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Garzón sí, Garzón no

José Aguilar | 15 de abril de 2010 a las 12:03

ECHEMOS el balón al suelo, que con tantos patadones corremos el peligro de perder de vista la sustancia del caso Garzón: si prevaricó o no cuando decidió investigar los crímenes cometidos durante el franquismo. La España actual no puede dividirse, como está sucediendo, entre garzonistas y antigarzonistas. Dos bandos irreconciliables que transitan por el odio.

Esta primera querella contra Baltasar Garzón ha sido desacreditada en base a criterios ajenos a su contenido. Por un lado, a la personalidad del querellante, que es Falange Española, un partido que no cuesta mucho definir como totalitario, pero legal. Por otro, a la personalidad del querellado, un juez controvertido -el que más-, que ha rendido servicios extraordinarios a la sociedad en sus procesos contra el narcotráfico, ETA, GAL y Pinochet, entre otros.

Pero, insisto, independientemente de la voluntad de sus enemigos, Garzón no está imputado por su inconmensurable vanidad, ni por su trayectoria zigzagueante entre la política y la judicatura ni por ser paladín de la democracia mundial. Claro que ha pisado muchos, e influyentes, callos, y hay quien se ha conjurado para ajustarle las cuentas y jubilarlo anticipadamente. Ahora bien, si va a sentarse en el banquillo es porque la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo lo ha decidido así por unanimidad de sus cinco miembros. Los cinco han creído ver indicios suficientes de prevaricación en la decisión del magistrado de Jaén de abrir una causa general contra el franquismo sin tener la competencia legal para ello y sin asumir que esos crímenes fueron saldados por la Ley de Amnistía de 1977, que liberó también a todos los presos políticos de la dictadura. A mí me parece que Garzón se equivocó, pero no prevaricó, aunque esta opinión carece de toda importancia.

Lo realmente importante es que lo juzgará el Supremo. Sus miembros son magistrados respetables (como los cinco que le han imputado en otra causa por presunto cohecho, como los cinco que le empuraron por una causa más, por presunta vulneración del secreto de las comunicaciones), que no han sido nombrados por Franco ni fueron cómplices de los torturadores del franquismo, como ha dicho un ex fiscal que se ha descalificado a sí mismo, porque él sí era ya fiscal cuando Franco. ¿Intocables, pues? No, qué va. Todas sus resoluciones pueden ser criticadas. Lo inaceptable es que se les pretenda intimidar con manifestaciones injuriosas e insultantes.

Echemos el balón al suelo. Movilícense con estruendo los que crean que Garzón es la medida de la calidad de la democracia española y que la Ley de la Memoria Histórica no vale si no la aplica Garzón. En su derecho están. Y respeten el trabajo del Tribunal Supremo.

Izquierda contra Castro

José Aguilar | 18 de marzo de 2010 a las 12:41

EL laureado director de cine Pedro Almodóvar, la cantante y actriz Ana Belén y el cantante y compositor Víctor Manuel se han sumado a la campaña contra el régimen castrista surgida hace menos de una semana y que ya ha recibido varios miles de adhesiones de ciudadanos anónimos, y no tan anónimos. Irá a más.
   Este gesto tiene su importancia. Al juntar sus firmas a las de tradicionales opositores al castrismo como Mario Vargas Llosa y disidentes en la propia Cuba movilizados tras la muerte de Orlando Zapata, Almodóvar y la pareja de artistas emblemática de la izquierda han cruzado el rubicón de la actitud tradicional del progresismo español en relación con los Castro. Otros, como Muñoz Molina o Savater, ya habían atravesado la línea roja.
   ¿En qué consiste esta línea? Hasta ahora muchos intelectuales y artistas, aun progresivamente desencantados, se han negado a condenar a La Habana asumiendo todos los tópicos alimentados por la Guerra Fría, como si ésta aún estuviera en vigor: el embargo norteamericano explica las dificultades de la economía cubana, quienes se oponen al régimen son los gusanos que se exiliaron a Miami o delincuentes comunes dentro de la isla a sueldo de Washington, Cuba era un burdel bajo Batista y con los Castro supera en sanidad y educación a toda América Latina…
   Excusas para aplicar una doble moral que permitía distinguir entre dictaduras malas (Franco, Pinochet) y dictaduras aceptables por su vocación nominalmente social, anticapitalista y antiimperialista… Aceptables vistas desde la distancia, porque ninguno de sus defensores aceptaría vivir en ellas pasando penurias y privado de los derechos básicos y las comodidades materiales de las democracias burguesas (con una excepción, que yo sepa: Antonio Gades).
   Al final, por la fuerza obstinada de los hechos, se impone la verdad de que todas las dictaduras son una sola, a saber, un sistema totalitario de partido único, y los antiguos abajo firmantes de todos los manifiestos proclives al castrismo firman ahora “por la excarcelación inmediata e incondicional de todos los presos políticos en las cárceles cubanas” y “por el decoro y el valor de Orlando Zapata, injustamente encarcelado y brutalmente torturado en las prisiones castristas, muerto en huelga de hambre denunciando estos crímenes y la falta de derechos y democracia en su país”. Bienvenidos.
   Alguna vez me he referido a las enseñanzas de Popper sobre el falso dilema entre libertad e igualdad: si se sacrifica la primera en aras de la segunda, el resultado es que los hombres dejarán de ser libres y, a la vez, tampoco serán iguales. En Cuba no son tratados igualitariamente los adictos al régimen y los demás.