¿Qué sabes sobre el aceite de palma?

Regina Martín | 18 de octubre de 2015 a las 20:32

aceite de palmaEl aceite de palma es el más utilizado del mundo. Se le culpa de ser perjudicial para nuestra salud, de contribuir a la deforestación y al calentamiento global, de estar oculto en el etiquetado nutricional, pero… ¿que sabemos realmente de él?

  1. ¿Qué es el aceite de palma?

El aceite de palma es un aceite vegetal comestible que se elabora a partir de la pulpa del fruto de la palma y que es sólido a temperatura ambiente. En Europa, normalmente el aceite de palma se vende y consume refinado, es decir, tras haber sido blanqueado y desodorizado, proceso en el que se pierden la mayor parte de los carotenoides. El aceite de palma es el más utilizado del mundo, tanto en alimentación, limpieza y cosméticos como para producir biocombustible.

  1. ¿Qué productos contienen aceite de palma?

Muy apreciado por la industria alimentaria, se encuentra en galletas, pasteles, margarinas, masas de hojaldre y quebradas o comidas preparadas. También está presente en productos de limpieza, cosméticos y velas.

La masa de las pizzas, por ejemplo, lo incluye para evitar que se pegue y tenga una textura agradable. Se usa habitualmente en las margarinas y productos para untar porque mantiene el producto sólido a temperatura ambiente y facilita el untado, un ejemplo de ello son las cremas de cacao (Nutella). Algunos panes de molde industriales también emplea aceite de palma, así como los helados, es lo que les da la textura suave y cremosa. También lo llevan en su composición muchos precocinados y platos de comida preparada.

Los Chips y aperitivos lo utilizan porque aguanta más frituras que otras grasas. Aunque en España también se usa en su lugar, aceite de girasol o de oliva.

  1. ¿Por qué se usa el aceite de palma?

El aceite de palma posee propiedades funcionales específicas que lo convierten en un importante ingrediente en la producción de alimentos. Potencia el sabor, estabiliza el calor, aumenta la resistencia a la oxidación (de ahí que el aceite de palma no se ponga rancio), mejora la textura y aporta suavidad. No existe cantidad suficiente de ninguna otra grasa vegetal que se solidifique de forma natural a temperatura ambiente y proporcione las mismas propiedades.

Su bajo coste también contribuye a que sea un producto ampliamente utilizado en la industria alimentaria y como aceite de cocina.

  1. ¿Hay en el aceite de palma una alta concentración de “grasas malas”?

Si. La proporción de ácidos grasos saturados es relativamente alta en el aceite de palma, ya que es de alrededor de 50 %, frente a una media de 15 % en otros aceites (2 % a 8 % en el aceite de colza y 26.9 % en el aceite de oliva). Estos ácidos grasos saturados tienen un efecto hipercolesterolemiante pero con un efecto moderado sobre el colesterol “bueno” o HDL. Además, es relativamente pobre en ácidos grasos poliinsaturados (los buenos ácidos grasos tales como el Omega 3 y 6) con un contenido de entre 9 % y 12 % (contra 26% y32% en el aceite de colza, por ejemplo). El consumo y abuso de ácidos grasos saturados aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

  1. ¿Está etiquetado el aceite de palma en los productos alimenticios?

Anteriormente estaba oculto bajo el nombre incompleto de “aceites” o “grasa vegetal”. El nuevo reglamento europeo de etiquetado obliga a precisar dónde hay aceite de palma. La nueva ley obliga a detallar qué tipo de aceite contiene: si es de girasol, de oliva o de palma, con una tarea pendiente, han quedado excluidos fuera de la obligación del etiquetado las grasas trans, a la espera de la resolución de 2016.

Para saber si un aceite vegetal es de palma, comprueba el contenido en grasas saturadas. Si es similar o superior al 50%, es muy probable que éste sea aceite de palma.

  1. ¿Daña su cultivo el medio ambiente?

Su cultivo intensivo en países como Indonesia y Malasia ha provocado la destrucción de grandes bosques tropicales, ha puesto en peligro de extinción a gran cantidad de seres vivos, como el orangután, ha incrementado las emisiones de CO2, implicadas en el cambio climático, y ha dañado los hábitats de las zonas de cultivo.

 

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