición al Gobierno de la nación. Un juego perverso; el debate parlamentario regional raramente se ocupa de problemas concretos de los andaluces. El resultado es penoso: ni gobierno, ni oposición.

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Un lío

Ignacio Martínez | 12 de septiembre de 2012 a las 10:28

Cataluña se tira a la calle para pedir la independencia y Rajoy dice que eso es un lío. Más plácidamente, casi de manera romántica, Juan Ignacio Zoido afirma que tiene a Sevilla en el alma y en la cabeza. El invitado de ayer al Foro Joly ejerce mucho más de alcalde de la capital de Andalucía que de candidato a la Presidencia de la Junta. Muchísimo más. De hecho, no se le adivina interés alguno en aspirar al sillón de San Telmo. Además de un análisis superficial de la situación que vivimos, en su intervención no dejó muchas pistas sobre su pensamiento ni sobre su estrategia regional. Eso sí, aparca, de momento, su empeño en reclamar un estatuto de capitalidad para Sevilla. De momento es una expresión que pusieron de moda los nacionalistas. A principios de los 90, el presidente Pujol pidió la cesión de la recaudación del 15% del IRPF, “de momento”. A finales de los 2000, los catalanes reclamaron el 50% del IRPF, “de momento”. Ahora exigen, “de momento”, un pacto fiscal como el vasco.

El término le viene como anillo al dedo al estilo dubitativo y galaico del presidente Rajoy. Él no iba a subir el IRPF, ni el IVA, de momento. Pasado el instante en el que lo afirmaba, cualquier momento era bueno. Prometió que no habría que pagar el IVA de las facturas antes de haberlas cobrado, pero “de momento” no le ha dado tiempo de implantar el nuevo sistema. Los pensionistas andan con las carnes abiertas, porque “de momento” no piensa tocarlas. Pues bien, Zoido, de momento, aplaza su reclamación de un estatuto de capitalidad.

El alcalde sevillano lanzó ayer una idea que ya han propuesto dirigentes de su partido como Cospedal o Feijóo, para sus territorios respectivos: hay que reducir el número de diputados del Parlamento de Andalucía. Y no propone una cifra, para no perjudicar el consenso antes de empezar. Pero lo que plantea es un lío, como diría Rajoy. Porque el número de diputados está en la letra de Estatuto de autonomía. El artículo 101.1 dice que textualmente que “el Parlamento estará compuesto por un mínimo de 109 diputados, elegidos por sufragio universal, igual, libre, directo y secreto”. Una ley electoral podría cambiar el número para aumentarlo, como sueña Izquierda Unida, pero bajarlo de 109 supone un cambio estatutario. Y si se cambia una coma del Estatuto hace falta un referéndum, salvo en unos contados artículos financieros que así lo advierten.

En todo caso, aceptemos que el presidente regional del PP hace su propuesta teórica como una medida de austeridad. Pero hay otra componente: el partido más votado se beneficia en varios escaños de una reducción del número de diputados. En Galicia y en Castilla-La Mancha, en donde gobierna el PP por mayoría absoluta, significaría casi garantizarles la permanencia en el poder. En Andalucía, sin mayoría absoluta y con la pérdida de expectativa de voto, a lo peor los populares serían más perjudicados que favorecidos. Lo dicho. Es un lío. Y un lío peligroso.

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San Telmo, olla a presión

Ignacio Martínez | 21 de julio de 2012 a las 10:00

El alcalde Sevilla insiste en reclamar un estatuto de capitalidad. Dinero, para explicarlo en lenguaje llano. Piensa que ser capital de Andalucía supone inconvenientes y genera gastos que deberían ser compensados por las arcas regionales. No se le puede negar coherencia. Ahora que es presidente regional del PP podría olvidarse de su reivindicación, como de facto hizo Monteseirín.
El anterior alcalde se lanzó al ruedo en el Club Siglo XXI de Madrid en 2001, ante el presidente Chaves, en un discurso con el listón en récord: reclamó la Carta de Capitalidad, la fusión de las cajas sevillanas, la sede de la caja única y advirtió en la Villa y Corte que no renunciaba a la sede olímpica. De todo aquello sólo salió la fusión de las dos entidades financieras que han acabado en manos de La Caixa. De lo demás no hubo nada.
Y en esto, llega Zoido y repite que a Sevilla le cuesta el dinero la capitalidad y hay que resolverlo. Estamos hablando de un asunto sensible. En Sevilla y en Málaga, también en Granada, se escriben barbaridades en las redes sociales desde la comodidad del anonimato. Como en tantas otras cosas, sería deseable que la idea se debatiese en el Parlamento andaluz. Hasta ahora el PSOE ha evitado esa discusión pública. En su día reprochó a Monteseirín que sacara la reclamación ante el presidente de la Junta sin advertirle previamente. Y eso fue todo.
Es verdad que Sevilla es un manifestódromo, lo que exige más gasto en Policía Local. Y la aglomeración urbana, aumentada por la presencia de funcionarios, sedes profesionales y empresariales, o población flotante necesitada de gestionar asuntos en la capital administrativa, dificulta su tráfico, contamina su atmósfera, complica la vida de los sevillanos. Pero los beneficios de la capitalidad son también evidentes; toda la población extra tiene una renta disponible que produce actividad económica y comercial, e ingresos de impuestos. Desde que se planeó la autonomía, hace más de 30 años, no se ha hecho un estudio sobre coste y beneficio de la capital. Y quizá es la hora de encargarlo.
En este tiempo en Sevilla se ha recuperado patrimonio, consolidado empleo público, aumentado servicios, concentrado congresos y eventos deportivos o políticos, como cumbres europeas o de la OTAN… En definitiva se ha construido una centralidad política, económica, mediática. Fuera de Sevilla esto se considera extraordinario, pero dentro se piensa que no compensa. Urge un debate sosegado en el Parlamento, no a pedradas en las redes sociales.
Por otro lado, la insistencia de Zoido invita a pensar que no será candidato a la Presidencia de la Junta. Resulta gracioso: el jefe de los socialistas andaluces soñando con la Presidencia del Gobierno de la nación y el jefe de los populares concentrado en la Alcaldía de Sevilla. San Telmo, hermoso palacio barroco, es una olla a presión en la que nadie quiere verse atrapado.

Dedazos

Ignacio Martínez | 11 de julio de 2012 a las 12:29

Hay dedazos y dedazos. El de Mourinho a Vilanova tras perder el Real Madrid la final de la Supercopa el año pasado fue una agresión cobarde, perdonada ayer de forma vergonzosa por Ángel María Villar para celebrar su enésima reelección como presidente de la Federación Española de Fútbol. Esa acción tan reprobable es el dedazo más famoso de la reciente historia de España, pero no el único.

En política el mismo término tiene una connotación peyorativa, que roza el nepotismo. Tiene su origen en México, donde se emplea para indicar que un gobernante, funcionario o incluso un candidato a presidente de la República es elegido por la voluntad de una sola persona, que lo señala con su dedo índice, sin tener en cuenta la opinión de los ciudadanos, ni de su partido, ni respetar norma de concurrencia alguna.

Oigo a algún/a propagandista del PSOE atribuírselo, con razón, a la designación de Juan Ignacio Zoido como presidente regional del PP. Advenimiento que tendrá lugar en Granada el próximo fin de semana. También leo unas declaraciones del flamante número dos de los socialistas andaluces en las que dice que el suyo no es partido de dedazos. Y en esto ya no estoy de acuerdo. Cuando Chaves se marchó al Gobierno de la nación como vicepresidente en abril de 2009, designó sucesor a Griñán. Eso fue un dedazo como la Torre de Cajasol, como el que le ha pegado Arenas a Zoido. Por cierto, en el comité director del 14 de abril de 2009, la tropa socialista acató con disciplina militar el deseo de su líder Chaves y aprobó a mano alzada por unanimidad el dedazo a Griñán.

Es verdad que en el PSOE de vez en cuando hay espacios de libertad y confrontación que resultan estimulantes y atractivos para la opinión pública. Son acontecimientos que no se dan en el PP y que en el caso de los socialistas se suelen producir durante su estancia en la oposición: las primarias de Almunia contra Borrell, la elección de Zapatero como secretario general con cuatro candidatos, o la de Rubalcaba en duro enfrentamiento con Chacón. Pero Griñán no es precisamente un buen ejemplo para dejar en evidencia a Zoido. Estos dos dedazos, menos agresivos que el de Mourinho, están cortados por el mismo patrón.

Ahora queda por ver cómo queda en el futuro la relación entre Arenas y el nuevo jefe del PP andaluz. Estas cosas no suelen terminar bien. Griñán, de hecho, una vez que hubo heredado el Gobierno y el partido rompió con su mentor. Zoido está cambiando muchas cosas; falta saber si su historia tiene un final más feliz. Aunque feliz el que tiene que estar es Mourinho: hace el gamberro y se va de rositas. Los dedazos pueden ser rentables o no. Hay resultados para todos los gustos, con el autor o su protegido desairados, con el agresor o su víctima satisfechos. Hay dedazos y dedazos.

El eje Sevilla-Málaga

Ignacio Martínez | 2 de julio de 2012 a las 9:25

Ahora que después de 60 años está a punto de fenecer el eje París-Bonn o más modernamente París-Berlín, el presidente interino del PP regional quiere instaurar un eje Sevilla-Málaga sobre el que construir Andalucía. Ya le digo yo a Zoido que a otros se nos ha ocurrido la brillante idea antes que a él y no funciona. El alcalde de Sevilla ha estrenado su forzado liderazgo del PP andaluz en territorio comanche. Málaga mira con recelo que Sevilla sea la madre de todas las capitales. Y aquí ha dicho que hay que llevarse bien y no perderse en discusiones estériles. Toreo de salón.

Un buen amigo me recuerda que Andalucía no existe porque no existen los andaluces. Existen los granaínos, gaditanos, malagueños, sevillanos, cordobeses, onubenses, jiennenses y almerienses. Cada uno de su padre y de su madre, muy orgulloso de su historia y muy vigilante de lo que se haga en casa del vecino. Zoido pretende que la Junta debió impulsar ese eje Málaga-Sevilla, cuya existencia es fundamental para romper el tópico muro de la rivalidad entre sevillanos y malagueños. Si se ha molestado en leer los comentarios en las páginas web de los diarios del Grupo Joly, habrá visto que de tópico nada.

Me temo que el PP esté cometiendo el mismo error que con Teófila Martínez en 1999. No ya por poner a un alcalde de presidente regional, que Cádiz no levanta suspicacias, sino por urdir el nombramiento en un sanedrín. No se sabe quiénes, ni cuántos, ni dónde han decidido que Zoido sea el heredero del hiperliderazgo de Arenas. Sí se sabe que algunos presidentes provinciales se enteraron por la prensa de que habían hecho un comunicado conjunto incondicional. Desaprovecha la ocasión el PP andaluz de facilitar que surjan candidatos que se expresen y se midan. Conseguiría mucho foco y mucha credibilidad. Es una fórmula que a veces utiliza el PSOE. No siempre; en las municipales la caprichosa ejecutiva regional socialista no quiso convocar primarias.

Pero Zoido tiene otros problemas. La marca del PP se ha oxidado bastante, y no llegará a la próxima convocatoria electoral con tanto brillo como el 25 de marzo. Y luego, es el alcalde de Sevilla y eso no facilitará su tarea en la periferia regional. Llegó a la Alcaldía reclamando un estatuto especial para compensar a Sevilla de los inconvenientes de la capitalidad. Y ahora debe reciclar su discurso. La propuesta de eje Sevilla-Málaga ha levantado críticas en Granada, Sevilla y Málaga. Un triángulo esencial. Como el Huelva-Sevilla-Cadiz. Como el Málaga-Granada-Almería. Como el Córdoba-Sevilla-Málaga. Como el Jaén-Córdoba-Granada. Andalucía es poliédrica, pero se ha hecho muy tribal en 30 años de autonomía. Y esto no es culpa de nadie en concreto y de todos en general.

Zoido está en este campo en primero de básica. Y no debe fiarse del apoyo unánime e incondicional: Teófila también lo tuvo en la teoría y nunca lideró al partido de verdad.

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El perfecto interino

Ignacio Martínez | 16 de junio de 2012 a las 11:00

El PP andaluz se dispone a elegir por segunda vez un presidente interino para sustituir a Javier Arenas. Vuelven a pensar en un alcalde; un error repetido. Alguien debería decirle a los talentos que deciden estas cosas en petit comité, en algún cenáculo de la capital del Reino, que en una región tan tribal como Andalucía el alcalde de una capital es visto por los votantes del resto de capitales primero como un extraño y después como candidato del partido de sus simpatías.

Hay un hándicap para cualquier alcalde o alcaldesa, que ya tuvo que soportar Teófila Martínez en dos ocasiones. Y todavía, Cádiz encaja en el resto de Andalucía, pero si el alcalde es sevillano y se estrenó en el cargo pidiendo un estatuto de capitalidad que compensara a su ciudad de las molestias e inconvenientes de ser la capital de Andalucía, entonces no tiene muchas posibilidades de que le voten en Málaga o Granada, por poner dos ejemplos. Este complejo de que a Sevilla le cuesta el dinero ser la capital, ya lo padece algún bruselense con las instituciones europeas. En ambos casos es una deformación notable la realidad: tanto para Sevilla como para Bruselas es un magnífico negocio ser la capital de Andalucía o de la Unión Europea.

Total, que el hombre que quería un estatuto especial para su ciudad, tiene que ir ahora por la periferia regional, a lugares alejados de la pequeña Sevilla del poder, a pregonar como las cupletistas de los años 50, que como ese pueblo, ninguno. Pero no le creerán. Añadan que puede dejar de ser diputado autonómico y que está empeñado en renovar la mayoría absoluta en su ayuntamiento. Así que no veo ganando unas elecciones regionales a Juan Ignacio Zoido, quien por cierto ha hecho poco en Sevilla en su primer año de mandato.

El alcalde de Málaga ya decía a Monteseirín y ahora a su sucesor que si les molesta la capitalidad, Málaga se hace cargo ¡pagando! Y, dicho sea de paso, ha sido el único que le ha puesto peros al dictado de la superioridad, con una sutileza marca de la casa: veía a Zoido “muy ocupado”, aunque ayer le mostró su adhesión. ¿Está el PP tirando las próximas elecciones? ¿Será Zoido candidato? Lo deprimente en todo caso es que no se deje al partido debatir, celebrar el congreso como estaba previsto, y que no se aliente que haya varios candidatos que se expliquen y se midan. La falta de democracia interna en las organizaciones políticas es flagrante.

Todo este procedimiento no deja en buen lugar a Arenas. Más bien recuerda esa anécdota que se atribuye al torero cordobés Rafael Guerra, a quien un grupo de incondicionales le preguntó un día quien había sido el mejor torero después de él. Y Guerrita contestó: Después de mí, naide y después de naide, Fuentes. No vaya a ser que se piense que en el PP andaluz detrás de Arenas no hay nadie, y después, un alcalde. El perfecto interino.

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Toros desde la barrera

Ignacio Martínez | 13 de septiembre de 2011 a las 14:25

Pronosticaba aquí la semana pasada que la petición del alcalde de un estatuto de capitalidad para Sevilla, que mejore su financiación, le abriría una fisura al PP andaluz. Así ha sido. Ayer, en una entrevista de Javier Gómez en Málaga hoy, el alcalde de Málaga le lleva la contraria a su compañero de partido, como antes se la llevaba a Monteseirín cuando planteaba estas cosas. Por si no lo recuerdan, el anterior alcalde sevillano en 2001, en una conferencia en Madrid en el Club Siglo XXI, dijo delante del presidente Chaves que las inversiones de la Expo 92 en Sevilla ya estaban amortizadas y que a la ciudad le resultaba gravoso ser la capital de Andalucía. Sin embargo, los socialistas no avalaron una propuesta en ese sentido del PP, presentada en el Ayuntamiento sevillano en 2007.

En todo caso, De la Torre no se ha hecho esperar, aunque ha mejorado su apuesta. A Monteseirín le decía que Málaga haría de capital gratis y ahora está dispuesto a poner dinero incluso: “Mi compañero Zoido no tiene ninguna razón… Espero que ni este Gobierno autonómico ni los que le sigan detrás le hagan caso, porque sería una injusticia para el resto de Andalucía. Javier Arenas conoce mi criterio perfectamente. Y Zoido también. Insisto, Málaga pagaría un canon por ser capital. Tiene muchas ventajas. Y los problemas de financiación de los ayuntamientos hay que resolverlos para todos, no para uno solo”. Arenas, como Rajoy, torea de salón en espera de que lleguen las elecciones. Tienen muchas posibilidades de ganarlas, pero no dejan de ser aspirantes. Pero estos dos alcaldes están gobernando y se comprometen. Ahora han puesto un toro en suerte, que el presidente regional del PP tendrá que lidiar.

La cercanía electoral retrata a propios y extraños. Hay quienes se sienten perjudicados por las decisiones de los jefes de su partido, como Carmen Calvo, despechada porque prefieran en Córdoba a Rosa Aguilar que a ella, a quien tanto quisieron los mandamases socialistas y a la que tanto deben por su sacrificio en ser consejera y ministra.

También se extralimitan otros. Ayer en este diario la presidenta del Parlamento regional hacía una exhibición de partidismo en una entrevista de Antonio Fuentes en la que repetidamente cargaba contra el PP y contra Javier Arenas. No es ese el papel que cabe esperar de su puesto institucional, que le exige una prudente neutralidad. Según la señora Coves es “imposible” compatibilizar los cargos de alcalde y diputado autonómico y es incoherente que el PP lo propusiera en el pasado y ahora lo rechace. Los socialistas tienen más de setenta alcaldes y concejales que son diputados en los distintos parlamentos regionales de España. Probablemente es por coherencia por lo que el PSOE propone suprimir la compatibilidad sólo en Andalucía. A ese toro le quieren recortar los pitones. Para que no les coja.

Un dolor de cabeza para Arenas

Ignacio Martínez | 10 de septiembre de 2011 a las 10:06

El alcalde de Sevilla ha mandado una carta al presidente de la Junta con 16 exigencias. El catálogo es largo y ancho: ley de dependencia, zonas con riesgo de exclusión social, rehabilitación de barrios, programas de empleo, metro, AVE al aeropuerto, ciudad de la justicia, mejora de colegios, reforma de museos, restauración de iglesias, deudas tributarias… Hasta aquí, un menú reivindicativo, que bien podría enviar cualquiera de los alcaldes de las demás capitales andaluzas. Todos ellos del PP, por cierto. El presidente de la Junta sostiene que se ha enterado de la misiva por la prensa y le ha reprochado semejante indelicadeza a Juan Ignacio Zoido. Si es así que el alcalde ha dado a conocer su carta antes de que la recibiera su destinatario habría que convenir que Griñán tiene razón en molestarse. Pero, además, el jefe del PSOE regional ha añadido que se gana las elecciones para gobernar, no para hacer oposición. Simpática teoría que a buen seguro sus compañeros de partido en la Junta no aplicaron en ningún momento en aquellos tensos años de 1996 a 2004, en los que Aznar gobernaba en La Moncloa y las huestes de Manuel Chaves arremetían mañana, tarde y noche contra sus adversarios políticos en la más cerrada de las oposiciones que se recuerdan.

Pero estábamos con la larga lista de frentes que Zoido quiere abrirle a Griñán en defensa de los intereses de Sevilla. Un pulso que multiplicado por ocho en todas las demás capitales podría debilitar aún más la precaria consistencia del Gobierno andaluz. Pero hay algo que añade a su relación de agravios que más bien puede plantearle una fisura al PP en sus propias filas. El nuevo alcalde, como su antecesor del PSOE, reclama una ley de capitalidad que suponga una mayor financiación para Sevilla. La capital de Andalucía considera que ese ejercicio le cuesta el dinero y quiere compensaciones, como las tienen ciudades españolas en similar situación.

Este asunto no es nuevo, ni exclusivo de Andalucía. En Bruselas también hay belgas, mayormente flamencos, molestos con la presencia de las instituciones europeas, con el argumento de que encarecen la ciudad y colapsan sus servicios. Sin embargo, tanto para la capital europea como para la de Andalucía es un gran negocio tal condición. El alcalde De la Torre ha aprovechado cada ocasión que se le ha presentado en los últimos tiempos para decir que si a Sevilla le resulta gravoso ser capital regional, Málaga lo haría gratis. Ahora que los dos regidores son del mismo partido estaría bien que se aclarasen entre ellos. En definitiva, el PP debería explicar si quiere que Sevilla tenga un estatuto de capitalidad dotado de fondos especiales. Como ven, en el cerco que las legiones populares se disponen a hacer a la única aldea socialista que queda en España, no todas las exigencias debilitan a Griñán. Con alguna puede dolerle la cabeza a Arenas.

Arenas, en busca de la alternativa

Ignacio Martínez | 15 de diciembre de 2009 a las 23:14

El horizonte de 2012 es la clave de toda la estrategia que Javier Arenas desarrolla en Andalucía, a un ritmo frenético, desde que hace un año y nueve meses perdiera por tercera vez contra Chaves las elecciones regionales. Es su última oportunidad. O no, porque éste no es el único papel político que juega en su partido. Hoy por hoy, es el hombre fuerte del PP nacional. Desde hace 18 años no falta ningún lunes por la mañana a la reunión de maitines de la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid, 13 años con Aznar de presidente y cinco con Rajoy.

La preparación de las elecciones municipales y la designación de candidatos le permitirán dar paso a otra generación, y renovar la cúspide de su partido con gente joven. No es una novedad, ya lo ha hecho con mucha soltura o descaro, según se mire, para sustituir a presidentes provinciales con fuerte apoyo en la organización como Joaquín Ramírez en Málaga, o alguien con gran pedigrí institucional como Pedro Rodríguez en Huelva. También pretende alguna sonada apertura al centro y al andalucismo a modo de fichaje.

Todo esto ya lo tiene en la cabeza, pero no suelta prenda, por su particular manera de gobernar el partido, un liderazgo definido por distintas fuentes populares de manera diversa: personalista, autoritario o maniobrero, pero desde luego solitario. Siempre le ha gustado repartir los papeles entre sus principales colaboradores, y propiciar la rivalidad entre ellos: en los 90 entre el portavoz parlamentario Manuel Atencia y el secretario general Juan Ojeda, y en los 2000 entre la presidenta regional Teófila Martínez y el secretario general Antonio Sanz.

En la actualidad, la historia se repite entre el propio Sanz, como secretario, y la portavoz parlamentaria Esperanza Oña. Hay sesiones en las que ambos quieren replicar en simultáneo una alusión desde las filas socialistas, y se disputan la palabra o el amparo de la presidencia, para confusión de propios y extraños. El lado bueno de esta pugna evidente es que los dos son parlamentarios muy eficientes. Incluso hasta brillantes, aunque cortados por el mismo patrón: muy buenos en el juego duro y faltos de sutileza para la ironía o el sarcasmo.

Una de las máximas de Arenas es que la gestión de un partido es un máster en relaciones humanas. Hay que tener mucho cuidado con los movimientos y con los afectados colaterales. La administración de equipos es uno de sus cometidos más delicados. Ejerce, en todo caso, un hiperliderazgo indiscutido. La adhesión al jefe es tal, que recibe del orden de ocho o nueve invitaciones de boda al mes, de afiliados del partido. Uno de sus allegados sostiene que “es el que más manda porque es el que más trabaja“, quizá seguido de su fiel escudero Antonio Sanz.

El secretario regional del partido no genera muchos afectos en la organización. El PP reserva el papel de malo de la película a sus secretarios generales. Arenas ha comentado en alguna ocasión que cuando en enero de 1999 preparó con Aznar el congreso en el que iba a ser nombrado secretario del partido decidieron quiénes iban a seguir, entrar o salir de la dirección nacional. Entonces preguntó cómo se comunicaban los cambios y Aznar le contestó que él llamaría a los que seguían o se incorporaban y Arenas debía llamar a los que cesaban. Esta función la interpretaba, con mano de hierro, Álvarez Cascos, antecesor de Arenas en el cargo: tanto que le llamaban en general secretario.

Sea como fuere, cuando Juan Ignacio Zoido (nacido en 1957) dejó la secretaría general del PP andaluz, para ser candidato a la Alcaldía de Sevilla en las elecciones de 2007, los ocho presidentes provinciales propusieron para el cargo a José Luis Sanz (1968), pero Arenas nombró a Antonio. Otra de las máximas de Javier Arenas (1957) es que no siempre coinciden liderazgo y gestión, incluso que casi nunca coinciden. Y Antonio Sanz (1968) se dedica a la gestión en un partido presidencialista, lo que le obliga a muchas horas de despacho y a cargar con los problemas internos.

No hay un delfín, sin embargo. Un dirigente popular andaluz recurre al despiece silábico para explicarlo: “como se trata del fin del liderazgo de alguien, el interesado no está por la labor de alentarlo o adelantarlo”. Hay un pequeño cuadro de honor con los posibles candidatos a una eventual sucesión. En cabeza en el ranking, en este momento, está el presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Córdoba José Antonio Nieto (1970), joven, audaz y buen orador. No está solo: junto a los Sanz, Oña (1957) o Zoido, también figuran los nombres de los alcaldes de Motril, Carlos Rojas (1970); de Adra, Carmen Crespo (1966), o de Marbella, Ángeles Muñoz (1960). E incluso el del presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Jaén, Fernández de Moya (1969). Todos son diputados del Parlamento regional. “No es por nada, pero ahí hay un gobierno andaluz mejor y más joven que el actual de los socialistas“, sostiene orgulloso un destacado militante popular.

Pero en el PP no hay especulaciones. Muchos de los interlocutores de este reportaje sostienen que el hombre o la mujer que sustituyan a Arenas puede no estar en el candelero. Y todos coinciden en que al jefe no le gustan los delfines virtuales. “Eso ha perjudicado a Carlos Rojas, que ya no aparece destacado en las fotos, y puede dañar a José Antonio Nieto”. El de las fotos oficiales con Arenas es un capítulo que tiene expertos analistas en el lenguaje de los signos: “Si estás a su derecha o a su izquierda, o en la primera fila de una foto, en una reunión organizada por él en Sevilla, estás bien cotizado. En caso contrario, si estás en segunda fila o no apareces, estás en baja“. Hace dos meses organizó en Grazalema un fin de semana familiar con Rajoy. Y se hizo acompañar por el secretario regional, el presidente y la secretaria de Cádiz. Normal. Pero también iba en la excursión la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, que es de otra provincia. El termómetro sucesorio se disparó. Sobre todo, porque las fotos elaborando queso payoyo en una granja escuela dieron la vuelta a España. Varios arenólogos de la mejor confianza, sin embargo, descartan que Titi Muñoz sea lo que los ingleses llamarían the coming woman.

Esta descripción se complementa con otra: Arenas tiene la virtud de colocar secretarios provinciales que no son del agrado de los presidentes, para estimular el espíritu de competencia. Se lo hizo en el pasado dos veces a Joaquín Ramírez. Y se lo ha hecho, sin ir más lejos, a Nieto en Córdoba, con Federico Cabello de Alba, antiguo comisario provincial de Policía. El liderazgo de Arenas está lejos del cesarismo de Aznar, pero no exento de algunos gestos sutiles, muy significativos: en las frecuentes reuniones de la organización en hoteles, a mitad de la sesión suele pedir un descafeinado de máquina con leche, para él solo, que se toma ante la atenta mirada de todos los demás.

La interpretación de los gestos de Arenas como símbolo de afecto o desafecto choca con su cordialidad natural. Quien le haya visto en los últimos meses en compañía de Esperanza Aguirre podría pensar que siguen teniendo la entrañable relación de antaño, cuando formaban con Piqué un grupo de la máxima confianza mutua, en el núcleo duro del aznarismo. Los dos son tan zalameros y se dedican tales piropos y carantoñas, que cualquiera diría que están en el mismo bando. Pero no, ahora están en campos enemigos. Aguirre quiso el puesto de Rajoy tras la derrota popular en 2008, y Arenas se convirtió en el principal valedor del presidente del Partido Popular. Sigue siendo un peso pesado en el epicentro del poder en el PP. A la pregunta de si Arenas tiene despacho en Génova, la respuesta es contundente: ¡una planta entera! La tercera, dedicada a la política autonómica y local, es su territorio: desde allí tiene línea directa con el poderoso secretario de Organización, Juan Carlos Vera. Circula la especie de que manda más que Cospedal. Algunos signos externos así lo muestran. Un parlamentario nacional recuerda que en la interparlamentaria del PP en La Coruña en octubre del año pasado la secretaria general no tenía un vehículo asignado y Arenas disponía de dos.

Sus relaciones con Cospedal no son un idilio desde hace años, pero tampoco malas. De hecho, no tiene enemigos en el partido. Quizá sólo haya tenido uno claro: Eduardo Zaplana, rival encarnizado desde que ambos eran dirigentes de las juventudes de la UCD. Está a partir un piñón con Gallardón, y su relación con Rajoy no ha hecho más que consolidarse. En la convención de Barcelona de hace un mes llamó mucho la atención su ausencia en la clausura del domingo. Lo que pocos saben es que se llevó, mano a mano con Rajoy, toda la tarde del sábado preparando el discurso final del presidente de su partido.

Este escenario de afectos y confianza, lleva a algunos en el PP a pensar que Arenas podría ser vicepresidente en un eventual Gobierno de Rajoy en 2012. Una teoría que se basa en la hipótesis de que el PP sea el partido más votado en España y en Andalucía, pero no tenga mayoría para gobernar aquí. No obstante, Arenas repite a quien quiera oírle que si se dieran esas circunstancias, se quedaría cuatro años más en el Parlamento andaluz, para llegar a San Telmo en 2016. Aunque lleva toda la vida en la política, el presidente regional del PP no tiene todavía los 52 años; los cumplirá en dos semanas, el día de los Santos Inocentes. Y su currículo como parlamentario andaluz no llega a cuatro años en total.

En su haber está que ha sido vicepresidente del Gobierno y ministro en tres carteras distintas. En su contra, una cierta leyenda de que no es capaz de crear equipos: “Es más hombre de favoritos que de equipos. Y para consolidar su liderazgo indiscutible le falta un equipo al que mandar, como el que fue capaz de crear en su momento de mayor capacidad, cuando llegó al Ministerio de Trabajo en 1996“. En el interior del partido, no todo son lisonjas, como puede verse. Sus críticos, todos anónimos, insisten en que “está siempre enredando, nunca quieto, rodeado de una corte de aduladores”. Pero él, parece que lo sepa. Un observador interno hace un curioso paralelismo: “es tan distante con los cercanos, como sólo Chaves era capaz de ser”. A lo que la misma fuente añade “una cordialidad en el trato directo, similar a la de Escuredo o la de Griñán”.

En el PP se miran en el espejo del PSOE, para según qué cosas. En el entorno del presidente regional admiran la capacidad de los socialistas para “cerrar sus crisis con un mensaje único”. Otros consideran que “en el PSOE el poder orgánico significa algo, en el PP nada”. Una de las coincidencias de todos los dirigentes populares consultados es el respeto a los alcaldes de las grandes ciudades, todos ellos vicepresidentes regionales del partido, en una Ejecutiva que tiene más de 150 nombres. Arenas parece siempre muy seguro de sí. Se le atribuyen dos grandes capacidades. La primera, es su memoria prodigiosa, que le permite reconocer en Córdoba a una persona a la que vio en un mitin varios años antes en Palma de Mallorca, o recordar el nombre de cualquier militante de un pueblo.

La segunda es su mentalidad ajedrecística: mueve los peones con gran habilidad. A veces se equivoca. Y, a veces, lo reconoce. Por ejemplo, admite que fue un error defenestrar al alcalde popular de Almería Juan Megino en 1999. Un fallo que le costó la alcaldía y una escisión. En las tareas pendientes de Arenas para el año próximo, destaca aumentar la calidad de las propuestas alternativas de su partido en asuntos económicos, fiscales, presupuestarios o educativos. También, mejorar la ubicación social del PP en Andalucía: los votantes del partido se consideran más centristas que las siglas. Abrirá la organización a figuras destacadas de la sociedad, entre las que no estará Manuel Pimentel. Ambos han recuperado la amistad perdida, pero el dirigente añorado por algunos en el PP se ha desenganchado por completo de la política y es irrecuperable. Entretanto, Arenas sigue con su ritmo frenético, a base de 2.000 kilómetros a la semana por las carreteras de Andalucía. En busca de una alternancia difícil pero posible al Gobierno de la Junta.